La Prueba del Vecino

chair-1649685_640

El especialista en educación emocional Maurice J. Elías pide a los padres que acuden a sus talleres que hagan esta prueba. Imaginen que todos en casa se están peleando: rencillas, gritos, exabruptos, reproches, prisas y tensión invaden la casa. Alguien llama a la puerta. Es el vecino. Cuando entra en casa, todos se calman de repente. Nada es demasiado bueno para el vecino: los miembros de la familia son de repente increíblemente civilizados y atentos. Todos están encantados y se lo pasan bien.
Cuando el vecino se marcha pueden ocurrir dos cosas: que todos empiecen de nuevo a pelearse o que cada cual retome sus actividades sin más. Y Elías pregunta a los padres: «¿Por qué necesitamos que un vecino nos obligue a ejercer el autocontrol que todos llevamos dentro? Los adultos necesitan aprender a comportarse con inteligencia emocional sin que nada les fuerce a ello. Así que recomiendo a los padres que hagan la prueba del vecino. Es muy sencilla: ¿es usted capaz de comportarse con sus hijos y su pareja durante un día entero como si un vecino lo estuviese escuchando todo el tiempo? ¿No decir nada a su hijo o pareja que el vecino no pudiese escuchar? Muchos padres me confiesan que les resulta muy difícil. Y yo les digo que cuando consigan hacerlo durante todo un día, tienen que intentar hacerlo durante un día todas las semanas. Las personas necesitan este día semanal para encontrar de nuevo su equilibrio emocional, para que les hablemos de forma más respetuosa y cariñosa, sin esos pequeños insultos y palabras de desaliento que utilizamos a diario. Nuestros hijos tendrán entonces la prueba de que sí, «mis padres me quieren. Piensan que en el fondo, soy lo que debería ser. No sólo ocurre cuando viene el vecino, me lo dicen todas las semanas». Las familias lo necesitan para tener un clima emocional más inteligente y equilibrado».
El niño pequeño tiene la necesidad de pertenecer a su familia y de formar parte de su entorno. Quiere cooperar y participar, sentirse parte de su núcleo familiar y social. Esta tendencia innata lo hace imitar y creer ciegamente en el adulto. El mecanismo emocional en cualquier hogar es meridiano: el hijo nace y su necesidad absoluta es recabar el amor de sus padres. Es probable que sus padres lo quieran, pero tal vez tengan unos patrones emocionales determinados que consciente o inconscientemente impondrán a su hijo. «Para que te quiera de verdad —le dirán una y otra vez aunque sea de forma silenciosa— debes comportarte de esta manera». El hijo hará lo imposible por cumplir las demandas de sus padres. Si los padres, en cambio, en aras de la libertad del hijo, se tornan tan permisivos que no son capaces de ejercer sus funciones de forma adecuada, el hijo tampoco saldrá ganando. No aprenderá a reconocer y a gestionar sus impulsos y sus emociones; tendrá tantas opciones, en un ambiente tan permisivo, que no llegará a entender qué le gusta de verdad, cuáles son sus deseos y en qué situaciones debe aprender a controlarse. No aprenderá a responsabilizarse de sí mismo y culpará a los demás de sus fallos. Un niño así, sin un sentido claro de quién es, porque no le han permitido desarrollarlo, será tan infeliz y tan emocionalmente inepto como el niño al que los padres han dirigido hasta despojarlo de su verdadera personalidad.
En el conocimiento de nuestros miedos y patrones emocionales inconscientes está la clave de nuestra libertad y de la de nuestros hijos.

**Extraído de Elsa Punset: Brújula para navegantes emocionales.

Minientrada

Cómo trabajar en casa los celos infantiles

brothers-457234_640

Hoy me gustaría recomendaros unos cuantos libros que he utilizado para trabajar los celos entre hermanos, tras el nacimiento de un bebé o mientras que los dos niños son pequeños.

En primer lugar existe uno que yo lo indico y lo trabajo con niños un poco más mayores, de 6 ó 7 años:

-Cuando tengo celos: cómo superar la rivalidad entre hermanos. Autor R. W. Alley.

Para niños más pequeñitos utilizo dos cuentos en concreto (estos los he utilizado con mi hijo de 3 años):

-¿Quién ha robado mi trono? Es de la colección Chiquicuentos de Bruño.

-Soy un Hermano Mayor y Soy una Hermana Mayor, ambos  de Joanna Cole.

Con los niños más pequeños debemos utilizar un lenguaje y unos gestos más enfáticos que para el resto de actividades. Os dejo un pequeño vídeo que, a modo ilustrativo, nos detalla un decálogo de cómo contar un cuento:

https://www.youtube.com/watch?v=YBGMeTZj44E

Por último, os recomiendo un par de libros que podéis consultar desde vuestra perspectiva adulta para ocuparos del problema de los celos entre vuestros hijos:

-Celos y rivalidad entre hermanos (Escuela de Padres) de Jesús Jarque García. Ed. Gesfomedia.

-¡Claro y yo qué! Los celos infantiles. María Victoria Tabera Galván. Ed. Teleno.

Espero que toda esta información os resulte útil. No obstante, si detectáis que el problema se está agravando en algún sentido, deberéis consultar con un profesional que os ayude en unas sesiones.

¿Existe la depresión infantil?

Para Diagnosticarla se deben presentar 5 o más síntomas del DSM-IV. Además un episodio depresivo dura al menos dos semanas. El niño sufre intenso malestar y se resienten sus relaciones con los amigos, su rendimiento académico y otras áreas importantes de su vida. Aunque niños y adolescentes presentan también abatimiento, desesperanza, desánimo, que se revela en su cara seria, preocupada, triste, en su llanto, quejas de dolores de cabeza, barriga, en sus comentarios, se muestran inestables e irritables. Suelen estar enfadados, responden con explosiones de genio a trivialidades, insultan, pelean, se derrumban ante nimiedades. La irritabilidad normal y la de la depresión se distinguen en que esta última es mucho más frecuente, intensa y duradera. Ha de ser prácticamente constante durante al menos 14 días. El otro aspecto más típico de la depresión es la falta de interés y de placer en actividades que resultaban agradables y motivadoras con anterioridad a la aparición del trastorno. El desinterés y el descuido de aficiones unido a la falta de energía, resultante de la alimentación escasa, sueño no reparador y cansancio, conducen a la pasividad. El niño pierde apetito y en consecuencia peso, o no consigue los aumentos de peso propios de su etapa de desarrollo o crecimiento. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño pueden surgir al principio de la noche, vueltas en la cama, sábanas que molestan, picores por el cuerpo, en medio de la noche, despertares frecuentes e intervalos prolongados para dormirse de nuevo, al final de la noche, desvelar temprano e imposibilidad de volverse a dormir. Lo usual son los déficit, pero en algunos casos se observan excesos, el niño devora pasteles, pizzas, espaguetis, duerme más de lo habitual… El hecho de que un niño coma poco o duerma poco no es inicio de depresión. Para sospechar un posible trastorno de depresión hay que constatar una disminución llamativa de las cantidades de alimento y de las horas de sueño que le niño acostumbra a ingerir y dormir asociadas a otros cambios negativos. En la depresión agitada aumenta la actividad psicomotora. Es difícil que el niño permanezca sentado tranquilamente. Como si le quemara el asiento se levanta, se pasea de un lado a otro poniendo nervioso a las personas que le rodean. Existe un trastorno distinto que se llama hiperactividad que se caracteriza por exceso de movimiento que unido a impulsividad y falta de atención puede aumentar el riesgo de accidentes y lesiones. También se asocia a dificultades en el aprendizaje escolar por lo que el niño hiperactivo proporciona numerosos quebraderos de cabeza a padres y maestros. En la depresión enlentecida el niño piensa, habla y se mueve a cámara lenta. Conversar se torna tarea ardua. Si se le formula una pregunta tarda en contestar, es posible que haya que repetírsela. Habla tan flojo que la voz no le llega al cuello de la camisa. Los temas de conversación son poco variados. Los periodos de silencio prolongados. A veces se encierra en un pertinaz mutismo. En ocasiones permanece inmóvil mucho rato. Con frecuencia el joven siente que se le ha agotado la batería. Ha de desplegar un gran esfuerzo para levar a cabo acciones cotidianas como vestirse o asearse. Se siente fatigado incluso sin haber realizado ejercicio físico que lo justifique. Su autoconcepto y autoestima están por los suelos. Acontecimientos neutros los considera pruebas irrefutables de sus tareas personales. Conceden una importancia exagerada a pequeños errores pasados. Su sentido de la responsabilidad es excesivo. Se queja de dificultades para pensar, atender, recordar y tomar decisiones. Da la impresión de estar distraído o ausente. Los problemas de razonamiento, concentración y memoria se traducen en peores notas en las evaluaciones escolares. Las características de la depresión pueden aparecer a cualquier edad. Los cambios biológicos, psicológicos y sociales que ocurren con la edad explican que la depresión presente ligeras variaciones en función de las etapas de desarrollo infantil. Durante la infancia predominan las reacciones psicofisiológicas y motoras como irritabilidad, rabietas, llanto o problemas de control de esfínteres mientras que en la adolescencia adquieren relevancia respuestas cognitivas como el disgusto por la imagen corporal propia, la visión pesimista del futuro o ideas catastrofistas. Con el paso de los años la depresión se asemeja más a la de los adultos. Los acontecimientos desencadenantes y las repercusiones negativas difieren también según la etapa del desarrollo. En la primera infancia el contexto familiar posee mayor peso. Gradualmente la escuela va adquiriendo preponderancia. Para el joven, las relaciones con los de su misma edad, la pandilla de amigos o el otro sexo, son muy relevantes de modo que aparecen alteraciones y problemas como los de tipo sexual ausentes en las depresiones prepuberales. La depresión es más común en muestras clínicas que en población infantil general. Este dato revela una alta tasa de comorbilidad. Es decir, un importante porcentaje de niños con depresión presentan al mismo tiempo otros problemas psicológicos. La asociación más notable es con ansiedad, conducta antisocial, consumo de drogas, hiperactividad y oposicionismo.

 

BIBLIOGRAFÍA:Cantwell, D.P y Carlson, G.A. (1987) Trastornos afectivos en la infancia y adolescencia. Barcelona: Martínez Roca.Del Barrio, V (1997). Depresión infantil: Causas, evaluación y tratamiento. Barcelona: Ariel.

sad-217252_640 (2)

Actitudes Generales con nuestros hijos

Hay algunas actitudes generales a tener en cuenta a la hora de educar a un niño para la asertividad. Por supuesto, son normas que no solamente tienen cabida para el tema de la asertividad, sino que cumplen numerosas otras funciones educativas, sobre todo, la de desarrollar la autoestima. Incluso pueden sonar a perogrullo, pero hemos preferido exponerlas antes que pasarlas por alto.

Regla nº 1: ¡Cuidado con las proyecciones!

Muchas veces, tendemos a proyectar nuestros propios temores y experiencias negativas en nuestros hijos. El padre del que se han burlado mucho de pequeño, tenderá a querer “proteger” a su hijo de esta experiencia, insistiéndole en la desconfianza hacia los demás e intentando que se anticipe a los “ataques” de los otros, atacando él antes.

No siempre expresará todo esto con palabras, pero basta que el niño vea en su padre esta actitud o que se fije en pequeños comentarios del padre para que llegue a la conclusión: “parece que el mundo es peligroso. Tendré que ir con mucho cuidado”.

La madre que está continuamente pendiente de lo que piensen los demás de ella, que tras haber estado su hija en casa de unos amigos le acribilla a preguntas sobre su comportamiento, sobre si se portó bien para que los otros se hayan llevado una buena opinión de la niña, está proyectando su temor en ésta y logrará pronto que la hija esté igualmente pendiente de lo que los demás opinen de ella.

Es difícil, pero hay que intentar de todas las formas que el hijo o alumno no se vea

“predestinado” a cumplir las expectativas que tienen sus padres respecto a él, a curar sus frustraciones o a cumplir sus esperanzas.

“Por supuesto que todo educador que lea esto, pensará: “pero yo quiero lo mejor para el niño” y la actitud que proponemos, que es la de aceptar al niño con sus ideas actitudes dejarle tener las experiencias a él es igualmente sabida como difícil de realizar. Nuestra propuesta es: analizar las propias ideas y temores y reflexionar si hay alguna que pueda ser “irracional”, fruto de alguna experiencia dolorosa que el niño no tiene por qué pasar.

Esa idea es la que no tenemos derecho a intentar “colar” al niño sin que él nos lo haya pedido ni sus experiencias nos lo hayan hecho necesario transmitir. Sí podemos, por supuesto, darle consejos o contarle nuestras experiencias, pero nunca de forma categórica ni estableciendo reglas ( “todo el mundo es así”, “nadie te va a ayudar”, “no te fíes de nadie”, etc.)

Regla no 2: No confundir un error puntual con una característica de la personalidad.

 

Un método muy poderoso para no permitir que se desarrolle la autoestima es tachar al niño de “malo”, “vago” o “desobediente” cuando ha hecho algo mal. En este caso, se está confundiendo una cosa puntual con toda la personalidad del niño. Aunque el adulto tenga claro que un niño no es “malo”, estrictamente hablando, por el hecho de haber pegado a un compañero, el propio niño no lo tiene tan claro. Si oye una y otra vez “eres malo” ante cada acto agresivo que cometa, llegará a la conclusión de que él es, efectivamente, una mala persona y, sobre todo, que no tiene remedio. Una persona que desde siempre piense que “es mala” no podrá desarrollar una sana autoestima, porque está convencida de que eso es inamovible y de que no hay nada que hacer con él.

Todos sus actos estarán marcados por el hecho de “ser malo”. Sabiendo que todos los niños quieren, en el fondo, ser “buenos” ¿qué hará el niño al que se le ha hecho sentir que es intrínsecamente malo? Tiene varias opciones, pero ninguna encaminada a desarrollar una autoestima sana ni, por supuesto, una conducta asertiva correcta.

Lo mismo ocurre con un niño que una y otra vez oye que es “cobarde” o “tonto”. Es muy diferente decirle “hoy no te has defendido bien cuando aquél niño se burló de ti” que

“eres un tonto. Todo el mundo te toma el pelo”. Seguramente, además, este niño comenzará pronto a actuar según le están diciendo que es, y de forma cada vez más sistemática.

Lejos de enseñarle conductas concretas que podría modificar, se le seguirá tachando de “tonto”, entrando así en un círculo vicioso del que es difícil salir y que al niño no le aporta ningún beneficio.

Regla no 3: Asegurarse de que las expectativas que se tienen respecto al niño son razonables y adecuadas a su nivel y edad.

 

Un niño no es igual de asertivo a los 5 que a los 9 años, lo mismo que tampoco es igual de sociable o de creativo. A cada nivel madurativo le corresponden unas pautas de conducta que, antes o después, estarían desfasadas.

El problema que tienen muchos niños es que se les exigen cosas para las que todavía no están preparados. Así, a veces, se piden ciertas “responsabilidades” cuando el niño todavía no es lo suficientemente maduro como para captar la situación en su totalidad.

Pedirle a un niño de 10 años que estudie porque es bueno para su futuro seguramente no servirá más que para que odie la asignatura. Todavía no se da cuenta de la importancia del estudio y habrá que encontrar otros elementos que le motiven a estudiar.

Lo mismo ocurre con la asertividad: muchas veces se espera que un niño pequeño reaccione de forma mucho más “valiente” ante ataques y regañinas de lo que todavía es capaz. Estas expectativas se traducen luego en grandes regañinas si el niño no se ha comportado como “debería”. Un ejemplo son los niños “llorones”, (hablamos de un margen de edad entre los 5 y los 8 años) que ante un ataque o una situación que les ponga inseguros rompen a llorar o se refugian en el adulto que más confianza les dé. Si a este niño se le tacha de “cobarde”, se le recuerda que debe de sentir “vergüenza” ante los demás o se le regaña porque debería de haberse enfrentado a la situación, no se hace más que agravar el problema: el niño tendrá cada vez más ansiedad porque nadie le está explicando realmente cuál es la conducta adecuada y, además, no se le deja tiempo para que pueda experimentar otras conductas. Hemos visto en consulta muchos niños completamente aterrorizados ante lo que puedan decirles sus padres después de haber “vuelto a llorar en el cole”.

Otro ejemplo sería la tendencia, por suerte cada vez menos extendida, de no permitir que un niño (varón) llore o se muestre débil, ya que “los hombres no lloran”.

Para este tema no se pueden establecer reglas generales: no hay una edad en la que el niño ya no “debería” de ser cobarde o débil. Cada niño madura a su ritmo y en su momento y tenemos que permitir que nuestro hijo o alumno se tome el tiempo que él necesita para aprender a ser asertivo. Por supuesto que podemos ayudarle, y de eso trata el capítulo siguiente, pero de ninguna forma coartarle en su desarrollo a base de meterle miedo o someterle a presión.

child-316510_640

Libro recomendado: El Cerebro Del Niño

Hoy voy a dedicar esta entrada a la recomendación de un libro, para aquellos que sois padres, psicólogos infantiles, educadores, profesores o para los que, en definitiva, estáis en contacto con niños u os interesa el tema. Se llama “El Cerebro del Niño” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. Yo suelo recomendarlo a menudo entre mis pacientes, sobre todo a aquellos que tienen algún tipo de conflicto con respecto a sus hijos.

El libro se centra en la idea de Cerebro Pleno y ofrece distintas estrategias muy prácticas para ayudarlos a ser más felices, a estar más sanos y a ser ellos mismos. Algunas de estas estrategias tienen que ver con prácticas de meditación, mindfulness o atención plena que he ido exponiendo en este blog en diversas ocasiones, siempre con técnicas muy sencillas que el niño pueda realizar. También enseña a los niños a conectar las funciones del lado derecho del cerebro y el izquierdo.

Alguna de las estrategias que propone el libro son (sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a proponer aquí unas cuantas):

-Cuando un niño tiene una emoción desagradable o un daño o caída, en lugar de negarla o restar importancia, crear un cuento o ponerle un nombre a lo que ha pasado; crear una historia verosímil sobre lo que ha sucedido.

-Estrategias para el manejo de las rabietas y diferencias entre ellas: cuando las rabietas se producen con el cerebro superior (el niño decide tener una rabieta) o cuando se producen con el cerebro inferior (la parte emocional toma totalmente el mando y el niño no es capaz de controlar la rabieta).

-El libro también enseña cómo mover el cuerpo para ejercitar además la cabeza.

-Habla de la memoria e intenta desbancar los mitos sobre la misma. Mediante una de las estrategias expuestas, se ayuda a que el niño integre sus recuerdos implícitos y explícitos, usando  una metáfora (el mando a distancia de la mente) para que reproduzca sus recuerdos (el rebobinado o retroceso).

-Enseña el uso de la rueda de la conciencia. Por ejemplo, aquí podéis ver una entrada de otro blog relacionada con la misma: http://elorigendelainfelicidad.blogspot.com.es/2015/06/la-rueda-de-siegel.html

-Otra de las estrategias tiene que ver con el mindfulness que tanto hemos expuesto en este blog: dejar pasar las emociones como nubes, enseñar mediante este ejercicio que los sentimientos vienen y van. A modo de ejemplo, en el blog propuse una técnica parecida para los adultos: https://rosaliamv.wordpress.com/2015/08/12/meditacion-para-las-emociones/. No hay que negar o restar importancia a las emociones de nuestro hijo sino enseñar a que las emociones vienen y van.

-Ofrece una visión a los adultos sobre qué son las neuronas espejo (de las cuáles trataremos en otra entrada del blog más adelante) y la importancia de las mismas para integrar el yo y el otro (los demás). Por ejemplo, una de las estrategias que se utiliza es aumentar el factor de diversión en la familia y procurar disfrutar con la compañía del otro (paternidad lúdica). Asimismo, el libro ayuda, de forma muy interesante, a gestionar los conflictos desde la empatía o a reconocer otros puntos de vista.

brain-605603_640

Minientrada

Atención plena para niños y adolescentes

sad-544730_640

Hemos hablado en este blog sobre ejercicios para trabajar la atención plena o de Mindfulness. En nuestra consulta hemos planteado algún taller dirigido a padres y a niños y adolescentes, para poder trabajar la atención, la concentración y la relajación en ellos mediante esta práctica. Los que habéis ejercitado con ella en alguna ocasión ya conocéis los beneficios que tiene la práctica continuada de Mindfulness, pero ¿qué puede aportar a los niños y adolecentes?

  • Favorece el aprendizaje y fomenta el rendimiento.
  • Refuerza la atención y concentración.
  • Reduce la ansiedad ante evaluaciones y exámenes.
  • Produce bienestar en general.
  • Ayuda en las relaciones sociales y vínculos sanos.
  • Mejora el autoconocimiento, el aprendizaje social y emocional.
  • Ofrece herramientas de control del estrés.
  • Mejora el control de impulsos.
  • Fomenta el autocontrol, autososiego y autorreflexión.

Os dejo ahora una técnica que podéis utilizar con vuestros hijos o alumnos y que tiene que ver con la atención plena. He elegido esta porque me parece muy completa. Se llama Dibujar La Mente.

PRIMERA PARTE: ESTADO MENTAL ACTUAL.

-Les decimos a los niños o niño que se sienten en silencio y dejamos pasar 30 segundos.

-Les preguntamos: ¿hay pensamientos, sentimientos o emociones? ¿Ninguno, alguno, muchos? ¿Se mantienen constantes o cambian?

-Les damos un folio o se lo podemos dar previamente y les decimos: “dibuja en el tercio derecho de tu papel una imagen de tu estado mental actual”. Dejamos pasar un minuto.

-Les decimos que vuelvan a quedarse sentados, en silencio.

-Les indicamos que plieguen hacia abajo el tercio izquierdo del papel (con el dibujo), de modo que queden cara arriba, cubriéndolo, las dos columnas.

SEGUNDA PARTE: EN SILENCIO DESPUES DEL SONIDO.

-Hacemos sonar una nota con un instrumento: guitarra, piano, percusión, triángulo, campanilla,  etc. En meditación se suelen usar unos crótalos. Les decimos que escuchen el sonido hasta que se difumine en el aire. Si no es posible tener un instrumento a mano, en Internet hay tonos o mp3 que se pueden descargar con sonidos de campanilla o crótalos.

-Les animamos a que adviertan qué está pasando por su mente ahora.

-Les decimos: “dibuja en el tercio central del papel una imagen de tu estado mental”. Dejamos un minuto.

-Les decimos que vuelvan a quedarse sentados, en silencio.

-Les indicamos que plieguen hacia abajo el tercio central del papel (con el dibujo), de modo que queden ahora dos columnas hacia abajo, quedando visible, hacia arriba, una sección en blanco.

TERCERA PARTE: SILENCIO Y RESPIRACIÓN CON ATENCIÓN PLENA.

-Hacemos sonar la misma nota o sonido. Les decimos que escuchen el sonido hasta que se difumine en el aire.

-Les indicamos: “traslada tu atención a la respiración”.

-“Respira con normalidad, prestando atención a la sensación del aire al llenarte los pulmones y al volver a subir y salir de nuevo por donde entró”.

-“Date cuenta cuándo pierdes la consciencia de la respiración y empiezas a pensar en otra cosa, a soñar despierto, a preocuparte por algo, a quedarte dormido…”.

-“Dirige entonces tu atención de nuevo a tu respiración”.

-“Advierte lo que está pasando por tu mente ahora”.

-Les pedimos que dibujen en el tercio derecho del papel una imagen del estado mental actual y dejamos un minuto.

-Reproducimos el sonido o la nota y solicitamos que lleven la atención de nuevo y lentamente al sitio donde están (habitación, casa, aula).

-Les pedimos que desplieguen el papel para que queden visibles los dibujos de las tres secciones.

Por último, sería interesante, iniciar un breve debate sobre los tres dibujos, analizarlos, compararlos con otros niños (si ha hecho el ejercicio en grupo), sacar alguna conclusión, ver las diferencias entre los tres, etc.

Para los que quieran ampliar información sobre Mindfulness para niños y adolescentes, me permito recomendarles dos lecturas y, además, pueden consultarnos personalmente a través del formulario o del correo o teléfono.

**Para profesores o educadores recomiendo: Schoeberlein, Deborah. “Mindfulness para enseñar y aprender. Estrategias prácticas para maestros y educadores”. Madrid: Ed. Neo Person.

**Para padres interesados en el tema: Snel, Eline. “Tranquilos y atentos como una rana”. Madrid: Ed. Kairós.

Cita

Ayuda con mi autoestima!!

one-hundred-706878_640

¿Crees que tienes baja autoestima?

Vamos a realizar un ejercicio:

Compra plastilina y moldea tu baja autoestima. Podemos llamarle “el muñeco de la baja autoestima”.

Colócalo en un lugar visible de la casa.

Una vez hecho esto, estate atento a todos los mensajes que la “baja autoestima” te envíe.

Cada vez que identifiques alguno de estos pensamientos, tienes que sentarte con el “muñeco”, escuchar lo que te dice y dar argumentos en su contra.

Puedes escribir en la parte izquierda de un folio lo que te comunica la baja autoestima y en la derecha lo que tú respondes.

Esta herramienta se llama externalización y espero que os ayude. Lo recomiendo especialmente para los adolescentes y niños, les suele divertir bastante, pero también puede aplicarse en los adultos.

Otra técnica que ya plasmé en el blog para trabajar la autoestima está ubicada en:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/06/25/porque-yo-lo-valgo/

Ideas originales para trabajar la autoestima de tus hijos

Freephotosbank zapatillas

En primer lugar, recomendaros un libro que me ha dado las ideas para escribir esta entrada. Es un libro sencillo y de divulgación llamado “Cómo desarrollar la autoestima de tu hijo” de Silvana Clark. En mi caso, me ha servido para elaborar este post y también cómo madre y psicóloga. Os ofrezco algunas pinceladas para poder desarrollar de un modo positivo la autoestima de vuestros hijos y mejorar el amor hacia uno mismo; si deseáis ampliar podéis basaros en el libro mencionado o en otros que existen en el mercado sobre el tema. Paso a las IDEAS pues:

  • Cuéntale a alguien algo que tu hijo ha hecho de forma positiva y asegúrate que lo oiga: llamar a la abuela, hablarlo con un amigo estando presente…
  • Explica la razón de las reglas familiares y evita el “porque lo digo yo”.
  • Deja que tus hijos vean cómo empatizas con los demás: explícale porqué algunas personas viven en la calle, pregúntale cómo crees que se siente una niña que sale en las noticias, etc.
  • Anímale a expresar sus puntos de vista y valora su opinión.
  • Elogia o recompensa un trabajo duro. Elogia las cosas positivas que hacen.
  • Si los niños necesitan hablar, escucha antes de dar tu opinión.
  • Ofrece a tus hijos la posibilidad de elegir. Desde pequeños pueden elegir entre unos calcetines rojos o azules o sobre las clases extraescolares que les gustan más.
  • Reserva un tiempo especial para que pasen tiempo solos.
  • Enseña a tus hijos a valorar el talento y las cualidades de los demás.
  • Viaja con tus hijos, visita una localidad, un entorno rural, etc. Trata de hacerles notar las diferencias en la gastronomía, el acento, la cultura…
  • Asigna responsabilidades apropiadas a la edad de los niños y explícales porqué es importante hacerlas.
  • Aprende sobre el desarrollo del niño y sobre su comportamiento en diferentes edades, por ejemplo: las rabietas de los dos años, los miedos evolutivos, la influencia de los iguales en la adolescencia, etc.
  • Deja que tus hijos te vean reír y muestra tu sentido del humor. Puedes hacer una broma o el ganso por la calle o hacer un baile gracioso con ellos…
  • Reserva periodos de tiempo para pasar con ellos: un juego de mesa el sábado por la mañana en pijama, merendar en el suelo un domingo, etc. También muéstrales que aprecias su compañía incluso cuando estás enfrascado en la rutina diaria.
  • Envíales un mail con un mensaje o un dibujo. Puede ser una nota cariñosa, un dibujo divertido, un deseo de buena suerte en un examen…
  • Diles a tus hijos que les echas de menos cuando estás fuera de casa y explícales cómo visualizas lo que están haciendo.
  • Realiza con ellos una lista de sus cualidades. Indícales que la consulten una vez por semana.
  • Escríbeles notas especiales y cartas informándoles de tu amor hacia ellos.
  • Enseña a tus hijos a pensar “Out of the box / Fuera de la caja”. Trata de mostrarles pensamientos creativos intentando resolver problemas o tomar decisiones. Anímalos a buscar métodos alternativos y a manejar situaciones que supongan un reto.
  • Fomenta en ellos la resolución de problemas, a no quedarse en el lamento y a obtener algún resultado.
  • Fomenta el comportamiento independiente y que experimenten logros por sí mismos: preparar la merienda con ellos, ayudar a ponerse los zapatos, tomar un tentempié si lo piden…
  • Cuando desobedezcan o se porten mal dales la oportunidad de explicarse. Escucha atentamente lo que dicen y utiliza la situación como una experiencia de aprendizaje.
  • Ofrece varias alternativas a tus hijos, a tu alcance, a la hora de planificar su fiesta de cumpleaños, no dando por supuesto que debe ser una fiesta tradicional: ir al cine con los amigos, organizar un desayuno, hacer una fiesta en la piscina, etc.
  • Ayuda a tus hijos a planificar eventos que incluyan a otras personas. Anímalos a compartir actividades con la familia y los amigos.

 

Sencillos juegos para enseñar a argumentar a los niños

Os presento unos juegos muy sencillos para realizar con niños entre 7-11 años para estimular su capacidad verbal, de razonamiento y para estimular la argumentación, hecho que en ocasiones es más complicado incluso que la mera capacidad verbal. Estos mismos juegos (dar argumentos o razones) se pueden ir complicando más si el niño es más mayor (12-14 años) con temáticas más elaboradas y que toquen temas de interés para ellos y para su edad (deportes, relaciones sociales, hechos o acontecimientos).

-Juego de los absurdos:

Por ejemplo: “Cocino en el baño”, “Barro la casa con la silla”. El niño no sólo tiene que detectar el absurdo sino razonar porqué es absurdo lo que se está diciendo.

-Juego de lógica: Dar argumentos y razones sobre conductas, cosas o aspectos.

¿De dónde sale el aceite?

¿De dónde sale el vino?

¿Por qué hay que escuchar a los demás?

¿Por qué nieva?

¿Por qué ese señor está enfadado?

-Juegos de los contrarios:

Estoy triste. Estoy…

Es divertido. Es…

Algunos de estos juegos trabajan la argumentación pero pueden también incidir en el trabajo emocional, ya que es importante ayudarles en la autorregulación emocional y en el conocimiento de sí mismos.

Juego emocional:

¿Por qué tienes esa cara?

¿Te has dado cuenta de que frunces el ceño? ¿Por qué?

¿Qué te pasa cuando estás triste? ¿Y enfadado?

¿Cómo ves tu cuerpo en ese momento?

rubiks-cube-311595_640

Minientrada

Pautas para elogiar a un niño

Hay niños muy sensibles al refuerzo social, aunque en líneas generales todos lo son. Se sienten satisfechos de ser elogiados, felicitados y que se atienda a la conducta bien hecha. Pero ¿cuáles son las pautas más apropiadas para elogiar a tu hijo o a un niño?

  • Presta atención cuando el niño se porte bien. No reserves tus elogios para conductas perfectas.
  • No te preocupes de que vayas a darle demasiados elogios.
  • Dale más elogios a los niños más difíciles de controlar.
  • Elógiate a ti mismo como ejemplo.
  • Da elogios específicos.
  • Elogia con entusiasmo, sonrisas y miradas de aprobación.
  • Elogia de forma inmediata a la conducta.
  • Cuando elogies hazlo acompañado de palmadas, abrazos y besos.
  • Elogia de forma consistente, siempre que aparezca la conducta a elogiar.
  • Dale elogios delante de otras personas.girl-388652_640
Imagen

¿Sabes lo que es la Anorexia Infantil? (0-3 años)

baby-84686_640

Hace poco llegó a mi consulta una paciente que tiene una hija con un problema de anorexia infantil. A partir del año de vida dejó prácticamente de comer (sólo leche materna y alguna fruta). Ahora mismo tiene tres años y está en tratamiento por TCA.

No había tratado tan de cerca ningún caso de este tipo, con tan corta edad. Conocía su existencia pero tuve que indagar bastante sobre los factores de riesgo que existen para un trastorno de este tipo en tan temprana edad. Pensé: “si entiendo mejor  el problema de su hija podré ayudar mejor a mi paciente”. Por el momento, no hay o no hemos encontrado una causa clara, estamos en ello ya que seguramente se trate de un trastorno multicausal.

En la anorexia infantil hay varios factores de riesgo que influyen en gran medida (0-3 años), pero no los tomemos como un axioma, porque en muchos casos no tienen lugar.

-Existe un trastorno o problema alimentario en la madre.

-La familia es muy exigente con la dieta, si se le dan alimentos poco nutritivos para cuidar la dieta. Existe mucha preocupación por la alimentación en casa.

-Existencia de insatisfacción corporal en la madre, preocupación por su peso, por su línea.

-Existen síntomas psiquiátricos en los cuidadores o alcoholismo.

-Una masa corporal en el bebé durante el primer mes de vida baja parece que actúa como factor de riesgo para desarrollar anorexia infantil.

-Un inadecuado apego:

Bowlby indica que la anorexia puede darse en casos de separación de la madre, de excesiva exigencia de cariño por parte de esa figura, o cuando hay un sensación de rechazo de la madre bajo una apariencia de afecto.

En casos de vinculación angustiante puede darse el problema alimentario, por ejemplo, cuando hay una madre presente físicamente pero poco sensible a las necesidades del niño, o una madre ausente por la existencia de un duelo, una separación, por rechazo, por abandono o por amenaza de abandono.

Dependiendo del caso, el vínculo puede ser inseguro, o poco estable, o conflictivo o muy protector. La anorexia sería un síntoma de la alteración del proceso de vinculación de la madre; el trastorno actuaría como un espacio de control del niño, de libertad, de autonomía, como sucede cuando empiezan a andar (en el caso de mi paciente coincidieron ambos hechos en el tiempo). El apego puede no ser el adecuado y existir aislamiento, sobreprotección, relaciones conflictivas o excesiva intromisión entre la madre y el hijo (pueden darse situaciones muy diversas). También influye, evidentemente, los rasgos de personalidad del niño.

La incapacidad de alimentarse es una especie de denuncia del fracaso en el logro de independencia y autonomía básicas. (No sólo por parte de la madre o por parte del niño, ambas personalidades tienen que ver en el problema, ya que el problema se sitúa en el vínculo establecido).

-La terapia sistémica indica factores como:

-La sobreprotección o la crianza excesiva.

-Restricción de la autonomía del niño.

-Rigidez en la familia, resistencia al cambio, horarios muy estrictos.

-Control verbal de los niños muy fuerte, controlar a los mismos en especial a la                    hora  del juego.

-Evitación o poca tolerancia al conflicto, incapacidad de resolverlo.

-Familias amalgamadas: miembros excesivamente involucrados entre ellos con                   tendencia a invadir la intimidad del resto.

-Parece, no obstante, que el mayor predictor es la existencia de un Trastorno de la Conducta Alimentaria en la madre, en primer lugar, porque el niño o niña imita y, segundo, porque el trastorno puede interferir en la función materna, ignorándose las respuestas de los hijos. En estos casos de existencia de trastornos se pueden dar serios conflictos emociones en los hijos, depresión, conducta agresiva, etc.

Para más información podéis consultarme en el formulario y echar un vistazo a este artículo:

 Interacción madre-hijo, patrones de apego y

su papel en los trastornos del

comportamiento alimentario

LILIANA BETANCOURT M.1

MARITZA RODRÍGUEZ GUARÍN2

JUANITA GEMPELER RUEDA3

Cita

El zorro y las uvas

1024px-Vulpes_vulpes_at_shipwreck

En este blog ya se crearon entradas específicas sobre este tema, explicándose la importancia de utilizar metáforas en terapia para que la persona pueda entender su proceso mejor. Si trabajamos, en ocasiones, con ejemplos, metáforas y comparaciones, estamos trabajando sobre el mundo concreto y la comprensión de una problemática psicológica o técnica es mucho mayor.

Divagar en torno lo abstracto nos cuesta más, hablar en términos genéricos, a veces, no ayuda y abstraer cosas de la realidad es complicado para algunos pacientes. Por ello muchas veces les solicito en consulta un listado de situaciones donde creen que el problema tiene lugar o situaciones problemáticas per se. Ellos y yo solemos entenderlo mucho mejor mediante ejemplos, metáforas, cuentos o historias y comparaciones.

Algo que se da algunas veces en terapia es la auto-revelación, que consiste en que el psicólogo puede revelar algún aspecto cierto de su propia vida donde le pasó algo parecido o tuvo un síntoma similar al que está indicando el paciente. Con ello, tratamos de ser un “modelo coping” (transmitimos un modelo de conducta que tiene fallos pero sigue adelante, los supera. Aun teniendo fallos sigue transmitiendo un modelo positivo de conducta. Se diferencia de un “modelo mastery” que sería uno que lo hiciera todo bien, que tendría más utilidad para enseñar habilidades motoras, pero no psicólogicas). Cuando se emplea la auto-revelación, el paciente puede normalizar bastante el problema y relativizar en cierto sentido el mismo.

Esto es especialmente importante cuando se trabaja con niños y existen psicólogos que lo hacen extremadamente bien. Si tiene sentido lo que acabamos de decir, mucho más con el trabajo con los niños, que debe ser dentro del pensamiento concreto y con ejemplos claros, con juegos, cuentos, auto-revelaciones, historias de alguien que pasó por algo similar, dibujos, etc.

El otro día compré a mi hijo un libro de fábulas, ya que a mí me encantaban este tipo de libros cuando era pequeña,  y me di cuenta de que es una buena herramienta para trabajar cosas con niños mediante el cuento, aspectos que con ellos deben tratarse pero son complicado si no se trasladan al mundo de lo concreto, como son, la autoestima, la aprobación de los demás, el autoengaño, etc. Aquí os dejo una de ellas que me gustó especialmente:

<<Un zorro caminaba buscando comida, pues aún no había desayunado y ya era mediodía, cuando vio una parra repleta de hermosas uvas.

“¡Qué uvas más jugosas!”, pensó el zorro relamiéndose. Y empezó de dar saltos y a estirar las patas intentando alcanzar el racimo, pero por más y más esfuerzos que hizo, no lo logró, aunque sí se llevó unos cuentos golpes y arañazos.

Herido en su orgullo, el zorro se alejó de la fruta diciendo: “bah!, en realidad no las quiero comer, no me apetecen porque no están maduras”.

Nunca te engañes a ti mismo. No te sientas mal por no haber conseguido algo y no le quites importancia. Sigue intentándolo y recuerda que el valiente es el que acepta la verdad sin miedo.>>