¿Existe la depresión infantil?

Para Diagnosticarla se deben presentar 5 o más síntomas del DSM-IV. Además un episodio depresivo dura al menos dos semanas. El niño sufre intenso malestar y se resienten sus relaciones con los amigos, su rendimiento académico y otras áreas importantes de su vida. Aunque niños y adolescentes presentan también abatimiento, desesperanza, desánimo, que se revela en su cara seria, preocupada, triste, en su llanto, quejas de dolores de cabeza, barriga, en sus comentarios, se muestran inestables e irritables. Suelen estar enfadados, responden con explosiones de genio a trivialidades, insultan, pelean, se derrumban ante nimiedades. La irritabilidad normal y la de la depresión se distinguen en que esta última es mucho más frecuente, intensa y duradera. Ha de ser prácticamente constante durante al menos 14 días. El otro aspecto más típico de la depresión es la falta de interés y de placer en actividades que resultaban agradables y motivadoras con anterioridad a la aparición del trastorno. El desinterés y el descuido de aficiones unido a la falta de energía, resultante de la alimentación escasa, sueño no reparador y cansancio, conducen a la pasividad. El niño pierde apetito y en consecuencia peso, o no consigue los aumentos de peso propios de su etapa de desarrollo o crecimiento. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño pueden surgir al principio de la noche, vueltas en la cama, sábanas que molestan, picores por el cuerpo, en medio de la noche, despertares frecuentes e intervalos prolongados para dormirse de nuevo, al final de la noche, desvelar temprano e imposibilidad de volverse a dormir. Lo usual son los déficit, pero en algunos casos se observan excesos, el niño devora pasteles, pizzas, espaguetis, duerme más de lo habitual… El hecho de que un niño coma poco o duerma poco no es inicio de depresión. Para sospechar un posible trastorno de depresión hay que constatar una disminución llamativa de las cantidades de alimento y de las horas de sueño que le niño acostumbra a ingerir y dormir asociadas a otros cambios negativos. En la depresión agitada aumenta la actividad psicomotora. Es difícil que el niño permanezca sentado tranquilamente. Como si le quemara el asiento se levanta, se pasea de un lado a otro poniendo nervioso a las personas que le rodean. Existe un trastorno distinto que se llama hiperactividad que se caracteriza por exceso de movimiento que unido a impulsividad y falta de atención puede aumentar el riesgo de accidentes y lesiones. También se asocia a dificultades en el aprendizaje escolar por lo que el niño hiperactivo proporciona numerosos quebraderos de cabeza a padres y maestros. En la depresión enlentecida el niño piensa, habla y se mueve a cámara lenta. Conversar se torna tarea ardua. Si se le formula una pregunta tarda en contestar, es posible que haya que repetírsela. Habla tan flojo que la voz no le llega al cuello de la camisa. Los temas de conversación son poco variados. Los periodos de silencio prolongados. A veces se encierra en un pertinaz mutismo. En ocasiones permanece inmóvil mucho rato. Con frecuencia el joven siente que se le ha agotado la batería. Ha de desplegar un gran esfuerzo para levar a cabo acciones cotidianas como vestirse o asearse. Se siente fatigado incluso sin haber realizado ejercicio físico que lo justifique. Su autoconcepto y autoestima están por los suelos. Acontecimientos neutros los considera pruebas irrefutables de sus tareas personales. Conceden una importancia exagerada a pequeños errores pasados. Su sentido de la responsabilidad es excesivo. Se queja de dificultades para pensar, atender, recordar y tomar decisiones. Da la impresión de estar distraído o ausente. Los problemas de razonamiento, concentración y memoria se traducen en peores notas en las evaluaciones escolares. Las características de la depresión pueden aparecer a cualquier edad. Los cambios biológicos, psicológicos y sociales que ocurren con la edad explican que la depresión presente ligeras variaciones en función de las etapas de desarrollo infantil. Durante la infancia predominan las reacciones psicofisiológicas y motoras como irritabilidad, rabietas, llanto o problemas de control de esfínteres mientras que en la adolescencia adquieren relevancia respuestas cognitivas como el disgusto por la imagen corporal propia, la visión pesimista del futuro o ideas catastrofistas. Con el paso de los años la depresión se asemeja más a la de los adultos. Los acontecimientos desencadenantes y las repercusiones negativas difieren también según la etapa del desarrollo. En la primera infancia el contexto familiar posee mayor peso. Gradualmente la escuela va adquiriendo preponderancia. Para el joven, las relaciones con los de su misma edad, la pandilla de amigos o el otro sexo, son muy relevantes de modo que aparecen alteraciones y problemas como los de tipo sexual ausentes en las depresiones prepuberales. La depresión es más común en muestras clínicas que en población infantil general. Este dato revela una alta tasa de comorbilidad. Es decir, un importante porcentaje de niños con depresión presentan al mismo tiempo otros problemas psicológicos. La asociación más notable es con ansiedad, conducta antisocial, consumo de drogas, hiperactividad y oposicionismo.

 

BIBLIOGRAFÍA:Cantwell, D.P y Carlson, G.A. (1987) Trastornos afectivos en la infancia y adolescencia. Barcelona: Martínez Roca.Del Barrio, V (1997). Depresión infantil: Causas, evaluación y tratamiento. Barcelona: Ariel.

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Depresión, suicidio, desesperanza… ¿Qué riesgo existe?

No descubrimos nada nuevo al decir que existen factores de riesgo a la hora de hablar de suicidio; lo que es indudable es que la conducta suicida se asocia más frecuentemente con el padecimiento de trastornos psiquiátricos y psicológicos, de tal forma que un altísimo porcentaje de los pacientes que intentan suicidarse padecen un trastorno psiquiátrico mayor, principalmente, trastornos de la personalidad, trastornos psicóticos (Roy, 1986), trastornos por abuso de alcohol y otras sustancias adictivas (Roy y Linnoila, 1986) o trastornos del estado del ánimo.

La depresión es un trastorno muy asociado al suicidio. Se considera que el 15-20% de los pacientes con depresión fallecen por esta causa (Sainsbury, 1986; Haas y Clarkin, 1988), presentando un riesgo 25 veces mayor que la población general. Cronológicamente, el riesgo es máximo durante el año posterior al padecimiento del cuadro clínico.

Parecen existir algunos factores que incrementarían el riesgo de suicidio en los pacientes depresivos: en primer lugar, existencia de síntomas psicóticos durante el episodio afectivo; en segundo lugar, el hecho de que el origen etiológico de la depresión sea secundario o se halle estrechamente relacionado con el padecimiento de una enfermedad orgánica, especialmente cuando ésta va acompañada de dolor crónico, es una enfermedad crónica e invalidante, tiene un carácter terminal o ha sido precedida de cirugía reciente.

Algunos estudios correlacionan el riesgo de suicidio con un síntoma concreto de la depresión: el grado de desesperanza respecto al futuro (pérdida completa de la esperanza hacia que las cosas irán bien en el fututo). Los pacientes con alta desesperanza muestran un riesgo elevado (lo puede evaluar un profesional mediante la Escala de Desesperanza de Beck, por ejemplo). El riesgo es mayor si la desesperanza se asocia a agitación, hostilidad, indefensión, ideas de minusvalía, de incapacidad, de culpa y persistencia de la ideación suicida.

Un número importante de pacientes depresivos suicidas presenta historia de intentos y amenazas previas, por lo que, para algunos autores, éste es un factor de riesgo de mayor trascendencia que el propio diagnóstico de depresión, ya que el 20-25% de los suicidas que consumaron el acto habían realizado intentos previos y, cuando existen estos antecedentes, el riesgo parece aumentar entre 5 ó 6 veces con respecto a la población general.

Asimismo, la predisposición familiar a manifestar conductas suicidas está relacionada con los trastornos depresivos, ya que, casi el 80% de los paciente suicidas presentan familiares con antecedentes de diagnósticos de trastornos depresivos.

Parecen existir, por otro lado, marcadores biológicos que pueden indicar el riesgo de suicidio en los pacientes deprimidos. Algunas investigaciones (Asberg y cols., 1976; Van Praag, 1981) señalan una disminución de 5-HIAA en el líquido cefalorraquídeo. Sin embargo, las dificultades técnicas que entrañan estas pruebas hacen que sean poco operativas en la práctica clínica habitual.

En resumen, podemos concluir que existe una estrecha relación entre suicidio y depresión pero no es posible establecer una relación simple causal. Todo estado depresivo puede conducir a la idea o al acto suicida, pero no todo acto suicida es producto de una depresión (Guze y Robins, 1970). El paciente depresivo suicida da numerosos avisos de su intencionalidad suicida y, en este grupo de pacientes, se podría evitar tal acto si se identificase correctamente el diagnóstico de depresión y se realizara una terapia adecuada.

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¿Qué son las alteraciones del ánimo durante el postparto?

 

En este post voy a intentar describir brevemente los trastornos del estado de ánimo que se producen durante el postparto.

Normalmente los autores han dividido estos problemas afectivos en tres categorías:

  • Baby blues: la prevalencia es bastante alta (50-70%). Aparece una sintomatología caracterizada por llanto, ansiedad, ánimo depresivo, fatiga, hipocondría, irritabilidad, culpabilidad, antipatía por sí misma, sentimientos negativos hacia la pareja y el hijo. Aparece en los 10 primeros días.
  • Depresión postparto: con una prevalencia del 10-20%, aparece en el postparto sin tener un momento definido (desde 4 semanas hasta 6 meses después). Se caracteriza por labilidad emocional, desaliento, llanto, anorexia, desinterés, apatía, indecisión, complicaciones somáticas, fatiga, irritabilidad, falta de concentración, inapetencia sexual y desánimo.
  • Psicosis de postparto: tiene una prevalencia baja (0,01-0,02%) y es la de mayor gravedad. Aparece unos 15 días después del postparto. Los síntomas son: insomnio, agitación, irritabilidad, confusión, alternancia depresión-euforia, irracionalidad, incoherencia, delirio y alucinaciones.

Ahora vamos a centrarnos en las causas de la depresión postparto, ya que aúna a la vez gravedad y frecuencia. La psicosis es grave pero muy poco frecuente y “baby blues” es bastante frecuente pero de poca gravedad.

La depresión postparto puede tener un origen multicausal:

  • Hay estudios que dicen que la mujer que padece depresión en el postparto es más neurótica y menos extrovertida que la no deprimida (Pitt, 1968, citado en O’Hara et al., 1987; Watson et al., 1984). De esto extraemos que, evidentemente, la personalidad de la mujer influye en la aparición y desarrollo del trastorno (como pasa muchas veces).
  • Otros indican que la presencia de alta ansiedad durante el embarazo puede ser predictivo de depresión en el postparto (Playfair y Gowers, 1981; Watson, 1984; Dalton, 1971; Sheffield, 1976; Hayworth et al., 1980, citados en O’Hara et al., 1987).
  • Al ser el embarazo y el postparto unas etapas vitales que implican muchos cambios y adaptaciones, son un momento propicio para que la mujer predispuesta sufra una depresión.
  • Parece que el riesgo de padecer una depresión después del nacimiento del hijo aumenta en aquellas mujeres que han sufrido trastornos de la afectividad y existen antecedentes de estos mismos trastornos en su familia (O’Hara et al., 1983): influye la historia psicológica.
  • O’Hara et al. (1983) encontraron en sus estudios que una elevada presencia de acontecimientos vitales desde el inicio del embarazo hasta cerca de 11 semanas después del parto estaban asociados con altos niveles de sintomatología depresiva. Es decir, normalmente se da algún acontecimiento negativo que precipita la depresión. Por ejemplo, complicaciones neonatales, enfermedad de la madre o el hijo, etc.
  • O’Hara et al. (1983) también señala la importancia del apoyo social. Esta variable puede actuar como protectora del trastorno psicológico, mientras que los eventos vitales estresantes pueden actuar como facilitadores del mismo. Señalamos posibles estresores: el propio embarazo, el nacimiento del bebé, la ocurrencia de eventos indeseables, el parto, las complicaciones médicas, etc. Estos mismos autores indican que una disminución del soporte social junto con una alta frecuencia de eventos vitales estresantes pueden desencadenar un trastorno psicológico.
  • Hay además un aspecto biológico ligado al sistema hormonal durante el embarazo, que también incide en cambios psicológicos en la mujer.

¿Qué conclusiones sacamos?

Es evidente la mayor vulnerabilidad en estas épocas (embarazo, postparto, crianza) por todas las dificultades que implican, los cambios, la readaptación de nuestra vida… Los posibles conflictos internos que tenga la mujer pueden ser acentuados o sobresalir con el embarazo o postparto. No obstante, la personalidad de la mujer y su forma de elaborar los cambios tiene que ver también con la aparición del trastorno o con la mayor predisposición a sufrirlo (rigidez mental, estado de ánimo negativo, pensamientos negativos, por mencionar algunos). Además de lo anterior, la aparición del trastorno también está relacionada con acontecimientos vitales negativos, cuyos ejemplos hemos señalado anteriormente. Muchas veces es necesaria la aparición de experiencias negativas durante el embarazo y el postparto.

En definitiva, al valorar una depresión durante el embarazo o el postparto hay que tener en cuenta factores de tipo biológico, psicológico y social que adquieren un especial sentido en ese momento para valorar la normalidad o patología de la situación. Si valoramos subjetivamente la anormalidad de la situación, que ésta se está alargando innecesariamente, que los síntomas son muy intensos o que lo estamos pasando mal, podemos consultar con un psicólogo que nos ayude a salir del bache.

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Ideas irracionales

En este post os dejo un listado de ideas irracionales elaborado por uno de los padres de la Terapia Cognitiva, Albert Ellis. Son ideas, que a pesar de estar muy instauradas en nuestra sociedad y en nosotros mismos, son erróneas, irracionales, irreales y nos hacen daño. Evidentemente, pueden no aparecer ante nosotros de manera literal pero sí en algunas de sus variantes. Pueden predisponernos a un estado de ánimo negativo o depresivo. Para poder combatirlas, el primer paso es detectar que estamos pensando en esos términos o parecidos y someterlas a tela de juicio, ponerlas en duda (no son ciertas). En esto puede guiarnos un experto. Sin más dilación os dejo el listado, con algún subrayado y apunte mío para entenderlo mejor:

  1. PARA UN ADULTO ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO TENER EL CARIÑO Y LA APROBACIÓN DE SUS SEMEJANTES, FAMILIA Y AMIGOS.

2.  DEBE SER INDEFECTIBLEMENTE COMPETENTE Y CASI PERFECTO EN TODO         LO QUE EMPRENDE. (Todo perfecto es un ideal, algo a lo que nunca llegará).

  1. CIERTAS PERSONAS SON MALAS, VILES Y PERVERSAS Y DEBERÍAN SER CASTIGADAS. (Ver a personas como el mal personificado, que a cada uno debe tener lo que merece).
  1. ES HORRIBLE CUANDO LAS COSA NO VAN COMO UNO QUISIERA QUE FUERAN.
  1. LOS ACONTECIMIENTOS EXTERNOS SON LA CAUSA DE LA MAYORÍA DE LAS DESGRACIAS DE LA HUMANIDAD; LA GENTE SIMPLEMENTE REACCIONA SEGÚN CÓMO LOS ACONTECIMIENTOS INCIDEN SOBRE SUS EMOCIONES.
  1. SE DEBE SENTIR MIEDO O ANSIEDAD ANTE CUALQUIER COSA DESCONOCIDA, INCIERTA O POTENCIALMENTE PELIGROSA. (En ese caso, nunca nos arriesgaríamos ni tomaríamos decisiones).
  1. ES MÁS FÁCIL EVITAR LOS PROBLEMAS Y RESPONSABILIDADES QUE HACERLES FRENTE. (Igual que el anterior).
  1. SE NECESITA CONTAR CON ALGO MÁS GRANDE Y MÁS FUERTE QUE UNO MISMO.
  1. EL PASADO TIENE GRAN INFLUENCIA EN LA DETERMINACIÓN DEL PRESENTE.
  1. LA FELICIDAD AUMENTA CON LA INACTIVIDAD, LA PASIVIDAD Y EL OCIO INDEFINIDO. (No suele ser así, la inactividad suele generar tristeza cuando es continuada en el tiempo).
  1. ESTOY DESAMPARADO Y NO TENGO CONTROL SOBRE MIS SENTIMIENTOS/ EMOCIONES. (Es difícil llegar al punto de perder totalmente el control).
  1. LAS PERSONAS SOMOS FRÁGILES Y NUNCA DEBERÍAMOS SUFRIR DAÑO ALGUNO.
  1. LAS BUENAS RELACIONES ESTÁN BASADAS EN EL SACRIFICIO MUTUO Y EN LA IDEA DE DAR.
  1. SI NO TE ESFUERZAS MUCHO POR AGRADAR A LOS DEMÁS, ESTOS TE ABANDONARÁN Y TE RECHAZARÁN. (Necesidad de agradar siempre a los demás).
  1. CUANDO LA GENTE DESAPRUEBA LO QUE HACES SIGNIFICA INVARIABLEMENTE QUE ESTÁS EQUIVOCADO O QUE NO ERES BUENO. (Igual que el anterior).
  1. LA FELICIDAD, EL BIENESTAR Y LA SATISFACCIÓN SOLO PUEDEN ALCANZARSE EN COMPAÑÍA DE LOS DEMÁS Y ESTAR SOLO ES ALGO HORRIBLE.
  1. EL AMOR ES PERFECTO Y LA RELACIÓN IDEAL EXISTE REALMENTE. (Como sabemos, esto no es cierto).
  1. NO TENDRÍAMOS QUE SENTIR DOLOR, TENEMOS DERECHO A UNA BUENA VIDA. (El dolor es parte de la vida)
  1. MI VALOR COMO PERSONA DEPENDE DE CUANTO CONSIGA Y REALICE.
  1. EL ENFADO ES AUTOMÁTICAMENTE MALO Y DESTRUCTIVO. (¿Lo es siempre?)
  1. ESTÁ MAL O ES UN ERROR SER EGOÍSTA.

¿Te ves reflejado en alguna de ellas? ¿Son parecidas o cambia un poco el contenido?

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Cita

Reglas del Duelo

REGLA Nº 1

Todas las personas no reaccionan igual ante la pérdida de un ser querido

 REGLA Nº 2

Disimular nuestro dolor no conduce a nada positivo: bloquea la comunicación con otros familiares que pueden estar sintiendo lo mismo que nosotros

REGLA Nº 3

Tras la muerte de un ser querido ES NORMAL que le mundo se vuelva caótico e inseguro

REGLA Nº 4

Durante el duelo debe seguirse un control médico periódico para prevenir, tratar a tiempo o controlar ciertas enfermedades que pueden aparecer o empeorar

REGLA Nº 5

Si existen factores de riesgo de un proceso de  recuperación complicado o difícil, consulte con un especialista en duelo

REGLA Nº 6

La pérdida de un ser querido no se “supera”: uno se “recupera” de las pérdidas, pero estas nunca se superan; molestan de cuando en cuando como lo suele hacer una cicatriz

REGLA Nº 7

El proceso de recuperación tras la pérdida de un ser querido suele tardar entre 3 y 4 años para completarse

REGLA Nº 8

La tercera fase del duelo es prácticamente idéntica a una depresión

REGLA Nº 9

Uno de los aspectos más importantes para facilitar la recuperación de los adultos que han perdido un ser querido es la EDUCACIÓN EN DUELO

REGLA Nº 10

El revivir la experiencia (La causa de la muerte o lo que condujo a esta) facilita la integración de la realidad de la pérdida (todo lo contrario a lo que la gente suele hacer)

REGLA Nº 11

El primer paso a dar cuando se quiere ayudar a alguien que intenta reponerse y recuperarse de la pérdida de un ser querido es el INFORMARSE, aprender la CULTURA DEL DUELO

REGLA Nº 12

¿SE PUEDE O NO LLORAR?

Si me golpeo una espinilla, si estoy de parto, si me operan, si algo me sale mal, si me roban el coche o un objeto familiar muy valioso, etc…, suelo llorar con amplia libertad. Todas estas circunstancias son dolorosas. ¿Porqué no he de llorar ante una situación que me produce un DOLOR TOTAL? Dolor bio-psico-socio-familiar y espiritual. Duele el alma, el pasado, el presente, el futuro. Duele la vida. No solo se puede llorar, sino que además, es sano llorar.

REGLA Nº13

La institución más importante para recuperarse de la pérdida de un ser querido es LA FAMILIA

REGLA Nº14

La terapia más importante par   podernos recuperar de la pérdida de un ser querido es LA TRAPIA DEL HOMBRO-OIDO-ABRAZO

REGLA Nº15

Duelo que no se habla es duelo que no se cura

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Minientrada

Tu pequeña felicidad

¿Os acordáis de la tarea de los post-it? La que vamos a presentar, a continuación, es similar y su objetivo también se dirige hacia un paso más en la búsqueda de felicidad. Está basada en un libro de tareas para psicólogos, que en su momento también os comenté. Está diseñada, principalmente, para personas deprimidas o con un estado de ánimo negativo, donde predomina la desgana, la apatía y la tristeza.

 

“LA PEQUEÑA FELICIDAD”

“Todos los días antes de acostarte, piensa en algo que te gustaría hacer al día siguiente, alguna cosa que implique CUIDARTE o TENER UN DETALLE contigo mismo (dar un paseo, llamar a un amigo, comprarte un libro, darte un baño, cuidar tu pelo, etc.). Escríbela en post-it y colócala en un lugar que la puedas ver nada más levantarte.

Cuando te levantes y la veas, deberás ponerla en marcha a lo largo de ese día y fijar una hora aproximada en la que la realizarás. Es necesario que la lleves a cabo, aunque al principio sea con un poco de desgana. También es importante que fijes una hora o un tiempo más bien concreto, durante el cual la cumplirás y que así sea.”

 

Tratamos con ello, de estimular la realización de tareas que te resulten gratificantes y te hagan salir de un estado de ánimo negativo. Cuando nos sentimos de esa manera, en muchas ocasiones no somos capaces de pensar en cosas que impliquen “mimarnos” o cuidarnos, ya que estamos absorbidos por el problema. Trata de realizarlo mediante la tarea del post-it.

Recuerda: para salir de un estado de ánimo negativo o deprimido, es importante efectuar actividades que nos hagan sentir bien, aunque al principio no logremos toda la sensación de bienestar que buscamos. Hacer cosas nos ayudará a salir del pozo.

Si no se te ocurren, sobre todo en un principio, actividades que impliquen autocuidado, puedes preguntar a tu psicólogo o, en su defecto, a un amigo o familiar. Como decimos, cuando no sentimos mal nos cuesta pensar en aspectos positivos, por lo que podemos consultar con allegados sobre las citadas actividades.

Post-it

 

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Me siento culpable…

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En un post anterior hablamos de las funciones de las emociones indicando que, tanto las negativas como las positivas, cumplen una función adaptativa y nos están informando de algo relevante para nosotros.

Hablemos hoy de una emoción especialmente compleja y que, en muchas ocasiones, puede estar relacionada con problemas de ansiedad, de depresión o con otras complicaciones o trastornos: la culpa.

Las funciones de la culpa para el autor Echeburúa (2001) son:

-Hacer consciente a la persona de que ha hecho algo malo.

-Facilitar los intentos de reparación (para poder eludir el sentimiento negativo de remordimiento).

En determinadas situaciones, otra persona nos puede inducir la emoción de culpa haciéndonos sentir mal, incluso utilizando el chantaje emocional. Nos pueden hacer sentir mal por no seguir una norma (¿por qué no eres más generoso con la gente?), por no acceder a sus deseos (cómo puedes ser tan egoísta), etc. Se trata, en definitiva, de que la culpa también se puede inducir artificialmente en una persona para conseguir su sumisión (Etxebarría, 2000).

¿Qué es la culpa?

La culpa es una emoción o afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber transgredido las normas éticas personales o sociales, sobre todo cuando de la conducta (u omisión) de una persona ha derivado un daño a otra. Puede estar referida a elementos externos, al pasado, al pasado lejano, etc. Tiene tres elementos principales (Pérez Domínguez, Martín Santos, Bulbena y Berrios, 2000):

-Procede de un acto que la causa (que puede ser real o imaginario).

-La persona valora negativamente tal acto (la mala conciencia).

-Surge ese sentimiento negativo que es la culpa (o remordimiento).

Existe aún una emoción más devastadora que la culpa, que es la vergüenza. Mientras la culpa condena un acto puntual (“he hecho algo malo”), la vergüenza hace que aparezca una descalificación personal total (“soy mala persona”). Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de intervenir.

¿Cuándo la culpa se convierte en un problema?

La culpa es verdaderamente problemática cuando está vinculada a una depresión y/o a una personalidad obsesiva (por exceso) o cuando se relaciona con psicopatía o personalidad paranoica (por defecto). En el primer caso, la persona puede exigirse desmesuradamente, se siente culpable sin haber hecho nada malo o sin saber porqué. La persona se autocastiga y tiene ideas de desprecio hacia sí mismo (“soy un monstruo, no valgo para nada”). En el segundo caso, no se siente el arrepentimiento o la compasión por las víctimas a las que se hace daño (Corral, 1994; Garrido, 2000).

Una culpa que supone un verdadero problema es aquella que se experimenta por víctimas de un delito, como sucede en ocasiones con víctimas de agresiones sexuales o de violencia familiar.

Por último la culpa es dañina y perjudicial cuando tienen lugar estrategias de afrontamiento inadecuadas, lo cual, es bastante frecuente. Algunos ejemplos de gestionar mal la culpa serían: minimizar nuestra responsabilidad (“no es para tanto”), olvidarlo (“no me acuerdo de lo que hice”), atribución de la culpa a la otra persona (“ella me empujó a hacerlo”), atribuirlo a factores externos a nosotros mismos (“había bebido”), reprimir nuestro sentimiento de culpa, realizar conductas autodestructivas, etc.

Pero ¿cuándo se gestiona adecuadamente la culpa?

Cuando identificamos el hecho ocurrido y sentimos la citada mala conciencia y el remordimiento. No reprimimos estos sentimientos, sino que somos capaces de expresarlos verbalmente y emocionalmente, solicitando el perdón a los implicados (aunque sea de forma titubeante o sonrojada). Posteriormente, realizaremos conductas de reparación de la mala acción y eliminamos la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Las acciones pueden ser directas (reparar lo efectuado con la persona) o indirecta (por ejemplo, colaborar con una asociación relacionada). 

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Porque yo lo valgo…

Si últimamente observas que tienes una actitud derrotista, que tu autoestima está resentida, que posees un discurso negativo hacia ti mismo o que tienes un estado de ánimo deprimido, necesitas refuerzos y motivaciones extras.

Te propongo una tarea desde la Psicología Positiva, que consiste en que vayas dejando unos post-it por toda tu casa. Esos post-it deben contener mensajes positivos sobre ti mismo. Es muy importante que sean escritos con tus propias palabras y que sean aspectos creíbles para ti, cosas con las que de verdad te identifiques.

¿Qué pueden contener todos esos post-it?

-Tus fortalezas o puntos fuertes. “Soy buena madre”. “Soy muy trabajador”…

-Tus recursos. “Se me da bien la gente”. “Soy buen conversador”…

-Logros personales. “Conseguí acabar la carrera”. “Pude sacarme el carné de conducir”…

-Palabras de ánimo. “¡Lo vas a conseguir!”. “Eres bueno en lo que emprendes”…

-Sueños o deseos que posees. “Este proyecto me va a salir bien”. “Mi hija tendrá una buena educación”…

-Características positivas sobre ti. “Soy amable”. “Soy atenta”…

-Cosas que posees. “Tengo unos hijos maravillosos”. “Mis amigos me quieren”…

-Cómo te valoran los demás (adecuadamente). “Los demás me ven como una persona eficaz”. “Mi familia valora mi carácter”…

En el caso de tener un estado anímico excesivamente negativo y que te sea complicado realizar esta tarea, es conveniente que el psicólogo o psicóloga te guíe primero en la elaboración de los aspectos positivos, para después realizarlo de manera autónoma.

"Narciso" de Caravaggio

“Narciso” de Caravaggio

 

 

¿El tiempo lo cura todo?

Hablamos de duelo cuando nos referimos al proceso por el que pasa una persona después de sufrir una pérdida; nos estamos refiriendo a la pérdida de un ser querido, pareja, amigo íntimo, hijo, padre, madre o familiar y, normalmente es debido al fallecimiento de esa persona, pero también puede ser causado por la ruptura relacional con ella. Sabemos que el proceso de duelo siempre conlleva un tiempo de “recuperación” pero, en algunos casos, puede complicarse o cronificarse. Según Worden (2008), un experto respecto al duelo, suelen tener lugar varias emociones durante el duelo por un ser querido:

-Tristeza y llanto. Impedir que la tristeza no se exprese puede dar lugar a un duelo complicado. Aquí hacerse el fuerte no funciona.

-Ira (¿Por qué me has dejado?). Es conveniente darnos permiso para expresarla.

-Culpa (Normalmente infundada. “No hice lo suficiente” “Le trataba mal”).

-Ansiedad (Muchas veces ligada al sentimiento de soledad).

-Soledad.

-Fatiga, apatía.

-Desamparo, sobre todo en los primeros momentos.

-Shock, que puede darse incluso cuando sea una muerte esperada, aunque lo normal es que ocurra ante una muerte repentina.

-Añoranza y sensación de presencia.

-En algunos casos, emancipación y alivio (a veces esto va unido a culpabilidad).

-Insensibilidad, embotamiento emocional, que es frecuente al principio.

-Sensaciones físicas parecidas a las de la ansiedad o al pánico. Hiperactividad y agitación. Suspirar.

-Incredulidad (Todavía espero que vuelva a casa).

-Confusión mental. Conducta distraída.

-Preocupación (pensamientos obsesivos en relación al fallecido).

-Experiencias ilusorias pasajeras en las semanas posteriores a la pérdida.

-Trastornos del sueño y de la alimentación. Soñar con el fallecido

-Retraimiento y aislamiento.

-Evitar recordar al fallecido (Hay que tener cuidado con esta conducta, ya que si se prolonga en el tiempo puede ser síntoma de un duelo complicado). A veces se da lo contrario, visitar al fallecido o llevar o conservar sus objetos por temor a olvidarlo.

-Buscar y llamarle en voz alta.

Es cierto que tiene que pasar tiempo para que la persona elabore el duelo, pero no desde una forma pasiva  viendo pasar el tiempo para comprobar si el dolor cede y el sufrimiento afloja. Lo que propone el mismo autor son tareas a las que se tiene que enfrentar activamente para elaborar el llamado trabajo de duelo.

PRIMERA: Aceptar la realidad de la pérdida; Es una dura realidad: asumir que la persona ha muerto y no va a volver y que el reencuentro con ella en esta vida no es posible. Durante esta fase la persona puede confundir a su ser querido con gente en la calle, cree que volverá todavía a casa, le llama en voz alta. El quedarse encallado crónicamente en esta tarea se llama Negación,  es decir, negar la realidad de la pérdida, y se da de muy diversas formas (dejar sus pertenencias tal y como quedaron, no creer que ha muerto, olvidar selectivamente lo relacionado con esa persona, etc.).

SEGUNDA: Elaborar el dolor que supone la pérdida. Es importante permitirse sentir dolor y llorar. Lo contrario a esta tarea, al igual que en la anterior era la negación, es bloquear los sentimientos y negar el dolor, lo cual predispone para un duelo complicado.

TERCERA: Adaptación a un mundo sin el fallecido de forma externa (adaptarnos a un entorno el que no está él o ella), de forma interna (adaptar nuestra identidad, nuestro modo de percibirnos) y espiritualmente (adaptar el sentido que uno tiene del mundo;  son valores y creencias que se tambalean tras la muerte de un ser querido). Quedarse estancado en esta tarea implica no desarrollar una capacidad de adaptación a la pérdida y recrearse en el desamparo y en el aislamiento.

CUARTA: Hallar un vínculo perdurable con el fallecido, pudiendo llevar una vida nueva. La persona superviviente nunca olvidará al fallecido pero tiene que seguir viviendo eficazmente en su mundo, hallando un hueco en su vida emocional para ese ser querido. Lo contrario a esta tarea sería que la vida de la persona se detenido después de la pérdida, que no se reanuda, que se niega a establecer otras relaciones.

Lo habitual es que las personas que han sufrido una pérdida elaboren ésta con normalidad, sabiendo que nunca podrán olvidar a esa persona, que siempre estará en su corazón, pero conociendo que el dolor se aminorará, que recobrarán el interés por la vida, sentirán de nuevo esperanza y se adaptarán a nuevos papeles vitales. No obstante, en algunos casos el proceso de duelo puede complicarse debido a factores de varios tipos (circunstancias de la muerte, personalidad o recursos del superviviente, relación que mantenía el mismo con el fallecido, etc.) y quedarse anclado en algunas de las tareas anteriores, lo cual nos está indicando la necesidad de acudir a un profesional que nos pueda ayudar en la elaboración. El psicólogo puede guiarnos de dos maneras; en primer lugar, realizando asesoramiento, en el caso de que el duelo sea el de una pérdida reciente, un duelo “normal”, logrando una adaptación adecuada y facilitando la tarea de vivir sin el ser querido; y en segundo lugar, realizando terapia de duelo cuando existen conflictos de separación con el fallecido, cuando el duelo se está prolongando, es excesivo o exagerado, cuando se percibe como problemático, cuando se dan síntomas somáticos o se ha retrasado en el tiempo. En estos casos, el tiempo puede no curarlo todo y necesitamos la colaboración de nuestro terapeuta para encajar la pérdida.

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Una manera diferente de pensar

Seguramente esta entrada, para un colega psicólogo, será sumamente sencilla (el ABC de la Psicología Cognitiva) pero, como mi intención es hacer llegar información psicológica a no expertos o a pacientes, considero necesario realizarla.

Todos y cada uno de nosotros tenemos una serie de creencias y pensamientos desadaptativos que no nos ayudan a seguir adelante,  que, ante una situación, nos paralizan o nos provocan una emoción negativa. Si yo pienso “soy un desastre en lo que emprendo”, realmente lo que hago es empeorar la situación y dañar mi autoestima y la percepción que tengo de mí mismo. Este último es un pensamiento concreto, pero el mensaje puede ser más general, al nivel de una creencia o esquema sobre el mundo, “todos los hombres son iguales”, “la vida es un camino de obstáculos” y, en efecto, estar convencido de la certeza de estas afirmaciones.

Hay una serie de generalidades, o de patrones similares de pensamiento con los que contamos la mayoría de nosotros en determinadas ocasiones. En unos predomina más un tipo u otro; son automáticos (nos salen repentinamente y sin elaboración previa por ser un hábito aprendido); son comunes en nuestra cultura y, seguramente, nos sentiremos muy identificados cuando los leamos. Se denominan Errores Cognitivos y nos producen sentimientos y emociones negativas, un mal estado de ánimo. Debemos cuestionarlos, ponerlos a prueba, probar su evidencia, tratar al menos de detectarlos para poder darnos cuenta de que se trata de una hipótesis personal, no una verdad absoluta, para poder contrarrestar su poder y ser más felices:

 

Inferencia arbitraria:

Consiste en extraer una conclusión cuando se carece de evidencia o cuando ésta es realmente contraria a la conclusión.

-Estoy hablando en público y pienso que lo estoy haciendo muy mal porque veo al fondo una persona que no me mira.

-El tener un hijo así es un castigo por mi mal comportamiento.

Ejemplo para cuestionar a nivel personal este error cognitivo, sugerido por esta autora (pueden existir otras muchas formas): ¿tengo realmente pruebas de que esto sucede por porque estoy haciendo un mal discurso, porque me comporté mal en el pasado…? ¿Qué pruebas objetivas tengo?

Sobregeneralización:

Consiste en extraer una regla general injustificada a partir de un único incidente o de hecho aislado.

-Pensar “nunca lo conseguiré” porque me hayan rechazado en una entrevista de trabajo.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿Qué evidencia tengo de que nunca lo conseguiré? ¿Puedo hacer algo al respecto para mejorar? ¿Puedo adivinar lo que va a pasar en el futuro?

Exageración:

Consiste en exagerar el significado o importancia de un acontecimiento o conducta. Se denomina “catastrofismo” y es común en algunos trastornos o episodios de ansiedad.

-Notar el corazón acelerado y pensar que me va a dar un infarto.

-Bloquearme durante una exposición y pensar “mi carrera ha acabado”.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿hay otras explicaciones posibles a lo que me está pasando? ¿Tengo pruebas para saber que esto sucederá así en el futuro? ¿Qué evidencia tengo de que esto pueda ser así?

Mininimización:

Consiste en subestimar las ejecuciones, logros o capacidades propias o de otros.

-Persona que logra ponerse menos nerviosa en una charla y piensa “aun así continúo nervioso, la gente no se preocupa por estas tonterías”.

-No valorar pequeños cambios positivos que hace la pareja porque se piensa en los objetivos finales.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿puedo sacar alguna conclusión positiva de lo que yo hago, de lo que hace el otro…? ¿Es eficaz y me hace avanzar en la buena dirección este pensamiento?

Abstracción selectiva:

Consiste en no tomar en cuenta uno o más aspectos de una situación. La persona enfoca en ciertos detalles de un contexto, mientras hace caso omiso de otros detalles relevantes, porque no atiende a ellos, porque no los integra o porque no los utiliza.

-Persona deprimida que sólo atiende a sus experiencias negativas e ignora las positivas.

-Persona que atiende a sus fallos hablando en público, mientras que no se fija en sus progresos.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿es útil este modo de pensar? ¿Me sirve para mejorar y sentirme bien? ¿Estoy sobreestimando los aspectos negativos de esta situación? ¿Cuáles son los positivos?

Razonamiento dicotómico:

Consiste en evaluar una situación sin tener en cuenta los matices (bueno o malo, correcto o equivocado). No reconocemos un continuo, se evalúa en términos de todo o nada, o en un sistema de dos categorías antagónicas.

-Todo me sale mal.

-Si me critican es totalmente negativo para mí.

-Las cosas se hacen perfectas o no se hacen.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿me sirve para avanzar este razonamiento o me bloquea? ¿Tengo pruebas fehacientes de que esto sea así?  ¿Los términos absolutos que empleo son reales? ¿Realmente todo me sale mal? ¿Existen los términos medios? ¿Las cosas se pueden hacer de otra manera?

Personalización:

Consiste en pensar sin evidencia suficiente que ciertos sucesos están relacionados con uno mismo. La persona se atribuye hechos que no tienen conexión con ella.

-Pensar que se está riendo de mi cuando oigo unas risas al fondo.

-Pensar que voy a tener un infarto porque lo haya tenido un conocido.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿tengo pruebas para saber si esto es así? ¿Pueden existir otras explicaciones para esta situación? ¿Tengo evidencias reales?

 

Evidentemente, todas estas cogniciones deben ser detectadas por el paciente, con la ayuda de un experto, y ser cuestionadas siguiendo el esquema que propondrá el mismo; lo que aquí ofrecemos son unas pautas para que el potencial paciente pueda ir detectando cómo pensamos a veces y el daño que nos podemos hacer con estos discursos tan negativos. Una vez detectados, deber cuestionarse o ponerse a prueba como si de una hipótesis se tratara, distanciarse del pensamiento, examinarlo de una manera más objetiva y tratar de llegar a otras interpretaciones posibles del hecho o de la situación. Como decimos, la mejor forma de hacerlo es mediante la guía de un psicólogo. La idea final, como ya se habrá adivinado, es tratar de llegar a darnos otras interpretaciones posibles del problema, no tan dañinas, que mejoren tanto nuestro estado de ánimo, como nuestra percepción sobre nosotros, los demás y el mundo en general.

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Falacia de la Justicia

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Esta entrada está basada en el libro clásico de autoayuda de 1976 ‘Tus Zonas Erróneas’ (W. Dyer), que no es que me atraiga especialmente, pero que tiene un capítulo basado en la justicia que, cuando lo leí, me ayudó bastante a comprender lo equivocado y dañino de ese pensamiento que tenemos casi todos nosotros: “cada uno tiene lo que se merece”, “a cada cerdo le llega su San Martín”, “no es justo esto que me pasa”, “a este compañero se le trata mejor que a mí y eso es injusto”… A mí me ayudó en su momento y considero que también a muchos de mis pacientes, por lo que trataré de explicar lo infeliz que nos hacen estos pensamientos relacionados con la justicia-injusticia.

En primer lugar, creemos que vivimos en un mundo justo, que la gente tiene o logra lo que se merece, pero si indagamos en nuestra propia experiencia y reflexionamos, sabemos que esto no es así. Cuando detectamos que el mundo no es justo o detectamos una injusticia en un momento concreto, nos enfadamos, nos sentimos ansiosos o nos frustramos. Para comenzar, es necesario dejar claro un primer aspecto: la justicia y la equidad no existen en este mundo. En nuestra vida diaria, exigimos justicia para nosotros y lo nuestro, nos comparamos con los demás y exigimos tener lo mismo  que ellos, pero si esto no se da (como pasa en muchas ocasiones) estamos justificándonos para poder ser infelices, algo que no sucedería si, por el contrario, tuviéramos en cuenta que la injusticia o lo desigual es una constante en nuestro mundo: no tenemos lo mismo que el vecino, no ganamos lo mismo que nuestro amigo, no tenemos la misma consideración que nuestra compañera… Se trata de aceptar realidades.

¿Cómo escapamos de esta trampa?

En primer lugar, dejándonos de comparar con los demás en términos de “no es justo” o de falta de equidad. Este comportamiento es sólo fuente de infelicidad. El quejarnos de que algo no es justo en relación a nosotros nos impide movilizarnos para lograr objetivos que deseamos ya que, al ser el concepto de justicia algo externo a nosotros, nos impide hacernos cargo de nuestra vida (p. e.: “para qué voy a esmerarme en este informe, si está claro que ella está mejor considerada por mi jefe”). Para ser un poquito más felices, el foco de atención debe ser nuestra persona, no los demás ni comparación con ellos.

Sin embargo, la búsqueda de justicia o equidad es muy común y evidente en nuestra sociedad y creo que todos contamos con numerosos ejemplos en nuestra vida diaria en relación a ellas. Algunos de los que presento os sonarán bastante:

Quejarse de que existen personas con sueldos muy altos o más altos que el tuyo.

“¿Acaso yo te hago a ti lo que tú me haces a mi?” (Como si los dos tuviéramos que ser iguales).

Tratar de corresponder siempre un favor.

Decir “yo también te quiero”, como respuesta inmediata a un “te quiero”.

Pensar en recibir según uno da o “siembra”.

“Tú saliste ayer, no es justo que tenga que quedarme hoy en casa”.

Etc…

En estos ejemplos no estamos asumiendo nuestro propio comportamiento o sistema de valores. Sólo nos justificamos para no hacer nada, para mantenernos inmóviles. En estos casos y en muchos otros, nuestra propia conducta nos inhabilita para decidir por nosotros mismos que es lo más apropiado y culpamos a esa falta de equidad (p. e. el pensamiento “si ella puede hacer esto, yo también”, es un modo de justificar lo que haces por medio del comportamiento de otra persona).

Hay que tener en cuenta, por otro lado, que esta serie de comportamientos se mantienen en el tiempo por algunas “recompensas”  que son totalmente inadecuadas y nos llevan a la frustración personal. Se debe tener especial cuidado para no caer en estas trampas y ser conscientes de su existencia y así poder llevar a cabo otro tipo de conductas que nos harán más felices:

Esa sensación de satisfacción pensando que eres bueno cuando pensamos  “soy mejor que tú”. Volvemos a poner el foco en la comparación y no en nosotros mismos.

Justificar todo tipo de comportamientos, incluso los inadecuados, haciendo que la responsabilidad recaiga en los otros. O dejar de tener la responsabilidad sobre nuestros actos, justificando nuestra inmovilidad (nos acomodamos: “si ellos no lo hacen, yo tampoco”), porque creemos que la responsabilidad es de aquellos o aquello que no es justo. Esto nos lleva, desgraciadamente, a evitar asumir riesgos, nos impide lograr nuestros objetivos y decidir por nosotros.

Captamos la atención de los demás y, a veces, también su compasión.

Puedes manipular a los demás y puedes, incluso, justificar una conducta vengativa.

Cuando nos centramos en las injusticias del mundo, estamos evitando relacionarnos con los demás de una forma honesta y profunda. Nos estamos perdiendo lo maravilloso de las relaciones interpersonales.

¿Qué estrategias podemos poner en marcha para deshacernos del lastre de la demanda de justicia?

Una buena idea es elaborar una lista señalando aspectos de la vida que nos parezcan injustos en relación a nuestra persona y preguntarnos algo así como: “¿Lograré un mundo sin desigualdades si desaparece ésta en concreto, que es la que me preocupa a mi?”.

Cuestionar pensamientos propios del tipo “¿acaso te hago yo esto a ti?” y tratar de cambiarlos por otros del tipo “tú eres diferente a mí, aunque me moleste”.

Tener claro que nuestras emociones son propias e independientes de lo que hagan otras personas.

Mirar nuestras decisiones como algo relativo y con perspectiva, no como algo que cambiará nuestra vida para siempre.

Intentar aceptar la realidad aunque no se esté de acuerdo con ella. Cuestionar el “no es justo” y cambiarlo por cogniciones tipo “es una pena que esto sea así”, “yo preferiría que…”.

Evitar, en la medida de lo posible, las comparaciones y tener nuestras propias metas, tratando de hacer lo que uno quiere sin referirnos a lo que hacen los otros.

Cambiar verbalizaciones del tipo “yo siempre te tengo en cuenta, ¿por qué no me tienes en cuenta tú a mí en esto?”. El motivo que tiene la otra persona no es parecerse a ti.

Hacer algo agradable porque te apetezca, no porque la ocasión lo exija. Gástate el dinero que quieras en un regalo, no midiéndolo en relación a lo que se gastaron en ti. Elimina las invitaciones por exigencia, por obligación, por “cumplir”, en vez de por tus propias razones internas.

Por cada injusticia que sufrimos, hay una solución que hace que no nos quedemos inmovilizados, teniendo incluso en cuenta a los demás. P. e. si yo quiero salir pero eso implica que el otro se tiene que quedar con mi hijo, puedo pedir a otra persona que lo cuide o llevármelo en mi salida.

Tener en cuenta de que la venganza es una forma más de estar controlado por los demás.

Metáfora de la gárgola

“Imagínate una gárgola en tu hombro, como las gárgolas son de piedra, esta gárgola de depresión te hunde y te dificulta moverte para realizar cualquier tipo de actividad. Además te está constantemente susurrando al oído. Los mensajes son negativos, humillantes, te culpabilizan por todo. Si te encuentras mal, la gárgola te afirma rotundamente que así te sentirás siempre. Y lo peor es que tú te crees todo lo que te susurra. En las próximas semanas, deberás aprender a identificar cuáles son estos mensajes y ser consciente que vienen de la gárgola” (Otto, 2000). 

Esta metáfora es ideada por el anterior autor para intervenir sobre un paciente depresivo.

Tiene en cuenta el estado de tristeza y desesperanza de la depresión, así como, la inactividad y la falta de interés y apatía a la hora de realizar actividades e, incluso, la incapacidad de disfrute con esas tareas, asimilándolo con la pesadez de la gárgola.

Se hace eco de algo común en los humanos, pero problemático en las personas con depresión por su alta frecuencia, que son los pensamientos negativos e irracionales, -que la gárgola susurra al oído-; está haciendo una alegoría de lo que nuestra mente hace constantemente cuando estamos deprimidos, esto es, bombardearnos con pensamientos de carácter negativo, incluso catastrofista, acerca de nosotros mismos, del mundo que nos rodea y del futuro que nos espera: ¡La gárgola afirma que te sentirás siempre así! Seguro que todos hemos tenido una experiencia parecida.

La metáfora nos habla, por último, de la incapacidad de los pacientes deprimidos a la hora de cuestionar esas creencias y pensamientos, señalando cómo nos creemos todo lo que la gárgola nos susurra al oído.

¿Por qué son útiles esta metáfora, en particular, y las metáforas, en general, en psicoterapia? Porque considero que pueden aumentar el conocimiento de una persona no experta o de un paciente a un problema psicológico de una manera sencilla; y porque pueden acercarles al campo de la psicología y de la psicoterapia sin caer en explicaciones complicadas y difíciles de entender.

Por último, esta metáfora aúna la mayoría de los rasgos o aspectos sobre los que intervengo en un tratamiento psicológico con un paciente aquejado de depresión, de ahí también su utilidad. ¿Cuáles son esos campos de intervención cuando hablamos de depresión? Los siguientes:

-Tristeza profunda y desesperanza. Intervenimos desde varios frentes: enseñando al paciente a detectar y controlar sus pensamientos negativos y planificando actividades que él mismo pueda ir realizando (lo veremos a continuación). Con esto, intentaremos que la persona mejore progresivamente su estado de ánimo.

-Inactividad, apatía, incapacidad de disfrute con actividades. Considero que la inactividad suele generar un estado de ánimo negativo y, a su vez, ese sentimiento genera más inactividad. Para romper con ese bucle, es necesario diseñar un programa de actividades que el paciente pueda ir realizando en orden de dificultad, procurando que sean tareas que le produzcan cierto agrado y satisfacción. Nuestra idea es que pueda ir retomando su vida de ocio y su vida laboral, personal, a medio plazo.

-Pensamientos negativos, catastrofistas, irracionales relacionados con la triada Yo, El Mundo y El Futuro. Ayudar y enseñar al paciente a detectar estos pensamientos que aparecen de forma frecuente, y que influyen significativamente en su estado de ánimo. Ilustrar al paciente que no es la situación, el mundo ni las personas, los que actúan en contra de nosotros y nos hacen sufrir, sino esos pensamientos personales e interpretaciones negativas acerca de todos ellos.

-Incapacidad de cuestionar las interpretaciones anteriores. No es suficiente con detectar esos pensamientos, es necesario aprender a cuestionarlos con la ayuda del terapeuta, que nos dará pautas para ponerlos a prueba, tomarlos como una hipótesis sobre la realidad, y no como una verdad absoluta. La idea es que el paciente pueda llegar por sí mismo a dar otras explicaciones diferentes sobre el mismo hecho y, en definitiva, saber que puede haber otras interpretaciones de la realidad distintas a lo que “la gárgola” le dice.

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