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¿Menores acosados o acosadores?

Queremos de nuevo hablar sobre acoso y violencia, ciñéndonos, en este caso, al concepto de violencia y acoso escolar. A diferencia del acoso laboral, las víctimas dependen de la intervención de un adulto que detecte la situación a tiempo y tome las medidas correspondientes. El afectado suele ser menor de edad y la detección por parte de sus padres o de sus profesores es crucial para resolver el problema, antes que se produzca algún hecho dramático como el que vemos últimamente en las noticias. Dejando a un lado los factores de riesgo, que tienen también su importancia, y siguiendo a la autora Ángela Serrano (2006), vamos a exponer los indicadores más importantes que nos pueden informar como PADRES sobre lo que está pasando. Un indicador por sí solo no suele ser predictor de lo que ocurre, pero sí puede constituir una señal de alarma.

Mucha atención a estos indicadores porque el niño o adolescente puede ser víctima de una situación de acoso o violencia pero también puede ser el que agrede o acosa a otros. En cualquiera de los dos casos se hace necesario intervenir con urgencia:

Indicadores que pueden hacernos pensar que nuestro hijo sufre violencia o acoso escolar (evidentemente no tienen que estar presentes todos; hay que estar pendientes si aparecen varios de ellos):

  • Presenta muchos cambios de humor (más de lo normal en la adolescencia).
  • Muestra frecuentemente tristeza o síntomas depresivos.
  • Se aísla de la realidad.
  • Pasa muchas horas en soledad y no sale con los iguales.
  • Abandona bruscamente actividades que realizaba con su grupo de amigos.
  • Presenta pocas o nulas relaciones con sus compañeros de clase o del centro.
  • Habla poco o nada de sus actividades en el centro y evitar cualquier pregunta al respecto.
  • Ha empeorado en su rendimiento escolar.
  • Presenta síntomas psicosomáticos el domingo o el día anterior a incorporarse al centro (por ejemplo: dolores abdominales, vómitos, dolores de cabeza…).
  • Evita ir al colegio o poner excusas para faltar.
  • Sale de casa con el tiempo justo para llegar al centro.
  • Evita encontrarse en la calle con determinadas personas de su centro escolar.
  • Se queja repetidamente de ser objeto de insultos, burlas o agresiones en el citado centro.
  • Comenta que se le pierden a menudo los útiles escolares y/o el dinero.
  • Ha aparecido con la ropa rasgada.
  • Presenta moratones y/o heridas.

Indicadores que pueden hacernos pensar que nuestro hijo agrede o acosa a compañeros o está integrado en una pandilla que así actúa:

  • Muestra ausencia de empatía.
  • No se pone en el lugar del otro cuando se le pide reflexionar sobre su conducta.
  • Es egocéntrico.
  • No acepta la responsabilidad de sus actos ni pide disculpas.
  • Se muestra rebelde y no cumple las normas familiares, sociales…
  • Quiere tener siempre la última palabra.
  • Es prepotente con sus hermanos o allegados.
  • Es dominante en la relación con sus amigos.
  • Disfruta burlándose y humillando a sus amigos cada vez que hay oportunidad.
  • Habla de forma despectiva de compañeros.
  • Has recibidos dos o más llamadas de atención por peleas con compañeros.
  • Has sido citado en dos o más ocasiones por problemas de relación de tu hijo.

En cualquier de los dos casos, una vez detectado el problema, se hace necesaria una intervención psicológica y en el ámbito de la familia y de la escuela.

Si detectamos que nuestro hijo o hija puede ser víctima de una situación de este tipo, debemos ofrecerle todo nuestro apoyo y confianza, pensando juntos posibles alternativas de solución y propiciando actividades con otros chicos de su edad, sin forzarlas. Es necesario, planificar con el centro escolar estrategias para acabar con esa situación. En ocasiones, será necesaria la terapia para fomentar su autoestima y la asertividad y habilidades sociales.

En el caso de que nuestro hijo sea el agresor, hay que abordar directa y urgentemente el problema con él, informándole de las correspondientes sanciones por su comportamiento. Puede ser conveniente la terapia si el padre o madre no se ve con la suficiente autoridad para abordar el problema y también para trabajar sus habilidades sociales y su empatía. Se deben, asimismo, buscar soluciones conjuntas con el centro escolar, frecuentando el mismo hasta que cese ese comportamiento y, en el caso de que el comportamiento violento se lleve a cabo en grupo, solicitarle que rompa esas relaciones.

**Libro recomendado para más información: Serrano, Ángela (2006). Acoso y violencia en la escuela. Cómo detectar, prevenir y resolver el bullying. Ariel: Barcelona.

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Acosado en el trabajo

El primer paso para poder hacer frente una situación de acoso en el trabajo es su conocimiento. Hay casos en los que el afectado vive una situación de este tipo pero le resta importancia o la tolera, de ahí la necesidad de escribir esta entrada: no debemos aceptar una situación así. Tampoco debemos tolerar a la persona que nos acosa, ni seguirle la corriente ni entrar en su juego autodestructivo.

En primer lugar, saber que el acoso es una situación mantenida en el tiempo, donde se produce hostigamiento, persecución, enemistad y aislamiento de un trabajador o trabajadora. Surge de un conflicto inicial más o menos importante. Puede ser un hecho de gravedad o un malentendido o acontecimiento aparentemente sin importancia. El acosador puede sacar de contexto o exagerar un aspecto o hecho que tiene que ver con el acosado e incluso inventarlo. Algo que podría haberse arreglado fácilmente se convierte en algo irresoluble y que justifica el ensañamiento hacia la persona acosada: un comentario, una broma, un gesto…

Una vez iniciado el proceso, el acosador tratará de estigmatizar a la víctima; atención a las siguientes conductas que nos dan pistas para detectar una situación de acoso:

-Acusaciones sin posibilidad de defenderse, incluso ridiculizándole.

-Aislarle de sus compañeros y privarle de información.

-Desconsiderar su trabajo, comentarios o actividades.

-Desacreditar su rendimiento y ocultar sus logros.

-Hacerle trabajar bajo constante presión, obligarle a trabajar en lugares incómodos.

-Tratarle injustamente respecto a otros.

-Distraerle en su trabajo, interferir en su tiempo.

-Saltarle en la línea jerárquica.

-Ofrecerle información contradictoria o confusa, darle información muy cambiante, darle mucho o poco trabajo, darle tareas para las que no está cualificado o actividades por debajo de sus capacidades.

Normalmente, el acosador principal atrae a otros compañeros para proceder a aislar al afectado. Esto suele hacerlo creando y propagando rumores, que el resto acepta sin cuestionarlos (ver siguiente entrada sobre rumores y sobre el perfil del acosador).

Cuando se trata de una situación mantenida en el tiempo, la víctima empieza a resultar molesta para todo el mundo, debido a estos constantes rumores, desprecios, comentarios y culpabilizaciones: se le culpa de todo. Se le aísla, los compañeros le dan de lado por no meterse en problemas, muchos participan de la situación sin estar del todo convencidos de la “maldad” del acosado.

Al principio, el acosado enfrentará con entereza de la situación, pero cuanto más avance ésta, su estado de ánimo empeorará (tensión, ánimo depresivo, crisis de nervios, llanto en público, estado irascible, etc.). En muchos casos, el tema llegará a los superiores que se darán cuenta de que hay que hacer algo, normalmente referido a socorrer a la organización, porque está claro que ese trabajador es conflictivo y difícil. Según avance esta fase, el acosado tendrá más dificultad para comportarse en el trabajo y realizar sus tareas lo que, a su vez, justificará aún más los juicios de los acosadores. Debido a esta situación, la víctima puede reducir significativamente su rendimiento, aislarse, ser incapacidad de tomar decisiones, tener fallos o un desplante con alguien. Nadie se atreve a mostrar simpatía hacia el acosado y se le sigue calumniando.

Cuando la situación es de extrema gravedad, se tomarán a sus espaldas decisiones que le afectan directamente, sin que se tenga en cuenta su versión de los hechos. Es probable que la víctima haya sufrido varias bajas laborales, haya consumido todos sus permisos o esté buscando otros puestos de trabajo. Muchas veces la finalización de esta situación consiste en que la persona salga de la empresa, aireando el superior a bombo y platillo lo “problemático” que es, o si se mantiene en la empresa se le marginará internamente asignándole puestos que nadie quiere y privándole de información. Esto acabará con un despido, una incapacidad, una renuncia o un retiro.

Libro recomendado: El maltrato psicológico. José Luis González de Rivera. 

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