¿Crees que tienes alguna obsesión?

Es común que a la consulta del psicólogo llegue de vez en cuando un paciente que se queja de sufrir algún tipo de obsesión. Pueden aparecer aisladamente o ir acompañadas de una conducta externa o encubierta, como sucede en el  TOC, cuyo fin es contrarrestar el pensamiento. Pueden aparecer como un solo pensamiento repetitivo. O puede no ser una obsesión sino una rumiación de pensamientos (lo que solemos llamar “darle vueltas a la cabeza”), que es muy frecuente cuando tenemos un problema sin resolver y en la depresión.

¿Pero cómo reconocer una obsesión patológica? ¿Cómo diferenciarla de la rumiación o de una preocupación? Para explicarlo, he adaptado las características que propone Clark (2004):

-Es intrusiva. Se presenta en forma de pensamiento, imagen o impulso que entra en la conciencia de la persona de forma no deseada ni intencionada.

-Es inaceptable. La intrusión viene asociada a una emoción negativa, que puede ir desde una sensación desagradable hasta un miedo y una ansiedad muy severos.

-Viene acompañada de una resistencia subjetiva; es decir, la persona siente una fuerte necesidad de resistirse, reprimir, expulsar o impedir la obsesión y que ésta vaya a más. Para ello, puede emplear la evitación, la distracción, u otras estrategias de control cognitivo, o los rituales externos.

-Se percibe una falta de control. La persona tiene la sensación subjetiva de no poder manejar los contenidos de la mente y se intenta suprimir la obsesión, lo cual no soluciona el problema: el éxito es temporal y parcial. La obsesión suele volver en un espacio de tiempo determinado.

-Ego-distonicidad: la intrusión puede ser un contenido absurdo, sin sentido, sin asociación con uno mismo pero también pueden ser ideas, imágenes o impulsos que suponen una seria amenaza para los valores fundamentales de la persona y su imagen. Al hilo de lo anterior, en consulta es relativamente frecuente encontrarse con casos de obsesiones totalmente egodistónicas, por ejemplo:

– Mujer que valora mucho la fidelidad y el estar en pareja y que tiene la obsesión de que  no quiere a su novio y que está por estar o podría estar con otro (la obsesión cumple con las características anteriores).

– Madre joven que tiene la obsesión de poder hacer daño a su hijo pequeño y le vienen imágenes aterradoras a la mente de formas en las que ella podría dañar a su hijo.

– Hombre heterosexual que valora mucho su imagen como tal y que se obsesiona con la idea de ser homosexual o con que le puede gustar otro hombre.

En el tratamiento de estas obsesiones u otras, según mi experiencia, el paciente avanza algo sólo con mencionarle que esto le pasa a más gente, que no es un bicho raro, ni malvado, ni se está volviendo loco.  Educarle sobre cómo funciona la mente y las características de las obsesiones suele relajarles bastante, así como explicarles cómo funciona el mecanismo de  las obsesiones. Imagínense una madre que piensa que puede hacer daño a su hijo, lo preocupada y atemorizada que puede llegar a consulta; sólo el hecho de “normalizar” el contenido supone una parte de la recuperación. Es un pensamiento, no una realidad. Por otro lado, en el tratamiento de las obsesiones empleo, entre otras técnicas, la Defusión Cognitiva (ver, a modo de ejemplo, en https://rosaliamv.wordpress.com/2016/01/24/como-me-desengancho-de-ese-pensamiento/).

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Formas en las que tu mente contribuye a tu malestar emocional

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El título de este post es ya bastante claro; ya sabes que tu mente suele crear malestar emocional mediante distintos mecanismos y a través de los pensamientos en forma de lenguaje verbal o imágenes. Simplemente te pido que detectes estos mecanismos si te pillas a ti mismo haciendo algo de esto. El simple hecho de detectarlos marcará una diferencia:

-Estás juzgando una emoción como “buena” o “mala”. Esto ya predispone a luchar en contra de tus sentimientos. Detéctalo y di “esto es un juicio”, “estoy juzgando”.

-Preguntarte “¿por qué me siento así?”. Esto nos invita a buscar una causa pero no nos ayuda a mejorar nuestra vida. Date cuenta.

-“¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Una vez más, esto no te sirve de ayuda para poder mejorar, al contrario. Pensar en estos términos te sirve para echarte la culpa de todo, o victimizarte, o tratar de averiguar por qué el universo intentó castigarte. Acabarás sintiendo que no vales nada o que eres malo, inútil, incompetente… Valora esto.

-“¿Por qué soy así?”. Esta es otra cosa que no te ayuda en lo más mínimo. Puedes buscar en tu historia las razones de ser como eres. Puede crear sentimientos de ira, resentimiento o incluso culpabilizar a tus propios padres.  Pregúntate: ¿merece la pena?

-“¿Qué me pasa?”. Esta es una pregunta para que consideres tus faltas, defectos e imperfecciones pero no es útil para nada más.

-“¡No puedo manejarlo!”. O “no lo soporto”, “no puedo con ello”, “no lo aguanto más”. Tu mente te está intentando convencer de lo débil que eres o que algo malo te va a suceder si sigues así. ¿Crees que merece la pena prestar atención a esto?

-“No debería sentirme así”. En este caso, tu mente se pone a discutir con la realidad y te dice que esto no tiene porqué ser así o que quiere una determinada realidad. ¿Por qué no aceptar el sentimiento y dejarlo pasar naturalmente? No hay mal que cien años dure.

-“Ojalá no me sintiera así”. U “ojalá tuviera más confianza en mí mismo” o “ojalá no me sintiera tan angustiado”. La mente se entretiene en imaginar todo lo que hubiera sido mejor en nuestra vida si nos hubiésemos sentido de otro modo, lo cual no es posible.

**Lectura recomendada: La Trampa de la Felicidad.

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¿Cómo me “desengancho” de ese pensamiento?

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Trae a tu mente un pensamiento negativo sobre ti mismo y que te molesta cuando se presenta, por ejemplo, “no podré hacerlo” o “soy un inútil”. Retenlo en tu mente y créetelo lo máximo que puedas durante 10 segundos. Observa cómo te afecta.

Imagina ese mismo pensamiento; cántalo mentalmente (o en voz alta) con la melodía de “cumpleaños feliz”. Ahora regresa al pensamiento tal y como era es su origen. Retenlo en tu mente y créetelo lo máximo que puedas. Observa qué efecto se produce.

Coge ese mismo pensamiento y cántalo mentalmente con la melodía de “Jingle Bells”. Observa qué sucede.

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Desde la terapia de ACT, se utiliza este método y otros para lograr un efecto de de-fusión cognitiva. Seguramente, ya no te tomas ese pensamiento tan en serio.

Sin embargo:

-No has tratado de cuestionar ese pensamiento.

-No has tratado de desembarazarte de él.

-No te has preguntado si era verdadero o falso.

-No has intentado sustituirlo por un pensamiento positivo.

¿Qué ha pasado? Que te has de-fusionado de ese pensamiento, has salido de ese estado de fusión que sufrías con anterioridad. Te has dado cuenta de que son simples palabras, sin más…

**Ejercicio basado en el propuesto en el libro “La Trampa De La Felicidad” de Russ Harris.

Metáfora del Saloon del Oeste

Cuando surge un pensamiento malo o desagradable o que nos causa miedo, tendemos a discutirlo sacando pensamientos buenos y alternativos para contrarrestarle y echarle de nuestra cabeza, y establecemos una lucha de los pensamientos buenos contra los malos con toda nuestra energía. Convertimos de esta forma nuestra cabeza en un saloon del oeste en el que entra el equipo de matones de turno que busca pelea y se ponen a lanzar bravatas y amenazas. Todo el mundo se asusta y se esconde, pero llega el bueno y se enfrenta a él. Comienza la pelea. Aparentemente se hacen daño, pero en realidad no mucho, se recuperan rápidamente. Además, cuando uno de los contendientes parece vencido, reacciona con renovadas fuerzas o llega otro de su equipo y continúa la lucha. En los pensamientos hay un equipo de matones, que está diciendo lo terrible que te va a pasar si no les haces caso, el equipo bueno son los pensamientos que discuten con él y salen a callar a los malos. Normalmente nos identificamos con el equipo bueno, que es quien nos va a salvar, pero también somos el equipo malo, que genera los pensamientos amenazantes. Pero en realidad somos el saloon en el que se está dando la pelea y que acaba totalmente destrozado. La verdad es que los luchadores no se hacen daño entre ellos, para ellos es el juego del fin de semana en el que queman energías y cuando se van, si se van, el saloon hay que remozarlo enteramente. Pero ¿qué hacemos si no sacamos al equipo bueno? El equipo malo estará en el saloon, le darán por ganador, y dejará nuestro orgullo herido y nuestro honor por los suelos y pasaremos un muy mal rato; pero realmente, al no tener con quien luchar, se tendrá que ir. Antes fanfarroneará y tendremos que escuchar todas sus amenazas y fantasías y sus retos para que salga el equipo bueno; pero si este no sale, se aburrirá y se irá a buscar pelea a otro sitio y cuando desaparezca el saloon no habrá recibido ningún golpe importante, aunque haya estado en un peligro real. La lucha y el intento de control de los pensamientos asociados a la ansiedad producen la reacción paradójica de aumentar su probabilidad, de forma que cuanto más queremos echarlos más aparecen; cuando no queremos pensar en ellos, ahí están; cuando decimos “¡qué bien! hace dos horas que no pienso en ello”, el pensamiento se hace presente (Wegner, 1994, ver también Wenzlaff, 2000).

**Terapia ACT.

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Claves para superar y afrontar un despido

Un despido afecta a la vida personal y emocional. Si el despido se demora en el tiempo (hay amenaza de despido o va a suceder pero seguimos trabajando), esa espera por parte del trabajador juega en su contra. Aunque pudiera parecer contraproducente es conveniente que el trabajador cierre un acuerdo con la empresa lo antes posible, evitando que entren en juego sus sentimientos y frustraciones. Algunas empresas no son claras en este sentido y juegan con ese tiempo de espera que daña a nivel psicológico al empleado. Debemos exigir esa información a la empresa y hacernos escuchar teniendo, en principio, el foco en querer continuar en ella. Si no hay otra posibilidad que el despido, lo mejor es protegerse y dirigirnos hacia la búsqueda de un nuevo puesto de trabajo, tratando de mantener ciertos lazos con compañeros cercanos y fijar una despedida con ellos (un “borrón y cuenta nueva” poder iniciar nuestro “duelo”).

Las empresas no siempre tomarán las decisiones más apropiadas para su continuidad  ni para sus trabajadores. Los jefes y directivos no recurren al asesoramiento especializado o no lo tienen y no suelen estar preparados para afrontar situaciones de alta tensión como estas o de tanta carga emocional.  Los errores siempre se achacarán a la crisis.

Ante una situación de despido, acepta tus sentimientos y emociones: es probable que aparezca tristeza, rabia, sensación de injusticia, ira, etc. Todas esas emociones al principio serán completamente normales. Es normal que tengas miedo e incertidumbre hacia lo desconocido y debemos tomarnos un pequeño lapso de tiempo para aceptar la situación, rodeándonos de nuestros seres queridos. Por otro lado, aunque tratemos el tema, debemos evitar hablar constantemente del despido, ya que esto no nos hará bien.

Lo interesante es actuar después de ese lapso y no caer en otros estados emocionales que pueden aparecen después: apatía, desmotivación, estado de ánimo depresivo, desgana, sentimientos de poca valía personal, pensamientos catastrofistas, etc. Esto es más dañino que las emociones que aparecen en los primeros momentos, ya que conllevan falta de esperanza y baja autoestima. Si nos vemos desbordados lo mejor es consultar con un especialista que nos ayude con ese estado negativo y nos oriente vitalmente.

Hay que darse cuenta de que la vida nos ha planteado un reto y que debemos hacer un esfuerzo muy intenso para poder conseguir empleo y planificar esa búsqueda. Puede ser que desees formarte en algún ámbito profesional, en ese sentido, lo conveniente es buscar esos recursos que te van a permitir esa formación. Encontrar trabajo es una tarea que requiere mucha dedicación e insistencia y NO es una cuestión de suerte,  SÍ un reto vital.

Piensa cuál es tu trabajo ideal, piensa sólo en aquellos que te gustaría hacer y no en lo que a los otros les gustaría que hicieras. No renuncies a tu vocación. Enfócate hacia ella. Haz una lista con esos posibles trabajos que te gustaría desempeñar, que te podrían hacer más feliz. Una vez hecha esa lista, sí puedes pedir una opinión a personas muy allegadas, sin que esa opinión sea la definitiva, ya que la decisión es sólo tuya. Piensa que va a ser duro pero lo puedes conseguir, céntrate en aquellas personas que han tenido éxito, evita las opiniones catastrofistas de los medios de comunicación o las muy negativas de algunos amigos y familiares.

Hay que buscar empresas del sector elegido, información sobre ellas y contactos con los que podríamos hablar. Es conveniente elaborar una lista de estas empresas (anotar) y, en ese sentido, Internet es una buena herramienta para conseguirlo. Piensa qué cosas puedes aportar para ayudar a la empresa que te gustaría que te contratara, sin olvidarnos de que el objetivo es la felicidad personal.

En este punto, es conveniente que busques, si es necesaria, la ayuda de un profesional o amigo para  modificar el curriculum y las cartas de presentación (o hacerlo tú mismo) y trabajar el acercamiento a las web de empleo, los recursos, las fuentes de trabajo, las bolsas de empleo, etc., en definitiva, la aproximación a las empresas o al sector elegido. Existen páginas, organismos o empresas que te pueden ayudar con ello.

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¿Has oído hablar de la Alexitimia?

La alexitimia es ausencia de palabras para expresar las propias emociones y la dificultad cognitiva para procesar esas emociones. Podemos diferenciar, la alexitimia primaria (entendida como un rasgo relativamente estable de personalidad) y secundaria (estado emocional transitorio de carácter reactivo). La primaria es una dimensión de la personalidad, un rasgo, forma parte del carácter de la persona, seguramente existirá desde niño. La alexitimia secundaria es una respuesta reactiva al efecto de emociones desagradables: una reacción ante una situación estresante o traumática sobre la que la persona no tiene el control (enfermedad, suceso traumático) y en la que la alexitimia se considera una reacción defensiva ante esa emoción negativa que no se puede controlar ni manejar.

Las personas con altos niveles de alexitimia muestran una alteración caracterizada por:

-Dificultad para identificar sentimientos y diferenciarlos de las sensaciones fisiológicas que acompaña a ese sentimiento o emoción.

– Déficit marcado en identificar y describir con palabras los propios sentimientos

-Dificultad para describir sentimientos a los otros.

-Limitación de los procesos simbólicos, expresada a través de una reducida capacidad de fantasía, pobreza en la vida mental y en la imaginación, rememoración y en el manejo simbólico de las emociones y afectos

-Patrón de pensamiento orientado a lo externo, preocupado por los detalles y acontecimientos externos.

La alexitimia es considerada uno de los mecanismos explicativos de muchas alteraciones psicosomáticas y de la alimentación (asma, anorexia o bulimia, hipertensión, colon irritable, cefaleas), conductas compulsivas, consumo de sustancias, irritabilidad, etc. Asimismo, es un patrón que correlaciona con el rasgo de personalidad conocido como “neuroticismo” (tendencia a los altibajos emocionales), así como, con la ocurrencia de ansiedad y depresión. No sólo eso, existen autores que se señalan que la alexitimia está relacionada con la baja empatía, comportamientos impulsivos, falta de respuesta adaptativa al estrés, establecimiento de relaciones sociales estereotipadas, bien de dependencia o bien de aislamiento.

Por todo ello, es muy conveniente siempre valorar e intervenir en este rasgo o reacción en consulta, ya que puede estar relacionado con diferentes problemas o trastornos. Personalmente, he encontrado “rasgos alexitímicos” en pacientes de anorexia, en algunas madres o familias de esas pacientes anoréxicas, en pacientes bulímicas, en niños con comportamiento muy inadecuado, en rupturas de pareja cuando uno de los dos muestra rasgos de este tipo, en problemas relacionales o sociales o en personas que han sufrido un hecho traumático.

Algunas curiosidades: la cultura oriental (China, Japón) favorece la alexitimia frente a la cultura occidental (EE.UU, Europa) (Páez y Casullo, 2000); los hombres educados en modelos tradicionales sexistas son mas alexitímicos que las mujeres (Fischer y Good, 1997); y según algunos autores (Espina, Ortego, Ochoa y Alemán, 2001), los hijos de padres alexitímicos que sobrevaloran la alexitimia muestran una personalidad más acentuada en este rasgo que hijos de familias donde el control emocional no se valora tanto.

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Cita

Un libro recomendado: Psicotrampas

Esta entrada es la número 100 de mi blog, casi un año desde que empecé con él, ya que las primeras entradas son de marzo de 2014!!

En ella voy a comentar un libro que puede considerarse de divulgación o de autoayuda y que me he leído últimamente.

Se llama Psicotrampas de G. Nardone y básicamente trata de detectar las trampas psicológicas que nos planteamos nosotros mismos y nos hacen la vida más difícil y problemática.

En el libro propone siete psicotrampas referidas al pensamiento (formas de pensar) y ocho referidas a la acción (forma de comportarse). Suelen ser errores que cometemos de forma frecuente o cíclica y que no nos hacen bien ni nos permiten avanzar o evolucionar.

Las psicotrampas de pensamiento, según el autor,  son las siguientes:

-El engaño de las expectativas: la tendencia y el error a atribuir a los demás nuestras mismas percepciones y convicciones y esperar de ellos nuestras mismas acciones y reacciones. El comprobar que esto no se da en el mundo real conlleva desilusiones, decepciones, estados depresivos, rabia, descontrol…

-La ilusión del conocimiento definitivo: creer que puedo conocer definitivamente la realidad. Ni el mundo científico puede conocerse en su totalidad y mucho menos, los problemas de tipo emocional o social pueden explicarse totalmente a través de la lógica.

-El mito del razonamiento perfecto: relacionado con lo anterior, hay personas que creen que pueden afrontar todos los problemas y dificultades de la vida a través de un razonamiento lógico y racional. Cuando esto se aplica de una forma rígida pasa a ser disfuncional.

-Lo siento, luego existe:”lo siento así, luego es así”, “tengo esa intuición”, atribuimos  a alguien o algo ciertas propiedades percibidas sin pruebas tangibles, basándonos únicamente en nuestras sensaciones. Aquí entraría también el efecto de la “profecía autocumplida” (vemos todo lo que confirma nuestras hipótesis y rechazamos lo que las desmienten, con lo cual, lo que habíamos predicho parece que se cumple).

-Piensa en positivo: el autor indica que hacer uso de esta “técnica” en exceso puede provocar profundos desengaños o estado de ánimo deprimido. Altas expectativas pueden conllevar posibilidad de alta desilusión. Es una especie de autoengaño de forma voluntaria que no siempre funciona.

-Coherencia a toda costa: se trata de ese principio de coherencia con nuestras convicciones que no nos permite cambiar de opinión, de ideas o de valores. Esto ha sido causa de muchos conflictos y guerras entre grupos humanos. La coherencia con nuestras ideas es importante, pero sin caer en el extremismo, la radicalidad o la falta de adaptación a los cambios.

-Sobrevalorar e infravalorar: sobrevaloramos a las personas cercanas e infravaloramos a quien no nos gusta y a quien rechazamos. A veces, en la misma o parecida situación, tenemos dos varas de medir según la relación que tengamos con la persona en cuestión. Como ejemplo podemos señalar un padre que defiende a un hijo a pesar de haber cometido una atrocidad, un hincha de un equipo de futbol, la valoración que hacemos de un amigo que ha conseguido trabajo, frente a otra persona que no soportamos en la misma situación.

Vamos ahora a señalar las ocho psicotrampas más relacionadas con la acción:

-Insistir:  insistir en una acción hasta la exageración o insistir en aplicar una modalidad de acción incluso cuando no funciona, por ejemplo, agobiar a la pareja con una demostración constante de amor, insistir en comportamientos en el trabajo porque creemos que no hemos sido lo suficientemente perseverantes, etc. El hombre tiende a resistirse al cambio para mantener su equilibrio natural pero también podemos modificar estas conductas disfuncionales y cambiarlas por otras más funcionales.

-Renunciar y rendirse: está también relacionada con la anterior, se trata de insistir y perseverar en la dirección de la renuncia y abandonar ante la primera dificultad. Desconfiamos de nuestras capacidades o nos dejamos llevar por la pereza, de esta forma nuestra presunta incapacidad se hace real.

-La manía del control: es el mito del control sobre todas las cosas, la tendencia a tenerlo todo bajo control. Aunque a priori el control es positivo para el hombre y conlleva actitud positiva, es negativo cuando tratamos de controlar lo incontrolable o lo llevamos al extremo (controlar a otra persona, una respuesta fisiológica, como el sonrojarse). En estos casos, el intento de control conduce a la pérdida de control, de lo cual es un ejemplo extremo el TOC.

-La evitación: se trata de evitar las situaciones potencialmente arriesgadas, lo cual nos hace sentirnos seguros pero, por otro lado, confirma nuestra incapacidad de afrontar y superar esas dificultades.

-El aplazamiento: es una acción en la que no renuncio ni evito, pero postergo la acción para el futuro; cuando ya no nos queda otra que enfrentarnos a determinadas situaciones nos damos cuenta de que nos estábamos autoengañando y nos enfrentamos al drama de tener que hacer esos que aplazamos.

-La ayuda que daña: aunque la ayuda es una acción positiva, alejar cualquier obstáculo posible de una persona a la que queremos hace que desarrolle una falta de confianza en sus propios recursos personales. Por el contrario, es bueno pedir ayuda cuando se necesita, pero no pretender que alguien nos sustituya, ya que eso confirma nuestra incapacidad.

-Defenderse de forma preventiva: desconfiar hasta el punto de defendernos  como precaución para poder resguardarnos de grandes desilusiones por parte de los demás. Esto también crea desconfianza y antipatía en nuestro interlocutor, dando lugar a relaciones basadas, tanto en la citada desconfianza, como en posiciones defensivas.

-Socializarlo todo: existe la convicción social de que abrirse y hablar de nuestras dificultades y problemas siempre viene bien, pero esto no siempre es así, ya que hablar a toda costa está contraindicado, como sucede con personas que hablan constantemente de sí mismas, personas que tratan de imponernos sus argumentos simplemente para convencerse a sí mismos o personas que descargan sobre nosotros su papel de víctima de forma muy frecuente. En el caso de los miedos patológicos, fobias u obsesiones es incluso hasta contraproducente intentar compartir todo ese contenido. Asimismo, un ejemplo también claro es el de estas personas a toda costa sinceras o que cuentan relaciones anteriores a su pareja con todo lujo de detalles y la duda que siembran en el otro miembro.

¿Y tú? ¿Has caído en alguna de estas psicotrampas?

Controlar impulsos dañinos en 7 pasos

 

A veces actuamos de un modo muy impulsivo y destructivo, deseamos castigar a otros cuando estamos encolerizados, o castigarnos a nosotros mismos cuando nos sentimos furiosos, tomamos decisiones muy precipitadas y negativas, en algunos casos, contestamos mal sin pensar, discutimos y, en casos graves, como los de los pacientes con Trastorno Límite de la Personalidad, la impulsividad puede dar lugar a un intento de suicidio o una autolesión.

Este es el esquema que propongo para el control de impulsos:

  1. Primera consideración: no debemos tomar el controlar respuestas impulsivas como una imposición, ni personal ni externa (que venga de otros). Si el control del impulso nos suena a imposición, no lo haremos, ni lo controlaremos, porque nos sonará a orden autoritaria y nos rebelaremos contra ella. Tenemos la libertad de controlar el impulso o no, y hemos tomado la decisión de actuar sobre esa respuesta que nos causa problemas.
  2. Identifica esa respuesta impulsiva antes de nada, antes de la aparición de cualquier acción o de la situación problemática. Por ejemplo: “contestar muy agresivamente a mi pareja cuando se inicia una discusión”. Observa tu cuerpo, tus emociones, ¿cómo te sientes?, ¿tu cuerpo se tensa?, ¿qué cosas suelo decir?, ¿cómo es mi respiración?, ¿qué pienso?, ¿soy capaz de razonar en esta situación?, etc.
  3. Observa si tu pensamiento es dicótomico (“todo me sale mal”, “siempre estamos igual”, “soy un desgraciado porque no sé hacer nada bien”, “siempre me está atacando”. ¿Es todo-nada, siempre-nunca, etc.? Si detectas este tipo de pensamiento y tratas de darte cuenta y evitarlo, también podrás mejorar y reducir tus alteraciones y cambios de humor. Asimismo, es conveniente ser crítico y cuestionar nuestros pensamientos, sin tomarlos como un dogma o como una verdad absoluta.
  4. Explora las ventajas y desventajas de controlar o no ese impulso: ¿quién se lleva el disgusto?, ¿yo o ella?, ¿los dos? ¿me compensa amargarme la tarde o el fin de semana?, ¿es terrible lo que me ha dicho?, si me controlo ¿obtendré mayores beneficios?, ¿gano algo con esta respuesta?, ¿puedo ganar algo si actúo más tranquilamente? ¿esto me pasa factura?
  5. Pensar qué alternativas tengo: Hablar con ella, tratar este tema en otro momento porque estoy nervioso, hablar sin contestar, tratar de hablar cuando no esté furioso, dárselo en una carta, pedir un consejo a un amigo, consultar con mi terapeuta, estar solo en una habitación durante un rato, etc.
  6. Seleccionar sin miedo la alternativa que sea más favorable para mí y para la situación, y también la que sea más viable: “me iré de la habitación porque estoy enfadado y lo hablaré más tarde” (avisando a la otra persona de nuestra decisión).
  7. Poner en práctica las respuestas elegidas. Es conveniente, primero, practicarlas en soledad, o en la consulta del psicólogo o con la ayuda de un amigo (prepararse y entrenarse). Una vez analizada en una situación de entrenamiento la llevaremos a la práctica. Un ejemplo de experimento conductual sería: “llevar a la práctica el hecho de irme a una habitación solo cuando noto que puedo empezar a ponerme furioso”. El psicólogo o un amigo puede hacer el papel de nuestra pareja y decirnos las cosas que ella suele decirnos y que incrementan nuestra emoción, de esta forma, salgo de la situación (me voy a otra habitación) y percibo cómo me siento. También puedo imaginarme que todo esto sucede y cómo actúo yo, notando cómo me siento, cómo se va incrementando la emoción, cómo me meto en la habitación, cómo noto que así se reduce el impulso. Finalmente, me agradezco y me felicito por haber sido capaz de controlarme. Una vez ensayado todo esto, lo pongo en práctica en una situación real.

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Cuando yo era niño…

Hoy os propongo un ejercicio para poder conoceros un poco mejor y saber cómo fue nuestra infancia, qué es lo que recordamos, qué es lo que nos han contado y qué sentido le damos a esos aspectos en nuestra vida actual. Completar estas frases incompletas nos proporcionará un mejor conocimiento de nosotros mismos y recordar momentos felices e infelices. Si decidimos acudir a un terapeuta, también le proporcionará una información importante para entender vuestro mundo interior, aunque trabajará con vuestros problemas actuales. Os invito a la reflexión:

-Completa cada una de las siguientes oraciones y hazlo tan deprisa como sea posible:

  • Cuando tenía cinco años…
  • Cuando tenía diez años…
  • Cuando yo era pequeño, el mundo era…
  • Cuando yo era pequeño, mi cuerpo era…
  • Cuando yo era pequeño, la gente era…
  • Cuando me sentía solo, yo…
  • Cuando me sentía  entusiasmado, yo…
  • Cuando yo era pequeño, la vida me parecía…
  • Si el niño que hay dentro de mí pudiera hablar, diría…
  • Una de las cosas por las que tuve que pasar de niño para sobrevivir fue…
  • Una de las maneras en que trato a mi yo infantil como lo hacia mi madre es…
  • Una de las maneras en que trato a mi yo infantil como lo hacia mi padre es…
  • Cuando mi niño interior siente que no le hago caso…
  • Cuando mi niño interior siente que lo critico…
  • Una de las maneras en que ese niño me crea problemas es…
  • Creo que yo actúo como mi yo infantil cuando…
  • A veces, lo difícil de aceptar de lleno a ese niño interior es…
  • Sería más amable con mi niño interior si yo…
  • Si escuchara las cosas que ese niño necesita decirme…
  • Si acepto plenamente al niño como un aspecto valioso de mí mismo…

¿Os ha ayudado? ¿Sacáis alguna conclusión?

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 Extraído I. Pinillos

La Docena Sucia

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Esta entrada guarda relación con una anterior de este blog (Una manera diferente de pensar: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/07/una-manera-diferente-de-pensar/). Se refiere también a la existencia de pensamientos negativos, que no nos ayudan a funcionar adecuadamente sino que, más bien, nos limitan.

¿Qué pensamientos vamos a tratar en esta entrada? Aquellos pensamientos negativos que dan lugar a conductas, emociones y sentimientos limitantes y disfuncionales, pero referidos a la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos. La imagen corporal es una idea personal que, de estar distorsionada, produce sufrimiento y sentimiento de baja valía. Especial importancia tienen estos pensamientos en adolescentes, mujeres y, en los casos más extremos, en personas con un trastorno de la alimentación. En este sentido, hay un autor (Cash) que habla de la “docena sucia”, listando una serie de ERRORES DE PENSAMIENTO relacionados con nuestra imagen.

-La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.

-El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.

-La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.

-La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.

-La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.

-La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.

-El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.

-La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.

-Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.

-La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.

-Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.

-El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

¿¿Os sentís identificados con alguno?? ¿Habéis pensado alguna vez en estos términos?

Estos pensamientos y creencias están sacados de un fantástico libro diseñado para psicólogos (Raich, Rosa María -Ed. Pirámide– Imagen corporal, conocer y valorar el propio cuerpo) pero este tema concreto es lo suficientemente práctico como para exponerlo al público en general y a potenciales pacientes. En ocasiones estos pensamientos pueden suponer un verdadero problema y hay que consultar a un profesional, pero ¿CUÁNDO? Cuando la persona percibe que son preocupaciones obsesivas y excesivas, ocupan gran cantidad del tiempo diario, cuando le provocan malestar (sufrimiento, emociones y sentimientos negativos) e interfieren de forma significativa en sus actividades cotidianas. En estos caso, conviene pedir ayuda. 

Una manera diferente de pensar

Seguramente esta entrada, para un colega psicólogo, será sumamente sencilla (el ABC de la Psicología Cognitiva) pero, como mi intención es hacer llegar información psicológica a no expertos o a pacientes, considero necesario realizarla.

Todos y cada uno de nosotros tenemos una serie de creencias y pensamientos desadaptativos que no nos ayudan a seguir adelante,  que, ante una situación, nos paralizan o nos provocan una emoción negativa. Si yo pienso “soy un desastre en lo que emprendo”, realmente lo que hago es empeorar la situación y dañar mi autoestima y la percepción que tengo de mí mismo. Este último es un pensamiento concreto, pero el mensaje puede ser más general, al nivel de una creencia o esquema sobre el mundo, “todos los hombres son iguales”, “la vida es un camino de obstáculos” y, en efecto, estar convencido de la certeza de estas afirmaciones.

Hay una serie de generalidades, o de patrones similares de pensamiento con los que contamos la mayoría de nosotros en determinadas ocasiones. En unos predomina más un tipo u otro; son automáticos (nos salen repentinamente y sin elaboración previa por ser un hábito aprendido); son comunes en nuestra cultura y, seguramente, nos sentiremos muy identificados cuando los leamos. Se denominan Errores Cognitivos y nos producen sentimientos y emociones negativas, un mal estado de ánimo. Debemos cuestionarlos, ponerlos a prueba, probar su evidencia, tratar al menos de detectarlos para poder darnos cuenta de que se trata de una hipótesis personal, no una verdad absoluta, para poder contrarrestar su poder y ser más felices:

 

Inferencia arbitraria:

Consiste en extraer una conclusión cuando se carece de evidencia o cuando ésta es realmente contraria a la conclusión.

-Estoy hablando en público y pienso que lo estoy haciendo muy mal porque veo al fondo una persona que no me mira.

-El tener un hijo así es un castigo por mi mal comportamiento.

Ejemplo para cuestionar a nivel personal este error cognitivo, sugerido por esta autora (pueden existir otras muchas formas): ¿tengo realmente pruebas de que esto sucede por porque estoy haciendo un mal discurso, porque me comporté mal en el pasado…? ¿Qué pruebas objetivas tengo?

Sobregeneralización:

Consiste en extraer una regla general injustificada a partir de un único incidente o de hecho aislado.

-Pensar “nunca lo conseguiré” porque me hayan rechazado en una entrevista de trabajo.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿Qué evidencia tengo de que nunca lo conseguiré? ¿Puedo hacer algo al respecto para mejorar? ¿Puedo adivinar lo que va a pasar en el futuro?

Exageración:

Consiste en exagerar el significado o importancia de un acontecimiento o conducta. Se denomina “catastrofismo” y es común en algunos trastornos o episodios de ansiedad.

-Notar el corazón acelerado y pensar que me va a dar un infarto.

-Bloquearme durante una exposición y pensar “mi carrera ha acabado”.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿hay otras explicaciones posibles a lo que me está pasando? ¿Tengo pruebas para saber que esto sucederá así en el futuro? ¿Qué evidencia tengo de que esto pueda ser así?

Mininimización:

Consiste en subestimar las ejecuciones, logros o capacidades propias o de otros.

-Persona que logra ponerse menos nerviosa en una charla y piensa “aun así continúo nervioso, la gente no se preocupa por estas tonterías”.

-No valorar pequeños cambios positivos que hace la pareja porque se piensa en los objetivos finales.

Ejemplo para cuestionarlo: ¿puedo sacar alguna conclusión positiva de lo que yo hago, de lo que hace el otro…? ¿Es eficaz y me hace avanzar en la buena dirección este pensamiento?

Abstracción selectiva:

Consiste en no tomar en cuenta uno o más aspectos de una situación. La persona enfoca en ciertos detalles de un contexto, mientras hace caso omiso de otros detalles relevantes, porque no atiende a ellos, porque no los integra o porque no los utiliza.

-Persona deprimida que sólo atiende a sus experiencias negativas e ignora las positivas.

-Persona que atiende a sus fallos hablando en público, mientras que no se fija en sus progresos.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿es útil este modo de pensar? ¿Me sirve para mejorar y sentirme bien? ¿Estoy sobreestimando los aspectos negativos de esta situación? ¿Cuáles son los positivos?

Razonamiento dicotómico:

Consiste en evaluar una situación sin tener en cuenta los matices (bueno o malo, correcto o equivocado). No reconocemos un continuo, se evalúa en términos de todo o nada, o en un sistema de dos categorías antagónicas.

-Todo me sale mal.

-Si me critican es totalmente negativo para mí.

-Las cosas se hacen perfectas o no se hacen.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿me sirve para avanzar este razonamiento o me bloquea? ¿Tengo pruebas fehacientes de que esto sea así?  ¿Los términos absolutos que empleo son reales? ¿Realmente todo me sale mal? ¿Existen los términos medios? ¿Las cosas se pueden hacer de otra manera?

Personalización:

Consiste en pensar sin evidencia suficiente que ciertos sucesos están relacionados con uno mismo. La persona se atribuye hechos que no tienen conexión con ella.

-Pensar que se está riendo de mi cuando oigo unas risas al fondo.

-Pensar que voy a tener un infarto porque lo haya tenido un conocido.

Ejemplos para cuestionarlo: ¿tengo pruebas para saber si esto es así? ¿Pueden existir otras explicaciones para esta situación? ¿Tengo evidencias reales?

 

Evidentemente, todas estas cogniciones deben ser detectadas por el paciente, con la ayuda de un experto, y ser cuestionadas siguiendo el esquema que propondrá el mismo; lo que aquí ofrecemos son unas pautas para que el potencial paciente pueda ir detectando cómo pensamos a veces y el daño que nos podemos hacer con estos discursos tan negativos. Una vez detectados, deber cuestionarse o ponerse a prueba como si de una hipótesis se tratara, distanciarse del pensamiento, examinarlo de una manera más objetiva y tratar de llegar a otras interpretaciones posibles del hecho o de la situación. Como decimos, la mejor forma de hacerlo es mediante la guía de un psicólogo. La idea final, como ya se habrá adivinado, es tratar de llegar a darnos otras interpretaciones posibles del problema, no tan dañinas, que mejoren tanto nuestro estado de ánimo, como nuestra percepción sobre nosotros, los demás y el mundo en general.

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