Consejos para el cuidador de una persona dependiente

En ocasiones viene a consulta una persona que se ocupa de cuidar a un familiar enfermo o dependiente. Muchos de ellos  suelen presentar un estado de ánimo depresivo y problema ansioso. Otras veces el familiar ha fallecido y presentan problemáticas respecto al duelo (ver Reglas del Duelo en una entrada anterior) o no saben deshacerse de su rol de cuidador, lo cual es sumamente importante para continuar con su vida.

¿En líneas generales, qué puede mejorar un cuidador durante la atención de su familiar?

-Al principio, es necesario dejar un tiempo para asumir el rol de cuidador y aceptar el nuevo ritmo de vida.

-Reconocer que, como todo el mundo, tiene momentos de flaqueza y no pasa nada por ello.

-Tratar de ser realistas, pero no pesimistas. Prestar atención a los pensamientos negativos.

-Atender a las señales de cansancio, fatiga y de hambre. Descansar si es necesario; desconectar; alimentarse correctamente. No podemos cuidar de alguien si no cuidamos de nosotros mismos.

-Realizar actividades personales placenteras. Realizar una lista de acciones que queremos poner en marcha y hacerlas. Disfrutar también de los pequeños placeres de la vida.

-Pedir ayuda y trabajar la asertividad. Aprender a decir que NO.

-Intentar mantener una buena comunicación con el enfermo y con los implicados (médicos, enfermeros, etc.). Trabajar habilidades como la escucha activa y la concentración en la tarea de cuidado que estamos realizando.

-Recabar información sobre la enfermedad, aumentar el conocimiento sobre lo que le sucede a su familiar. Ello nos ayudará a planificar rutinas con la persona enferma.

-Aplicar las reglas del duelo en el caso de que la persona fallezca; para ello, podemos basarnos en algunas entradas sobre duelo de nuestro blog:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/08/27/reglas-del-duelo/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/05/06/el-tiempo-lo-cura-todo/

-Asumir un nuevo rol, tratando de retomar la vida anterior, en el caso de que el familiar se recupere.

Algo muy interesante es saber qué sentimientos y emociones tiene el cuidador y cómo trabajarlos él mismo y desde la Salud Mental.

Un cuidador puede tener CULPA, derivada de una alta autoexigencia en relación al cuidado: “puedo hacer más, no hago todo lo que debería”. “No voy los suficientes días”…

La autora del libro recomendado aconseja dejar pasar esos pensamientos como si fueran nubarrones en el cielo, algo que llega, se queda unos momentos en nuestra cabeza y después se va. La clave es dejar que pasen, no sujetarlos ni mantenerlos en la mente, no luchar contra ellos. TERMINARÁN PASANDO. Por otro lado, es importarte ser comprensivo e indulgente con uno mismo, en esos momentos de flaqueza.

También podemos tener IRA, enfado, que es normal en algunas ocasiones. Además de no alimentarlo con más pensamientos negativos, un buen antídoto es realizar ejercicio físico frecuentemente y practicar o aprender técnicas de relajación (ver entrada:https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/15/una-pista-para-poder-relajarme/).

Durante el cuidado de un enfermo, puede ser habitual la aparición del sentimiento de SOLEDAD. Aplicar de nuevo la comprensión hacia uno mismo es importante (“no tengo más remedio que tomar esta decisión”) y podemos comunicarnos con el enfermo a través del tacto o de las caricias (como haríamos como un niño).

Es de aplicación, en el caso de la soledad, saber pedir ayuda a otras personas, sin esperar que los otros se den cuenta por sí mismos (eso, a veces, no sucede), siempre asertiva y amablemente; saber delegar y, muy importante, agradecer y felicitar cuando se es ayudado (lo que viene siendo un refuerzo positivo que ayudará a que la ayuda se mantenga en el tiempo).Ver entrada sobre comunicación: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/28/comunicando/

Por último, es normal que en los cuidadores aparezcan MIEDOS de diversa índole. El miedo es una evaluación de una amenaza en relación a los recursos que creemos tener. Es importante, cuidarse, tratarse bien, centrarse en el presente y no anticipar lo que pueda ocurrir. De nuevo, es recomendable el ejercicio físico que estimula las hormonas del placer (endorfinas y catecolaminas) y neutraliza las del miedo/estrés, e informarse sobre aquello que nos atemoriza: médicos, enfermedad, procedimientos sanitarios, la enfermedad, etc. Ver entrada: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/03/que-hago-con-mi-ansiedad/

***Libro recomendado: Cuidar al que cuida. Claves para
el bienestar del que cuida a un ser querido.  Margarita Rojas. Ed. Aguilar.

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Un resumen sobre el Trastorno Límite de la Personalidad

Equilibrio Inestable

 

El Trastorno Límite de la Personalidad (en adelante TLP) consiste en un patrón persistente de inestabilidad en las relaciones interpersonales, afecto y autoimagen con escaso control de impulsos. Las relaciones interpersonales y los ámbitos sociales son especialmente problemáticos para este tipo de personas. Síntomas característicos pueden ser: cambios de humor, pérdida de confianza, conductas impulsivas y de autodestrucción, abuso de sustancias, excesiva sensibilidad y temor al rechazo y a la crítica. El suicidio, además, es un riesgo bastante frecuente.

Los trastornos de la personalidad, en general, son especialmente complejos de delimitar. Parece que el TLP es el trastorno de la personalidad más frecuente. Estimamos que su prevalencia oscila entre el 1 y el 2% de la población general, entre el 11 y el 20% en pacientes ambulatorios, entre el  18 y el 32% en pacientes hospitalizados en unidades psiquiátricas y entre el 25 y el 50% en población reclusa. Es más frecuente en mujeres que en hombres.

¿Cómo son las intervenciones?

 Las intervenciones psicológicas para las personas con TLP las realizan psicólogos, psiquiatras, personal de enfermería y otros profesionales de la salud mental, incluyendo un tratamiento farmacológico. En líneas generales, el tratamiento desde la psicología busca lograr, en primer lugar, una buena alianza terapéutica del paciente con los profesionales, hacer que éste sea más autónomo y que pueda participar de la intervención, enseñar a la familia sobre el trastorno y su afrontamiento, que ésta participe en el tratamiento, ayudar al paciente a afrontar las exigencias de su entorno psicosocial (familia, hijos, trabajo, economía, estudios, etc.) y es muy relevante para el paciente poder identificar posibles crisis y conocer los factores que las precipitan, promoviendo unas medidas para la prevención de recaídas. Es importante, la coordinación entre todos los profesionales y acceso a los servicios de salud.

¿Cómo son sus crisis?

 Las crisis pueden presentarse con autolesiones, intentos de suicidio, abuso de sustancias, síntomas psicóticos transitorios y comportamientos impulsivos, como enfados y agresiones, conductas sexuales de riesgo, hurtos, atracones y purgas, todo ello cargado de importante emocionalidad. También se acompañan de una intensa ansiedad, depresión e ira. Lo realmente difícil a la hora de gestionar la crisis es el equilibrio entre no invalidar totalmente al paciente y tampoco minimizar sus alteraciones y, además, en la medida de lo posible,  fomentar su autonomía. Asimismo, es muy complejo y a la vez importante no menospreciar el riesgo de suicidio en estas personas, debido a su elevada impulsividad.

 **TEXTO BASADO EN LA GUIA: Grupo de trabajo de la guía de práctica clínica sobre trastorno límite de la personalidad. Fórum de Salud Mental y AIAQS, coordinadores. Guía de práctica clínica sobre trastorno límite de la personalidad. Barcelona: Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat en Salut. Servei Català de la Salut. Pla Director de Salut Mental i Addiccions. Departament de Salut. Generalitat de Catalunya; 2011. GUÍA DONDE SE PUEDE ENCONTRAR MÁS INFORMACIÓN SOBRE TLP.

 

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Un sencillo ejercicio para expresar nuestra ira

En ocasiones, nos sentimos furiosos por algo o con alguien, o bien la ira es nuestra manera habitual de reaccionar ante determinadas situaciones. Ya que todos sentimos el poder de la ira, en menor o mayor medida y frecuencia, es conveniente saber expresar y exteriorizarla de una forma organizada y no reprimirla o controlarla a toda costa, ya que ello puede acarrearnos problemas psicológicos o físicos, además de explosiones intensas de enfado por el hecho de no haber expresado éste correctamente con anterioridad. Existen muchísimos ejercicios que nos permiten liberarnos de la ira y exponer cómo hacerlo nos daría para escribir ríos de tinta, por lo que he escogido uno del libro “¡Estoy furioso!” de Anita Timpe (2009), que considero que puede servirnos cuando nuestro enfado se dirige a una persona concreta, sobre todo cuando sabemos a ciencia cierta que no podemos expresarle directamente nuestra ira, ya que eso podría terminar con la relación o probablemente dañarla.

Escoja a una persona con la que esté usted especialmente disgustado. Escríbale una carta y exprese en ella todos los sentimientos que abriga usted hacia ella. Esta carta no debería remitirse nunca a su destinatario.

Exagere sin miedo. Muestre su enfado por la falta de respeto y la crueldad de su interlocutor, condene al malhechor y aplíquele castigos imaginarios. También puede expresar su temor a volver a ser herido por esa persona. La carta sólo estará terminada cuando usted haya dicho todo lo que tenía que decir. Lo mejor es que la escriba rápidamente y sin reflexionar en exceso. No tiene que tener ninguna consideración: al contrario, aproveche la oportunidad para conferir expresión a sus emociones y vulnerabilidad.

Después de haberla escrito, haga que la carta cobre vida: léala en voz alta. Imagínese que está leyéndosela a la persona que le ha hecho daño. Repita determinadas palabras y frases, las que usted crea más oportunas y expresivas. Juegue con la entonación leyendo en voz alta algunas frases y volviendo a bajar la voz en otras. Si se echa usted a llorar, no pasa absolutamente nada. Permítase ponerse furioso. No ponga fin al ejercicio hasta tener la sensación de que éste ha cumplido su cometido. Puede volver a repetirlo todas las veces que quiera.”

Este ejercicio puede aplicarse con naturalidad cuando el enfado tiene lugar con una persona a la que creemos que podremos llegar a perdonar o que, por un motivo u otro, forma parte de nuestra vida. Existen otros muchos ejercicios y técnicas que pueden aplicarse con la colaboración de un profesional, y así poder llegar a liberarnos de tensiones físicas y mentales relacionadas con la inhabilidad para expresar la ira.

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