No hay vida sin conflictos y no se puede caer bien a todo el mundo. Algunas consideraciones sobre ello.

  • Cuando sentimos ansiedad, descontento o malestar, hemos de considerar esas sensaciones como señales para practicar las habilidades adquiridas en el entrenamiento en asertividad y no como fracasos o recaídas.
  • Los conflictos son inevitables, siempre van a existir y hay que contar con ellos
  • Si hago lo que quiero, actúo como me parece y no espero que el otro me recompense. Si lo hago por el otro y luego no responde como yo quiero, me enfado
    o me deprimo (porque estaba intentando comprar cariño).
  • Además, no le dejo ser él mismo, ya que espero que haga algo en cuanto se lo pida
    por que “me lo debe”.
  • Cuando somos asertivos nos estamos refiriendo a un comportamiento concreto de la
    persona, no a la persona en su totalidad.
  • Los comportamientos son importantes, pero lo más importante es ver la función que
    cumplen; qué función tienen los síntomas de los problemas.
  • Hagamos lo que hagamos, a unos les parecerá bien, a otros les dará igual y a otros
    les parecerá mal. Esto es así y no se puede controlar. Es decir, las cosas no estarán
    bien hechas a los ojos de todo el mundo, por lo que hay que replantearse las
    expectativas.
  • Cuando somos asertivos estamos seguros de nuestros derechos, lo que nos lleva a
    estar tranquilos. Si en cambio, somos agresivos, nos inhibimos y sentimos que nos
    controlan, de ahí la agresividad.
  • Una diferencia importante, es que con la agresividad ponemos la expectativa en el
    otro, que ha de reaccionar como queremos para que se nos pase el enfado; en
    cambio, cuando somos asertivos, estamos poniendo la expectativa en nosotros
    mismos, nos comunicamos con el otro, pero desde el único control que podemos
    tener realmente: nuestro propio comportamiento.
  • Importante en asertividad es la conducta no verbal y paraverbal; mirada a los ojos y
    posición firme, seria. Nosotros controlamos nuestro comportamiento por lo que
    sabemos lo que vamos a hacer, de manera que sentimos más control ya que no nos
    influye de forma directa la reacción del otro, independientemente de que nos guste o
    no.
  • Muy importante es plantearnos cuál es nuestro objetivo en cualquier situación de
    interacción con otros y poner el control en nosotros mismos. Si no tenemos claro el
    objetivo, difícilmente tendremos claro cómo actuar.
  • A veces podemos valorar como agresivo, algo realmente asertivo (para esto tiene
    que tener claros sus derechos). Cuidado con esto, hay que mirarlo bien, porque
    muchas veces no tenemos un buen esquema para contrastar nuestro comportamiento.
  • El objetivo de la persona que consulta (en una situación social) ha de depender de sí
    mismo, no de las reacciones de los demás. Ejemplo: mi objetivo no puede ser que
    “el otro haga esto”, porque entonces mi bienestar depende de la reacción del otro.
    Por ello, este objetivo no es viable. Habría que buscar otro en el que el sujeto
    consiga lo máximo de lo que quiere, pero siendo realistas.
  • Lo importante de las habilidades sociales es cómo interpretamos el mundo; cómo
    consideramos nuestros propios derechos y los de los demás. No es práctico pensar
    que el mundo tendría que ser de determinada manera y que si no funciona así,
    entonces me siento mal. Es muy probable que así me sienta constantemente
    defraudado.
  • La creencia de que el mundo es justo es una creencia irracional. El mundo no es
    justo. Antes que pensar “esto no debería ser así”, es más práctico qué ver ocurre en
    la realidad y qué podemos hacer ante esas circunstancias.

**Libro: asertividad y habilidades sociales, en Principios y aplicaciones de
la terapia de conducta. Mathieu, M,; Wright, J y Valiquette, 1981

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Minientrada

¿Qué le estás transmitiendo a tus hijos?

Me gustaría escribir una nueva entrada relacionada con otra anterior (https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/06/educar-a-los-ninos-para-ser-asertivos/).

Si pretendemos enseñar a nuestros hijos asertividad, como en el anterior post, hay que tener en cuenta que podemos tener en nuestra cabeza una serie de creencias que no nos van a ayudar a ello. Son creencias muy extendidas socialmente pero, no por ello, ciertas ni inamovibles. A veces,  estas creencias o pensamientos muy instaurados pueden perpetuar la agresividad y la violencia, otras pueden legitimar la sumisión, el acoso, etc., pero en ningún caso incitan a la igualdad, a la simetría en las relaciones sociales ni guían hacia el comportamiento asertivo. Atención a las creencias que transmitimos.

¿A qué creencias nos referimos? (Basado en Díaz-Aguado, 2004)

-Las que justifican comportamientos de violencia e intolerancia y/o hacia el dominio y la sumisión: justificar violencia entre iguales, racismo, sexismo, xenofobia… ¿Decimos algo de este tipo delante de los niños?

-Creencias que dificultan el ponerse en el lugar de los otros (no empática), no promover el intentar comprender al otro.  ¿Les enseñamos a pensar cómo se siente el otro, qué es lo que le lleva a actuar de esa forma?

-Las que tienen que ver con un sentido inapropiado de la justicia (“si te pegan, pega”), con legitimar la venganza  (el ojo por ojo…), con la conspiración del silencio (los estereotipos de chivato, cobarde dentro de la escuela…), la arrogancia, el pensamiento grupal, responder a la violencia con más violencia.

-No proponer a tu hijo soluciones alternativas basadas en la no violencia. Por el contrario, suponer que las estrategias violentas para resolver un conflicto son las mejores.

-Suponer que los problemas de tu hijo tienen que ver, únicamente, con los profesores e iguales.

-Minimizar la importancia de las agresiones entre iguales, considerarlas como inevitables (“es normal que tu amigo agrediera a X, le estaba provocando”, “si no devuelves los golpes que recibes, pensarán que eres un cobarde”).

-La creencia de que el castigo físico es necesario y superior, en algunos sentidos, al diálogo o la comunicación. El castigo físico frecuente en el niño puede dar lugar a que resuelva situaciones conflictivas empleando tácticas violentas y no asertivas.

¿Te sientes reflejado en alguna de ellas? ¿Crees que esto ayuda a tu hijo o hija en el desarrollo de su asertividad? ¿Crees que legitima el comportamiento violento?

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Cita

Algunos trucos para mejorar nuestras habilidades sociales

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En este post vamos a proponer algunas técnicas que se utilizan en el trabajo de las Habilidades Sociales en consulta o en grupo (yo misma suelo proponerlas a mis pacientes y les doy un material parecido a éste). Se utiliza, como veremos en una entrada posterior, para poder manejar determinadas situaciones de forma más firme o más asertiva, no boicoteando nuestros propios derechos ni dejando que no sean respetados por otros.

DISCO RAYADO: repetimos insistentemente lo que queremos, lo que pedimos, lo que solicitamos, defendemos nuestros derechos. Se empieza con algo positivo (te entiendo, comprendo…) y, a continuación, decimos lo que queremos o no queremos. El interlocutor dejará de insistir en que hagamos algo que no queremos o no hagamos algo que queremos.

-Entiendo, pero no me interesa… Le he comprendido pero no lo voy a comprar…Quizás, pero no lo quiero…

PERO: reconocemos la primera parte como verdadera, de lo que nos dice la otra persona que supuestamente intenta manipularnos y, a pesar de ello, mantenemos nuestra postura.

-Sí, es posible que parezca egocéntrico, pero…
-Tienes razón, pero lo haré cuando yo considere…
-Es cierto que me gusta lo extravagante, pero…

Se puede combinar con la anterior técnica (Disco Rayado).

INFORMACIÓN MUTUA: prestamos atención a lo que nos dicen (escucha activa) y después damos por nuestra parte una información distinta (una vez escuchado, hacemos uso de nuestro turno y mostramos nuestra información u opinión).

ASERCIÓN NEGATIVA: reaccionamos ante una crítica que es justa pero sin dar demasiadas excusas o justificaciones. Normalmente, tendemos a defendernos y justificarnos en gran medida pero lo que propone esta técnica es admitir el error sin justificarnos demasiado.

-Has tardado mucho en hacer este trabajo. –Es cierto, lo he realizado lento, podría haberlo hecho más rápido, disculpa.

INTERROGACIÓN NEGATIVA: facilita la comunicación cuando otra persona nos critica y sirve para conocer los sentimientos o ideas de otras personas en estos casos.

-¿Qué tiene de malo que salga hoy?
-¿Qué defecto le encuentras a mi ropa?
-¿Qué te molesta de mi forma de hablar?
REPETIR LO QUE SIENTE LA OTRA PERSONA: se repite lo dicho por la otra persona pero sin mostrar acuerdo alguno en lo que se dice.
-Ya sé que para ti es muy importante que te deje mi coche, pero…
PARAFRASEAR: se comenta expresivamente lo que nos dice el otro en un tono similar y expresando nuestra opinión verdadera.

-¿Te sentirías muy bien si te dijera que sí…?

-Entonces lo que quieres decir es que…pero yo….

-Si no me equivoco opinas que…pero yo…

Audio

¿Sabes escuchar?

Muchos de nosotros solemos quejarnos a veces porque no nos sentimos escuchados, decimos que la gente no sabe escuchar, que te lanzan un tremendo monólogo, que no tienen interés en lo que decimos, que su lenguaje corporal da la sensación de que está en otras cosas (no me miras, no me atiendes…).

Es cierto que existen personas que escuchan lo que otro les dice, pero en realidad no están prestando la suficiente atención, hacen que escuchan o están esperando a que el otro acabe para lanzar su discurso.

Otras personas tardan un tiempo exagerado en contar algo nimio o no, sin dar al otro la oportunidad de explicarse. Otros emplean el monólogo.

Otras interrumpen.

Otras se centran en ellos mismos y parecen no mostrar interés por lo que el otro relata.

Y un largo etcétera…

Vamos a comentar qué patrones incorrectos se pueden dar durante un tiempo de escucha. Evidentemente, una persona no se comporta únicamente según un patrón puro sino que tendrá varios comportamientos acordes a la situación en la que se encuentre, pero tenderá con seguridad hacia uno en concreto:

  • El simulador: no se centra en la persona que habla, su mente está en otra parte a pesar de dar señales externas de que está atento: asiente con la cabeza, establece contacto visual y en ocasiones murmura “ajá”.
  • El interruptor: no permite que la persona que está hablando termine de hacerlo; no le hace ninguna pregunta para clarificar ni solicita ningún tipo de información adicional. Está demasiado ansioso de hablar. Muestra muy poco interés por la otra persona.
  • El interpretador: esta persona intenta de manera precipitada interpretar todo lo que otra persona dice y por qué lo dice. Juzga las palabras de su interlocutor o intenta acoplarlas a su propia lógica, sin tener suficientes elementos de juicio para ello. Suelen utilizar expresiones como: « Tú lo que sientes es….».
  • El aprovechado: utiliza las palabras de su interlocutor únicamente como un medio para transmitir su propio mensaje. Cuando la persona dice algo, el aprovechado se apropia del enfoque y lo modifica en la dirección de su propio punto de vista, su opinión, su historia o sus hechos. Sus expresiones favoritas son: “Bueno, eso no es nada en comparación con lo que me pasó a mí…”; “Yo recuerdo cuando yo era…”
  • El discutidor: esta persona sólo escucha el tiempo necesario para refutar lo dicho. Su objetivo es utilizar las palabras de su interlocutor en su contra. En el peor de los casos, lo discute todo y desea demostrar que el otro está equivocado. Como mínimo, intenta siempre que su interlocutor reconozca su punto de vista.
  • El consejero: ofrecer consejos es, en algunas ocasiones, positivo; sin embargo, en otras, este comportamiento interfiere con la capacidad de escucha, ya que no permite que la persona que está hablando exprese totalmente sus sentimientos o ideas; no contribuye a resolver los problemas, impide airearlos; también puede ser humillante para la persona que habla, ya que resta importancia a su preocupación al ofrecerle una solución rápida.

¿Qué es escuchar correctamente?

A esta habilidad se le llama escucha activa o escucha atenta, que implica oír al otro con total apertura, conectar con lo que está sintiendo, de manera que el interlocutor sienta que puede expresarse sin miedo a ser juzgado, aún cuando el oyente no esté de acuerdo con lo que dice. Las personas que saben escuchar activamente suelen establecer buenas relaciones y suelen resolver de una forma positiva los problemas.

En la escucha activa se pueden distinguir conductas observables y no observables.

Las observables está referida a las señales que emite el que está recibiendo el mensaje y que indican conexión emocional con el otro, como por ejemplo:

-asentir

-preguntar

-establecer el contacto corporal cuando corresponda.

-establecer contacto visual cuando corresponda.

Lo no observable se refiere al pensamiento del que está escuchando (relacionado también con los patrones anteriores, con juzgar, con pensar algo acerca del otro, con estar absorto en otras cosas, etc.).

Leído este post, ¿crees que escuchas de una manera correcta?

¿Crees que los patrones anteriores terminan por crear rechazo en los demás?

 

 

 *libro: EDUCAR LAS EMOCIONES

©Mireya Vivas, Domingo Gallego y Belkis González

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Pequeña historia sobre la asertividad

«Cuenta el columnista Sydney Harris que, en cierta ocasión, acompañaba a comprar el
periódico a un amigo suyo, quien saludó con cortesía al dueño del quiosco. Éste le respondió con brusquedad y desconsideración. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana. Cuando los amigos reemprendieron el camino, el columnista le preguntó:

– ¿Te trata siempre con tanta descortesía?
– Sí, por desgracia.
– ¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
– Sí, así es.
– ¿Y por qué eres tan amable cuando él es tan antipático contigo?
– Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es un actor de su propia vida, no un re-actor ante lo que dicen o hacen los demás. Actúa por sus propias convicciones, no por reacción a como actúan con él los demás».

**Libro recomendado: Educar las emociones. man-81833_640

Educar a los niños para ser asertivos

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El tema de la asertividad está bastante extendido en el campo de la psicología y de la terapia. El tratamiento de la misma suele realizarse en terapia a posteriori, es decir, el profesional intenta corregir y guiar al cliente para conseguir que sea más asertivo en su vida, debido a que el no serlo le ha traído algunos problemas. No siempre los padres consiguen que sus hijos sean personas asertivas y esto puede desencadenar problemas en su vida adulta y durante la adolescencia. Si educáramos para la asertividad, probablemente, nos ahorraríamos algunos disgustos posteriormente y sobre todo trabajaríamos de forma positiva sobre su autoestima.

Pero ¿cómo conseguir que nuestros hijos sean asertivos? ¿Cómo educar para la asertividad?

Primero y obvio, es necesario fomentar el contacto social de nuestros hijos para que puedan aprender a relacionarse: salidas, excursiones, invitar amigos a casa, ir a casa de sus amigos, relacionarse con iguales, con niños más pequeños, con adultos, etc.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la asertividad se aprende, no es una habilidad innata, por lo que su aprendizaje se instaura con la práctica repetida. Ni que decir tiene, la importancia del archiconocido REFUERZO POSITIVO, en los casos en los que el niño se comporte adecuada y asertivamente, y el modelo de asertividad que reciba de nosotros (predicar con el ejemplo). Por otro lado, es conveniente ignorar sistemáticamente las reacciones agresivas o no asertivas de una forma descarada (debe darse cuenta de que no nos interesan ese tipo de comportamientos).

Un primer paso, es escuchar activamente al niño ante un problema que le preocupe, esto le hará confiar en nosotros. Poner los cinco sentidos en él cuando nos está contando algo que le angustia o preocupa.

Es interesante tratar el tema “derechos” con el niño, de esta forma aprende la existencia de unos derechos que hay que respetar y que, a la vez, deben respetarse los de él:

-“lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía derecho a decir lo que pensaba”.

-“este señor de la tele está pisando el derecho del otro a expresar lo que quiere”.

-“tu hermana tiene derecho a hablar, es su turno. Luego hablarás tú”.

-etc.

Darle al niño la oportunidad  de demostrar sus capacidades:

-hacerle partícipe en discusiones.

-enseñarle mediante refuerzos a conversar correctamente.

-cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que sabemos que puede afrontar, ayudarle a hacerlo.

-etc.

Evitar el lenguaje negativo: “no deberías haber hecho esto”, “otra vez…”, “siempre haces…”. El lenguaje positivo, sin embargo, se fija en lo adecuado de una situación: “la próxima vez hazlo mejor”.

Para enseñar asertividad NO debemos emplear los siguientes tipos de frases:

-“pues si Pedro se ha reído de ti, le pegas un corte y ya está”.

-“tú no te dejes achantar. Si te pegan, devuélvesela”.

-“deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender a conversar con él”.

Ante una situación conflictiva con otro u otros niños u adultos, una intervención en casa debería incluir lo siguiente:

-Primero, escucharle, valorar su problema como algo a tomar en serio (pero sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamiento. Repasar con él sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda y sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.

-Definir con él y clarificar qué quiere cambiar.

-Ensayar, como en una obra de teatro, la situación conflictiva. El padre o la madre puede hacer de persona problemática y el niño de él mismo. Analizar lo incorrecto de la conducta del niño y sugerir y ensayar alternativas de conducta, por ejemplo: no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar enfrentarse a esa persona. Pedirle firmemente que le deje en paz. No llorar, utilizando la respiración; no refugiarse en la profesora, sino intentar resolver los problemas por sí solo, etc.

-Es bueno contarle la historia de una persona que pasó por lo mismo, incluso ésta puede ser de carácter personal: “a mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No sabía cómo quitármelo de encima y lo pasaba fatal. Hasta que un día decidí…”, etc.

Si presenciamos una conducta no asertiva en nuestro hijo, una fórmula posible puede ser la siguiente:

-1º Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle llorar”.

-2º Una razón para el cambio: “así se están creyendo que valen más que tú y continuarán riéndose de ti “o “Carlitos es más débil que tú y no se puede defender”.

-3º Reconocimiento de los sentimientos del niño: “debes de sentirte fatal cuando te ocurre esto” o “ya sé que quieres que los demás vean que eres muy fuerte”.

4º Una formulación clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en casa? ¿Porqué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas como si tal cosa?”. “¿Por qué no demuestras tu fortaleza jugando al fútbol?”

5º No rechazar al niño, no generalizar (“siempre estás igual”), no insultar.  Evitar, asimismo, los silencios y las manifestaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas.

Conclusión

Cuando un niño nos haya relatado su preocupación podemos iniciar una especie de “trabajo de equipo” con él, SIGUIENDO LAS PAUTAS ANTERIORES. Debemos creernos que hay solución (porque en realidad la hay). Si dudamos o estamos muy angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento para nuestro entender. Si se da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional (psicólogo), que evaluará y tratará el problema de forma mucho más objetiva y racional. Por otro lado, el niño tiene que tener muy claro que no va a existir un cambio radical en los primeros intentos. Hay que reforzar, más bien, el intento de superación, más que el éxito en la conducta, ya que éste puede tardar en aparecer. Es por ello relevante, hacerle sentir bien consigo mismo incluso en situaciones no del todo positivas, sacando algo agradable de ellas, para que no abandone el aprendizaje y vuelva a enfrentarse a la experiencia.