Cita

Reglas del Duelo

REGLA Nº 1

Todas las personas no reaccionan igual ante la pérdida de un ser querido

 REGLA Nº 2

Disimular nuestro dolor no conduce a nada positivo: bloquea la comunicación con otros familiares que pueden estar sintiendo lo mismo que nosotros

REGLA Nº 3

Tras la muerte de un ser querido ES NORMAL que le mundo se vuelva caótico e inseguro

REGLA Nº 4

Durante el duelo debe seguirse un control médico periódico para prevenir, tratar a tiempo o controlar ciertas enfermedades que pueden aparecer o empeorar

REGLA Nº 5

Si existen factores de riesgo de un proceso de  recuperación complicado o difícil, consulte con un especialista en duelo

REGLA Nº 6

La pérdida de un ser querido no se “supera”: uno se “recupera” de las pérdidas, pero estas nunca se superan; molestan de cuando en cuando como lo suele hacer una cicatriz

REGLA Nº 7

El proceso de recuperación tras la pérdida de un ser querido suele tardar entre 3 y 4 años para completarse

REGLA Nº 8

La tercera fase del duelo es prácticamente idéntica a una depresión

REGLA Nº 9

Uno de los aspectos más importantes para facilitar la recuperación de los adultos que han perdido un ser querido es la EDUCACIÓN EN DUELO

REGLA Nº 10

El revivir la experiencia (La causa de la muerte o lo que condujo a esta) facilita la integración de la realidad de la pérdida (todo lo contrario a lo que la gente suele hacer)

REGLA Nº 11

El primer paso a dar cuando se quiere ayudar a alguien que intenta reponerse y recuperarse de la pérdida de un ser querido es el INFORMARSE, aprender la CULTURA DEL DUELO

REGLA Nº 12

¿SE PUEDE O NO LLORAR?

Si me golpeo una espinilla, si estoy de parto, si me operan, si algo me sale mal, si me roban el coche o un objeto familiar muy valioso, etc…, suelo llorar con amplia libertad. Todas estas circunstancias son dolorosas. ¿Porqué no he de llorar ante una situación que me produce un DOLOR TOTAL? Dolor bio-psico-socio-familiar y espiritual. Duele el alma, el pasado, el presente, el futuro. Duele la vida. No solo se puede llorar, sino que además, es sano llorar.

REGLA Nº13

La institución más importante para recuperarse de la pérdida de un ser querido es LA FAMILIA

REGLA Nº14

La terapia más importante par   podernos recuperar de la pérdida de un ser querido es LA TRAPIA DEL HOMBRO-OIDO-ABRAZO

REGLA Nº15

Duelo que no se habla es duelo que no se cura

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¿El tiempo lo cura todo?

Hablamos de duelo cuando nos referimos al proceso por el que pasa una persona después de sufrir una pérdida; nos estamos refiriendo a la pérdida de un ser querido, pareja, amigo íntimo, hijo, padre, madre o familiar y, normalmente es debido al fallecimiento de esa persona, pero también puede ser causado por la ruptura relacional con ella. Sabemos que el proceso de duelo siempre conlleva un tiempo de “recuperación” pero, en algunos casos, puede complicarse o cronificarse. Según Worden (2008), un experto respecto al duelo, suelen tener lugar varias emociones durante el duelo por un ser querido:

-Tristeza y llanto. Impedir que la tristeza no se exprese puede dar lugar a un duelo complicado. Aquí hacerse el fuerte no funciona.

-Ira (¿Por qué me has dejado?). Es conveniente darnos permiso para expresarla.

-Culpa (Normalmente infundada. “No hice lo suficiente” “Le trataba mal”).

-Ansiedad (Muchas veces ligada al sentimiento de soledad).

-Soledad.

-Fatiga, apatía.

-Desamparo, sobre todo en los primeros momentos.

-Shock, que puede darse incluso cuando sea una muerte esperada, aunque lo normal es que ocurra ante una muerte repentina.

-Añoranza y sensación de presencia.

-En algunos casos, emancipación y alivio (a veces esto va unido a culpabilidad).

-Insensibilidad, embotamiento emocional, que es frecuente al principio.

-Sensaciones físicas parecidas a las de la ansiedad o al pánico. Hiperactividad y agitación. Suspirar.

-Incredulidad (Todavía espero que vuelva a casa).

-Confusión mental. Conducta distraída.

-Preocupación (pensamientos obsesivos en relación al fallecido).

-Experiencias ilusorias pasajeras en las semanas posteriores a la pérdida.

-Trastornos del sueño y de la alimentación. Soñar con el fallecido

-Retraimiento y aislamiento.

-Evitar recordar al fallecido (Hay que tener cuidado con esta conducta, ya que si se prolonga en el tiempo puede ser síntoma de un duelo complicado). A veces se da lo contrario, visitar al fallecido o llevar o conservar sus objetos por temor a olvidarlo.

-Buscar y llamarle en voz alta.

Es cierto que tiene que pasar tiempo para que la persona elabore el duelo, pero no desde una forma pasiva  viendo pasar el tiempo para comprobar si el dolor cede y el sufrimiento afloja. Lo que propone el mismo autor son tareas a las que se tiene que enfrentar activamente para elaborar el llamado trabajo de duelo.

PRIMERA: Aceptar la realidad de la pérdida; Es una dura realidad: asumir que la persona ha muerto y no va a volver y que el reencuentro con ella en esta vida no es posible. Durante esta fase la persona puede confundir a su ser querido con gente en la calle, cree que volverá todavía a casa, le llama en voz alta. El quedarse encallado crónicamente en esta tarea se llama Negación,  es decir, negar la realidad de la pérdida, y se da de muy diversas formas (dejar sus pertenencias tal y como quedaron, no creer que ha muerto, olvidar selectivamente lo relacionado con esa persona, etc.).

SEGUNDA: Elaborar el dolor que supone la pérdida. Es importante permitirse sentir dolor y llorar. Lo contrario a esta tarea, al igual que en la anterior era la negación, es bloquear los sentimientos y negar el dolor, lo cual predispone para un duelo complicado.

TERCERA: Adaptación a un mundo sin el fallecido de forma externa (adaptarnos a un entorno el que no está él o ella), de forma interna (adaptar nuestra identidad, nuestro modo de percibirnos) y espiritualmente (adaptar el sentido que uno tiene del mundo;  son valores y creencias que se tambalean tras la muerte de un ser querido). Quedarse estancado en esta tarea implica no desarrollar una capacidad de adaptación a la pérdida y recrearse en el desamparo y en el aislamiento.

CUARTA: Hallar un vínculo perdurable con el fallecido, pudiendo llevar una vida nueva. La persona superviviente nunca olvidará al fallecido pero tiene que seguir viviendo eficazmente en su mundo, hallando un hueco en su vida emocional para ese ser querido. Lo contrario a esta tarea sería que la vida de la persona se detenido después de la pérdida, que no se reanuda, que se niega a establecer otras relaciones.

Lo habitual es que las personas que han sufrido una pérdida elaboren ésta con normalidad, sabiendo que nunca podrán olvidar a esa persona, que siempre estará en su corazón, pero conociendo que el dolor se aminorará, que recobrarán el interés por la vida, sentirán de nuevo esperanza y se adaptarán a nuevos papeles vitales. No obstante, en algunos casos el proceso de duelo puede complicarse debido a factores de varios tipos (circunstancias de la muerte, personalidad o recursos del superviviente, relación que mantenía el mismo con el fallecido, etc.) y quedarse anclado en algunas de las tareas anteriores, lo cual nos está indicando la necesidad de acudir a un profesional que nos pueda ayudar en la elaboración. El psicólogo puede guiarnos de dos maneras; en primer lugar, realizando asesoramiento, en el caso de que el duelo sea el de una pérdida reciente, un duelo “normal”, logrando una adaptación adecuada y facilitando la tarea de vivir sin el ser querido; y en segundo lugar, realizando terapia de duelo cuando existen conflictos de separación con el fallecido, cuando el duelo se está prolongando, es excesivo o exagerado, cuando se percibe como problemático, cuando se dan síntomas somáticos o se ha retrasado en el tiempo. En estos casos, el tiempo puede no curarlo todo y necesitamos la colaboración de nuestro terapeuta para encajar la pérdida.

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