Minientrada

Soluciones “lógicas” que NO resuelven un problema

pear-2010022_640

-Decirte a ti mismo o a alguien “¡contrólate! ¡Relájate!”. En muchos casos, sabemos que el nerviosismo escapa a nuestro control y es quizás más una actitud de aceptación de ese mismo nerviosismo la que nos ayuda ante una situación complicada.

-Decirte o decir “sé natural”, “sé espontáneo”. La naturalidad solo se adquiere con la práctica repetida: camino naturalmente porque lo he practicado muchas veces, conduzco con naturalidad por la práctica mantenida en el tiempo, hablo con naturalidad en público porque he practicado y me expongo con frecuencia…

-Aparenta lo que no eres para que te acepten. Tarde o temprano terminará saliendo nuestro verdadero yo… Lo positivo es perder ese miedo atroz a ser rechazado.

-Cumple las expectativas del otro. Perdemos nuestros propios intereses y abandonamos el camino personal que nos hemos fijado. Insisto, lo positivo es perder ese miedo atroz a ser rechazado.

-Piensa que este mundo es lógico, justo y que en él, todos tienen lo que se merecen. Esto, como sabemos, no es real y el pensar en estos términos nos puede hacer mucho daño. El mundo y las personas no responden a las leyes de la lógica, ni de la justicia ni del merecimiento.

-Piensa que los demás siempre tienen la culpa y que tú no tienes ninguna responsabilidad: actitud dañina ante la vida y sus acontecimientos.

-Espera siempre que los demás sean agradecidos y que se comporten como deseamos o como nos comportaríamos nosotros. Esto no nos trae nada más que quebraderos de cabeza y problemas con amistades o conocidos.

-Adquiere confianza, seguridad y autoestima pero no te enfrentes a tus miedos. El adquirir seguridad es muy positivo, siempre y cuando esa seguridad se logre enfrentándose a situaciones o personas temidas. La seguridad no es algo que nos cae del cielo, sino que se logra actuando ante circunstancias que nos producen miedo.

**Basado en “Entiende y Maneja tu Ansiedad”. J. A. García Higuera y J. García Ureña.

 

 

El Autoboicot

hurdle-576058_640

 

En ocasiones las personas nos autoboicoteamos; parece que rizamos el rizo o que somos muy complejos pero, a veces, nos dan miedo cosas que, a la vez, deseamos o que nos gustarían tener, y ponemos en marcha un boicot contra nosotros mismos. El autoboicot es la acción o acciones referidas a ponerse obstáculos a sí mismo que nos impiden cambiar algo a mejor, prosperar, conseguir algo. Está basado en el temor o en el miedo al cambio hacia mejor, a lo desconocido (para bien), a salir de nuestra zona de confort, a la toma de decisiones.

He conocido personas que se boicotean en el plano del ocio. Piensan algo parecido a “me encantaría salir hoy sábado a tomar algo pero me lo prohíbo a mi mismo porque mañana tengo que hacer muchas cosas”. En este sentido hay que diferenciarlo de una actitud de responsabilidad (acostarme a las 5 de la mañana si me tengo que levantar a las 7 para ir a trabajar). En el pensamiento que indico la persona no se deja llevar por su apetencia, por su emoción, la boicotea.

Pero hay otros autoboicot un poco más complejos. Imaginémonos una situación de entrevista de trabajo en la que, intencionadamente o semiconscientemente, ofrecemos un mal rendimiento de nosotros mismos porque en el fondo pensamos “este trabajo es demasiado para mí”, “no voy a ser capaz de realizarlo”, “no quiero dedicarle tiempo al trabajo”, etc. Otro ejemplo sería esa misma  actuación en la entrevista con un jefe que nos quiere promocionar, ascender, etc., o los casos en los que una persona se está formando continuamente, y casi compulsivamente, pero nunca busca un trabajo en el que aplicar esos conocimientos porque tiene miedo a enfrentarlo.  En estos casos, la persona se boicotea por miedo al éxito, a prosperar, a que el trabajo le requiera mucho esfuerzo o porque piense que no es capaz de llevarlo a cabo.

¿Qué habilidades y aspectos personales se deben trabajar para mantener a raya el autoboicot?

-La necesidad de controlarlo todo, de situarnos sólo donde nos sentimos cómodos, el miedo a salir de nuestra zona de confort son puntos importantes a trabajar.

-El perfeccionismo, característica que suele causar a estas personas mucho dolor, ya que nunca sus actuaciones o su trabajo son del todo perfectas.

-La baja autoestima y, relacionada con ella, los pensamientos negativos de poca autovalía, la desmotivación personal (“para qué voy a hacerlo si no valgo para ello”). Esto a veces se traduce también en pensamientos del tipo: “no voy a ser capaz”, el conocido “no valgo para estudiar, para qué me voy a esforzar” (a veces repetido por nuestro entorno), “necesito seguir formándome, ya que no estoy del todo preparado” (cuando es obvio que ya está formado). Esto último tiene que ver con el perfeccionismo.

-La rigidez mental, ya que es necesario trabajar la flexibilidad en la toma de decisiones, evitar estereotipos, anticipaciones sobre futuras situaciones, etc.

-La comparación constante con los demás. Esa comparación es inevitable pero no debe ser recurrente, ni el plano laboral, ni afectivo, ni de ocio.

Existen muchos tipos de autoboicot pero uno muy interesante y que, a veces, se ve en la consulta es el afectivo o sentimental. Son personas que desean tener una pareja o buscarla, o bien envidian o se comparan con amigos o compañeros que sí la tienen, pero se ponen trabas personales que les impiden conseguirla. También hay personas que creen que el hecho de no tener pareja no es normal o les avergüenza porque creen que socialmente deberían de tenerla.

Para poder encontrar una pareja hay que tener tiempo para buscarla y ganas de realizar actividades con ese fin, además de arriesgarse al hecho de conocer gente nueva (salir de lo conocido y cómodo).

¿Por qué y cómo sucede?

-Pueden ser adictos al trabajo o tienen excesiva dependencia al mismo.  Por ejemplo, ponen de excusa el trabajo para no salir, o se embarcan en más actividades laborales, o evitan las relaciones sociales o con compañeros de trabajo, o no paran a comer, o realizan más tareas formativas, o su jornada laboral se alarga más de lo debido. Por ello, tienden a reducir su círculo social.

-Suelen tener algunos prejuicios que les lleva al autoboicot, a no buscar. Algunos de los que yo he visto son: parecerle mal a la persona el ligue, el arreglarse o las fiestas, tener muchos prejuicios acerca del sexo opuesto, pensar negativamente de las páginas para buscar pareja en Internet, aborrecer las relaciones entre compañeros de trabajo, pensar que las relaciones son negativas (te atan, te hacen ser dependiente, te anulan, te hacen perder tu independencia), pensar que quien sale es un desesperado, pensar que a cierta edad es imposible encontrar pareja, pensar que todos/as los hombres o mujeres son iguales, etc.

-También se da el caso de que la persona posee un ideal que no existe, la figura del “príncipe azul”, o una relación romántica en la que solo suceden cosas positivas. Como sabemos esto no existe. O personas que están limitadas por lo que dirán de ellas otra u otras si entablan una relación.

¿Qué cambiar?

-Primero, trabajar ese discurso interior negativo, los juicios acerca de uno mismo, los prejuicios acerca de los demás y cambiarlo por otro más realista y relativo (no absoluto).

-Se puede trabajar, con la ayuda de un profesional si es posible, ese miedo a los cambios, junto el diseño de planes de acción para lograr determinadas metas. Se trata de superar el temor, por un lado, y ponerse en marcha actuando, por otro.

-Vivir el aquí y ahora, el presente; no anticipar el futuro constantemente ni anclarse en el pasado.

-Evitar el aislamiento de los demás.

-Trabajar la autoestima e inseguridad.

-Tomarse la vida con más humor, con más soltura y naturalidad.

Y recordar los versos de Machado:

“…caminante, no hay camino:

se hace camino al andar”.

Cita

Pequeña historia sobre el miedo: abriendo puertas

door-526533_640

 

«En una tierra en cruda guerra, había un Rey que causaba espanto… Siempre que capturaba prisioneros, no los mataba, los llevaba a una gran sala, oscura y de fuertes muros de piedra, en la que había un grupo de arqueros de su ejército. Sobre uno de los lados de esa terrorífica sala de la muerte, estaban reunidos los arqueros, y sobre la otra pared, había, cerrada con una tranca, una puerta de pesadas y atormentadoras hojas. Sobre la misma se veían figuras de calaveras cubiertas de sangre, junto a otras aterradoras imágenes. En esta sala el Rey les ordenaba a los prisioneros formar un círculo, y dirigiéndoles la palabra les decía: ustedes podrán elegir entre morir en forma rápida y segura, flechados por mis arqueros, o pasar por aquella pesada puerta, la que por mí mismo será trancada, una vez que hayan pasado. Todos escogían ser muertos en forma rápida, por los arqueros del Rey.

Al finalizar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al Rey, dirigiéndose a su soberano, le dijo: “señor, ¿le puedo hacer una pregunta? ¿Qué cosa hay detrás de tan asustadora y temida puerta?”. “ Vaya y vea por usted mismo” le respondió el Rey. El valiente soldado, entonces, abre temerosamente la puerta y, a medida que lo hace, los rayos del sol van entrando y aclarando el ambiente y finalmente descubre, absolutamente incrédulo y sorprendido que la terrorífica puerta se abría sobre un camino que conducía a la LIBERTAD.

El soldado, sin poder salir de su asombro, apenas puede escuchar la voz de su Rey que le dice: “yo les daba a ellos la alternativa de elegir que escogieran qué hacer con respecto a sus vidas. ¡Pero ellos preferían morir antes de arriesgarse a abrir esa pesada puerta!”

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo a arriesgar? ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, por sentirnos con miedo a abrir la puerta de nuestros sueños? ¡Ten siempre la decisión y el coraje de abrir sin miedo tus nuevas puertas!

Libro recomendado: Educar las emociones.

Miedos Infantiles

intef

El miedo es una emoción normal ante un potencial peligro (también en los niños); es una respuesta positiva, en el sentido que les ayuda a enfrentarse de forma adaptativa a diferentes situaciones, protegiéndolos de un posible daño. El miedo en el niño (también en los adultos) no es importante ni dañino a no ser que altere significativamente su vida habitual o su desarrollo.

Fisiológica y psicológicamente hablando, la respuesta de miedo y de ansiedad hace que, ante la aparición de un posible estímulo dañino, podamos estar en alerta, más concentrados, preparados para enfrentarnos a la amenaza; estas respuestas son muy útiles para nuestra supervivencia, pero no por ello agradables. Por todos nosotros es sabido que las sensaciones de miedo, inseguridad, angustia y ansiedad no son nada agradables pero sí muy eficaces en las ocasiones en las que nos enfrentamos a un peligro o situación amenazante.

Muchas veces nos llegan a consulta padres y madres muy preocupados porque notan en sus hijos una serie de miedos a los que no encuentran explicación. En muchas ocasiones, se trata de miedos totalmente normales para la etapa del desarrollo en la que se encuentran los niños y a los que llamaremos miedos evolutivos. Como indicamos, estos temores se suelen agrupar en una franja de edad y suelen ser bastante comunes, al menos en nuestra cultura occidental. De ahí surge la importancia de tranquilizar a los padres y de incidir en la normalidad de lo que le acontece a su hijo. A modo de resumen, vamos a exponer estos temores frecuentes para cada rango de edad, notando que cada vez son más elaborados a medida que el niño es más mayor:

0-1 año: pérdida de apoyo, estímulos violentos, estímulos extraños, desconocidos, separación de los padres.

2-4 años: animales, caídas, ruidos fuertes, extraños, separación de los padres, oscuridad, coches, máscaras, cambios en entorno.

4-6 años: se pueden mantener los anteriores. Extraños, ruidos fuertes o extraños (pueden ser producto de su imaginación), gente “mala”, truenos, relámpagos, cambios en entorno, alturas, máscaras, catástrofes, seres imaginarios, quedarse solos, dormir solos, lesiones corporales.

6-9 años: daño físico, oscuridad, heridas, crítica o hacer el ridículo, ausencia de habilidades escolares o deportivas,  fracaso escolar, colegio,  ser observado, animales, los transmitidos por los medios de comunicación.

9-12 años: puede existir un leve repunte de miedos que parecían superados. Incendios, truenos, relámpagos, rendimiento académico, exámenes, fracaso escolar, lesiones, accidentes, contraer enfermedades graves, muerte, hacer el ridículo, conflictos graves entre los padres, compañeros agresivos del colegio.

12-18 años: tener baja capacidad intelectual, fracaso personal o académico, aspecto físico, rechazo por parte de los iguales, no tener reconocimiento por parte de los mismos, críticas. Temores más relacionados con la autoestima y las relaciones sociales.

Como apunte importante para los padres y como acabamos de ver, hemos de señalar que a lo largo de la infancia-adolescencia los miedos y temores van evolucionando debido al aprendizaje y a la mayor experiencia vital que acumula el niño. Los miedos que indicamos con anterioridad son totalmente normales, adaptativos y sirven para enfrentarse a las situaciones personales con las que va lidiando. Habitualmente, estos miedos se superan a través del desarrollo  sin dejar secuela alguna pero, en ocasiones, pueden derivar en una fobia y hacerse crónicos en el tiempo; esto quiere decir que ya no estamos hablando de un temor normal, sino patológico, irracional y que interfiere significativamente en su vida cotidiana. Por ello, es importante nuestra actitud como padres a la hora de manejar los miedos de nuestros hijos y evitar y prevenir que se conviertan en algo más serio:

– En primer lugar, es conveniente tener en cuenta el esquema anterior, sabiendo que estamos ante miedos propios de su desarrollo evolutivo. Darles la importancia que tienen.

-Es relevante el ejemplo que damos a nuestros hijos, ante sus temores debemos mantener la calma y la serenidad, no alarmamos seriamente o mostrar fuertes signos de preocupación. Normalizar la situación y ser un modelo positivo de afrontamiento de un miedo.

-Ante el temor, mostrar afecto y apoyo.

-No utilizar el miedo o situaciones de temor como forma de castigo.

-No reírse de su miedo, criticarle, burlarse, permitir que los demás se rían de él, hacerlo público innecesariamente, castigarle o forzarle a enfrentar el estímulo, no asustarle. Controlar lo que ve en la televisión y lo que lee.

-Dar la libertad al niño, en la medida de lo posible, progresivamente y a su nivel, de comprobar qué ocurre ante los estímulos temidos (p.e. qué pasa si  tocas a un perro, qué pasa si me quedo a oscuras un rato en la habitación, qué pasa si me pongo en el borde la piscina, qué pasa si me habla el vecino). Reforzar, felicitar ante cualquier signo de afrontamiento, por pequeño que sea.

-Y por último y muy importante, porque tiene que ver, en el fondo, con cómo gestionamos nuestras vidas, tratar de enseñar a nuestros hijos a solucionar las dificultades diarias, no darle todo hecho, dejarle que se enfrente a sus frustraciones, ya que todo esto forma parte de una protección mal entendida.