Metáfora de la gárgola

“Imagínate una gárgola en tu hombro, como las gárgolas son de piedra, esta gárgola de depresión te hunde y te dificulta moverte para realizar cualquier tipo de actividad. Además te está constantemente susurrando al oído. Los mensajes son negativos, humillantes, te culpabilizan por todo. Si te encuentras mal, la gárgola te afirma rotundamente que así te sentirás siempre. Y lo peor es que tú te crees todo lo que te susurra. En las próximas semanas, deberás aprender a identificar cuáles son estos mensajes y ser consciente que vienen de la gárgola” (Otto, 2000). 

Esta metáfora es ideada por el anterior autor para intervenir sobre un paciente depresivo.

Tiene en cuenta el estado de tristeza y desesperanza de la depresión, así como, la inactividad y la falta de interés y apatía a la hora de realizar actividades e, incluso, la incapacidad de disfrute con esas tareas, asimilándolo con la pesadez de la gárgola.

Se hace eco de algo común en los humanos, pero problemático en las personas con depresión por su alta frecuencia, que son los pensamientos negativos e irracionales, -que la gárgola susurra al oído-; está haciendo una alegoría de lo que nuestra mente hace constantemente cuando estamos deprimidos, esto es, bombardearnos con pensamientos de carácter negativo, incluso catastrofista, acerca de nosotros mismos, del mundo que nos rodea y del futuro que nos espera: ¡La gárgola afirma que te sentirás siempre así! Seguro que todos hemos tenido una experiencia parecida.

La metáfora nos habla, por último, de la incapacidad de los pacientes deprimidos a la hora de cuestionar esas creencias y pensamientos, señalando cómo nos creemos todo lo que la gárgola nos susurra al oído.

¿Por qué son útiles esta metáfora, en particular, y las metáforas, en general, en psicoterapia? Porque considero que pueden aumentar el conocimiento de una persona no experta o de un paciente a un problema psicológico de una manera sencilla; y porque pueden acercarles al campo de la psicología y de la psicoterapia sin caer en explicaciones complicadas y difíciles de entender.

Por último, esta metáfora aúna la mayoría de los rasgos o aspectos sobre los que intervengo en un tratamiento psicológico con un paciente aquejado de depresión, de ahí también su utilidad. ¿Cuáles son esos campos de intervención cuando hablamos de depresión? Los siguientes:

-Tristeza profunda y desesperanza. Intervenimos desde varios frentes: enseñando al paciente a detectar y controlar sus pensamientos negativos y planificando actividades que él mismo pueda ir realizando (lo veremos a continuación). Con esto, intentaremos que la persona mejore progresivamente su estado de ánimo.

-Inactividad, apatía, incapacidad de disfrute con actividades. Considero que la inactividad suele generar un estado de ánimo negativo y, a su vez, ese sentimiento genera más inactividad. Para romper con ese bucle, es necesario diseñar un programa de actividades que el paciente pueda ir realizando en orden de dificultad, procurando que sean tareas que le produzcan cierto agrado y satisfacción. Nuestra idea es que pueda ir retomando su vida de ocio y su vida laboral, personal, a medio plazo.

-Pensamientos negativos, catastrofistas, irracionales relacionados con la triada Yo, El Mundo y El Futuro. Ayudar y enseñar al paciente a detectar estos pensamientos que aparecen de forma frecuente, y que influyen significativamente en su estado de ánimo. Ilustrar al paciente que no es la situación, el mundo ni las personas, los que actúan en contra de nosotros y nos hacen sufrir, sino esos pensamientos personales e interpretaciones negativas acerca de todos ellos.

-Incapacidad de cuestionar las interpretaciones anteriores. No es suficiente con detectar esos pensamientos, es necesario aprender a cuestionarlos con la ayuda del terapeuta, que nos dará pautas para ponerlos a prueba, tomarlos como una hipótesis sobre la realidad, y no como una verdad absoluta. La idea es que el paciente pueda llegar por sí mismo a dar otras explicaciones diferentes sobre el mismo hecho y, en definitiva, saber que puede haber otras interpretaciones de la realidad distintas a lo que “la gárgola” le dice.

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