Los ingredientes del amor

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Robert S. Sternberg en su revisión “El triángulo del amor” (Ed. Paidos) habla de tres ingredientes que tiene el amor, que coinciden con los vértices del triángulo de la figura anterior:

-Intimidad: se refiere a aquellos sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo y la conexión. Para Sternberg incluye elementos como (no tienen que aparecer todos, si no ser un sentimiento global por parte de los miembros de la pareja):

1. Deseo de promover el bienestar de la persona amada.
2. Sentimiento de felicidad junto a la persona amada.
3. Gran respeto por el ser amado.
4. Capacidad de contar con la persona amada en momentos de necesidad.
5. Entendimiento mutuo con la persona amada.
6. Entrega de uno mismo y de sus posesiones a la persona amada.
7. Recepción de apoyo emocional por parte de la persona amada.
8. Entrega de apoyo emocional a la persona amada.
9. Comunicación íntima con la persona amada.
10. Valoración de la persona amada.

-Pasión: se trata de la expresión de deseos y necesidades tales como necesidades de autoestima, entrega, pertenencia, sumisión, y satisfacción sexual. La fuerza de estas diversas necesidades varía esencialmente según las personas, las situaciones, y los tipos de relaciones amorosas. También va cambiando a lo largo del tiempo y las etapas.

-Compromiso y decisión: El componente decisión-compromiso del amor consiste en dos aspectos (uno a corto plazo y otro a largo plazo). El aspecto a corto plazo es la decisión de amar a otra persona, mientras que el de largo plazo es el compromiso por mantener ese amor. Estos dos aspectos no necesariamente tienen lugar simultáneamente. Las relaciones amorosas presentan inevitablemente sus altibajos, y en última instancia, lo que mantiene una relación es el componente decisión-compromiso. Este componente puede resultar esencial para atravesar períodos difíciles y para volver a otros mejores.

5 tipos de infidelidades amorosas

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Siguiendo al autor Brown, E. (2001).,una aventura o infidelidad dentro de una pareja puede ser de diferente tipo según el caso o cumplir “funciones” distintas. Teniendo en cuenta a este autor, vamos a describir diferentes tipos de aventuras amorosas cuando la persona es infiel a su pareja. Por ejemplo:

Aventuras que impiden la intimidad. Cuando llega el momento de intimidad o de sexualidad en la pareja el hecho de la “aventura” les ofrece algo por lo que pelearse y mantener así las distancias entre ellos. La función de la aventura sería mantener la distancia en una pareja que sigue unida de cara al exterior.

 Aventuras que impiden el conflicto. Se busca obtener de la persona con la que tengo esa aventura una respuesta a las insatisfacciones en la relación: mantengo la relación de pareja y lo que me falta lo busco fuera. La función de esta aventura es la de “conservar” la relación.

 Aventuras de adicción sexual. Existen algunas personas que necesitan la ilusión de una relación nueva para sentir alta su autoestima, necesitan seducir y tener nuevas conquistas. Para resolver estos conflictos es conveniente que la persona infiel, de detectar que tiene un problema, lo trabaje en terapia personal. También puede ser frecuente que el otro miembro de la pareja necesite terapia debido al papel que ha ejercido dentro de la relación.

Aventuras de ruptura del Yo. Estas aventuras se dan cuando la pareja está muy deteriorada. Es un momento fuerte de crisis. Uno de los dos miembros se siente vacío, siente poco o nada por el otro. Por ejemplo: los hijos se han independizado y no hay excusa para seguir juntos. En terapia, este tipo de aventura o infidelidad tiene un mal pronóstico generalmente.

Aventuras de salida. Surge cuando un miembro de la pareja quiere romper con la relación pero es incapaz de reconocerlo ante el otro. No suele venir a terapia para salvar la relación sino para dejar al otro atendido o para que le quede la sensación de haberlo intentado por una última vez.

¿Qué es la Terapia Integral de Pareja?

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(Jacobson y Christensen, 1996)

Vamos a definir, a muy grandes rasgos, lo que trata de trabajar este enfoque de intervención de pareja. Puede que estas pequeñas pautas puedan ayudar a algunas parejas con conflictos leves, pero nunca sustituyen a la intervención de un profesional.

En primer lugar, se trabaja con la pareja la ACEPTACIÓN. El psicólogo, en colaboración con la pareja, va a tratar que los comportamientos molestos del otro se vean como diferencias naturales. Conviene que la pareja recuerde los siguientes “mantras”:

-Sufrimiento + Acusación: Conflicto Marital

-Sufrimiento-Acusación: Aceptación (de los conflictos y de cómo es el otro)

Conviene trabajar, asimismo, un lenguaje más suavizado del que se viene utilizando. Un lenguaje rudo expresa dominancia, manifestando sentimientos de ira y resentimiento, mientras que un lenguaje más suave revela que uno es vulnerable, que tiene sentimientos de dolor, miedo, desilusión, peligro, incertidumbre o duda.

También se trabaja el desapego unificado, que significa que la pareja aprende a analizar su situación problemática distanciándose de ella, poniendo cierta distancia emocional. En nuestro blog hemos escrito diferentes entradas relacionadas con el distanciamiento que comentamos (podéis basaros en ello a nivel de pareja y también individual):

https://rosaliamv.wordpress.com/2016/03/13/formas-en-las-que-tu-mente-contribuye-a-tu-malestar-emocional/

https://rosaliamv.wordpress.com/2016/01/24/como-me-desengancho-de-ese-pensamiento/

https://rosaliamv.wordpress.com/2015/07/21/trampas-mentales/

Una forma de aumentar la aceptación consiste en incrementar la tolerancia de cada uno respecto al comportamiento del otro, lo que significa hacerlo menos molesto y detener los esfuerzos por querer cambiar al otro. Existen algunas estrategias para poder trabajar la tolerancia:

-Subrayar características positivas de la conducta negativa.

-Juego de roles con la conducta negativa en las sesiones de terapia.

-Simular incidentes de comportamiento negativos en el hogar.

-Aceptación emocional y autocuidado (uno mismo).

Otro pilar importante de este tipo de terapia es poder darse cuenta y reforzar positivamente los comportamientos del otro, con el ánimo de incrementar los intercambios positivos o deseables. Ejemplos de tareas que la pareja puede realizar son los siguientes:

-Cada miembro de la pareja puede elaborar de forma independiente una lista de comportamientos que, si se presentan frecuentemente, pueden contribuir a una mayor satisfacción marital. Esto se puede poner en común con el terapeuta sin que el otro opine nada. El terapeuta pone como tarea a cada uno el aumentar la felicidad del otro, pero sin decirle qué es lo que hará ni porqué; no se discute la lista ni se puede mencionar. Posteriormente en otra sesión se propone la misma tarea pero en ese caso sí se puede mencionar la lista, discutir, proponer otras conductas, etc. Esta tarea la puede hacer la pareja por si sola, si se ve capaz de realizarlo sin la ayuda de un profesional.

Una adecuada terapia de pareja debería incluir, asimismo, trabajo en habilidades de comunicación. Dentro de este pilar la pareja debería trabajar:

-Habilidades de escucha: escucha activa, validar lo que dice el otro.

-Habilidades de expresión: nivelar, mensajes del tipo “yo…” y no “´tú…”, trabajar las formas no defensivas de expresión.

Esto se ensaya primeramente en la sesión, para poco o poco poder utilizarlo en casa.

Por último, se debe trabajar la solución de problemas.

Las discusiones deben realizarse en un escenario concreto que hayan acordado los dos miembros y en un momento también determinado, señalado por ambos. Se anota el momento y el lugar en una agenda y no se discute más de 60 minutos ni sobre más de un tema a la vez.

Las reglas de discusión que proponemos son las siguientes:

-Al plantear un problema, comenzar con algo positivo.

-Ser específico, evitando adjetivos denigrantes y generalizaciones (siempre, no puedes dejar de…, todo, nada).

-Expresar sentimientos (me siento rechazado, me da mucho coraje, es frustrante).

-Ser breve al definir un problema.

-Ambos deben reconocer su participación en la creación y el mantenimiento del problema.

-Discutir solo un problema a la vez.

-Parafrasear al otro.

-No hacer inferencias ni sacar conclusiones, hablar solo de lo que uno observa.

-Tratar de comportarse de una manera natural y no negativa.

-Enfocarse en las soluciones.

-Establecer compromiso mutuo en el cambio, los dos deben cambiar.

-Tomar en cuenta los pros y los contras de cada opción.

-Alcanzar un acuerdo.

 

Romanticismo, comunicación y forma de pensar en la pareja

LOS ERRORES EN LA COMUNICACIÓN:

En la relación de pareja, los aspectos no verbales de la comunicación transmiten más que los verbales.

Otro aspecto de la comunicación que se altera mucho es el que se refiere al impacto que tienen los mensajes en quien los recibe. Los mensajes se filtran de una manera negativa cuando la relación es conflictiva.

El estilo de la comunicación en las parejas con conflictos tiene estas características generales:

1-General versus específico. Las parejas con una mala relación tienden a comunicarse de una manera muy general y absoluta. Pierden la perspectiva en los diferentes temas, como si hubieran establecido la creencia de que todo está mal y, por lo tanto, no hubiera posibilidad de tener en cuenta los aspectos positivos sobre ningún tema. Los comentarios o el análisis que hacen con respecto a cualquier incidente pasan a ser considerado como una generalidad.

2- Rigidez versus flexibilidad. Los comentarios que hacen cuando conversan pretenden en su mayor parte convencer al otro de que la propia opinión es la correcta. De ahí que se adopten posiciones muy poco negociadoras. Sólo cabe imponerse al otro, ya que cuanto más tajante y más radical sea la forma de comunicarse, más razón se tendrá. Este estilo rígido de comunicación genera una tensión que imposibilita tener la relajación suficiente como para hablar de otros temas.

3- Monólogo versus diálogo. Que uno de los dos miembros de la pareja monopolice la comunicación imposibilita la escucha.

4- Negativo versus positivo. El contenido de los mensajes que intercambian la pareja, es en su mayor parte negativo.

5- Pasado versus presente o futuro. En cuanto surge algún tema mínimamente negativo, se recuerdan mutuamente cosas del pasado también negativas para afianzar y justificar lo ocurrido en el presente.

LOS ERRORES EN LA MANERA DE PENSAR.

Es muy difícil, cuando uno se nota enfadado y hostil hacia el otro, controlar ese impulso que nos lleva a defendernos atacándole. El papel que juegan los pensamientos automáticos en estos momentos es fundamental ya que tienden a exagerar el peso de lo negativo y, por lo tanto, el disgusto hacia el otro.

1- Pensamientos basados en la utilización de expresiones como siempre-nunca, todo-nada.

2- Magnificar-minimizar. Las parejas con una relación conflictiva tienden a magnificar mucho más los conflictos y los detalles negativos que los positivos. Las parejas intentan clarificar hasta el último detalle de la situación negativa, lo que de forma indirecta agrava la situación. Por último, al exagerar lo negativo del otro, también pretendemos resaltar nuestras cualidades y que, por lo tanto, se nos valoren y reconozcan.

3- Culpabilizar al otro o a la relación del propio malestar o insatisfacción en la relación.

4- Filtro mental. Este error consiste en fijarse únicamente en lo que se acomoda al propio punto de vista o a las propias creencias. Es muy frecuente que saquemos de contexto aquellos detalles que no nos gustan y que automáticamente los relacionemos con una opinión que antes teníamos confirmada. Este error de pensamiento es peligroso porque afecta también a la propia persona, que se va a sentir mal consigo misma y, probablemente, empezará a infravalorarse por mantener una relación afectiva con una persona de la que sólo ve los defectos y torpezas.

5-Los “debería” dicotómicos. Se trata de pensar sobre los problemas con el punto de vista de “o hago lo que tú quieres o te enfadarás y tendremos una bronca, o te digo que sí o me separo”… Los temas cierran la posibilidad de un posible acuerdo porque sólo existen dos opciones muy drásticas, sin ninguna otra salida viable. Además, cuando la persona se plantea los temas de esta forma, sufre las consecuencias negativas de las dos opciones, por lo que es probable que no haga nada y que espere a que el tiempo clarifique algo la situación; pero eso sí, infravalorándose más de lo que lo venía haciendo.

No podemos dejar de lado que en nuestra sociedad existen una serie de prejuicios o creencias que facilitan la aparición de los problemas en la relación. La mayoría de los prejuicios tiene que ver con la idealización del amor y del romanticismo, y entre otros son:

-Los desacuerdos son destructivos

-Como es mi pareja me quiere y tiene que conocer mis pensamientos y mis deseos sin que yo se los tenga que comunicar.

-Mi pareja no puede cambiar, es como es.

-Las relaciones sexuales tienen que ser plenas y felices.

-Los hombres y las mujeres son diferentes en cuanto a las necesidades que esperan que su pareja pueda cubrir.

-Si no me presta atención es porque ya no le intereso nada.

Una vez instaurados estos patrones de funcionamiento negativos, se comportan como dos grandes desconocidos que viven juntos, sin saber muchas veces cuál es el motivo de dicha situación.

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¿Cómo funciona una pareja cuando las cosas van mal?

Respondiendo a esta pregunta, señalar que la relación se caracteriza por:

1- Las amenazas. Son expresiones que tienden a aumentar la presión para que el otro acceda a las demandas que se quieren lograr. Con la utilización de amenazas se pretende llamar la atención del otro haciéndole entender que lo que se le está pidiendo es importante y que no se quiere renunciar a conseguirlo. Esta forma de solicitar el cambio es negativa puesto que hace que nuestra pareja sienta ante todo la presión y el agobio por cumplir la petición que se le ha hecho y deje de lado el interés o la ilusión de la pareja por conseguir lo que está pidiendo en estas circunstancias, suele manifestarse una gran resistencia a acceder a la petición. La amenazas avisan de la posible aparición de una consecuencia negativa. La pareja lo interpreta en términos de: “con tal de conseguir lo que quiere es capaz hasta de hacerme daño”. Luego el impacto a medio plazo es mucho peor. En general se utilizan más como una forma de presión, sin que uno se crea que vaya a ejecutarlas. Una manera más indirecta pero igualmente negativa es la que se refiere al chantaje emocional para presionar al otro y así conseguir lo que se quiere.

2- El castigo. Supone un aumento en la graduación de lo aversivo. Consiste en aplicar una consecuencia negativa para el otro cuando hace algo que no queremos que haga o cuando no hace lo que queremos que haga. Esta interacción resulta más eficaz cuanto más contundente sea el castigo, algo muy negativo para la convivencia en pareja.

Cuando una persona empieza a tener en su pareja a alguien por quien se siente juzgado, alguien que además le puede hacer daño, probablemente, irá perdiendo gradualmente la motivación de estar con ella.

Cada uno sabe donde le puede doler más al otro y es a ese punto al que va a dirigir sus ataques,. Cuando esta es la mecánica de la relación, la probabilidad de que surja una discusión, sea cual sea el tema, es altísima, ya que ambos están tensos y dolidos. La cadena de intercambios negativos y agresiones mutuas se hace imparable y se convierte en la única forma de comunicación. Los temas que quedan por resolver se quedan sin resolver, con la frustración que ello conlleva, lo que ayuda a que cada vez sea mayor el número de conflictos.

3- Ceder para que desaparezca la presión negativa a la que nos somete la pareja. Acceder a las demandas del otro, con tal de que este abandone sus comportamientos negativos y se tranquilice, de alguna manera, la situación. Al terminar cediendo, se está potenciando, indirectamente dicho estilo de relación.

En este contexto, la manera en la que se satisface la petición del otro se vive como una derrota, ya que uno accede para no soportar más la presión. community-154715_640

 

Minientrada

¿Pareja feliz o infeliz?

Las parejas felices y normales se consideran felices la mayor parte del tiempo. Esto no significa que nunca se peleen o que no discutan sino que, a pesar de sus desacuerdos, la mayor parte del tiempo, son felices con el otro. Por el contrario, aunque parezca obvio, en el balance que realizan las parejas infelices predominan los momentos de infelicidad frente a los de felicidad y pueden o no pelearse la mayor parte del tiempo.

Esto desbanca mitos o ideas erróneas que tenemos bastante instauradas en nuestra mente, porque la realidad es la siguiente:

-Las parejas felices también discuten.

-El hecho de discutir, de cuando en cuando, no quiere decir que se trate de una pareja infeliz.

-Las parejas que no discuten casi nunca no son parejas más felices.

Hay parejas que tienden a no discutir nunca y a ocultar sus conflictos o problemas, sin embargo, son profundamente infelices y han aprendido a esconder lo que sienten o lo que les molesta.

Sin embargo, las parejas felices también pueden:

-Pasar por dificultades pasajeras.

-Discutir, pelearse, pasar por momentos críticos.

El pronóstico en la evolución de la pareja reside en la manera en que se enfrentan a estos momentos difíciles y en la manera en que los gestionan y los resuelven.

¿Cuáles son esos momentos críticos y desacuerdos frecuentes que aparecen en muchas parejas?**

-La gestión del presupuesto familiar.

-El reparto equitativo de las tareas de la casa.

-El acuerdo en los principios educativos con los hijos.

-Las relaciones con las familias políticas o con el grupo de amigos de cada uno.

-La vida sensual o sexual.

-La excesiva introducción de la vida profesional en la vida conyugal o familiar.

La temática es muy similar en la práctica totalidad de las parejas, aunque, como sabemos, unos pueden ser una fuente más habitual de problemas que otros. La felicidad está determinada, en gran parte, por el modo en el que gestionamos y resolvemos estos conflictos.

**Basado en Cuaderno de ejercicios de las parejas felices. Yvon Dallaire. Ed. Terapias Verdes. 2012

Fuente: Pixabay

Fuente: Pixabay

 

¿Cómo les decimos que nos separamos?

Pixabay

En esta entrada, vamos a hablar brevemente sobre la comunicación de la separación de los padres cuando los hijos son pequeños, tema muy espinoso, por la culpabilidad que surge en la pareja y la incertidumbre por saber si lo están haciendo o lo van a hacer de una forma adecuada. A consulta nos llega, de una forma relativamente frecuente, una persona o pareja que posee una dificultad principal: cómo comunicar que nos separamos a nuestros hijos.

La situación ideal es poder preparar la situación, para tenerlo todo más bien controlado y que podamos manejar distintos tipos de reacciones, siempre intentando que los miembros de la pareja estén lo más fríos posible, dentro de lo que se pueda, y que hayan sacado y manifestado, en el pasado, gran parte del dolor previo que produce la separación. En la medida de lo posible, la conversación debe tener lugar en un espacio seguro, a ser posible dentro de la casa familiar.

No existe una situación o momento ideal para comunicarlo; basta con decir que nos sirve una situación de calma en la que se hallen todos los miembros de la familia. Cuando hablamos de familia, nos referimos a la familia nuclear (padre, madre e hijos), no al resto de miembros de la familia extensa, que podrán prestar su ayuda en momentos posteriores pero no en éste. Podría ser buena idea incluir a una figura objetiva en la situación, de ser necesario, como un mediador, psicólogo, trabajador social, miembro de una asociación, etc.

Las pautas generales, a la hora de comunicar este hecho, son: comunicárselo de una manera que estemos hablando desde nuestros propios sentimientos y teniendo en cuenta los suyos, aplicando un tono emocional a la exposición, siendo cercanos, transmitiendo seguridad y dejándoles claro que se les va a seguir queriendo, siempre siendo francos, naturales y abiertos. Es muy importante evitar descalificaciones y hablar mal del otro. Se hace preciso reconducir la situación si tiene lugar un conflicto; no debemos hacer que ellos tengan que elegir entre uno y otro progenitor y dejar las puertas abiertas para que ellos puedan preguntar o hablar sobre la separación. Por último, es fundamental adaptarse a la edad que tiene cada uno de los hijos a la hora de conversar con ellos: un bebé necesitará que le expresemos seguridad, a un niño de dos a cuatro años se le explicará de modo sencillo sin dar demasiadas explicaciones y con un niño más mayor nos ajustaremos más a su nivel y la explicación puede ser un poco más compleja.

Los puntos que nunca deben faltar en lo que se va a decir a los niños son los siguientes: que nos vamos a separar, que no les vamos a abandonar ni dejar de querer, detallar la nueva organización familiar explicada a su nivel (cómo van a vivir a partir de ahora, dónde y con quién, que van a seguir teniendo los mismos amigos y yendo al mismo colegio, que verán a los familiares cercanos, abuelos, primos y tíos, cómo serán las vacaciones y con quién, etc.), que se separan papá y mamá y no ellos. Esta información puede dosificarse a medida que los niños van preguntando acerca de la nueva situación y conviene recurrir a ejemplos cercanos que puedan entender (por ejemplo, cuando te enfadas con un amigo del colegio). La situación ideal es aquella en la que se informa a los hijos de todos estos aspectos y pasa un periodo de tiempo hasta que se hace efectiva la separación. Viven muy negativamente que la marcha de uno de los cónyuges sea repentina o de un día para otro.

En el caso de problemas concretos en nuestros hijos derivados de la separación, trastornos de conducta, rabietas recurrentes, duelo complicado, ansiedad, miedo al rechazo, etc. los padres pueden consultar a un profesional que pueda echarles una mano, así como, leer algún texto que un experto les pueda recomendar, que les ayude a manejar esas situaciones. De esta manera, podemos facilitar la superación de la vivencia de la separación y el manejo de problemas asociados, si es que se dan.

Yo no soy celoso pero…

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Los celos son un sentimiento molesto que ocurre a partir de un pensamiento de la persona celosa sobre la posibilidad o la certeza de que la persona querida no la quiera en exclusiva o vuelque su amor en un tercero. Suele darse en las relaciones de pareja pero puede también aparecer con los padres, con los amigos, con compañeros, etc. De lo anterior extraemos varios componentes que posee este sentimiento: en primer lugar, amor exclusivo (las dos personas han pactado explícita o implícitamente fidelidad mutua, sabiendo que la infidelidad está mal vista en nuestra sociedad) y, en segundo lugar, sentimiento de posesión (creencia de que el otro es de nuestra propiedad).

El mecanismo de los ataques de celos es muy parecido al de la ansiedad, que vimos en otras entradas. El celoso siente angustia, inseguridad y estado de ánimo depresivo derivado del temor a perder el amor del otro y a que aparezca una tercera persona en la vida de la pareja. A la posibilidad de perder a la pareja, el celoso añade la posible vejación o humillación social a la que podría ser sometido en el caso de ser fundadas sus sospechas. En un ataque de celos, el malestar es tan alto, que la persona celosa tiende a realizar conductas de comprobación (realizar un interrogatorio al otro, comprobar su registro de llamadas, revisión de objetos personales, etc.), que tienen como objetivo reducir o aliviar el malestar y, efectivamente, lo aminoran, pero el alivio es tan breve, tan a corto plazo, que la persona entra en el mismo círculo pasado un tiempo, momento en el que vuelve a tener lugar el malestar. Como podemos adivinar, esto implica un deterioro importante de la pareja, ya que la persona celosa está más pendiente de comprobar sus sospechas que de disfrutar con el otro, y su pareja puede llegar a contagiarse de esa irritación constante e, incluso, llegar a sentirse culpable.

Centrándonos en los celos que acontecen en las parejas, indicar que estos pueden tener lugar en cualquier etapa de la relación (enamoramiento, estabilidad, infidelidad, ruptura), por diferentes motivos, pero existen ciertos momentos críticos en los que el problema puede ser más acusado (comienzo de la convivencia, nacimiento de un hijo, nuevo trabajo, éxito profesional) (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2001). Según estos autores, la incidencia es similar en hombres y en mujeres pero se manifiestan de formas distintas. Las mujeres tienden más a deprimirse por celos, a mostrar tristeza y hacerse autorreproches (no le doy suficiente), mientras que los hombres los exhiben más en forma de ira y agresión. En cualquier caso, como dijimos, el miembro “no celoso” puede llegar a sentirse irritado, acosado, invadido y angustiado, ya que no es fácil convivir con un celoso por su inseguridad y su dependencia emocional, lo que hace que la relación pueda deteriorarse finalmente.

Siguiendo a los mismos autores, los celos se manifiestan en personas especialmente vulnerables a padecerlos (existencia de inseguridad, dependencia emocional, desconfianza, baja autoestima, introversión, pocos recursos sociales, experiencias pasadas negativas), por ello, cualquier situación de la vida cotidiana, incluso infundada, puede desencadenar el mecanismo de los celos, a pesar de que un espectador externo considere esa situación como completamente normal. No obstante, existen circunstancias que predisponen más que otras: primera, que la pareja muestre algún tipo de interés hacia otra persona; segunda, desconocer el paradero de la pareja; tercero, que la persona con celos tenga un estado anímico general negativo. Ante estas situaciones y como ya adelantamos, el celoso desarrolla una serie de rituales de comprobación que terminan por interferir en su vida cotidiana, que serían: interrogatorios, interés constante por el pasado de la pareja, llamadas telefónicas muy frecuentes, apariciones inesperadas, registro de objetos personales, desinterés por el sexo o, por el contrario, sexo compulsivo. Las consecuencias de todo aquello son que la persona celosa termina por descuidar otros aspectos de su vida para controlar a su pareja, por ejemplo, su trabajo, y el otro miembro  termina por evitar las preguntas y las llamadas, por contestar cada vez menos, por prevenir a toda costa un conflicto, lo cual hace que los celos sean más intensos aún.

¿Podemos hacer algo ante un problema de celos? Existen cuestionarios y pruebas específicas para poder ahondar en el problema y en la personalidad del celoso, técnicas adecuadas para poder trabajar sobre ellos (conductuales, cognitivas, de relajación, etc.) y herramientas para problemas asociados que también están influyendo (terapia de pareja, para baja autoestima, etc.) Por tanto, la respuesta es sí: siempre con la ayuda de un profesional podemos discriminar si es algo problemático, si se trata de celos patológicos (porque interfieran en nuestra vida y en la de los demás, porque se dan con una alta frecuencia, porque son muy intensos) y poner en marcha algunas pautas para poder dominarlos.

 

 

Pócima secreta de amor

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Hace relativamente poco tiempo descubrí un libro relacionado con el diálogo en pareja llamado “Corrígeme si me equivoco” de G. Nardone (2005). Lo descubrí a nivel personal, ya que los que yo recomendaba en Terapia de Pareja a mis pacientes eran otros de corte cognitivo-conductual.

Es un libro muy sencillo y a la vez muy curioso, ya que compara, en cierto modo, a la pareja y su forma de dialogar con la alquimia, señalando los ingredientes secretos de una pócima que, con toda seguridad, harán fracasar nuestro diálogo y darán lugar a una relación desastrosa. Los ingredientes realmente malignos son los que señalo a continuación y darán al lector unas pautas generales de qué actuaciones evitar cuando hablamos o tratamos un problema en nuestra relación afectiva:

PUNTUALIZAR. Puede parecer positiva a priori porque es un acto que trata de sortear equívocos, pero puede transformarse en un conflicto en el sentido que percibimos a nuestra pareja como un auténtico pelmazo. La puntualización por parte de nuestra pareja también nos puede producir hastío y distanciamiento. Es muy fastidioso que nos expliquen cómo son las cosas y cómo deberían ser mediante la lógica, ya que esta supuesta racionalidad choca con nuestra parte intuitiva, emocional e irracional.

RECRIMINAR. Se trata de someter a nuestra pareja a un proceso en el que se le culpa de determinados hechos y suele provocar en ésta un acto o sentimiento de rebeldía, rechazo o rabia (volvemos al plano emocional) y, consecuentemente, el deseo de escapar o atacar (incluso aunque racionalmente pensemos que lleve razón).

ECHAR EN CARA. ¡Es incluso peor que los dos anteriores! Es un acto comunicativo que tiende a ensalzar en vez de reducir aquello que queremos corregir. El que echa en cara se sitúa en el papel de víctima y, con ello, insta al compañero a corregir el comportamiento que le hace sufrir. Normalmente, el resultado no es un cambio de comportamiento sino conseguir el enfado del otro o una conducta aún más inadecuada. ¿Por qué se produce esto? Por los roles que desempeñamos: uno se sitúa en el papel de víctima y sitúa, a su vez, al otro en el rol de verdugo. Si éste se enfada, hará sentir al otro todavía más víctima y este último se lo echará en cara de nuevo, tornando el otro a ser todavía más agresivo. Este es un ingrediente muy potente para lograr una relación desastrosa.

SERMONEAR. Desgraciadamente, es una forma educacional bastante común en nuestra cultura, por ello, tendemos a hacerlo en variadas ocasiones; podemos fijarnos en el sermón moral y religioso que hemos recibido a lo largo de nuestra vida para dar cuenta de ello. Sermonear es proponer aquello que es justo o injusto a nivel moral y, sobre esto, criticar la conducta de otros. Provoca en estos transgresión y rebeldía.

¡TE LO DIJE! Seguramente es una experiencia que muchos de nosotros hemos tenido, con lo cual considero que no necesita mayor explicación. Produce en la pareja irritación, alejamiento y, sobretodo, rabia.

LO HAGO SÓLO POR TI. También desencadena rabia en el que lo sufre. Se trata de un supuesto sacrificio que hace uno de los miembros de la pareja, haciendo sentir en deuda y en situación de inferioridad al otro, el cual, con mucha probabilidad, se irritará porque teóricamente tiene que agradecerlo pero, sin embargo, no ha deseado ni solicitado tal favor.

DEJA, YA LO HAGO YO. Aparentemente parece un acto de cortesía pero en realidad es una forma encubierta de menospreciar las capacidades de la otra persona, por esto, ella lo vive con rabia e irritabilidad.

REPROBAR. Según el autor, este no sólo es el peor ingrediente de nuestra pócima secreta, sino que puede considerarse una receta maléfica en sí misma. Para mi, el significado de “reprobar” cambió a partir de la lectura de este libro, así como su poder destructor. Pues bien, reprobar es una secuencia que cuenta con una primera fase de felicitación (me encanta el anillo que me has regalado y te felicito por tu elección) y una segunda en el que se afirma que la otra persona podría haberlo hecho mejor o que su acto no es suficiente  (pero ya sabes que a mi me gustan los diamantes, no una circonita). Seguramente, muchos hemos tenido una experiencia similar en la infancia cuando obteníamos una nota de 6 ó 7 y no nos costará imaginar cómo nos sentíamos entonces.

 

Una vez expuestos los ingredientes clave para obtener un diálogo desastroso con nuestra pareja y, por ende, una relación inadecuada con la misma, pasaremos a realizar de una forma muy breve una serie de aclaraciones referentes a ellos.

En primer lugar, en este diálogo aparentemente maligno tenemos, en el fondo, la intención de mejorar las cosas. El fondo es bueno pero las formas fallan, aquí las formas sí importan.

En segundo lugar, los miembros de una relación que utilizan los ingredientes comunicativos anteriores están seriamente convencidos de sus razones, cayendo en una estricta rigidez y falta de empatía hacia el otro, haciendo que el diálogo no fluya y contribuyendo poco o nada a solucionar el problema.

Por último y en relación con el anterior, muchas veces tratamos de proponer opiniones propias y sensaciones personales sin dar al otro la oportunidad de expresarse, con lo cual, volvemos a lo mismo, no hay ocasión de llegar a solucionar el conflicto.

 

¿Qué propone nuestro autor para llegar a tener una relación más positiva? Lo que él denomina Diálogo Estratégico, un diseño de bastante complejidad y que cuesta bastante dominar en su conjunto. Trataremos de ofrecer las claves, de una forma resumida, a continuación, para conseguir una mejor comunicación y, consecuentemente, una mejora en la relación de pareja. Consideramos que una buena decisión sería, tratar de evitar los ingredientes maléficos anteriores y potenciar, en la medida de lo posible, los ingredientes armónicos que señalamos ahora.

PRIMER PASO: PREGUNTAR ANTES QUE AFIRMAR. La idea está bastante clara pero no solemos hacerlo y, sobretodo, es importante preguntar proporcionando alternativas de respuesta (p.e. Me dedicas poca atención estos días, ¿es porque he cometido algún error o porque yo he estado ocupado?). Se trataría de continuar preguntando sucesivamente de forma similar y siempre ofreciendo esas alternativas.

SEGUNDO PASO: PEDIR CONFIRMACIÓN ANTES QUE SENTENCIAR. De ahí, el título de nuestro libro: “Corrígeme si me equivoco pero creo que quieres decir que…”. Se trata de parafrasear dos o tres respuestas obtenidas por las preguntas efectuadas en el anterior paso. La pareja responderá afirmativa o negativamente; si nos responde “sí”, vamos por buen camino.

TERCER PASO: EVOCAR ANTES QUE EXPLICAR. Evocar en nuestro interlocutor imágenes sensitivas y emocionales es mucho más eficaz que ofrecer una descripción lógica y racional para lograr que comprenda algo. Un ejemplo de racionalidad y descripción sería: “que te comportes de esta forma me hace sentir rabia y rechazo”. Mientras que un ejemplo evocativo sería: “cuando me hieres, siento mucho dolor, como si me estuvieran dando una puñalada por la espalda, y eso hace que yo también quiera herirte a ti”. Como vemos, este último  provoca un sentimiento, una sensación. Este tipo de “técnica” no sólo puede utilizarse para señalar una emoción adversa, sino también positiva (p.e. eres como un viento cálido y agradable cuando noto que estás a mi lado).

CUARTO PASO: RESUMIR PARAFRASEANDO. Es una buena idea parafrasear de nuevo y llegar a efectuar un resumen de los puntos tratados, para que no existan malos entendidos.

QUINTO PASO: ACTUAR ANTES QUE PENSAR. Por último, indicar que para poder obtener un cambio real hay que entender lo anteriormente tratado pero también ser capaz de actuar de una forma diferente. Si un acuerdo establecido no se sitúa en el plano de la acción, la posibilidad de llevarlo a cabo es casi nula. Por el contrario, si al acuerdo le siguen una serie de acciones consensuadas, el proyecto se convertirá en realidad con mucha probabilidad.

 

Como conclusión, podemos decir que el contribuir a una mejora en la relación de pareja pasa por  tratar de evitar esos ingredientes malévolos, que únicamente sirven para envenenar las interacciones y herir al otro, y por “añadir a la mezcla” los ingredientes armónicos, en la medida de lo posible, siempre intentando seguir los pasos indicados (insistimos en que dominar el diálogo estratégico es algo complejo y lleva tiempo su aprendizaje). Lo que aquí mostramos es una exposición breve de las pautas comunicativas a emplear que pueden dar al lector una idea del camino a seguir, pero que se trabaja de una forma más amplia en Terapia de Pareja con la supervisión de un experto, cuando existe una problemática concreta en la relación.