¿El tiempo lo cura todo?

Hablamos de duelo cuando nos referimos al proceso por el que pasa una persona después de sufrir una pérdida; nos estamos refiriendo a la pérdida de un ser querido, pareja, amigo íntimo, hijo, padre, madre o familiar y, normalmente es debido al fallecimiento de esa persona, pero también puede ser causado por la ruptura relacional con ella. Sabemos que el proceso de duelo siempre conlleva un tiempo de “recuperación” pero, en algunos casos, puede complicarse o cronificarse. Según Worden (2008), un experto respecto al duelo, suelen tener lugar varias emociones durante el duelo por un ser querido:

-Tristeza y llanto. Impedir que la tristeza no se exprese puede dar lugar a un duelo complicado. Aquí hacerse el fuerte no funciona.

-Ira (¿Por qué me has dejado?). Es conveniente darnos permiso para expresarla.

-Culpa (Normalmente infundada. “No hice lo suficiente” “Le trataba mal”).

-Ansiedad (Muchas veces ligada al sentimiento de soledad).

-Soledad.

-Fatiga, apatía.

-Desamparo, sobre todo en los primeros momentos.

-Shock, que puede darse incluso cuando sea una muerte esperada, aunque lo normal es que ocurra ante una muerte repentina.

-Añoranza y sensación de presencia.

-En algunos casos, emancipación y alivio (a veces esto va unido a culpabilidad).

-Insensibilidad, embotamiento emocional, que es frecuente al principio.

-Sensaciones físicas parecidas a las de la ansiedad o al pánico. Hiperactividad y agitación. Suspirar.

-Incredulidad (Todavía espero que vuelva a casa).

-Confusión mental. Conducta distraída.

-Preocupación (pensamientos obsesivos en relación al fallecido).

-Experiencias ilusorias pasajeras en las semanas posteriores a la pérdida.

-Trastornos del sueño y de la alimentación. Soñar con el fallecido

-Retraimiento y aislamiento.

-Evitar recordar al fallecido (Hay que tener cuidado con esta conducta, ya que si se prolonga en el tiempo puede ser síntoma de un duelo complicado). A veces se da lo contrario, visitar al fallecido o llevar o conservar sus objetos por temor a olvidarlo.

-Buscar y llamarle en voz alta.

Es cierto que tiene que pasar tiempo para que la persona elabore el duelo, pero no desde una forma pasiva  viendo pasar el tiempo para comprobar si el dolor cede y el sufrimiento afloja. Lo que propone el mismo autor son tareas a las que se tiene que enfrentar activamente para elaborar el llamado trabajo de duelo.

PRIMERA: Aceptar la realidad de la pérdida; Es una dura realidad: asumir que la persona ha muerto y no va a volver y que el reencuentro con ella en esta vida no es posible. Durante esta fase la persona puede confundir a su ser querido con gente en la calle, cree que volverá todavía a casa, le llama en voz alta. El quedarse encallado crónicamente en esta tarea se llama Negación,  es decir, negar la realidad de la pérdida, y se da de muy diversas formas (dejar sus pertenencias tal y como quedaron, no creer que ha muerto, olvidar selectivamente lo relacionado con esa persona, etc.).

SEGUNDA: Elaborar el dolor que supone la pérdida. Es importante permitirse sentir dolor y llorar. Lo contrario a esta tarea, al igual que en la anterior era la negación, es bloquear los sentimientos y negar el dolor, lo cual predispone para un duelo complicado.

TERCERA: Adaptación a un mundo sin el fallecido de forma externa (adaptarnos a un entorno el que no está él o ella), de forma interna (adaptar nuestra identidad, nuestro modo de percibirnos) y espiritualmente (adaptar el sentido que uno tiene del mundo;  son valores y creencias que se tambalean tras la muerte de un ser querido). Quedarse estancado en esta tarea implica no desarrollar una capacidad de adaptación a la pérdida y recrearse en el desamparo y en el aislamiento.

CUARTA: Hallar un vínculo perdurable con el fallecido, pudiendo llevar una vida nueva. La persona superviviente nunca olvidará al fallecido pero tiene que seguir viviendo eficazmente en su mundo, hallando un hueco en su vida emocional para ese ser querido. Lo contrario a esta tarea sería que la vida de la persona se detenido después de la pérdida, que no se reanuda, que se niega a establecer otras relaciones.

Lo habitual es que las personas que han sufrido una pérdida elaboren ésta con normalidad, sabiendo que nunca podrán olvidar a esa persona, que siempre estará en su corazón, pero conociendo que el dolor se aminorará, que recobrarán el interés por la vida, sentirán de nuevo esperanza y se adaptarán a nuevos papeles vitales. No obstante, en algunos casos el proceso de duelo puede complicarse debido a factores de varios tipos (circunstancias de la muerte, personalidad o recursos del superviviente, relación que mantenía el mismo con el fallecido, etc.) y quedarse anclado en algunas de las tareas anteriores, lo cual nos está indicando la necesidad de acudir a un profesional que nos pueda ayudar en la elaboración. El psicólogo puede guiarnos de dos maneras; en primer lugar, realizando asesoramiento, en el caso de que el duelo sea el de una pérdida reciente, un duelo “normal”, logrando una adaptación adecuada y facilitando la tarea de vivir sin el ser querido; y en segundo lugar, realizando terapia de duelo cuando existen conflictos de separación con el fallecido, cuando el duelo se está prolongando, es excesivo o exagerado, cuando se percibe como problemático, cuando se dan síntomas somáticos o se ha retrasado en el tiempo. En estos casos, el tiempo puede no curarlo todo y necesitamos la colaboración de nuestro terapeuta para encajar la pérdida.

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