¿Qué son las alteraciones del ánimo durante el postparto?

 

En este post voy a intentar describir brevemente los trastornos del estado de ánimo que se producen durante el postparto.

Normalmente los autores han dividido estos problemas afectivos en tres categorías:

  • Baby blues: la prevalencia es bastante alta (50-70%). Aparece una sintomatología caracterizada por llanto, ansiedad, ánimo depresivo, fatiga, hipocondría, irritabilidad, culpabilidad, antipatía por sí misma, sentimientos negativos hacia la pareja y el hijo. Aparece en los 10 primeros días.
  • Depresión postparto: con una prevalencia del 10-20%, aparece en el postparto sin tener un momento definido (desde 4 semanas hasta 6 meses después). Se caracteriza por labilidad emocional, desaliento, llanto, anorexia, desinterés, apatía, indecisión, complicaciones somáticas, fatiga, irritabilidad, falta de concentración, inapetencia sexual y desánimo.
  • Psicosis de postparto: tiene una prevalencia baja (0,01-0,02%) y es la de mayor gravedad. Aparece unos 15 días después del postparto. Los síntomas son: insomnio, agitación, irritabilidad, confusión, alternancia depresión-euforia, irracionalidad, incoherencia, delirio y alucinaciones.

Ahora vamos a centrarnos en las causas de la depresión postparto, ya que aúna a la vez gravedad y frecuencia. La psicosis es grave pero muy poco frecuente y “baby blues” es bastante frecuente pero de poca gravedad.

La depresión postparto puede tener un origen multicausal:

  • Hay estudios que dicen que la mujer que padece depresión en el postparto es más neurótica y menos extrovertida que la no deprimida (Pitt, 1968, citado en O’Hara et al., 1987; Watson et al., 1984). De esto extraemos que, evidentemente, la personalidad de la mujer influye en la aparición y desarrollo del trastorno (como pasa muchas veces).
  • Otros indican que la presencia de alta ansiedad durante el embarazo puede ser predictivo de depresión en el postparto (Playfair y Gowers, 1981; Watson, 1984; Dalton, 1971; Sheffield, 1976; Hayworth et al., 1980, citados en O’Hara et al., 1987).
  • Al ser el embarazo y el postparto unas etapas vitales que implican muchos cambios y adaptaciones, son un momento propicio para que la mujer predispuesta sufra una depresión.
  • Parece que el riesgo de padecer una depresión después del nacimiento del hijo aumenta en aquellas mujeres que han sufrido trastornos de la afectividad y existen antecedentes de estos mismos trastornos en su familia (O’Hara et al., 1983): influye la historia psicológica.
  • O’Hara et al. (1983) encontraron en sus estudios que una elevada presencia de acontecimientos vitales desde el inicio del embarazo hasta cerca de 11 semanas después del parto estaban asociados con altos niveles de sintomatología depresiva. Es decir, normalmente se da algún acontecimiento negativo que precipita la depresión. Por ejemplo, complicaciones neonatales, enfermedad de la madre o el hijo, etc.
  • O’Hara et al. (1983) también señala la importancia del apoyo social. Esta variable puede actuar como protectora del trastorno psicológico, mientras que los eventos vitales estresantes pueden actuar como facilitadores del mismo. Señalamos posibles estresores: el propio embarazo, el nacimiento del bebé, la ocurrencia de eventos indeseables, el parto, las complicaciones médicas, etc. Estos mismos autores indican que una disminución del soporte social junto con una alta frecuencia de eventos vitales estresantes pueden desencadenar un trastorno psicológico.
  • Hay además un aspecto biológico ligado al sistema hormonal durante el embarazo, que también incide en cambios psicológicos en la mujer.

¿Qué conclusiones sacamos?

Es evidente la mayor vulnerabilidad en estas épocas (embarazo, postparto, crianza) por todas las dificultades que implican, los cambios, la readaptación de nuestra vida… Los posibles conflictos internos que tenga la mujer pueden ser acentuados o sobresalir con el embarazo o postparto. No obstante, la personalidad de la mujer y su forma de elaborar los cambios tiene que ver también con la aparición del trastorno o con la mayor predisposición a sufrirlo (rigidez mental, estado de ánimo negativo, pensamientos negativos, por mencionar algunos). Además de lo anterior, la aparición del trastorno también está relacionada con acontecimientos vitales negativos, cuyos ejemplos hemos señalado anteriormente. Muchas veces es necesaria la aparición de experiencias negativas durante el embarazo y el postparto.

En definitiva, al valorar una depresión durante el embarazo o el postparto hay que tener en cuenta factores de tipo biológico, psicológico y social que adquieren un especial sentido en ese momento para valorar la normalidad o patología de la situación. Si valoramos subjetivamente la anormalidad de la situación, que ésta se está alargando innecesariamente, que los síntomas son muy intensos o que lo estamos pasando mal, podemos consultar con un psicólogo que nos ayude a salir del bache.

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