¿Cómo sobrevivir como pareja tras el nacimiento de un hijo?

Hace poco una compañera y yo planteamos un taller referido a cómo afecta el nacimiento de un hijo a la relación de pareja. Lo llamamos algo así como “la Cigüeña se llevó a mi pareja”. Cuando acude a mi consulta una pareja con problemas para hacer terapia, he notado que aparecen unas temáticas comunes en muchas ocasiones. Normalmente son parejas que cuentan con uno o dos hijos pequeños (he tenido desde parejas con hijos de meses de vida hasta 7 o más). Es cierto que es muy común que aparezcan problemas tras el nacimiento de un hijo, etapa en la que todo se trastoca y cambia la vida de la pareja. Las problemáticas que más me encuentro en la terapia de pareja son las siguientes:

-Discusiones por diferencias en las pautas educativas del niño o niña. Por ejemplo, uno es más perfeccionista, uno de los dos es más estricto en determinadas áreas…

-Falta de momentos únicos para la pareja o actividades conjuntas. Tradicionalmente esto se le ha achacado más a la mujer pero yo he notado que muchas veces el hombre también decide dejar de hacer cosas con su cónyuge.

-Uno de los dos se impone la privación casi total de vida social fuera de la maternidad/paternidad, lo cual hace que ésta se viva con presión.

-Uno de los dos se encuentra muy vinculado al hijo (a priori normal) y el otro miembro siente que se queda al margen.

-Los momentos de falta de sueño, estrés, crispación y falta de ocio y de tiempo libre pueden hacer que las discusiones se incrementen. También suele pasar que uno de ellos ve como menos ventajosa su situación respecto al otro (yo hago más que tú, tú sales más que yo, tú situación es mejor que la mía).

-Falta de medidas de conciliación laborales adecuadas y decremento de recursos económicos. En algunos casos el no poder dedicar suficiente tiempo al niño a causa del trabajo hace que aparezca sentimiento de culpa y estrés.

-La familia de uno de los miembros opina o se entromete en la educación y crianza del hijo, lo cual hace que la otra parte se sienta herida. Muchas veces parece que se establecen competiciones por ver a quién quiere más el niño o tiene lugar una especie de lucha de poder entre suegros-nuera o suegros-yerno. No tengo un porcentaje aproximado en cuanto a casos, pero sí indicaros que éste suele ser un conflicto que me encuentro frecuentemente tras un nacimiento. El más habitual que yo he visto es el de suegros-nuera, aunque en bastantes ocasiones también aparece el conflicto con el yerno.

-En ocasiones, falta de conocimientos (tradicionalmente asociado a los hombres) respecto a la evolución de los niños, psicología evolutiva, educación, pautas, cuidados, etc. Este desequilibrio de conocimientos hace que surjan problemas o desacuerdos.

-Sentimiento de culpabilidad debido a las dudas en la crianza (¿lo estaremos haciendo bien?). Estas dudas pueden hacer surgir el estrés y los conflictos.

¿Es reversible esta situación? ¿Qué podemos hacer?

-Ver la situación como algo pasajero y normalizar.

-Ver la relación como una versión mejorada de la anterior.

-Ver la relación de pareja como algo variable y flexible y no estático, con sus idas y venidas, sus horas altas y sus horas bajas (realmente es así). Compórtate como el bambú, que tiene gran fortaleza, pero sabe plegarse sin romperse ante el viento y otras adversidades.

-Ver esta etapa como un tiempo de alto rendimiento, como quién se prepara para una competición.

-No dejarse llevar por los roles tradicionales que se asignan al padre o la madre.

-No prestar atención al qué dirán los otros. La intuición de los padres suele funcionar a la hora de criar a un niño.

-Poner límites a la familia, lo más útil es que vengan, en primer lugar, del hijo o hija en cuestión y que sean negociados por los miembros de la pareja. Si no funciona, se puede plantear una conversación con ellos. En estas situaciones creo que es conveniente recordar el refrán: “más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo” (indica que es preferible afrontar una situación difícil que se reproduce continuamente por callar).

-Aunque a veces es muy difícil, pedir ayuda si nos vemos desbordados. Delegar.

-Prestar atención a lo que el otro hace bien. Yo lo llamo Radar Positivo. Se trata de anotar individualmente y en secreto durante un tiempo determinado una de las cosas que el otro hace bien durante el día. Tras el tiempo fijado (15 días, un mes…) se pone en común. Pueden ser cosas pequeñas: un beso de buenas noches, fregar un vaso, un mensaje bonito…

-Hablar mucho de lo que nos está pasando pero no tratar de ser “el salvador” y tratar de solucionarlo todo. A veces se trata más de escuchar activamente y acompañar al otro sin opinar. No nos suele atraer el escuchar sentimientos desagradables pero haciéndolo impedimos que se conviertan en algo peor.

-Habla con otros padres y madres de lo que está ocurriendo: te sentirás más comprendido.

-Salid por separado o juntos de vez en cuando.

-Recuerda los buenos momentos con tu pareja.

-De esos buenos momentos selecciona e intenta hacer todos los días un pequeño o pequeñísimo acto de los que efectuábamos antes. La terapia breve diría: “cumplir una gran tarea mediante pequeños actos”.

-Ofrecernos un pequeño intervalo de tiempo para estar solos o hacer algo que nos agrade, aunque eso sea descansar o darnos un baño.

-Emplead todas las pautas de asertividad que hemos visto en diversas entradas de este blog (ver las dos categorías: terapia de pareja y asertividad). Se trata de aprender asertividad, en definitiva, lo cual es muy extenso para el tema que nos ocupa en este post.

-Solicitad ayuda profesional si notáis que fallan las estrategias anteriores e iniciad terapia de pareja. Mi experiencia con pacientes es que su frecuencia es bastante más dilatada que la individual, no se alarga excesivamente en el tiempo y suele causar unos buenos resultados.

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Cita

La pregunta del milagro

Esta entrada va a ser bastante breve e influida directamente por un tipo de terapia denominada Terapia centrada en soluciones.

Piensa en un problema de tipo psicológico que te preocupe y defínelo: soy inseguro, me relaciono inapropiadamente con la gente, soy tímida, tengo ansiedad, estoy deprimido, tengo unos pensamientos muy negativos. Intenta que esa descripción sea muy completa. Céntrate esa parte problemática que tienes.

Piensa si existen excepciones al problema, ¿existen momentos o situaciones en las que el problema no ocurre o no tiene lugar? Escribe esas excepciones.

Ahora, imagínate que dentro de unos meses te levantas y detectas que el problema se ha resuelto en su totalidad, ¿en qué lo notarías tú? Desarrolla la respuesta.

¿Y en qué lo notarían los demás (amigos, familiares, compañeros, conocidos)? Desarróllala también.

Reflexiona brevemente sobre las respuestas anteriores.

Lo que buscamos es centrarnos en esa parte de solución que todos tenemos, no en la parte problemática que nos atormenta.

Espero que sea de vuestra ayuda.

jay mantri

Desamor y Ruptura

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La palabra desamor existe en castellano y en el mundo latino, pero no hay una equivalencia de significado en otras lenguas, como por ejemplo el inglés. Diríamos que es mucho más preocupante esta sensación para el mundo hispanohablante y que existen otras culturas que prefieren no hablar de ello, debido al dolor que conlleva. De hecho, hay pocas investigaciones, datos y estudios que hablen de este fenómeno.

El desamor es una ausencia de amor o de amistad y una falta de sentimientos hacia el otro. El amor está muriendo o ha muerto dentro de esa relación y puede desembocar en una ruptura. También puede darse el caso de que uno de los dos miembros pueda romper la relación y el otro no estar de acuerdo.

Esa etapa de desamor es sumamente desagradable para los miembros de la pareja. Esa persona a la que tanto has querido se torna aburrida, las situaciones no tienen incentivos, el distanciamiento entre los dos se hace patente, hasta que finalmente la relación y el amor se acaba. ¿No se os pone un nudo en la garganta?

Existen distintos modos de gestionar la situación anterior; uno puede querer poner fin a la relación, otro puede pensar que aún pueden arreglarla poniendo cada uno algo de su parte, pueden discutir y enfadarse recurrentemente, pueden resignarse a esa situación, pueden engañarse intentando conservar la relación, puede aparecer el miedo a la soledad, pero, frecuentemente, uno de los dos, o los dos, pueden tomar la decisión de abandonar.

Cuando eso sucede se inicia un proceso de duelo, proceso que con sus características comunes, es muy personal, sobrellevándolo cada individuo de una manera concreta. Asimismo,  puede no ser igual el procesamiento de la situación para la persona que deja la relación, para la que es dejada o cuando la ruptura es de mutuo acuerdo.

Aspectos muy generales a tener en cuenta ante una ruptura:

Como en cualquier duelo es necesario llorar todo lo que sea necesario y permitirnos sentir nuestro dolor y nuestra tristeza ante la pérdida. Para que esto se acelere es necesario cerrar la puerta a esa relación y suprimir el contacto, en la medida de lo posible, con esa persona, hecho que les cuesta sumamente a las personas que pasan por consulta y a las que no (“no me hago a la idea de no volverle a ver”, “no puedo pensar que ya no volveré a abrazarle y besarle”, “no pude evitar volver a llamarle por teléfono”…). Este tipo de duelo, muchas veces, puede ser incluso más complejo que uno por fallecimiento, ya que, en este caso, sí existe la posibilidad de reencuentro o de reconciliación o de verle con otra persona.

En relación a lo anterior, es conveniente refugiarse en amigos, familiares e intereses personales, así como, no recrearnos acudiendo a lugares donde íbamos con la persona, preguntando a sus amigos y conocidos, persiguiéndolo, etc. Cambiar de intereses y costumbres es lo adecuado, acudir a otros sitios, cambiar de aspecto, buscar aumentar tu grupo de amigos, etc. (Al respecto, os dejo una canción de uno de mis grupos favoritos, Los Planetas, que habla de una mala superación del desamor por parte del protagonista, que seguía acudiendo a sitios donde siempre iba con ella: www.youtube.com/watch?v=2yJj-FAEx88).

A pesar de la música, la literatura y el cine que consumimos, nadie muere por amor. La situación es desagradable, molesta, triste, melancólica, rabiosa, pero también superable. El sentir profundamente el desamor, es señal de que también vivimos intensamente ese amor y tenemos capacidad para amar y volver a amar.

Aceptar que al principio nos cerraremos, seguramente, al amor, no desearemos enamorarnos, ni lo veremos posible porque, en ese momento, asociamos amor con malestar. Lo sano es que, con el tiempo, esa sensación se atenúe. Tampoco es idóneo lo contrario: apresurarnos por encontrar pareja. Debemos primero dedicarnos a nosotros mismos y a nuestros nuevos intereses. Podemos probar a realizar actividades en soledad, conversar con los allegados e invertir en uno mismo, tiempo, caprichos o en bienestar.

 

“Besos que vienen riendo, luego llorando se van,

y en ellos se va la vida, que nunca más volverá”.

 Miguel de Unamuno, acerca del desamor.

 

¿Cómo les decimos que nos separamos?

Pixabay

En esta entrada, vamos a hablar brevemente sobre la comunicación de la separación de los padres cuando los hijos son pequeños, tema muy espinoso, por la culpabilidad que surge en la pareja y la incertidumbre por saber si lo están haciendo o lo van a hacer de una forma adecuada. A consulta nos llega, de una forma relativamente frecuente, una persona o pareja que posee una dificultad principal: cómo comunicar que nos separamos a nuestros hijos.

La situación ideal es poder preparar la situación, para tenerlo todo más bien controlado y que podamos manejar distintos tipos de reacciones, siempre intentando que los miembros de la pareja estén lo más fríos posible, dentro de lo que se pueda, y que hayan sacado y manifestado, en el pasado, gran parte del dolor previo que produce la separación. En la medida de lo posible, la conversación debe tener lugar en un espacio seguro, a ser posible dentro de la casa familiar.

No existe una situación o momento ideal para comunicarlo; basta con decir que nos sirve una situación de calma en la que se hallen todos los miembros de la familia. Cuando hablamos de familia, nos referimos a la familia nuclear (padre, madre e hijos), no al resto de miembros de la familia extensa, que podrán prestar su ayuda en momentos posteriores pero no en éste. Podría ser buena idea incluir a una figura objetiva en la situación, de ser necesario, como un mediador, psicólogo, trabajador social, miembro de una asociación, etc.

Las pautas generales, a la hora de comunicar este hecho, son: comunicárselo de una manera que estemos hablando desde nuestros propios sentimientos y teniendo en cuenta los suyos, aplicando un tono emocional a la exposición, siendo cercanos, transmitiendo seguridad y dejándoles claro que se les va a seguir queriendo, siempre siendo francos, naturales y abiertos. Es muy importante evitar descalificaciones y hablar mal del otro. Se hace preciso reconducir la situación si tiene lugar un conflicto; no debemos hacer que ellos tengan que elegir entre uno y otro progenitor y dejar las puertas abiertas para que ellos puedan preguntar o hablar sobre la separación. Por último, es fundamental adaptarse a la edad que tiene cada uno de los hijos a la hora de conversar con ellos: un bebé necesitará que le expresemos seguridad, a un niño de dos a cuatro años se le explicará de modo sencillo sin dar demasiadas explicaciones y con un niño más mayor nos ajustaremos más a su nivel y la explicación puede ser un poco más compleja.

Los puntos que nunca deben faltar en lo que se va a decir a los niños son los siguientes: que nos vamos a separar, que no les vamos a abandonar ni dejar de querer, detallar la nueva organización familiar explicada a su nivel (cómo van a vivir a partir de ahora, dónde y con quién, que van a seguir teniendo los mismos amigos y yendo al mismo colegio, que verán a los familiares cercanos, abuelos, primos y tíos, cómo serán las vacaciones y con quién, etc.), que se separan papá y mamá y no ellos. Esta información puede dosificarse a medida que los niños van preguntando acerca de la nueva situación y conviene recurrir a ejemplos cercanos que puedan entender (por ejemplo, cuando te enfadas con un amigo del colegio). La situación ideal es aquella en la que se informa a los hijos de todos estos aspectos y pasa un periodo de tiempo hasta que se hace efectiva la separación. Viven muy negativamente que la marcha de uno de los cónyuges sea repentina o de un día para otro.

En el caso de problemas concretos en nuestros hijos derivados de la separación, trastornos de conducta, rabietas recurrentes, duelo complicado, ansiedad, miedo al rechazo, etc. los padres pueden consultar a un profesional que pueda echarles una mano, así como, leer algún texto que un experto les pueda recomendar, que les ayude a manejar esas situaciones. De esta manera, podemos facilitar la superación de la vivencia de la separación y el manejo de problemas asociados, si es que se dan.