Triángulo Dramático en las relaciones

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Es un modelo psicológico utilizado en el mundo de la clínica (adicciones, violencia de género, problemas familiares, síntomas psicológicos que parecen tener su origen en la familia…). Se llama también Triángulo de Karpman y yo lo conocí a través de la colaboración en una ONG que sigo realizando, a día de hoy, donde se ven numerosos problemas familiares y ambientes desestructurados.

El triángulo se resume en lo siguiente:

Perseguidor                                      Salvador

Víctima

Estos son tres papeles que se pueden aprender en el seno de la familia o en el colegio y se ejercitan de modo no consciente y repetitivo.

El salvador va por la vida prestando ayuda y mantiene la dependencia de otros hacia él. Su percepción es que otros le necesitan y necesita una víctima para poder resolver sus problemas. El Salvador actúa bajo el influjo de la culpa y por la necesidad de sentirse superior. Lo que consigue haciéndose cargo de los problemas de los demás es evitar sentir su propio sufrimiento: ojos que no ven, corazón que no siente. Un ejemplo de salvador es aquella mujer de un alcohólico que no llega a comprender todos los sacrificios que ella hace, lo generosa que es y la buena voluntad de soportar los abusos del alcohólico. Un profesional de la salud también puede extralimitarse en sus funciones, adquiriendo también ese rol de salvador.

El caso de la víctim, ésta no hace bien las cosas o es autodestructiva, envía mensajes verbales y no verbales quejándose, da una imagen de indefensión y puede provocar sufrimiento a los demás. La Víctima siente culpa, inferioridad, tristeza y tiene una baja autoestima. Su sentimiento básico es de resentimiento contra la vida que le hace sufrir y contra los Salvadores que siguen incapacitándola con su ayuda. La víctima no es consciente de que la persona adulta tiene capacidad de decisión y es responsable de cambiar su situación.

Por último, el perseguidor se comporta de forma agresiva, desea satisfacer sus necesidades y actúa según su propio interés, haciendo sufrir a otros. Suele cebarse con el rol de víctima. Pueden ser activos (quieren satisfacer sus necesidades pero pasando por encima de otros), vengativos (desean castigar a los otros y tener la sensación de que han vencido) y pasivos (no cumplen con sus obligaciones poniendo a los demás en serios apuros).

Las personas intentan cambiar de papel periódicamente para poder sentirse mejor pero si no salen de este triángulo patológico y sólo cambian de papeles, el problema se autoperpetúa.

Un ejemplo de rol permanente y patológico sería el siguiente: en el campo de las drogodependencias, estos papeles son siempre representados por las familias, por ejemplo el caso típico de un padre que hace de Perseguidor, la madre que va de Salvadora y el hijo que hace indistintamente los papeles de Perseguidor de la familia y de Víctima de la droga.

La opción de cambio real sería el Triángulo del ganador, que consiste en:

Asertivo                                                                  Ayudador Empático

Vulnerable y Responsable

El papel de ayudador empático es diferente al de Salvador. El ayudador se preocupa por los demás, pero respeta la capacidad para que los otros, por sí mismos, resuelvan sus problemas. Tienen conciencia de sus necesidades y sentimientos propios, para decidir si dan ayuda o no. Generalmente, anteponen sus necesidades a las de los demás, para evitar sentirse superiores a los otros. Esperan que los demás pidan ayuda y preguntan a la otra persona qué es lo que quieren, nunca suponen o adivinan lo que la persona que pide ayuda necesita. Si deciden decir “No” a la petición de ayuda no se sienten culpables. Si deciden ayudar nunca hacen más de lo que les toca.

El papel Vulnerable y Responsable también es distinto al de Víctima. Acey Choy (1990) describe el rol de persona vulnerable como la antítesis del rol de Víctima, ya que todos los seres humanos nos damos cuenta de que somos vulnerables y podemos tener problemas y sufrir por ellos, pero a diferencia de la Víctima nos hacemos responsables de solucionar nuestros problemas desde una postura adulta.

El papel Asertivo se diferencia del rol de Perseguidor en que este último busca castigar a los demás o cubrir sus necesidades pasando por encima de los otros, por el contrario la persona con autoridad interna (asertiva) invierte su energía para satisfacer sus necesidades  haciendo respetar sus derechos, sin castigar ni perseguir a los otros. Es una persona asertiva que se autoafirma ante los demás sin necesidad de sentirse superior. La negociación es su medio para resolver los conflictos con los demás.

El darse cuenta es fundamental para interrumpir el juego, una vez iniciado, ya sea por el usuario o por el mismo profesional.

¿Has notado algún papel parecido alguna vez en tu familia o tu entorno (amigos, grupo, etc)?

**Lecturas recomendadas:

LOS GUIONES QUE VIVIMOS. C. Steiner. Editorial Kairós, 1992.

http://lluiscamino.com/sites/default/files/Triangulo_Dramatico.pdf

Minientrada

Las neuronas espejo

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¿Alguna vez te ha entrado sed al ver beber a otra persona?

¿O has salivado viendo a alguien comer delante de ti?

¿Has bostezado viendo a otra persona bostezar?

Las investigaciones sugieren que esto tiene lugar debido a la función de unas neuronas denominadas “espejo”.

Esta función se descubrió en la década de los 90, cuando unos neurocientíficos descubrieron que se activaba el  mismo conjunto de neuronas en un macaco, tanto cuando éste se comía un cacahuete, como cuando vio a uno de los investigadores comerse un cacahuete delante de él. Descubrieron que tanto cuando el mono presenciaba una acción, como si la llevaba a cabo él, se activaba el mismo conjunto de neuronas.

Las neuronas espejo estarían en la base de aspectos muy importantes del comportamiento social, psicológico y en la educación de los humanos, por ejemplo:

-La empatía.

-La visión de la mente.

-La teoría de la mente.

Las neuronas espejo responden solamente a una acción intencionada, previsible o con un propósito. No responden, por ejemplo, cuando alguien mueve una mano sin motivo, pero sí cuando alguien levanta una mano con un vaso para beber de él. Observamos una acción, entendemos su propósito y nos preparamos para imitarla. Por tanto estarían también en la base de:

-El aprendizaje por observación.

-El aprendizaje vicario o por imitación.

A un nivel más complejo, estas neuronas nos ayudan a entender nuestra cultura, cómo determinadas conductas compartidas nos unen, hijos a padres, amigos, cónyuges…

Como sabemos, no sólo podemos imitar las intenciones conductuales de los otros, sino también sus estados emocionales. No sólo percibimos una conducta que va a llevarse a cabo, sino la emoción que subyace de esa conducta. Esto está en la base del llamado:

-Contagio Emocional.

¿Si llegamos a un grupo que está riéndose has notado que, al acercarnos, probablemente sonreiremos también? ¿Has notado que si estás nervioso o estresado tus hijos también lo están? Absorbemos los estado internos de los demás. El cerebro es un órgano social y está construido para la visión de la mente. Estamos “programados” para relacionarnos e influirnos los unos a los otros.

**Libro recomendado: El cerebro del niño. Danie J. Siegel y Tina Payne Bryson. Ed: Alba.

Más información en: http://eprints.ucm.es/9972/1/Revista_Psicologia_y_Educacion.pdf

Sencillos juegos para enseñar a argumentar a los niños

Os presento unos juegos muy sencillos para realizar con niños entre 7-11 años para estimular su capacidad verbal, de razonamiento y para estimular la argumentación, hecho que en ocasiones es más complicado incluso que la mera capacidad verbal. Estos mismos juegos (dar argumentos o razones) se pueden ir complicando más si el niño es más mayor (12-14 años) con temáticas más elaboradas y que toquen temas de interés para ellos y para su edad (deportes, relaciones sociales, hechos o acontecimientos).

-Juego de los absurdos:

Por ejemplo: “Cocino en el baño”, “Barro la casa con la silla”. El niño no sólo tiene que detectar el absurdo sino razonar porqué es absurdo lo que se está diciendo.

-Juego de lógica: Dar argumentos y razones sobre conductas, cosas o aspectos.

¿De dónde sale el aceite?

¿De dónde sale el vino?

¿Por qué hay que escuchar a los demás?

¿Por qué nieva?

¿Por qué ese señor está enfadado?

-Juegos de los contrarios:

Estoy triste. Estoy…

Es divertido. Es…

Algunos de estos juegos trabajan la argumentación pero pueden también incidir en el trabajo emocional, ya que es importante ayudarles en la autorregulación emocional y en el conocimiento de sí mismos.

Juego emocional:

¿Por qué tienes esa cara?

¿Te has dado cuenta de que frunces el ceño? ¿Por qué?

¿Qué te pasa cuando estás triste? ¿Y enfadado?

¿Cómo ves tu cuerpo en ese momento?

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Trucos para hablar en público

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Existen varios elementos claves a la hora de hablar en público, el primero de ellos, la mirada hacia la audiencia. Transmite menor seguridad el mirar a unas transparencias, hacia el techo o hacia una pared que el mirar a la gente a la que nos estamos dirigiendo. Si no prestamos atención a la audiencia, ésta no prestará atención hacia nosotros. Puede ser conveniente aplicar alguna técnica de relajación, respiración o meditación un rato antes de la exposición, para llegar con un nivel adecuado de activación (aunque acudir con un nivel moderado de activación es normal e incluso deseable). Normalizar y relativizar si detectamos señales de nerviosismo: es del todo normal. Si ya estamos hablando y detectamos estos síntomas, puede ser incluso deseable admitirlos con sentido del humor, ya que la audiencia puede sentir simpatía hacia nosotros por demostrar elegantemente esa sinceridad.

Antes de empezar a hablar debemos mirar hacia el auditorio, estableciendo contacto visual, haciendo un barrido en M ó en W. Durante la charla podemos mirar a la cara de una determinada persona durante unos segundos e ir cambiando la mirada hacia otras personas, de manera que sientan que nos estamos dirigiendo a ellas. Si tu dificultad es máxima mirando a los ojos, puedes mirar a la nariz ya que apenas se notará la diferencia. Periódicamente puedes mirar en forma de M ó de W, dirigiendo al menos la mirada a la audiencia el 50-60% del tiempo. No mires siempre a la misma persona o grupo, esto puede excluir al resto o intimidar a esa persona. No mires tampoco constantemente al profesor, moderador, etc., que esté en la sala.

En definitiva, es necesario cuidar el patrón de mirada ya que nos permite obtener información del auditorio valiosa para nuestra charla y transmite seguridad y confianza. Por el contrario, la evitación de la mirada o el mirar fugazmente y ocasionalmente impide recibir retroalimentación del público y puede transmitir inseguridad, falta de espontaneidad, desinterés, etc.

En relación al volumen es necesario hablar lo suficientemente alto para que se nos pueda oír bien, teniendo en cuenta la distancia, el tamaño del auditorio y el ruido.  Piensa que estás hablando para las personas de la última fila.

No siempre hay que hablar con el mismo volumen, puedes cambiarlo en función de si estás transmitiendo emociones, enfatizar una idea o ganar la atención del público. Baja el volumen cuando tengas un punto importante que destacar y súbelo cuando quieres que la audiencia se movilice hacia la acción. Es importante no reducir demasiado el volumen al final de las frases.

Si no se oye bien, el público puede desinteresarse por lo que uno dice, se fatigará o se irritará, además de que un volumen bajo puede transmitir poca seguridad o credibilidad. Si el volumen es muy alto puede dar sensación de que el conferenciante está avasallando o puede provocar irritación.

En este sentido es importante hacer algún ejercicio de respiración o de educación de la voz para que salga desde la zona de los pulmones y desde el estómago. Existen ejercicios de respiración profunda especialmente diseñados para proyectar una voz adecuada.

Por último, aunque es obvio, es necesario una buena preparación de lo que se va a decir, aunque no tenemos que recitarlo literalmente. El conocer en profundidad el tema sobre el que vamos a hablar nos dará seguridad y nos permitirá ir más tranquilos.

 

¿Eres profesional sanitario? ¿A veces te resulta difícil la comunicación con tus pacientes?

¿Eres profesional sanitario? ¿Tienes contacto diario con pacientes? ¿A veces la comunicación se te hace muy difícil? Aquí te ofrecemos una serie de preguntas para facilitar la comunicación con el paciente según Alonso, Arranz y Barbero, especialistas en la materia.

  1. ¿Qué sabe?

¿Qué le han dicho que tiene?

¿Han hablado con usted sobre su enfermedad?

¿Qué cree usted que tiene?

¿Piensa  que tiene algo grave?

¿Cómo describiría su situación?

  1. ¿Qué quiere saber?

¿Le gustaría que habláramos sobre su enfermedad?

¿Preferiría no haber sabido  lo que ya le han dicho sobre su enfermedad?

¿Es usted de las personas que les gusta saber lo que tienen o preferiría que habláramos  con sus familiares sobre su situación?

Algunos pacientes nos dicen que quieren conocer qué les está pasando; otros, sin embargo, prefieren que hablemos con su familia de la situación. En su caso, ¿usted qué preferiría?

Si las cosas se ponen mal ¿le gustaría ser informado de ello?

¿Le gustaría tener la suficiente información para poder decidir en cada momento el tratamiento que considera más oportuno para usted o prefiere que esas decisiones las tomemos los médicos junto con sus familiares?

  1. ¿Cómo se encuentra? ¿Cómo se siente?

¿Qué le molesta?

¿Cuál es el síntoma que más le molesta?

Si sólo pudiéramos mejorarle uno de los síntomas ¿cuál elegiría?

¿Qué le preocupa?

¿A qué le está dando vueltas?

¿Qué es lo que le hace sentirse peor?

¿Qué es lo que más le preocupa de toda esta situación?

  1. ¿Cómo podemos ayudarle?

¿Hay algo que podemos hacer para que se sienta mejor?

Cuando ha tenido problemas serios anteriormente ¿Cómo los ha ido afrontando y resolviendo?

¿Quiénes son las personas en quién más confía?

¿Qué cree que puede ayudarle en esta situación?

¿Cómo le gustaría que le ayudáramos?

La habilidad de informar de forma efectiva es fundamental para el sanitario. Muchas de las reclamaciones que se realizan en el contexto sanitario tienen que ver con problemas en la información y comunicación. Es importante potenciar la percepción de control y favorecer la adaptación. Por ello, la necesidad de pensar antes de hablar y aprender a hablar bien, especialmente en situaciones de estrés. La información se aborda mejor sin prisas ni tecnicismos, de acuerdo a las necesidades y nivel de comprensión del paciente, con delicadeza y sinceridad.

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Antipatía

Todos hemos tenido la vivencia de experimentar antipatía por una persona que no conocemos, o que no hemos tenido tiempo de tratar en profundidad; no podemos argumentar con hechos o sucesos ese sentimiento de antipatía. La primera impresión sobre una persona se forja en cuestión de minutos tras conocerla y con ello tenemos que contar, pero el mantener esa antipatía sin motivo aparente puede desencadenar un conflicto con ella y hacer que la relación sea muy complicada.

Ese sentimiento de antipatía no es racional, es un impulso, es una intuición, es un modo conocimiento de tipo emocional. Todo lo que haga la persona afectada podemos utilizarlo para justificar nuestra hipótesis de antipatía, no dando la más mínima oportunidad de demostrar otro comportamiento. La hemos encasillado y su comportamiento nos parecerá inadecuado porque no nos cae bien… ¿Os ha pasado eso alguna vez? Seguro que sí y, en ocasiones, podemos ser muy injustos: “no la soporto”, “no me cae bien”, “no puedo con él”, “no la trago”, etc.

En ocasiones, debemos tratar con personas que nos resultan antipáticas y la relación tiene que ser frecuente. Puede ser que esa persona sea:

-Un compañero de trabajo.

-Un jefe o superior directo.

-Un directivo de tu empresa con el que tienes que tratar frecuentemente.

-Un miembro nuevo de tu grupo de amigos.

-La pareja de un amigo.

-Un familiar carnal o político relativamente allegado.

-Etc.

Os propongo un ejercicio de Programación Neurolingüística (PNL), aplicado concretamente al ámbito laboral. Sirve para intentar matizar o trabajar la antipatía que siento hacia una persona con la que tengo que tratar de una forma relativamente frecuente. No es mi especialidad la PNL y no voy a entrar en un debate sobre si esta corriente es idónea o no; mi línea terapéutica es la cognitivo conductual, aunque considero que está técnica concreta puede contribuir (desde mi línea) a reintegrar la información recibida acerca de una persona, puede ayudar a exponernos a algo que a priori rechazamos y puede coadyuvar a concentrarnos y a reflexionar sobre lo que no nos gusta de aquella persona, de modo que podamos matizarlo:

-Primero, imagina a la persona por la que sientes antipatía.

-Pregúntate si lo que desencadena la antipatía es lo que VES de él o lo que OYES de él.

-Si no te gusta lo que VES de ella, intenta determinar si es por algo en su CARA o por algo en su CUERPO.

-Si no te gusta lo que OYES, comprueba si es por sus PALABRAS (CONTENIDO) o es por el sonido de la VOZ.

-Tómate un rato en pensar que es lo que no te gusta, qué desencadenan los pensamientos negativos:

-Cara: por ejemplo, la expresión de los ojos, sonrisa…

-Cuerpo: por ejemplo, gesticulación, postura…

-Contenido de lo que dice: palabras aisladas, formulaciones…

-Voz: fuerza, velocidad, entonación…

-Una vez detectado lo anterior, dirige tu atención hacia aquello que no te gusta e intenta determinar a QUIÉN te RECUERDAN esos rasgos o gestos, QUÉ PERSONA te hizo sentir algo así, determina de QUÉ TE SUENA ese rasgo en concreto: a tu padre, a un profesor, a un abusón del colegio, a una pareja que te dejó, a un chico de tu barrio, etc.

-Una vez detectada esa persona imagina ¿DÓNDE la estás viendo? ¿Alejada o ante ti? ¿Por encima de ti, por debajo, en la derecha, en la izquierda? ¿La ves a tamaño real? ¿Más grande? ¿Más pequeña?

-Imagina a la persona por la que siente antipatía actualmente.

-Imagina a las dos personas, a la del pasado y a la del presente.

-Trate de separar mentalmente, tanto como sea posible, las dos figuras, pero siempre viendo las dos a la vez.

-Siga separando claramente las dos, trate de percibir separadamente.

-Mire ahora a la figura del pasado y nómbrela: “eres mi padre”, “eres X de mi colegio”.

-Mire a la persona del presente y desígnela: “eres X”, “eres mi compañero de trabajo”.

-Repita varias veces estos pasos últimos de separación hasta que quede claro que estas dos personas no tienen nada que ver.

-Piense ahora en la persona del presente. Habrá hecho el ejercicio bien si no siente la antipatía inicial hacia esa persona. Si el efecto no se ha producido aún del todo, repita los pasos anteriores hasta conseguirlo.

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Algunos trucos para mejorar nuestras habilidades sociales

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En este post vamos a proponer algunas técnicas que se utilizan en el trabajo de las Habilidades Sociales en consulta o en grupo (yo misma suelo proponerlas a mis pacientes y les doy un material parecido a éste). Se utiliza, como veremos en una entrada posterior, para poder manejar determinadas situaciones de forma más firme o más asertiva, no boicoteando nuestros propios derechos ni dejando que no sean respetados por otros.

DISCO RAYADO: repetimos insistentemente lo que queremos, lo que pedimos, lo que solicitamos, defendemos nuestros derechos. Se empieza con algo positivo (te entiendo, comprendo…) y, a continuación, decimos lo que queremos o no queremos. El interlocutor dejará de insistir en que hagamos algo que no queremos o no hagamos algo que queremos.

-Entiendo, pero no me interesa… Le he comprendido pero no lo voy a comprar…Quizás, pero no lo quiero…

PERO: reconocemos la primera parte como verdadera, de lo que nos dice la otra persona que supuestamente intenta manipularnos y, a pesar de ello, mantenemos nuestra postura.

-Sí, es posible que parezca egocéntrico, pero…
-Tienes razón, pero lo haré cuando yo considere…
-Es cierto que me gusta lo extravagante, pero…

Se puede combinar con la anterior técnica (Disco Rayado).

INFORMACIÓN MUTUA: prestamos atención a lo que nos dicen (escucha activa) y después damos por nuestra parte una información distinta (una vez escuchado, hacemos uso de nuestro turno y mostramos nuestra información u opinión).

ASERCIÓN NEGATIVA: reaccionamos ante una crítica que es justa pero sin dar demasiadas excusas o justificaciones. Normalmente, tendemos a defendernos y justificarnos en gran medida pero lo que propone esta técnica es admitir el error sin justificarnos demasiado.

-Has tardado mucho en hacer este trabajo. –Es cierto, lo he realizado lento, podría haberlo hecho más rápido, disculpa.

INTERROGACIÓN NEGATIVA: facilita la comunicación cuando otra persona nos critica y sirve para conocer los sentimientos o ideas de otras personas en estos casos.

-¿Qué tiene de malo que salga hoy?
-¿Qué defecto le encuentras a mi ropa?
-¿Qué te molesta de mi forma de hablar?
REPETIR LO QUE SIENTE LA OTRA PERSONA: se repite lo dicho por la otra persona pero sin mostrar acuerdo alguno en lo que se dice.
-Ya sé que para ti es muy importante que te deje mi coche, pero…
PARAFRASEAR: se comenta expresivamente lo que nos dice el otro en un tono similar y expresando nuestra opinión verdadera.

-¿Te sentirías muy bien si te dijera que sí…?

-Entonces lo que quieres decir es que…pero yo….

-Si no me equivoco opinas que…pero yo…

Romanticismo, comunicación y forma de pensar en la pareja

LOS ERRORES EN LA COMUNICACIÓN:

En la relación de pareja, los aspectos no verbales de la comunicación transmiten más que los verbales.

Otro aspecto de la comunicación que se altera mucho es el que se refiere al impacto que tienen los mensajes en quien los recibe. Los mensajes se filtran de una manera negativa cuando la relación es conflictiva.

El estilo de la comunicación en las parejas con conflictos tiene estas características generales:

1-General versus específico. Las parejas con una mala relación tienden a comunicarse de una manera muy general y absoluta. Pierden la perspectiva en los diferentes temas, como si hubieran establecido la creencia de que todo está mal y, por lo tanto, no hubiera posibilidad de tener en cuenta los aspectos positivos sobre ningún tema. Los comentarios o el análisis que hacen con respecto a cualquier incidente pasan a ser considerado como una generalidad.

2- Rigidez versus flexibilidad. Los comentarios que hacen cuando conversan pretenden en su mayor parte convencer al otro de que la propia opinión es la correcta. De ahí que se adopten posiciones muy poco negociadoras. Sólo cabe imponerse al otro, ya que cuanto más tajante y más radical sea la forma de comunicarse, más razón se tendrá. Este estilo rígido de comunicación genera una tensión que imposibilita tener la relajación suficiente como para hablar de otros temas.

3- Monólogo versus diálogo. Que uno de los dos miembros de la pareja monopolice la comunicación imposibilita la escucha.

4- Negativo versus positivo. El contenido de los mensajes que intercambian la pareja, es en su mayor parte negativo.

5- Pasado versus presente o futuro. En cuanto surge algún tema mínimamente negativo, se recuerdan mutuamente cosas del pasado también negativas para afianzar y justificar lo ocurrido en el presente.

LOS ERRORES EN LA MANERA DE PENSAR.

Es muy difícil, cuando uno se nota enfadado y hostil hacia el otro, controlar ese impulso que nos lleva a defendernos atacándole. El papel que juegan los pensamientos automáticos en estos momentos es fundamental ya que tienden a exagerar el peso de lo negativo y, por lo tanto, el disgusto hacia el otro.

1- Pensamientos basados en la utilización de expresiones como siempre-nunca, todo-nada.

2- Magnificar-minimizar. Las parejas con una relación conflictiva tienden a magnificar mucho más los conflictos y los detalles negativos que los positivos. Las parejas intentan clarificar hasta el último detalle de la situación negativa, lo que de forma indirecta agrava la situación. Por último, al exagerar lo negativo del otro, también pretendemos resaltar nuestras cualidades y que, por lo tanto, se nos valoren y reconozcan.

3- Culpabilizar al otro o a la relación del propio malestar o insatisfacción en la relación.

4- Filtro mental. Este error consiste en fijarse únicamente en lo que se acomoda al propio punto de vista o a las propias creencias. Es muy frecuente que saquemos de contexto aquellos detalles que no nos gustan y que automáticamente los relacionemos con una opinión que antes teníamos confirmada. Este error de pensamiento es peligroso porque afecta también a la propia persona, que se va a sentir mal consigo misma y, probablemente, empezará a infravalorarse por mantener una relación afectiva con una persona de la que sólo ve los defectos y torpezas.

5-Los “debería” dicotómicos. Se trata de pensar sobre los problemas con el punto de vista de “o hago lo que tú quieres o te enfadarás y tendremos una bronca, o te digo que sí o me separo”… Los temas cierran la posibilidad de un posible acuerdo porque sólo existen dos opciones muy drásticas, sin ninguna otra salida viable. Además, cuando la persona se plantea los temas de esta forma, sufre las consecuencias negativas de las dos opciones, por lo que es probable que no haga nada y que espere a que el tiempo clarifique algo la situación; pero eso sí, infravalorándose más de lo que lo venía haciendo.

No podemos dejar de lado que en nuestra sociedad existen una serie de prejuicios o creencias que facilitan la aparición de los problemas en la relación. La mayoría de los prejuicios tiene que ver con la idealización del amor y del romanticismo, y entre otros son:

-Los desacuerdos son destructivos

-Como es mi pareja me quiere y tiene que conocer mis pensamientos y mis deseos sin que yo se los tenga que comunicar.

-Mi pareja no puede cambiar, es como es.

-Las relaciones sexuales tienen que ser plenas y felices.

-Los hombres y las mujeres son diferentes en cuanto a las necesidades que esperan que su pareja pueda cubrir.

-Si no me presta atención es porque ya no le intereso nada.

Una vez instaurados estos patrones de funcionamiento negativos, se comportan como dos grandes desconocidos que viven juntos, sin saber muchas veces cuál es el motivo de dicha situación.

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¿Cómo funciona una pareja cuando las cosas van mal?

Respondiendo a esta pregunta, señalar que la relación se caracteriza por:

1- Las amenazas. Son expresiones que tienden a aumentar la presión para que el otro acceda a las demandas que se quieren lograr. Con la utilización de amenazas se pretende llamar la atención del otro haciéndole entender que lo que se le está pidiendo es importante y que no se quiere renunciar a conseguirlo. Esta forma de solicitar el cambio es negativa puesto que hace que nuestra pareja sienta ante todo la presión y el agobio por cumplir la petición que se le ha hecho y deje de lado el interés o la ilusión de la pareja por conseguir lo que está pidiendo en estas circunstancias, suele manifestarse una gran resistencia a acceder a la petición. La amenazas avisan de la posible aparición de una consecuencia negativa. La pareja lo interpreta en términos de: “con tal de conseguir lo que quiere es capaz hasta de hacerme daño”. Luego el impacto a medio plazo es mucho peor. En general se utilizan más como una forma de presión, sin que uno se crea que vaya a ejecutarlas. Una manera más indirecta pero igualmente negativa es la que se refiere al chantaje emocional para presionar al otro y así conseguir lo que se quiere.

2- El castigo. Supone un aumento en la graduación de lo aversivo. Consiste en aplicar una consecuencia negativa para el otro cuando hace algo que no queremos que haga o cuando no hace lo que queremos que haga. Esta interacción resulta más eficaz cuanto más contundente sea el castigo, algo muy negativo para la convivencia en pareja.

Cuando una persona empieza a tener en su pareja a alguien por quien se siente juzgado, alguien que además le puede hacer daño, probablemente, irá perdiendo gradualmente la motivación de estar con ella.

Cada uno sabe donde le puede doler más al otro y es a ese punto al que va a dirigir sus ataques,. Cuando esta es la mecánica de la relación, la probabilidad de que surja una discusión, sea cual sea el tema, es altísima, ya que ambos están tensos y dolidos. La cadena de intercambios negativos y agresiones mutuas se hace imparable y se convierte en la única forma de comunicación. Los temas que quedan por resolver se quedan sin resolver, con la frustración que ello conlleva, lo que ayuda a que cada vez sea mayor el número de conflictos.

3- Ceder para que desaparezca la presión negativa a la que nos somete la pareja. Acceder a las demandas del otro, con tal de que este abandone sus comportamientos negativos y se tranquilice, de alguna manera, la situación. Al terminar cediendo, se está potenciando, indirectamente dicho estilo de relación.

En este contexto, la manera en la que se satisface la petición del otro se vive como una derrota, ya que uno accede para no soportar más la presión. community-154715_640

 

Meterse en los zapatos del otro: una entrada sobre la empatía

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Este post es continuación de unas entradas anteriores acerca de la comunicación, la escucha activa y la inteligencia emocional. Para poder ser un buen conversador y conectar con mis propias emociones y, sobretodo, con las de los demás es necesaria entrenar la inteligencia emocional y también la empatía.

Las entradas anteriores a las que me refiero son:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/31/eres-emocionalmente-inteligente/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/24/sabes-escuchar/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/17/pinceladas-basicas-para-lograr-una-buena-comunicacion/

Para conectar con los demás, poder conversar y saber escuchar es necesario hacerme cargo de cómo se está sintiendo el otro, “ponerme en sus zapatos”. Si empatizo con lo que él está sintiendo soy capaz de entender al otro incluso en los casos en los que estoy en total desacuerdo. Empatizar es comprender cómo se siente el otro, el consabido “ponerse en su lugar”, pero no hasta el punto de identificarse con él. Que yo comprenda cómo se puede sentir otro en una determinada situación no significa que me haga cargo de sus problemas ni que me identifique con su experiencia hasta el punto de perder la objetividad o involucrarme demasiado. Si hago esto dejo de ayudar. Imaginaos un psicólogo o médico llorando con cada uno de sus pacientes o un amigo que se identifique mucho con el problema y trate de darle una solución rápida al mismo para dejar de sufrir él y el otro. ¿Estarían ayudando?

Si bien es cierto que unas personas son más empáticas que otras (también existe variabilidad por sexos), la empatía puede aprenderse en cierta medida.

A veces escuchamos algo que supone un problema para un amigo o un familiar pero no empatizamos, si no que tratamos de resolverlo rápidamente o juzgamos duramente la situación o el problema (incluso al otro). Todos juzgamos, en alguna medida, pero hay gente a la que le maravilla juzgar a los demás. Es importante manejar esto y no ser tan duros con nosotros mismos ni con los demás.

Hace poco en un curso que hice sobre Marca Personal y la docente nos expuso conductas que son incompatibles con la empatía a pesar de que escuchemos correctamente a nuestro interlocutor. En el momento que dejamos de empatizar, dejamos de mostrar nuestra inteligencia emocional.

¿Qué conductas nos impiden empatizar?

-Aconsejar al otro: “Deberías hacer…”, “Yo que tú haría…”. Aparentemente, parece que estamos ayudando pero realmente estamos diciéndole lo que tiene que hacer, incluso actuamos como salvadores. Es posible que el otro, en un acto de simple rebeldía, deje de hacer lo que le estamos aconsejando, con lo cual el efecto puede ser el contrario.

Competir: “Eso no es nada comparado con lo que me ocurrió a mí…”. En una entrada anterior comenté que, en las conversaciones, estamos esperando a que el otro acabe para poder contar nuestra batallita y, si es más llamativa, todavía mejor. Esto es un claro ejemplo.

Consolar: “No es culpa tuya”, “hiciste lo que pudiste”. Consolar no es empatizar. Cuando una persona tiene un problema grave, a veces, la mejor fórmula es acompañarle y ofrecerle nuestro hombro, sin más. Frases como “puedo entender cómo te sientes”, “comprendo que…”, “es cierto que lo que ha pasado es muy desagradable…” pueden ayudar más.

Contarle alguna historia parecida: “esto me recuerda a una vez que…”. Tampoco es empatizar, estamos pensando en nuestras propias vivencias o en historias que hemos presenciado.

Minimizar: “Ánimo, no es para tanto”, “venga, anímate, hay cosas peores”. Este tipo de expresiones da lugar a que la persona piense que su problema carece de importancia o sea una tontería. Ayuda muy poco. También puede crear rabia en el interlocutor: me enfado porque estás minimizando mi problema.

Compadecer: “¡Pobre!”, “pobrecito”, “¡qué mala suerte!”. Esto solemos hacerlo por nuestra educación, con tendencia a la compasión y a la caridad. Sin pretenderlo, estamos situando al otro en una situación de inferioridad frente al mundo o frente a nosotros. Fomenta la sensación de inferioridad y debilidad.

Interrogar: “¿Cuándo empezó?”,” ¿y qué pasó?…”  Las preguntas pueden ser apropiadas, siempre y cuando no se someta a la persona a un interrogatorio. El obtener nosotros  la información, a toda costa, no es lo más importante, sino saber cómo se siente la persona.

Explicar: “Habría venido, pero…”, “lo que a ti te pasa es…”. Justificaciones y explicaciones sobre el problema no son empatía.

Corregir: “Esto no ocurrió así…”, “estás equivocándote…”. A veces sí ayuda confrontar a la persona con la visión que tiene sobre el problema porque no lo está viendo con toda claridad. No obstante, corregir de una manera brusca puede despertar el sentimiento de rebeldía mencionado anteriormente. La confrontación se puede llevar a cabo cuando la persona haya pasado ese “shock” inicial.

¿Y tú?

¿Te ves en alguna de ellas?

Algunas pinceladas para poder empatizar en una conversación son:

-Entiendo que…

-Comprendo cómo puedes sentirte…

-Lo que te pasa en muy desagradable pero creo que puede tener solución…

-Me hago cargo…

-La verdad es que me pongo en tu lugar y debe ser complicado…

-Entonces lo que quieres decir es que…

-Por lo que me has dicho esto sucedió de tal forma…

-Si no me equivoco lo que te preocupa es…

-Por lo que he escuchado lo que te hace sufrir es…

-Estoy a tu lado…

-Estoy aquí si me necesitas…

-Etc., etc…

 

 

 

 

Audio

¿Sabes escuchar?

Muchos de nosotros solemos quejarnos a veces porque no nos sentimos escuchados, decimos que la gente no sabe escuchar, que te lanzan un tremendo monólogo, que no tienen interés en lo que decimos, que su lenguaje corporal da la sensación de que está en otras cosas (no me miras, no me atiendes…).

Es cierto que existen personas que escuchan lo que otro les dice, pero en realidad no están prestando la suficiente atención, hacen que escuchan o están esperando a que el otro acabe para lanzar su discurso.

Otras personas tardan un tiempo exagerado en contar algo nimio o no, sin dar al otro la oportunidad de explicarse. Otros emplean el monólogo.

Otras interrumpen.

Otras se centran en ellos mismos y parecen no mostrar interés por lo que el otro relata.

Y un largo etcétera…

Vamos a comentar qué patrones incorrectos se pueden dar durante un tiempo de escucha. Evidentemente, una persona no se comporta únicamente según un patrón puro sino que tendrá varios comportamientos acordes a la situación en la que se encuentre, pero tenderá con seguridad hacia uno en concreto:

  • El simulador: no se centra en la persona que habla, su mente está en otra parte a pesar de dar señales externas de que está atento: asiente con la cabeza, establece contacto visual y en ocasiones murmura “ajá”.
  • El interruptor: no permite que la persona que está hablando termine de hacerlo; no le hace ninguna pregunta para clarificar ni solicita ningún tipo de información adicional. Está demasiado ansioso de hablar. Muestra muy poco interés por la otra persona.
  • El interpretador: esta persona intenta de manera precipitada interpretar todo lo que otra persona dice y por qué lo dice. Juzga las palabras de su interlocutor o intenta acoplarlas a su propia lógica, sin tener suficientes elementos de juicio para ello. Suelen utilizar expresiones como: « Tú lo que sientes es….».
  • El aprovechado: utiliza las palabras de su interlocutor únicamente como un medio para transmitir su propio mensaje. Cuando la persona dice algo, el aprovechado se apropia del enfoque y lo modifica en la dirección de su propio punto de vista, su opinión, su historia o sus hechos. Sus expresiones favoritas son: “Bueno, eso no es nada en comparación con lo que me pasó a mí…”; “Yo recuerdo cuando yo era…”
  • El discutidor: esta persona sólo escucha el tiempo necesario para refutar lo dicho. Su objetivo es utilizar las palabras de su interlocutor en su contra. En el peor de los casos, lo discute todo y desea demostrar que el otro está equivocado. Como mínimo, intenta siempre que su interlocutor reconozca su punto de vista.
  • El consejero: ofrecer consejos es, en algunas ocasiones, positivo; sin embargo, en otras, este comportamiento interfiere con la capacidad de escucha, ya que no permite que la persona que está hablando exprese totalmente sus sentimientos o ideas; no contribuye a resolver los problemas, impide airearlos; también puede ser humillante para la persona que habla, ya que resta importancia a su preocupación al ofrecerle una solución rápida.

¿Qué es escuchar correctamente?

A esta habilidad se le llama escucha activa o escucha atenta, que implica oír al otro con total apertura, conectar con lo que está sintiendo, de manera que el interlocutor sienta que puede expresarse sin miedo a ser juzgado, aún cuando el oyente no esté de acuerdo con lo que dice. Las personas que saben escuchar activamente suelen establecer buenas relaciones y suelen resolver de una forma positiva los problemas.

En la escucha activa se pueden distinguir conductas observables y no observables.

Las observables está referida a las señales que emite el que está recibiendo el mensaje y que indican conexión emocional con el otro, como por ejemplo:

-asentir

-preguntar

-establecer el contacto corporal cuando corresponda.

-establecer contacto visual cuando corresponda.

Lo no observable se refiere al pensamiento del que está escuchando (relacionado también con los patrones anteriores, con juzgar, con pensar algo acerca del otro, con estar absorto en otras cosas, etc.).

Leído este post, ¿crees que escuchas de una manera correcta?

¿Crees que los patrones anteriores terminan por crear rechazo en los demás?

 

 

 *libro: EDUCAR LAS EMOCIONES

©Mireya Vivas, Domingo Gallego y Belkis González

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Minientrada

Pequeña historia sobre la asertividad

«Cuenta el columnista Sydney Harris que, en cierta ocasión, acompañaba a comprar el
periódico a un amigo suyo, quien saludó con cortesía al dueño del quiosco. Éste le respondió con brusquedad y desconsideración. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana. Cuando los amigos reemprendieron el camino, el columnista le preguntó:

– ¿Te trata siempre con tanta descortesía?
– Sí, por desgracia.
– ¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
– Sí, así es.
– ¿Y por qué eres tan amable cuando él es tan antipático contigo?
– Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es un actor de su propia vida, no un re-actor ante lo que dicen o hacen los demás. Actúa por sus propias convicciones, no por reacción a como actúan con él los demás».

**Libro recomendado: Educar las emociones. man-81833_640

Pinceladas básicas para lograr una buena comunicación

No siempre tenemos tiempo de leer enormes textos o artículos para conseguir cosas importantes: bienestar psicológico, realce de la autoestima, una buena comunicación, etc.

En este caso, de forma muy breve, voy a dejaros una serie de pinceladas básicas para conseguir una buena comunicación con otras personas.

Es bueno, como en muchos de los ejercicios que propongo, llevar una tarjeta con estas pautas escritas, sobre todo cuando tenemos que afrontar una situación en la que es importante conseguir una comunicación adecuada y, además, tenemos un objetivo concreto (lograr defender un derecho, tratar con clientes, aclarar una duda o una situación con otra persona, etc.).

Sin más dilación, ¿cuáles son esas pautas?

-Utilizar el nombre de las personas cuando nos dirigimos a ellas es un hecho que facilita la atención. Que nos llamen por nuestro nombre capta nuestra atención de inmediato.

-Cuando tengamos que realizar una crítica, es mejor empezar expresando aspectos positivos: “entiendo tu postura y es aceptable pero…”, etc.

-Una regla muy importante es no utilizar malos modos o agresividad. Si estamos demasiado enfadados en ese momento como para no perder los papeles, es mejor posponer la conversación para más tarde.

-Tampoco debemos usar palabras tremendistas o totalizadoras: todo, nada, siempre, nunca, jamás, catástrofe, desastre, horrible, horroroso, insoportable, etc. Estas palabras dan lugar a emociones negativas tanto en los demás como en nosotros mismos.

-Preguntar mucho y obtener información, antes de opinar o juzgar. Si queremos dar pie a que la persona se explique debemos utilizar preguntas abiertas: “¿Qué te pasó el otro día cuando te fuiste enfadado?”. Por el contrario, utilizar preguntas cerradas que se puedan responder con sí o no, cuando deseemos obtener una información muy concreta: “¿A día de hoy continúas molesto conmigo?”.

Como podemos observar, son directrices muy sencillas, que habría que ampliar en algunos casos particulares que puedan ser fuente de conflicto (hemos visto entradas anteriores relacionadas con la comunicación y un experto nos puede ampliar esa información). No obstante, pueden darnos una idea rápida para afrontar situaciones interpersonales.

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