Pareja, apego y modelo paterno

Las relaciones de pareja suelen estar influidas por el modelo paterno de pareja que hemos observado de nuestros padres y por el tipo de apego que hemos recibido (puedes ver las entradas respecto al apego que hay en este blog). Para descubrir algún tipo de problema de pareja que tenga que ver con apegos o con modelos paternos os dejo unas cuantas preguntas sacadas de la Entrevista de Apego AAPR, básicamente para explorar y acercarnos un poco a cómo es nuestra relación. Ambos miembros de la pareja deberían hacerse estas preguntas, respondiendo totalmente por separado. Un problema detectado mediante estas preguntas, contestadas con toda sinceridad, puede ser abordado por un terapeuta en consulta individual o de pareja. La pareja, sabiendo las respuestas, puede tratar de resolver algunas formas patológicas de relación, primero por su cuenta; si la solución no llega es conveniente consultar a un especialista.

¿Cómo describiría la personalidad de su pareja?

¿Cómo caracterizaría la relación con su pareja?

¿Cómo se ve a sí mismo en términos de relaciones de pareja?

¿Nota ud. algún patrón o conflicto típico que se le repita en sus relaciones?

¿Cómo reaccionaría ante situaciones conflictivas?

¿Qué haría en caso de problemas con su pareja?

¿Cuál es su concepto de una relación ideal?

¿¿Te dan alguna pista estas preguntas?? ¿Crees repetir algún patrón? ¿Crees que ha influido en algo la relación de tus padres, su modelo de pareja? ¿Cómo fue tu tipo de apego?

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/15/apego-y-mas-cosas/

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¿Sabes lo que es la Anorexia Infantil? (0-3 años)

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Hace poco llegó a mi consulta una paciente que tiene una hija con un problema de anorexia infantil. A partir del año de vida dejó prácticamente de comer (sólo leche materna y alguna fruta). Ahora mismo tiene tres años y está en tratamiento por TCA.

No había tratado tan de cerca ningún caso de este tipo, con tan corta edad. Conocía su existencia pero tuve que indagar bastante sobre los factores de riesgo que existen para un trastorno de este tipo en tan temprana edad. Pensé: “si entiendo mejor  el problema de su hija podré ayudar mejor a mi paciente”. Por el momento, no hay o no hemos encontrado una causa clara, estamos en ello ya que seguramente se trate de un trastorno multicausal.

En la anorexia infantil hay varios factores de riesgo que influyen en gran medida (0-3 años), pero no los tomemos como un axioma, porque en muchos casos no tienen lugar.

-Existe un trastorno o problema alimentario en la madre.

-La familia es muy exigente con la dieta, si se le dan alimentos poco nutritivos para cuidar la dieta. Existe mucha preocupación por la alimentación en casa.

-Existencia de insatisfacción corporal en la madre, preocupación por su peso, por su línea.

-Existen síntomas psiquiátricos en los cuidadores o alcoholismo.

-Una masa corporal en el bebé durante el primer mes de vida baja parece que actúa como factor de riesgo para desarrollar anorexia infantil.

-Un inadecuado apego:

Bowlby indica que la anorexia puede darse en casos de separación de la madre, de excesiva exigencia de cariño por parte de esa figura, o cuando hay un sensación de rechazo de la madre bajo una apariencia de afecto.

En casos de vinculación angustiante puede darse el problema alimentario, por ejemplo, cuando hay una madre presente físicamente pero poco sensible a las necesidades del niño, o una madre ausente por la existencia de un duelo, una separación, por rechazo, por abandono o por amenaza de abandono.

Dependiendo del caso, el vínculo puede ser inseguro, o poco estable, o conflictivo o muy protector. La anorexia sería un síntoma de la alteración del proceso de vinculación de la madre; el trastorno actuaría como un espacio de control del niño, de libertad, de autonomía, como sucede cuando empiezan a andar (en el caso de mi paciente coincidieron ambos hechos en el tiempo). El apego puede no ser el adecuado y existir aislamiento, sobreprotección, relaciones conflictivas o excesiva intromisión entre la madre y el hijo (pueden darse situaciones muy diversas). También influye, evidentemente, los rasgos de personalidad del niño.

La incapacidad de alimentarse es una especie de denuncia del fracaso en el logro de independencia y autonomía básicas. (No sólo por parte de la madre o por parte del niño, ambas personalidades tienen que ver en el problema, ya que el problema se sitúa en el vínculo establecido).

-La terapia sistémica indica factores como:

-La sobreprotección o la crianza excesiva.

-Restricción de la autonomía del niño.

-Rigidez en la familia, resistencia al cambio, horarios muy estrictos.

-Control verbal de los niños muy fuerte, controlar a los mismos en especial a la                    hora  del juego.

-Evitación o poca tolerancia al conflicto, incapacidad de resolverlo.

-Familias amalgamadas: miembros excesivamente involucrados entre ellos con                   tendencia a invadir la intimidad del resto.

-Parece, no obstante, que el mayor predictor es la existencia de un Trastorno de la Conducta Alimentaria en la madre, en primer lugar, porque el niño o niña imita y, segundo, porque el trastorno puede interferir en la función materna, ignorándose las respuestas de los hijos. En estos casos de existencia de trastornos se pueden dar serios conflictos emociones en los hijos, depresión, conducta agresiva, etc.

Para más información podéis consultarme en el formulario y echar un vistazo a este artículo:

 Interacción madre-hijo, patrones de apego y

su papel en los trastornos del

comportamiento alimentario

LILIANA BETANCOURT M.1

MARITZA RODRÍGUEZ GUARÍN2

JUANITA GEMPELER RUEDA3

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Desbancando una idea sobre bebés

La semana pasada asistí a una pequeña conferencia acerca de la Teoría del Apego, en la que conocía a la persona que la impartía. Además de interesante, fue muy dinámica e interactiva. Entre otras muchas cosas, salió a relucir el pediatra Carlos González, autor de obras muy conocidas entre los padres: Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor (2003), Un regalo para toda la vida, guía de lactancia materna (2006), Creciendo juntos (2013), entre otros. Aunque estoy de acuerdo con la mayoría de aspectos que refleja este autor en sus libros, existen otros en los que me hallo en desacuerdo. No obstante, ya que no es mi intención realizar aquí una crítica literaria o de principios, me quedo con una frase de este autor, que reflejó Noelia en su conferencia, la cual tiene que ver con ofrecer todo el cariño posible a nuestros hijos, que nadie se vuelve un delincuente por exceso de abrazos, situándose totalmente en contra de aquello que dicen algunas madres o abuelas: “no lo cojas demasiado en brazos, que se acostumbra” ¿¿…?? En general, es lo que nos sale hacer con nuestros hijos, darles afecto:

No existe ninguna enfermedad mental causada por un exceso de brazos, de cariño, de caricias…No hay nadie en la cárcel, o en el manicomio, porque sus padres le cogieron demasiado en brazos, o le cantaron demasiadas canciones, o le dejaron dormir con ellos. En cambio, si hay gente en la cárcel, o en el manicomio, porque no tuvo padres, o porque sus padres le maltrataron, le abandonaron o le despreciaron. Y sin embargo, la prevención de esa supuesta enfermedad mental totalmente imaginaria, el malcriamiento infantil crónico, parece ser la mayor preocupación de nuestra sociedad.”


Carlos González

 

Rosalía e hijo (cuando tenía 2 meses)

Rosalía e hijo (cuando tenía 2 meses)

Apego y más cosas…

Por muchos de nosotros es conocida la famosa clasificación del apego elaborada por Ainsworth y sus colaboradores en 1978, esto es, la forma de apego seguro, el apego ansioso-evitante y el ansioso-ambivalente.

¿Desde el punto de vista del cuidador, de la madre o del padre, en qué se diferencian cada uno de ellos?

El apego seguro se caracteriza por contar con gran sensibilidad por parte de la madre o el cuidador; éste percibe adecuadamente las demandas de su bebé, realiza una interpretación correcta de sus señales y responde apropiadamente a estas. En definitiva, los cuidadores son una base de seguridad, son sensibles a las necesidades del niño.

En el ansioso-evitante, la figura de apego es figura de protección pero puede provocar huida o escape (percibirse también como amenazante). Se ve al cuidador, simultáneamente, como figura a la que acercarse (ofrece, a veces, afecto y protección) y de la que alejarse (a veces, amenaza). Puede existir maltrato por parte del cuidador o inhabilidad psicológica. Pueden ser padres indiferentes, insensibles a las necesidades del niño, pueden rechazarlos en ocasiones o mostrarles hostilidad.

En el apego ansioso-ambivalente, el niño busca la proximidad hacia la madre pero se resiste a ser tranquilizado por ella. Existe falta de habilidades emocionales por parte de los padres, no inspiran confianza en cuanto a su respuesta. Son incoherentes e impredecibles en su disponibilidad (a veces son afectuosos, otras ignoran al niño o se enfadan con él). Suelen dar respuestas contradictorias y sus hijos suelen reclamar continua atención.

Como sabemos, este ha sido un tema muy tratado por la Psicología y del que se conoce bastante, y por poco que reflexionemos, sabemos cuál es la forma correcta de apego para nuestros hijos pequeños, desde que son bebés: la que más se asemeje al apego seguro, que es aquel en el que los cuidadores somos sensibles y respondemos apropiada y afectuosamente a las demandas de consuelo y ánimo y a las de atención de nuestros hijos.

En mi opinión, lo que es menos conocido para las personas no expertas en Psicología es de qué manera afectan estos tipos de apego en nuestra vida posterior y en la educación que, a su vez, da cada persona a sus hijos, cómo influye en cómo nos comportamos, cómo son nuestras interacciones sociales en función de los modelos que hemos recibido. Existen varios autores que han intentado explicarlo y vamos a tratar de simplificarlo mucho.

En 1969 Bowbly propuso una teoría que lo que decía es que existen modelos internos (representaciones mentales) que son el mecanismo por el cual las experiencias tempranas en nuestra infancia afectan a una persona toda su vida. Estos modelos internos de apego adquiridos tempranamente son como “mapas” que utilizaremos para comprender las conductas de los demás en las interacciones sociales y para organizar nuestra propia conducta en estas relaciones. Dentro de estos modelos, tienen especial relevancia las citadas demandas de atención y consuelo del niño, ya que si se trata de padres o cuidadores cooperantes y que les aportan su ayuda, es probable que estos niños desarrollen modelos internos que les permitan tener relaciones positivas con los demás y explorar el entorno con confianza.

Existen autores que señalan que estos modelos influyen durante toda la vida, aunque tienden a ajustarse en función de la experiencia (Bretherton, 1985), mientras que otros, como Bowlby, afirman que los cambios son poco significativos. No obstante, en cualquier caso nos muestran que las experiencias tempranas con nuestros cuidadores ejercen gran influencia sobre los modelos desarrollados en la infancia.

¿Pero cómo influye concretamente el tipo de apego en estos modelos internos personales?

Otros autores, Collins y Read (1994), tuvieron en cuenta los tres tipos de apego indicados al principio y señalaron unos componentes propios de estas representaciones mentales:

-¿Qué RECUERDOS existen en la persona sobre las experiencias de apego?

-¿Qué CREENCIAS, ACTITUDES y EXPECTATIVAS sobre los demás y uno mismo en relación al apego?

-¿Qué OBJETIVOS y NECESIDADES relacionadas con el apego?

-¿Qué ESTRATEGIAS y PLANES para conseguir objetivos relacionados con el apego?

Para dejar más claro en qué consisten estos componentes, vamos a exponer qué resultados se encontraron para cada grupo de individuos para así, observar cómo ha influido el estilo de apego en ellos y en sus interacciones actuales:

RECUERDOS:

Las personas con un apego seguro conservan un recuerdo de unos padres cálidos y afectivos.

Los evitativos señalan una figura de apego fría y que manifiesta rechazo.

Los ambivalentes recuerdan unos padres injustos.

CREENCIAS, ACTITUDES, EXPECTATIVAS:

En líneas generales, los individuos seguros poseen unos modelos internos positivos tanto de sí mismos como de los demás: tienen alta autoestima y confían en sí mismos. Suelen estar orientados interpersonalmente y creen que suelen gustar a los demás. Tienden a pensar que las intenciones de los demás son buenas y que son dignos de confianza y desinteresados.

Los individuos evitativos no suelen confiar en los demás, por lo que tienden a tener pocas relaciones sociales y no están orientados interpersonalmente. Los demás no son dignos de confianza y se duda de sus intenciones.

Las personas ambivalentes consideran que los demás son complicados o difíciles de entender. Son ambivalentes, también pueden ser desconfiados y creen que ellos mismos, y la gente en general, tienen poco control sobre sus vidas.

OBJETIVOS Y NECESIDADES:

Las personas seguras desean establecer relaciones íntimas con los demás pero siempre manteniendo un equilibrio entre la cercanía y la autonomía personal.

Para los evitativos, es fundamental mantener la distancia con los otros para preservar su autonomía o para evitar el rechazo. Suelen dar mucha importancia a los logros personales.

Los ansioso-ambivalentes desean una extrema intimidad con los demás, renunciando a su propia autonomía, temen el rechazo y pasan mucho tiempo preocupándose por sus relaciones.

PLANES Y ESTRATEGIAS:

Los seguros son personas que reconocen su estrés y afrontan de forma constructiva sus emociones negativas (no las reprimen pero tampoco las expresan mediante un berrinche o atacando a los demás). Las emociones son proporcionadas al nivel de estrés que sufren y buscan la ayuda de los demás si la necesitan.

Los evitativos tienden a minimizar e incluso cortar la rabia o una emoción negativa y suelen expresarlas menos. Tienen muchas dificultades para pedir ayuda a los otros.

Por último, las personas ansioso-ambivalentes son menos conscientes de sus emociones pero tienden a experimentar más estrés. Suelen manifestarlo exageradamente para obtener una respuesta de su pareja o de otra persona. Suelen ser colaboradores y estar disponibles debido a su alta necesidad de aprobación y niegan las necesidades propias por miedo al rechazo.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, podemos hacer énfasis en lo importante que son las respuestas de apego para nuestros hijos ya que, según estos autores, pueden influir, en cierta medida en cómo son sus relaciones posteriores y cómo son algunos de sus comportamientos. No podemos cambiar cómo fue el estilo de apego de nuestros padres con nosotros pero sí podemos detectar algunos de nuestros modelos internos anteriores para tratar de matizar cómo nos comportamos con los demás, si confiamos en ellos, si tenemos excesiva necesidad de agradar, no tanto para autoanalizarnos sino para averiguar aspectos que no nos hacen felices y poder, en cierto modo, modificarlos. Por otro lado, consideramos claramente que, si tenemos hijos pequeños o pensamos tenerlos, el apego que más favorece el desarrollo positivo de parte de su personalidad es el seguro, en el que el niño siente que se tienen en cuenta sus actuaciones, que se le consuela, que no se le trata mal, que se responde a sus interacciones con naturalidad. El tema es muy largo para exponerlo aquí en su totalidad por ello he considerado importante mostrar muy resumidamente cómo son nuestros modelos internos a partir de los tres tipos de apego, sabiendo, como es obvio, que es una clasificación y que el estilo de apego no es siempre puro ni se puede englobar, en toda circunstancia, en el mismo tipo.

PINTURA MODERNA. MADRE Y NIÑO. AUTOR GEBRE KRISTOS DESTA 1966.