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Artículo sobre bullying

http://blog.masquemedicos.com/ejemplos-acoso-escolar-bullying/

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¿Existe la depresión infantil?

Para Diagnosticarla se deben presentar 5 o más síntomas del DSM-IV. Además un episodio depresivo dura al menos dos semanas. El niño sufre intenso malestar y se resienten sus relaciones con los amigos, su rendimiento académico y otras áreas importantes de su vida. Aunque niños y adolescentes presentan también abatimiento, desesperanza, desánimo, que se revela en su cara seria, preocupada, triste, en su llanto, quejas de dolores de cabeza, barriga, en sus comentarios, se muestran inestables e irritables. Suelen estar enfadados, responden con explosiones de genio a trivialidades, insultan, pelean, se derrumban ante nimiedades. La irritabilidad normal y la de la depresión se distinguen en que esta última es mucho más frecuente, intensa y duradera. Ha de ser prácticamente constante durante al menos 14 días. El otro aspecto más típico de la depresión es la falta de interés y de placer en actividades que resultaban agradables y motivadoras con anterioridad a la aparición del trastorno. El desinterés y el descuido de aficiones unido a la falta de energía, resultante de la alimentación escasa, sueño no reparador y cansancio, conducen a la pasividad. El niño pierde apetito y en consecuencia peso, o no consigue los aumentos de peso propios de su etapa de desarrollo o crecimiento. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño pueden surgir al principio de la noche, vueltas en la cama, sábanas que molestan, picores por el cuerpo, en medio de la noche, despertares frecuentes e intervalos prolongados para dormirse de nuevo, al final de la noche, desvelar temprano e imposibilidad de volverse a dormir. Lo usual son los déficit, pero en algunos casos se observan excesos, el niño devora pasteles, pizzas, espaguetis, duerme más de lo habitual… El hecho de que un niño coma poco o duerma poco no es inicio de depresión. Para sospechar un posible trastorno de depresión hay que constatar una disminución llamativa de las cantidades de alimento y de las horas de sueño que le niño acostumbra a ingerir y dormir asociadas a otros cambios negativos. En la depresión agitada aumenta la actividad psicomotora. Es difícil que el niño permanezca sentado tranquilamente. Como si le quemara el asiento se levanta, se pasea de un lado a otro poniendo nervioso a las personas que le rodean. Existe un trastorno distinto que se llama hiperactividad que se caracteriza por exceso de movimiento que unido a impulsividad y falta de atención puede aumentar el riesgo de accidentes y lesiones. También se asocia a dificultades en el aprendizaje escolar por lo que el niño hiperactivo proporciona numerosos quebraderos de cabeza a padres y maestros. En la depresión enlentecida el niño piensa, habla y se mueve a cámara lenta. Conversar se torna tarea ardua. Si se le formula una pregunta tarda en contestar, es posible que haya que repetírsela. Habla tan flojo que la voz no le llega al cuello de la camisa. Los temas de conversación son poco variados. Los periodos de silencio prolongados. A veces se encierra en un pertinaz mutismo. En ocasiones permanece inmóvil mucho rato. Con frecuencia el joven siente que se le ha agotado la batería. Ha de desplegar un gran esfuerzo para levar a cabo acciones cotidianas como vestirse o asearse. Se siente fatigado incluso sin haber realizado ejercicio físico que lo justifique. Su autoconcepto y autoestima están por los suelos. Acontecimientos neutros los considera pruebas irrefutables de sus tareas personales. Conceden una importancia exagerada a pequeños errores pasados. Su sentido de la responsabilidad es excesivo. Se queja de dificultades para pensar, atender, recordar y tomar decisiones. Da la impresión de estar distraído o ausente. Los problemas de razonamiento, concentración y memoria se traducen en peores notas en las evaluaciones escolares. Las características de la depresión pueden aparecer a cualquier edad. Los cambios biológicos, psicológicos y sociales que ocurren con la edad explican que la depresión presente ligeras variaciones en función de las etapas de desarrollo infantil. Durante la infancia predominan las reacciones psicofisiológicas y motoras como irritabilidad, rabietas, llanto o problemas de control de esfínteres mientras que en la adolescencia adquieren relevancia respuestas cognitivas como el disgusto por la imagen corporal propia, la visión pesimista del futuro o ideas catastrofistas. Con el paso de los años la depresión se asemeja más a la de los adultos. Los acontecimientos desencadenantes y las repercusiones negativas difieren también según la etapa del desarrollo. En la primera infancia el contexto familiar posee mayor peso. Gradualmente la escuela va adquiriendo preponderancia. Para el joven, las relaciones con los de su misma edad, la pandilla de amigos o el otro sexo, son muy relevantes de modo que aparecen alteraciones y problemas como los de tipo sexual ausentes en las depresiones prepuberales. La depresión es más común en muestras clínicas que en población infantil general. Este dato revela una alta tasa de comorbilidad. Es decir, un importante porcentaje de niños con depresión presentan al mismo tiempo otros problemas psicológicos. La asociación más notable es con ansiedad, conducta antisocial, consumo de drogas, hiperactividad y oposicionismo.

 

BIBLIOGRAFÍA:Cantwell, D.P y Carlson, G.A. (1987) Trastornos afectivos en la infancia y adolescencia. Barcelona: Martínez Roca.Del Barrio, V (1997). Depresión infantil: Causas, evaluación y tratamiento. Barcelona: Ariel.

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Tipos de cyberbullying

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Se han escrito distintos artículos en este blog relacionados con acoso laboral, rumores y ciberacoso (ver la categoría de ACOSO). Esta entrada va a ser muy breve y trata de distinguir los distintos tipos de cyberbullying que puede estar sufriendo un niño, adolescente o adulto. Nos centraremos aquí en el acoso que se realiza a través de medios electrónicos como correo electrónico, redes sociales, mensajería instantánea, blogs, teléfonos móviles, buscadores, sitios webs o redes sociales.

Categorías de cyberbullying:

  • Flaming (ver flame): son mensajes violentos y vulgares en línea para suscitar batallas verbales en un foro o similar.
  • Molestias (harassment): es el envío repetido de mensajes ofensivos diseñados para herir a alguien.
  • Denigración: se calumnia a alguien para dañar su reputación, por email, mensajería instantánea…
  • Suplantación (impersonation): consiste en hacerse pasar por otra persona al enviar mensajes o publicar textos censurables.
  • Revelaciones (exposure): es la publicación de información privada o embarazosa de otra persona.
  • Engaño (trickery): normalmente consiste en ganarse la confianza de alguien mediante el engaño para después publicar o compartir con otras personas esa información obtenida por medios electrónicos.
  • Exclusión deliberada: cuando ese aislamiento se produce en un grupo on-line con el objetivo de herir a la persona.
  • Ciberacoso (cyberstalking): son molestias y denigración repetidas y amenazantes para infundir miedo.

El tratamiento y las consecuencias pueden ser los mismos que los señalados en otros de los artículos escritos sobre el acoso. No obstante, dada la emergencia y la importancia de las nuevas tecnologías y de los medios de comunicación electrónicos que existen entre los adolescentes y niños, debemos estar pendientes para detectar acoso dentro de la diversidad de formas del mismo que existen en la actualidad.

Ciberacoso

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El agresor no presenta un perfil único, aunque sí existen casos en los que se escuda en que el ataque no se produce de manera presencial sino cara a cara. Existen otros casos en los que el acoso sí se produce de manera presencial también. Son personas que no han establecido normas de educación moral claras. Nos puede servir de ayuda el perfil de acosador y acosado que elaboramos en nuestro artículo https://rosaliamv.wordpress.com/2014/12/02/menores-acosados-o-acosadores/ . En ese artículo también podemos encontrar algunas de las señales de alerta que nos pueden poner en preaviso ante  una situación de acoso.

¿Cómo abordar a un menor que sufre Ciberbullying?

En primer lugar, es necesario intentar transmitir confianza y ser comunicativo en la medida de lo posible, tratando de evitar la culpabilización por esa situación, siempre desde la empatía y con un abordaje emocional (¿cómo se siente?).

Una vez hecho esto, ¿cómo actuamos ante un caso de Ciberbullying?

La Guía de actuación contra el ciberacoso (http://www.injuve.es/sites/default/files/2013/46/publicaciones/Gu%C3%ADa%20de%20actuaci%C3%B3n%20contra%20el%20ciberacoso.pdf)  señala lo siguiente:

En el caso de que se perciba que el menor pueda estar sufriendo una de estas situaciones, el psicólogo Javier Urra, recomienda, en primer lugar, sentarse con el menor y escucharle, dejando que exprese todo lo que siente y mostrándole todo el apoyo por parte de su familia y que “no es, en absoluto, una situación que tenga que soportar”. Urra recomienda hacer preguntas abiertas, para conocer los detalles de los hechos y de los implicados y resaltar el apoyo de los padres al menor, detalle importante para que el niño cuente todo lo que ha ocurrido. En este sentido, también pueden ser una buena fuente de información los amigos del menor. Aunque es probable que no cuenten todos los detalles del incidente sí que pueden acercar al hecho de que no se lleva bien con algún compañero o si ha conocido a algún «niño» a través de Internet que ellos no conozcan, por ejemplo.

Así, según expresa César Lorenzana, del GDT de la Guardia Civil, “en la mayoría de las ocasiones, cuando el menor decide hacer pública esta situación, se debe a que la misma se torna insoportable y acude a sus padres en busca de ayuda, y al mismo tiempo con cierto temor por lo inapropiado de su conducta anterior.” Una vez al tanto de los hechos, en el caso de que se trate de un caso de ciberbullying, se debe acudir al colegio y preguntar a los profesores y tutores si han detectado o pueden pararse a observar si hay algún comportamiento raro que pueda llevar a pensar que está sucediendo la agresión.

Posteriormente, en los casos graves y sobre todo en los de grooming, continúa explicando el GDT, “una vez los padres tienen conocimiento expreso de la situación, deben denunciarlo ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o autoridades judiciales para iniciar la investigación, identificar al responsable y ponerle a disposición de la Justicia. No se trata únicamente de poner fin a estas situaciones, cosa prioritaria, sino de localizar al responsable para evitar que se repita en el futuro o con otras víctimas potenciales. En muchas ocasiones, los acosadores no actúan contra una sola víctima, sino que disponen de varios «contactos» a los que regularmente acosan. En este sentido, la denuncia de uno de ellos servirá para poder ayudar a todos los que están en su situación, pero no han decidido aún denunciar el acoso.”

El proceso a seguir si esta situación es detectada en un centro escolar es contactar de forma rápida con los padres, tutores, o representantes legales de los menores afectados y, a partir de ahí, es de aplicación lo explicado en el párrafo anterior. A partir de este momento tiene que comenzar el mecanismo de actuación en los distintos ámbitos, dependiendo de lo que pueda estar sucediendo.

**Guía de actuación contra el ciberacoso. Padres y educadores. Ministerio de industria, Energía y Turismo. Inteco (Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación).

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Atención plena para niños y adolescentes

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Hemos hablado en este blog sobre ejercicios para trabajar la atención plena o de Mindfulness. En nuestra consulta hemos planteado algún taller dirigido a padres y a niños y adolescentes, para poder trabajar la atención, la concentración y la relajación en ellos mediante esta práctica. Los que habéis ejercitado con ella en alguna ocasión ya conocéis los beneficios que tiene la práctica continuada de Mindfulness, pero ¿qué puede aportar a los niños y adolecentes?

  • Favorece el aprendizaje y fomenta el rendimiento.
  • Refuerza la atención y concentración.
  • Reduce la ansiedad ante evaluaciones y exámenes.
  • Produce bienestar en general.
  • Ayuda en las relaciones sociales y vínculos sanos.
  • Mejora el autoconocimiento, el aprendizaje social y emocional.
  • Ofrece herramientas de control del estrés.
  • Mejora el control de impulsos.
  • Fomenta el autocontrol, autososiego y autorreflexión.

Os dejo ahora una técnica que podéis utilizar con vuestros hijos o alumnos y que tiene que ver con la atención plena. He elegido esta porque me parece muy completa. Se llama Dibujar La Mente.

PRIMERA PARTE: ESTADO MENTAL ACTUAL.

-Les decimos a los niños o niño que se sienten en silencio y dejamos pasar 30 segundos.

-Les preguntamos: ¿hay pensamientos, sentimientos o emociones? ¿Ninguno, alguno, muchos? ¿Se mantienen constantes o cambian?

-Les damos un folio o se lo podemos dar previamente y les decimos: “dibuja en el tercio derecho de tu papel una imagen de tu estado mental actual”. Dejamos pasar un minuto.

-Les decimos que vuelvan a quedarse sentados, en silencio.

-Les indicamos que plieguen hacia abajo el tercio izquierdo del papel (con el dibujo), de modo que queden cara arriba, cubriéndolo, las dos columnas.

SEGUNDA PARTE: EN SILENCIO DESPUES DEL SONIDO.

-Hacemos sonar una nota con un instrumento: guitarra, piano, percusión, triángulo, campanilla,  etc. En meditación se suelen usar unos crótalos. Les decimos que escuchen el sonido hasta que se difumine en el aire. Si no es posible tener un instrumento a mano, en Internet hay tonos o mp3 que se pueden descargar con sonidos de campanilla o crótalos.

-Les animamos a que adviertan qué está pasando por su mente ahora.

-Les decimos: “dibuja en el tercio central del papel una imagen de tu estado mental”. Dejamos un minuto.

-Les decimos que vuelvan a quedarse sentados, en silencio.

-Les indicamos que plieguen hacia abajo el tercio central del papel (con el dibujo), de modo que queden ahora dos columnas hacia abajo, quedando visible, hacia arriba, una sección en blanco.

TERCERA PARTE: SILENCIO Y RESPIRACIÓN CON ATENCIÓN PLENA.

-Hacemos sonar la misma nota o sonido. Les decimos que escuchen el sonido hasta que se difumine en el aire.

-Les indicamos: “traslada tu atención a la respiración”.

-“Respira con normalidad, prestando atención a la sensación del aire al llenarte los pulmones y al volver a subir y salir de nuevo por donde entró”.

-“Date cuenta cuándo pierdes la consciencia de la respiración y empiezas a pensar en otra cosa, a soñar despierto, a preocuparte por algo, a quedarte dormido…”.

-“Dirige entonces tu atención de nuevo a tu respiración”.

-“Advierte lo que está pasando por tu mente ahora”.

-Les pedimos que dibujen en el tercio derecho del papel una imagen del estado mental actual y dejamos un minuto.

-Reproducimos el sonido o la nota y solicitamos que lleven la atención de nuevo y lentamente al sitio donde están (habitación, casa, aula).

-Les pedimos que desplieguen el papel para que queden visibles los dibujos de las tres secciones.

Por último, sería interesante, iniciar un breve debate sobre los tres dibujos, analizarlos, compararlos con otros niños (si ha hecho el ejercicio en grupo), sacar alguna conclusión, ver las diferencias entre los tres, etc.

Para los que quieran ampliar información sobre Mindfulness para niños y adolescentes, me permito recomendarles dos lecturas y, además, pueden consultarnos personalmente a través del formulario o del correo o teléfono.

**Para profesores o educadores recomiendo: Schoeberlein, Deborah. “Mindfulness para enseñar y aprender. Estrategias prácticas para maestros y educadores”. Madrid: Ed. Neo Person.

**Para padres interesados en el tema: Snel, Eline. “Tranquilos y atentos como una rana”. Madrid: Ed. Kairós.

Cita

Ayuda con mi autoestima!!

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¿Crees que tienes baja autoestima?

Vamos a realizar un ejercicio:

Compra plastilina y moldea tu baja autoestima. Podemos llamarle “el muñeco de la baja autoestima”.

Colócalo en un lugar visible de la casa.

Una vez hecho esto, estate atento a todos los mensajes que la “baja autoestima” te envíe.

Cada vez que identifiques alguno de estos pensamientos, tienes que sentarte con el “muñeco”, escuchar lo que te dice y dar argumentos en su contra.

Puedes escribir en la parte izquierda de un folio lo que te comunica la baja autoestima y en la derecha lo que tú respondes.

Esta herramienta se llama externalización y espero que os ayude. Lo recomiendo especialmente para los adolescentes y niños, les suele divertir bastante, pero también puede aplicarse en los adultos.

Otra técnica que ya plasmé en el blog para trabajar la autoestima está ubicada en:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/06/25/porque-yo-lo-valgo/

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¿Qué le estás transmitiendo a tus hijos?

Me gustaría escribir una nueva entrada relacionada con otra anterior (https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/06/educar-a-los-ninos-para-ser-asertivos/).

Si pretendemos enseñar a nuestros hijos asertividad, como en el anterior post, hay que tener en cuenta que podemos tener en nuestra cabeza una serie de creencias que no nos van a ayudar a ello. Son creencias muy extendidas socialmente pero, no por ello, ciertas ni inamovibles. A veces,  estas creencias o pensamientos muy instaurados pueden perpetuar la agresividad y la violencia, otras pueden legitimar la sumisión, el acoso, etc., pero en ningún caso incitan a la igualdad, a la simetría en las relaciones sociales ni guían hacia el comportamiento asertivo. Atención a las creencias que transmitimos.

¿A qué creencias nos referimos? (Basado en Díaz-Aguado, 2004)

-Las que justifican comportamientos de violencia e intolerancia y/o hacia el dominio y la sumisión: justificar violencia entre iguales, racismo, sexismo, xenofobia… ¿Decimos algo de este tipo delante de los niños?

-Creencias que dificultan el ponerse en el lugar de los otros (no empática), no promover el intentar comprender al otro.  ¿Les enseñamos a pensar cómo se siente el otro, qué es lo que le lleva a actuar de esa forma?

-Las que tienen que ver con un sentido inapropiado de la justicia (“si te pegan, pega”), con legitimar la venganza  (el ojo por ojo…), con la conspiración del silencio (los estereotipos de chivato, cobarde dentro de la escuela…), la arrogancia, el pensamiento grupal, responder a la violencia con más violencia.

-No proponer a tu hijo soluciones alternativas basadas en la no violencia. Por el contrario, suponer que las estrategias violentas para resolver un conflicto son las mejores.

-Suponer que los problemas de tu hijo tienen que ver, únicamente, con los profesores e iguales.

-Minimizar la importancia de las agresiones entre iguales, considerarlas como inevitables (“es normal que tu amigo agrediera a X, le estaba provocando”, “si no devuelves los golpes que recibes, pensarán que eres un cobarde”).

-La creencia de que el castigo físico es necesario y superior, en algunos sentidos, al diálogo o la comunicación. El castigo físico frecuente en el niño puede dar lugar a que resuelva situaciones conflictivas empleando tácticas violentas y no asertivas.

¿Te sientes reflejado en alguna de ellas? ¿Crees que esto ayuda a tu hijo o hija en el desarrollo de su asertividad? ¿Crees que legitima el comportamiento violento?

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¿Menores acosados o acosadores?

Queremos de nuevo hablar sobre acoso y violencia, ciñéndonos, en este caso, al concepto de violencia y acoso escolar. A diferencia del acoso laboral, las víctimas dependen de la intervención de un adulto que detecte la situación a tiempo y tome las medidas correspondientes. El afectado suele ser menor de edad y la detección por parte de sus padres o de sus profesores es crucial para resolver el problema, antes que se produzca algún hecho dramático como el que vemos últimamente en las noticias. Dejando a un lado los factores de riesgo, que tienen también su importancia, y siguiendo a la autora Ángela Serrano (2006), vamos a exponer los indicadores más importantes que nos pueden informar como PADRES sobre lo que está pasando. Un indicador por sí solo no suele ser predictor de lo que ocurre, pero sí puede constituir una señal de alarma.

Mucha atención a estos indicadores porque el niño o adolescente puede ser víctima de una situación de acoso o violencia pero también puede ser el que agrede o acosa a otros. En cualquiera de los dos casos se hace necesario intervenir con urgencia:

Indicadores que pueden hacernos pensar que nuestro hijo sufre violencia o acoso escolar (evidentemente no tienen que estar presentes todos; hay que estar pendientes si aparecen varios de ellos):

  • Presenta muchos cambios de humor (más de lo normal en la adolescencia).
  • Muestra frecuentemente tristeza o síntomas depresivos.
  • Se aísla de la realidad.
  • Pasa muchas horas en soledad y no sale con los iguales.
  • Abandona bruscamente actividades que realizaba con su grupo de amigos.
  • Presenta pocas o nulas relaciones con sus compañeros de clase o del centro.
  • Habla poco o nada de sus actividades en el centro y evitar cualquier pregunta al respecto.
  • Ha empeorado en su rendimiento escolar.
  • Presenta síntomas psicosomáticos el domingo o el día anterior a incorporarse al centro (por ejemplo: dolores abdominales, vómitos, dolores de cabeza…).
  • Evita ir al colegio o poner excusas para faltar.
  • Sale de casa con el tiempo justo para llegar al centro.
  • Evita encontrarse en la calle con determinadas personas de su centro escolar.
  • Se queja repetidamente de ser objeto de insultos, burlas o agresiones en el citado centro.
  • Comenta que se le pierden a menudo los útiles escolares y/o el dinero.
  • Ha aparecido con la ropa rasgada.
  • Presenta moratones y/o heridas.

Indicadores que pueden hacernos pensar que nuestro hijo agrede o acosa a compañeros o está integrado en una pandilla que así actúa:

  • Muestra ausencia de empatía.
  • No se pone en el lugar del otro cuando se le pide reflexionar sobre su conducta.
  • Es egocéntrico.
  • No acepta la responsabilidad de sus actos ni pide disculpas.
  • Se muestra rebelde y no cumple las normas familiares, sociales…
  • Quiere tener siempre la última palabra.
  • Es prepotente con sus hermanos o allegados.
  • Es dominante en la relación con sus amigos.
  • Disfruta burlándose y humillando a sus amigos cada vez que hay oportunidad.
  • Habla de forma despectiva de compañeros.
  • Has recibidos dos o más llamadas de atención por peleas con compañeros.
  • Has sido citado en dos o más ocasiones por problemas de relación de tu hijo.

En cualquier de los dos casos, una vez detectado el problema, se hace necesaria una intervención psicológica y en el ámbito de la familia y de la escuela.

Si detectamos que nuestro hijo o hija puede ser víctima de una situación de este tipo, debemos ofrecerle todo nuestro apoyo y confianza, pensando juntos posibles alternativas de solución y propiciando actividades con otros chicos de su edad, sin forzarlas. Es necesario, planificar con el centro escolar estrategias para acabar con esa situación. En ocasiones, será necesaria la terapia para fomentar su autoestima y la asertividad y habilidades sociales.

En el caso de que nuestro hijo sea el agresor, hay que abordar directa y urgentemente el problema con él, informándole de las correspondientes sanciones por su comportamiento. Puede ser conveniente la terapia si el padre o madre no se ve con la suficiente autoridad para abordar el problema y también para trabajar sus habilidades sociales y su empatía. Se deben, asimismo, buscar soluciones conjuntas con el centro escolar, frecuentando el mismo hasta que cese ese comportamiento y, en el caso de que el comportamiento violento se lleve a cabo en grupo, solicitarle que rompa esas relaciones.

**Libro recomendado para más información: Serrano, Ángela (2006). Acoso y violencia en la escuela. Cómo detectar, prevenir y resolver el bullying. Ariel: Barcelona.

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Educar a los niños para ser asertivos

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El tema de la asertividad está bastante extendido en el campo de la psicología y de la terapia. El tratamiento de la misma suele realizarse en terapia a posteriori, es decir, el profesional intenta corregir y guiar al cliente para conseguir que sea más asertivo en su vida, debido a que el no serlo le ha traído algunos problemas. No siempre los padres consiguen que sus hijos sean personas asertivas y esto puede desencadenar problemas en su vida adulta y durante la adolescencia. Si educáramos para la asertividad, probablemente, nos ahorraríamos algunos disgustos posteriormente y sobre todo trabajaríamos de forma positiva sobre su autoestima.

Pero ¿cómo conseguir que nuestros hijos sean asertivos? ¿Cómo educar para la asertividad?

Primero y obvio, es necesario fomentar el contacto social de nuestros hijos para que puedan aprender a relacionarse: salidas, excursiones, invitar amigos a casa, ir a casa de sus amigos, relacionarse con iguales, con niños más pequeños, con adultos, etc.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la asertividad se aprende, no es una habilidad innata, por lo que su aprendizaje se instaura con la práctica repetida. Ni que decir tiene, la importancia del archiconocido REFUERZO POSITIVO, en los casos en los que el niño se comporte adecuada y asertivamente, y el modelo de asertividad que reciba de nosotros (predicar con el ejemplo). Por otro lado, es conveniente ignorar sistemáticamente las reacciones agresivas o no asertivas de una forma descarada (debe darse cuenta de que no nos interesan ese tipo de comportamientos).

Un primer paso, es escuchar activamente al niño ante un problema que le preocupe, esto le hará confiar en nosotros. Poner los cinco sentidos en él cuando nos está contando algo que le angustia o preocupa.

Es interesante tratar el tema “derechos” con el niño, de esta forma aprende la existencia de unos derechos que hay que respetar y que, a la vez, deben respetarse los de él:

-“lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía derecho a decir lo que pensaba”.

-“este señor de la tele está pisando el derecho del otro a expresar lo que quiere”.

-“tu hermana tiene derecho a hablar, es su turno. Luego hablarás tú”.

-etc.

Darle al niño la oportunidad  de demostrar sus capacidades:

-hacerle partícipe en discusiones.

-enseñarle mediante refuerzos a conversar correctamente.

-cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que sabemos que puede afrontar, ayudarle a hacerlo.

-etc.

Evitar el lenguaje negativo: “no deberías haber hecho esto”, “otra vez…”, “siempre haces…”. El lenguaje positivo, sin embargo, se fija en lo adecuado de una situación: “la próxima vez hazlo mejor”.

Para enseñar asertividad NO debemos emplear los siguientes tipos de frases:

-“pues si Pedro se ha reído de ti, le pegas un corte y ya está”.

-“tú no te dejes achantar. Si te pegan, devuélvesela”.

-“deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender a conversar con él”.

Ante una situación conflictiva con otro u otros niños u adultos, una intervención en casa debería incluir lo siguiente:

-Primero, escucharle, valorar su problema como algo a tomar en serio (pero sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamiento. Repasar con él sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda y sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.

-Definir con él y clarificar qué quiere cambiar.

-Ensayar, como en una obra de teatro, la situación conflictiva. El padre o la madre puede hacer de persona problemática y el niño de él mismo. Analizar lo incorrecto de la conducta del niño y sugerir y ensayar alternativas de conducta, por ejemplo: no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar enfrentarse a esa persona. Pedirle firmemente que le deje en paz. No llorar, utilizando la respiración; no refugiarse en la profesora, sino intentar resolver los problemas por sí solo, etc.

-Es bueno contarle la historia de una persona que pasó por lo mismo, incluso ésta puede ser de carácter personal: “a mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No sabía cómo quitármelo de encima y lo pasaba fatal. Hasta que un día decidí…”, etc.

Si presenciamos una conducta no asertiva en nuestro hijo, una fórmula posible puede ser la siguiente:

-1º Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle llorar”.

-2º Una razón para el cambio: “así se están creyendo que valen más que tú y continuarán riéndose de ti “o “Carlitos es más débil que tú y no se puede defender”.

-3º Reconocimiento de los sentimientos del niño: “debes de sentirte fatal cuando te ocurre esto” o “ya sé que quieres que los demás vean que eres muy fuerte”.

4º Una formulación clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en casa? ¿Porqué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas como si tal cosa?”. “¿Por qué no demuestras tu fortaleza jugando al fútbol?”

5º No rechazar al niño, no generalizar (“siempre estás igual”), no insultar.  Evitar, asimismo, los silencios y las manifestaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas.

Conclusión

Cuando un niño nos haya relatado su preocupación podemos iniciar una especie de “trabajo de equipo” con él, SIGUIENDO LAS PAUTAS ANTERIORES. Debemos creernos que hay solución (porque en realidad la hay). Si dudamos o estamos muy angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento para nuestro entender. Si se da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional (psicólogo), que evaluará y tratará el problema de forma mucho más objetiva y racional. Por otro lado, el niño tiene que tener muy claro que no va a existir un cambio radical en los primeros intentos. Hay que reforzar, más bien, el intento de superación, más que el éxito en la conducta, ya que éste puede tardar en aparecer. Es por ello relevante, hacerle sentir bien consigo mismo incluso en situaciones no del todo positivas, sacando algo agradable de ellas, para que no abandone el aprendizaje y vuelva a enfrentarse a la experiencia.

 

 

 

¿Por qué hay padres que ponen en contra del otro a los hijos?

Esta entrada tiene cierta relación con otra del mes de junio (https://rosaliamv.wordpress.com/2014/06/08/como-les-decimos-que-nos-separamos/) que trataba sobre el proceso de separación o de divorcio.

En alguna ocasión,  me ha llegado a consulta un padre o madre que dice que ha perdido el contacto con sus hijos y que estos le rechazan frontalmente tras un proceso de separación. No se da siempre ni en todos los casos, pero podemos estar hablando del Síndrome de Alienación Parental (en adelante SAP). El SAP, desgraciadamente, no sólo influye en la relación de los hijos con sus padres durante la niñez, sino que puede separarlos permanente, manteniendo la actitud negativa hacia el progenitor durante la edad adulta. Cuando existe una situación de SAP, suele tener lugar un profundo sufrimiento en el progenitor rechazado, así como, una inadecuada adaptación vital de los hijos de la pareja divorciada.

Pero ¿qué es el SAP?

Basándonos en Gardner (2002), es una alteración que surge en las disputas por la custodia de un hijo. Se produce una campaña de denigración sin justificación alguna de uno de los progenitores por parte del otro (lavado de cerebro que el niño completa con sus propias aportaciones).

¿Cuáles son los factores de riesgo para que aparezca SAP?

-Lavado de cerebro de uno de los padres hacia el otro a través de críticas continuas, incluso delirantes. A veces ese lavado se hace de modos más sutiles.

-Influye la vulnerabilidad del niño, en función de sus características personales o emocionales, así como, factores del contexto (existencia de hermanos, tiempo que pasa con uno de los padres).

-Si han existido con anterioridad conductas desapropiadas en la familia.

-Si se ha producido un nuevo matrimonio o uno de los dos inicia una nueva relación.

-El deseo de venganza hacia el otro.

-Cuando aparecen falsas acusaciones de abuso o maltrato (en los casos más graves de SAP).

-Etc.

Gardner consideró el SAP como un conjunto de síntomas en relación a los niños que lo padecen, por tanto, ¿qué nos puede hacer sospechar que un niño está sufriendo SAP?

En primer lugar, y debido a la campaña de denigración del progenitor, el niño (o adulto) manifiesta su odio hacia el padre o madre y los desprecia basándose en argumentos poco sólidos (por ejemplo, recordar altercados normales como algo terrible). Aparece, por extensión, odio hacia la familia y amigos del progenitor rechazado.

Por otro lado, es normal que en una relación sana tengamos sentimientos de ambivalencia hacia nuestros seres queridos: “quiero a mi padre y es buena persona pero es muy testarudo”.  En los casos de SAP, la ambivalencia no existe: no puedo ver nada bueno en mi progenitor. Por el contrario, existe un apoyo total y absoluto hacia el padre que ha “programado” a su hijo, asumiendo, por completo, sus argumentos.

Tampoco existe ninguna sensación de culpa hacia el padre rechazado, ni gratitud por los regalos, apoyos o favores.

El niño relata hechos aprendidos que no ha vivido y que ha escuchado contar, así como, reflejan términos o expresiones del progenitor no rechazado.

¿Podemos intervenir?

La intervención pasa por la necesidad de Mediación Familiar, en el caso de que ésta sea posible. Incluso puede realizarse de manera preventiva, antes de iniciarse los procedimientos legales.

En el caso de realizar Terapia Psicológica, ésta debe ser administrada por un psicólogo que sea buen conocedor del SAP y puede ir dirigida a la familia al completo, a los dos padres y/o a los hijos. Dependiendo de uno u otro caso, los objetivos y tratamientos serán distintos.

A veces, puede darse el caso de observar conductas negativas en niños, sin que necesariamente estemos ante un SAP. Hay que tener en cuenta que una situación de divorcio crea alteraciones psicológicas importantes, tanto en padres como en hijos,  y que si se sobrellevan y se tratan adecuadamente, mejorarán con el tiempo, volviendo a un funcionamiento normal o casi normal.

Para no confundir términos: ¿cuáles son los sentimientos que podemos considerar frecuentes ante un divorcio y sobre las que se puede intervenir? (no son necesariamente SAP)

Los niños, en los meses siguientes, pueden experimentar problemas de tipo externo, como conductas agresivas, desobediencia, irresponsabilidad, falta de control emocional, etc. En menor medida, se produce ansiedad, depresión y problemas en las relaciones sociales.

Pueden aparecer los siguientes sentimientos, que como hemos dicho, suelen mejorar con el paso del tiempo:

-Miedo al abandono.

-Lealtad hacia uno de los padres, situándose en contra del otro.

-Culpa, ya que pueden pensar que han tenido que ver en la ruptura y, por ende, pueden intervenir en una posible reconciliación. En relación a la reconciliación pueden estar temporalmente en un estado de negación.

-El hijo puede ocupar simbólicamente el lugar del progenitor que se ha ido (suplantación).

Para ampliar más información:
https://rosaliamv.wordpress.com/2014/06/08/como-les-decimos-que-nos-separamos/
-Tejedor Huerta, M.A. (2006). El Síndrome de Alienación Parental. Una forma de maltrato. Colección de Psicología Jurídica. Madrid. Ed.: EOS.
-Gardner, R. (1992). The Parental Alienation Syndrome. Cresshill. NJ: Creative Therapeutics.

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Mitos sobre el TDAH

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Desconocemos la causa concreta del Trastorno por Déficit de atención, con o sin Hiperactividad. Esto hace que, en muchas ocasiones, se diagnostique con demasiada frecuencia, no obstante,  hoy por hoy, no se ha demostrado que estas personas tengan una característica biológica diferente al resto. Parece no tratarse de una enfermedad, sino de un modo diferente de funcionar: los denominados hiperactivos, explicado de forma muy general y simple, necesitan moverse con frecuencia, tienen que cambiar el foco de su atención cada poco tiempo y pueden ser muy impulsivos debido a la dificultad para mantener la atención, tanto con tareas motrices largas, como con tareas cognitivas largas. Por otra parte, existen personas en las que predomina la parte inatenta, es decir, son activos pero no tanto como los anteriores, sin embargo, muestran constante inatención y distracción.

Existen muchas opiniones con respecto al TDAH, tanto de profesionales, como por parte de no expertos. En muchos casos, se cree que el destino de un niño hiperactivo es extremadamente desalentador. Por ejemplo:

-Fracasarán en sus estudios medios y nunca realizarán estudios superiores.

-Se convertirán en delincuentes habituales.

-Serán adictos a las drogas.

-Fracasarán en sus empleos y acumularán despidos.

-Carecerán de amistades.

-Fracasarán en sus relaciones.

-Padecerán depresiones crónicas.

-Tendrán mayor riesgo de suicidio.

Estas afirmaciones se derivan de algunos estudios en prisiones y en consultas de psiquiatría, donde se encontraron numerosos casos de personas hiperactivas, pero los resultados nunca se han podido trasladar a la población general. Por ello:

-El factor de pronóstico más importante de la delincuencia es la pobreza.

-El más importante del consumo de drogas es la inadaptación social y familiar, el rechazo e hiperexigencia por parte de los allegados.

-El mayor predictor del fracaso escolar es el retraso acumulado en habilidades básicas como lenguaje y matemáticas.

-El mayor predictor de la falta de amistades es la carencia de habilidades sociales: asertividad, comunicación, resolución de conflictos, etc.

-El más importante factor del fracaso afectivo es la falta de capacidad de amar y la ausencia de conductas amorosas hacia el otro.

-Uno de los mayores predictores de una depresión CRÓNICA es un desajuste del sistema emocional en situaciones de estrés.

-Y el mayor factor de pronóstico del suicidio es padecer una depresión aguda sin tratamiento.

La situación no es inamovible. Un niño hiperactivo necesita principalmente amor, comprensión y apoyo por parte de su familia, aceptando a ese hijo o hermano tal y como es, y suministrándole unas pautas educativas equilibradas (como vimos en un post anterior), siempre poniéndole en manos de expertos (médico, educador, pedagogo y psicólogo) que puedan plantear un tratamiento adecuado en todos los ámbitos de su vida.

**basado en publicaciones de AMADÁ, en colaboración con Fundación Calvida y Grupo Albor-Cohs.

Educación Positiva

Caso verídico: hace poco tiempo la madre de un niño en la pubertad, con algunos problemas de rendimiento escolar, me preguntó: “Como X no está estudiando lo necesario, he pensado en castigarle todo el fin de semana encerrado en su habitación. ¿Qué te parece?”. De esta situación subyacen varias cuestiones:

-La madre siente desesperación y emociones negativas ante la situación.

-El hecho de salir a la calle es importante para ese niño.

-El niño recibe castigos y broncas por el hecho de no estudiar lo suficiente.

-Parece que los castigos no surten efecto porque X continúa sin estudiar y cada vez son más duros. ¿Podemos ganar algo o sacar algo encerrándole dos días en la habitación?

En este caso, como en la mayoría de las situaciones de la vida, no hay una respuesta correcta, por lo que yo respondí: “¿Por qué no pruebas a limitar o controlar en alguna medida las salidas a la calle y cuando él muestre que está estudiando le premias con un tiempo establecido para salir? Aquí hay que tener en cuenta varias cuestiones:

-Que a un castigo tan duro como el anterior, se le puede dar la vuelta y formularlo en positivo: convertir la salida en un premio ante el hecho de estudiar.

-Que hay que definir bien qué queremos premiar: ¿1 hora de estudio? ¿2 horas de estudio? ¿Que se sepa la lección? ¿Que realice correctamente los ejercicios del tema 1? ¿Que se haya esforzado? Cuando decidamos qué queremos premiar, es necesario comunicárselo al niño.

-¿Cómo lo vamos a premiar? En este mismo ejemplo: ¿lo vamos a premiar con una hora de salida? ¿Con dos?

-Que hay que limitarle en alguna medida las salidas a la calle para que cuando estudie funcionen verdaderamente como un premio. Este niño valora el hecho de salir a la calle con sus amigos, para él es un potente refuerzo.

Este, que no es nada más que un mero ejemplo encontrado en mi consulta, nos muestra que, a la parte de castigo y de imposición, en la relación con los hijos, se le puede dar una vuelta en sentido positivo y tratar de ofrecer otra educación. El hecho de limitar totalmente o castigar duramente suele crear sensación de injusticia y ganas de rebeldía y no estamos fomentando la conducta que queremos instaurar. Por otro lado, debemos ser realistas y conscientes de que es fácil decir todo esto y difícil hacerlo, y más en conductas como el estudio.

Para poder conocer otras pautas de educación positiva podemos consultar el libro Ser Padres de Diego Macià Antón. No obstante, vamos a señalar algunas de forma muy general:

-Algo que es obvio: es necesario poner límites.

-La disciplina positiva es una educación equilibrada entre la permisividad y la restricción excesiva para fomentar la autoestima y la independencia de los niños.

-Valorar y elogiar sus esfuerzos.

-Si tomamos constantemente los adultos las decisiones de nuestros hijos, serán incapaces de decidir por ellos mismos. De forma gradual y a su nivel, pueden ir tomando sus propias decisiones.

-Relacionado con el tema de las decisiones, es importante tener una actitud educativa participativa con él, dejarle participar y decidir a su nivel, que no es lo mismo que adoptar un igualitarismo exagerado ni una permisividad excesiva.

-Fomentar un clima de comunicación, donde se hablen las cosas, y controlar nuestras emociones. Ambas cosas se pueden trabajar y aprender, no nos inamovibles, como muchas personas creen. Si es necesario, se trabajan.

**para más información sobre estas pautas, consultar en Ser Padres. Educar y afrontar los conflictos cotidianos en la infancia. Diego Macià Antón. Ed. Pirámide.

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¿Cómo les decimos que nos separamos?

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En esta entrada, vamos a hablar brevemente sobre la comunicación de la separación de los padres cuando los hijos son pequeños, tema muy espinoso, por la culpabilidad que surge en la pareja y la incertidumbre por saber si lo están haciendo o lo van a hacer de una forma adecuada. A consulta nos llega, de una forma relativamente frecuente, una persona o pareja que posee una dificultad principal: cómo comunicar que nos separamos a nuestros hijos.

La situación ideal es poder preparar la situación, para tenerlo todo más bien controlado y que podamos manejar distintos tipos de reacciones, siempre intentando que los miembros de la pareja estén lo más fríos posible, dentro de lo que se pueda, y que hayan sacado y manifestado, en el pasado, gran parte del dolor previo que produce la separación. En la medida de lo posible, la conversación debe tener lugar en un espacio seguro, a ser posible dentro de la casa familiar.

No existe una situación o momento ideal para comunicarlo; basta con decir que nos sirve una situación de calma en la que se hallen todos los miembros de la familia. Cuando hablamos de familia, nos referimos a la familia nuclear (padre, madre e hijos), no al resto de miembros de la familia extensa, que podrán prestar su ayuda en momentos posteriores pero no en éste. Podría ser buena idea incluir a una figura objetiva en la situación, de ser necesario, como un mediador, psicólogo, trabajador social, miembro de una asociación, etc.

Las pautas generales, a la hora de comunicar este hecho, son: comunicárselo de una manera que estemos hablando desde nuestros propios sentimientos y teniendo en cuenta los suyos, aplicando un tono emocional a la exposición, siendo cercanos, transmitiendo seguridad y dejándoles claro que se les va a seguir queriendo, siempre siendo francos, naturales y abiertos. Es muy importante evitar descalificaciones y hablar mal del otro. Se hace preciso reconducir la situación si tiene lugar un conflicto; no debemos hacer que ellos tengan que elegir entre uno y otro progenitor y dejar las puertas abiertas para que ellos puedan preguntar o hablar sobre la separación. Por último, es fundamental adaptarse a la edad que tiene cada uno de los hijos a la hora de conversar con ellos: un bebé necesitará que le expresemos seguridad, a un niño de dos a cuatro años se le explicará de modo sencillo sin dar demasiadas explicaciones y con un niño más mayor nos ajustaremos más a su nivel y la explicación puede ser un poco más compleja.

Los puntos que nunca deben faltar en lo que se va a decir a los niños son los siguientes: que nos vamos a separar, que no les vamos a abandonar ni dejar de querer, detallar la nueva organización familiar explicada a su nivel (cómo van a vivir a partir de ahora, dónde y con quién, que van a seguir teniendo los mismos amigos y yendo al mismo colegio, que verán a los familiares cercanos, abuelos, primos y tíos, cómo serán las vacaciones y con quién, etc.), que se separan papá y mamá y no ellos. Esta información puede dosificarse a medida que los niños van preguntando acerca de la nueva situación y conviene recurrir a ejemplos cercanos que puedan entender (por ejemplo, cuando te enfadas con un amigo del colegio). La situación ideal es aquella en la que se informa a los hijos de todos estos aspectos y pasa un periodo de tiempo hasta que se hace efectiva la separación. Viven muy negativamente que la marcha de uno de los cónyuges sea repentina o de un día para otro.

En el caso de problemas concretos en nuestros hijos derivados de la separación, trastornos de conducta, rabietas recurrentes, duelo complicado, ansiedad, miedo al rechazo, etc. los padres pueden consultar a un profesional que pueda echarles una mano, así como, leer algún texto que un experto les pueda recomendar, que les ayude a manejar esas situaciones. De esta manera, podemos facilitar la superación de la vivencia de la separación y el manejo de problemas asociados, si es que se dan.

¿Cómo ayudo a mi hijo con el hábito de estudiar?

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Ni que decir tiene la gran importancia de la familia y los padres tanto en la adquisición de hábitos en los hijos, como ejerciendo de modelo, y el estudio no es una excepción.

En primer lugar una duda frecuente: ¿por qué no funcionan los regalos y las recompensas que muchos  padres prometen a sus hijos si aprueban o si estudian? Porque no incentivan el estudio, las recompensas diferidas no mantienen el estudio del día a día (un gran futuro profesional, una bicicleta, un viaje, unas vacaciones sin estudiar, un regalo). Para poder estudiar y aprobar es preciso saber CÓMO  hacerlo. Basándonos en el libro Aprender a estudiar de Fernández y Amigo (2008), realizaremos algunas recomendaciones que, como padres, podemos poner en marcha para facilitar la tarea a nuestros hijos.

Como bien sabemos, para poder aprobar es necesario crear un hábito de estudio. Los adultos sabemos que el aprendizaje es acumulativo, por eso hay que estudiar frecuentemente, los niños no.

Para fomentar ese hábito, los padres deben asegurar la existencia de un lugar de estudio apropiado:

-Lugar silencioso.

-Sin objetos o ruidos que le distraigan.

-Con buena iluminación.

-Mesa sólo con el material necesario.

-Lugar que pueda utilizarse más o menos a las mismas horas.

Es relevante la supervisión de los padres para controlar que no haya demasiado ruido en la casa, controlar determinados hábitos que puedan distraer al hijo (estudiar tumbado o con la televisión puesta, conectado a internet, etc.).

Por otro lado, debemos establecer un horario de estudio que responda a las necesidades escolares y personales de cada alumno, siempre contando con su propia planificación, es decir, es importante que el niño aprenda a diseñar su propio plan de estudio. Además, los padres deben estar continuamente informados del rendimiento escolar de sus hijos y colaborar en la planificación del tiempo de estudio. Es interesante que los padres puedan conocer las tareas del estudio y poder resolver posibles dificultades que encuentren los niños en las mismas.

Como es habitual en la educación de nuestros hijos, debemos transmitir un modelo de conducta apropiado, ya que los niños observan e imitan y, si su conducta consigue aprobación, ésta es repetida en el futuro. Hay que felicitarle, aunque el niño pase torpemente las páginas de un periódico, dar ejemplo con la lectura, realizar actividades familiares relacionadas con el hecho de estudiar, etc. Los niños suelen hacer lo que ven, más que lo que se les dice, y tienen que saber que el estudio les reportará satisfacción (en las primeras etapas, seguramente, será a través de felicitaciones del entorno familiar -refuerzo externo-, para ser después algo satisfactorio en sí mismo –autorefuerzo, satisfacción personal-).

Como ya mencionamos, para poder influir positivamente en el estudio de los hijos, los padres deben mantenerse informados del ritmo y de posibles dificultades de sus hijos en el tema del estudio, ya que niño debe dominar correctamente los instrumentos de estudio, la lectura y la escritura para poder tener un buen rendimiento escolar y que el estudio sea gratificante. También resulta importante tratar de fomentar el interés y la curiosidad, mostrar la utilidad de los conocimientos y del aprendizaje y prestarles atención. Algunas ideas serían:

-Pedir que hagan algún cálculo al hacer la compra.

-Buscar el nombre de unos árboles que vieron en un parque.

-Buscar algo en una enciclopedia o en internet sobre un viaje que hicimos.

-Recordar algún dato de lo que están estudiando.

-Etc.

Entonces, ¿premiamos  a nuestros hijos? La respuesta es afirmativa, realizando elogios inmediatos y prestando atención cuando la tarea se lleva a cabo, no sólo cuando se trata de estudio efectivo si no desde que el niño comienza a aprender a estar sentado, trabajando con lápiz y papel. Progresivamente, se atenderá a comportamientos más complejos, siempre adecuados al alumno en concreto y a su evolución. La recompensa no puede ser gratuita (sin hacer nada) o desproporcionada (para la tarea de la que se trata) y siempre hay que informarle antes de qué hay que hacer para conseguirla. Lo más efectivo para que funcione es que sea inmediata a la tarea. El castigo o la amenaza de castigo no funcionan, ya que están basados en el miedo y frenan la comunicación entre padres e hijos. Es mejor informar al niño de las consecuencias de su conducta.

Concluyendo, el poder ayudar a nuestros hijos con el hábito del estudio exige nuestra dedicación ya que, por un lado, debemos estar pendientes de su rendimiento escolar, madurez y evolución y, por otro,  nuestra atención para poder reforzar su comportamiento, elogiar y supervisar. Lo primordial es primero intentar establecer un buen hábito de estudio y ser un ejemplo positivo, para después corregir posibles problemas y recompensar conductas, si fuera necesario.