Actitudes Generales con nuestros hijos

Hay algunas actitudes generales a tener en cuenta a la hora de educar a un niño para la asertividad. Por supuesto, son normas que no solamente tienen cabida para el tema de la asertividad, sino que cumplen numerosas otras funciones educativas, sobre todo, la de desarrollar la autoestima. Incluso pueden sonar a perogrullo, pero hemos preferido exponerlas antes que pasarlas por alto.

Regla nº 1: ¡Cuidado con las proyecciones!

Muchas veces, tendemos a proyectar nuestros propios temores y experiencias negativas en nuestros hijos. El padre del que se han burlado mucho de pequeño, tenderá a querer “proteger” a su hijo de esta experiencia, insistiéndole en la desconfianza hacia los demás e intentando que se anticipe a los “ataques” de los otros, atacando él antes.

No siempre expresará todo esto con palabras, pero basta que el niño vea en su padre esta actitud o que se fije en pequeños comentarios del padre para que llegue a la conclusión: “parece que el mundo es peligroso. Tendré que ir con mucho cuidado”.

La madre que está continuamente pendiente de lo que piensen los demás de ella, que tras haber estado su hija en casa de unos amigos le acribilla a preguntas sobre su comportamiento, sobre si se portó bien para que los otros se hayan llevado una buena opinión de la niña, está proyectando su temor en ésta y logrará pronto que la hija esté igualmente pendiente de lo que los demás opinen de ella.

Es difícil, pero hay que intentar de todas las formas que el hijo o alumno no se vea

“predestinado” a cumplir las expectativas que tienen sus padres respecto a él, a curar sus frustraciones o a cumplir sus esperanzas.

“Por supuesto que todo educador que lea esto, pensará: “pero yo quiero lo mejor para el niño” y la actitud que proponemos, que es la de aceptar al niño con sus ideas actitudes dejarle tener las experiencias a él es igualmente sabida como difícil de realizar. Nuestra propuesta es: analizar las propias ideas y temores y reflexionar si hay alguna que pueda ser “irracional”, fruto de alguna experiencia dolorosa que el niño no tiene por qué pasar.

Esa idea es la que no tenemos derecho a intentar “colar” al niño sin que él nos lo haya pedido ni sus experiencias nos lo hayan hecho necesario transmitir. Sí podemos, por supuesto, darle consejos o contarle nuestras experiencias, pero nunca de forma categórica ni estableciendo reglas ( “todo el mundo es así”, “nadie te va a ayudar”, “no te fíes de nadie”, etc.)

Regla no 2: No confundir un error puntual con una característica de la personalidad.

 

Un método muy poderoso para no permitir que se desarrolle la autoestima es tachar al niño de “malo”, “vago” o “desobediente” cuando ha hecho algo mal. En este caso, se está confundiendo una cosa puntual con toda la personalidad del niño. Aunque el adulto tenga claro que un niño no es “malo”, estrictamente hablando, por el hecho de haber pegado a un compañero, el propio niño no lo tiene tan claro. Si oye una y otra vez “eres malo” ante cada acto agresivo que cometa, llegará a la conclusión de que él es, efectivamente, una mala persona y, sobre todo, que no tiene remedio. Una persona que desde siempre piense que “es mala” no podrá desarrollar una sana autoestima, porque está convencida de que eso es inamovible y de que no hay nada que hacer con él.

Todos sus actos estarán marcados por el hecho de “ser malo”. Sabiendo que todos los niños quieren, en el fondo, ser “buenos” ¿qué hará el niño al que se le ha hecho sentir que es intrínsecamente malo? Tiene varias opciones, pero ninguna encaminada a desarrollar una autoestima sana ni, por supuesto, una conducta asertiva correcta.

Lo mismo ocurre con un niño que una y otra vez oye que es “cobarde” o “tonto”. Es muy diferente decirle “hoy no te has defendido bien cuando aquél niño se burló de ti” que

“eres un tonto. Todo el mundo te toma el pelo”. Seguramente, además, este niño comenzará pronto a actuar según le están diciendo que es, y de forma cada vez más sistemática.

Lejos de enseñarle conductas concretas que podría modificar, se le seguirá tachando de “tonto”, entrando así en un círculo vicioso del que es difícil salir y que al niño no le aporta ningún beneficio.

Regla no 3: Asegurarse de que las expectativas que se tienen respecto al niño son razonables y adecuadas a su nivel y edad.

 

Un niño no es igual de asertivo a los 5 que a los 9 años, lo mismo que tampoco es igual de sociable o de creativo. A cada nivel madurativo le corresponden unas pautas de conducta que, antes o después, estarían desfasadas.

El problema que tienen muchos niños es que se les exigen cosas para las que todavía no están preparados. Así, a veces, se piden ciertas “responsabilidades” cuando el niño todavía no es lo suficientemente maduro como para captar la situación en su totalidad.

Pedirle a un niño de 10 años que estudie porque es bueno para su futuro seguramente no servirá más que para que odie la asignatura. Todavía no se da cuenta de la importancia del estudio y habrá que encontrar otros elementos que le motiven a estudiar.

Lo mismo ocurre con la asertividad: muchas veces se espera que un niño pequeño reaccione de forma mucho más “valiente” ante ataques y regañinas de lo que todavía es capaz. Estas expectativas se traducen luego en grandes regañinas si el niño no se ha comportado como “debería”. Un ejemplo son los niños “llorones”, (hablamos de un margen de edad entre los 5 y los 8 años) que ante un ataque o una situación que les ponga inseguros rompen a llorar o se refugian en el adulto que más confianza les dé. Si a este niño se le tacha de “cobarde”, se le recuerda que debe de sentir “vergüenza” ante los demás o se le regaña porque debería de haberse enfrentado a la situación, no se hace más que agravar el problema: el niño tendrá cada vez más ansiedad porque nadie le está explicando realmente cuál es la conducta adecuada y, además, no se le deja tiempo para que pueda experimentar otras conductas. Hemos visto en consulta muchos niños completamente aterrorizados ante lo que puedan decirles sus padres después de haber “vuelto a llorar en el cole”.

Otro ejemplo sería la tendencia, por suerte cada vez menos extendida, de no permitir que un niño (varón) llore o se muestre débil, ya que “los hombres no lloran”.

Para este tema no se pueden establecer reglas generales: no hay una edad en la que el niño ya no “debería” de ser cobarde o débil. Cada niño madura a su ritmo y en su momento y tenemos que permitir que nuestro hijo o alumno se tome el tiempo que él necesita para aprender a ser asertivo. Por supuesto que podemos ayudarle, y de eso trata el capítulo siguiente, pero de ninguna forma coartarle en su desarrollo a base de meterle miedo o someterle a presión.

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No hay vida sin conflictos y no se puede caer bien a todo el mundo. Algunas consideraciones sobre ello.

  • Cuando sentimos ansiedad, descontento o malestar, hemos de considerar esas sensaciones como señales para practicar las habilidades adquiridas en el entrenamiento en asertividad y no como fracasos o recaídas.
  • Los conflictos son inevitables, siempre van a existir y hay que contar con ellos
  • Si hago lo que quiero, actúo como me parece y no espero que el otro me recompense. Si lo hago por el otro y luego no responde como yo quiero, me enfado
    o me deprimo (porque estaba intentando comprar cariño).
  • Además, no le dejo ser él mismo, ya que espero que haga algo en cuanto se lo pida
    por que “me lo debe”.
  • Cuando somos asertivos nos estamos refiriendo a un comportamiento concreto de la
    persona, no a la persona en su totalidad.
  • Los comportamientos son importantes, pero lo más importante es ver la función que
    cumplen; qué función tienen los síntomas de los problemas.
  • Hagamos lo que hagamos, a unos les parecerá bien, a otros les dará igual y a otros
    les parecerá mal. Esto es así y no se puede controlar. Es decir, las cosas no estarán
    bien hechas a los ojos de todo el mundo, por lo que hay que replantearse las
    expectativas.
  • Cuando somos asertivos estamos seguros de nuestros derechos, lo que nos lleva a
    estar tranquilos. Si en cambio, somos agresivos, nos inhibimos y sentimos que nos
    controlan, de ahí la agresividad.
  • Una diferencia importante, es que con la agresividad ponemos la expectativa en el
    otro, que ha de reaccionar como queremos para que se nos pase el enfado; en
    cambio, cuando somos asertivos, estamos poniendo la expectativa en nosotros
    mismos, nos comunicamos con el otro, pero desde el único control que podemos
    tener realmente: nuestro propio comportamiento.
  • Importante en asertividad es la conducta no verbal y paraverbal; mirada a los ojos y
    posición firme, seria. Nosotros controlamos nuestro comportamiento por lo que
    sabemos lo que vamos a hacer, de manera que sentimos más control ya que no nos
    influye de forma directa la reacción del otro, independientemente de que nos guste o
    no.
  • Muy importante es plantearnos cuál es nuestro objetivo en cualquier situación de
    interacción con otros y poner el control en nosotros mismos. Si no tenemos claro el
    objetivo, difícilmente tendremos claro cómo actuar.
  • A veces podemos valorar como agresivo, algo realmente asertivo (para esto tiene
    que tener claros sus derechos). Cuidado con esto, hay que mirarlo bien, porque
    muchas veces no tenemos un buen esquema para contrastar nuestro comportamiento.
  • El objetivo de la persona que consulta (en una situación social) ha de depender de sí
    mismo, no de las reacciones de los demás. Ejemplo: mi objetivo no puede ser que
    “el otro haga esto”, porque entonces mi bienestar depende de la reacción del otro.
    Por ello, este objetivo no es viable. Habría que buscar otro en el que el sujeto
    consiga lo máximo de lo que quiere, pero siendo realistas.
  • Lo importante de las habilidades sociales es cómo interpretamos el mundo; cómo
    consideramos nuestros propios derechos y los de los demás. No es práctico pensar
    que el mundo tendría que ser de determinada manera y que si no funciona así,
    entonces me siento mal. Es muy probable que así me sienta constantemente
    defraudado.
  • La creencia de que el mundo es justo es una creencia irracional. El mundo no es
    justo. Antes que pensar “esto no debería ser así”, es más práctico qué ver ocurre en
    la realidad y qué podemos hacer ante esas circunstancias.

**Libro: asertividad y habilidades sociales, en Principios y aplicaciones de
la terapia de conducta. Mathieu, M,; Wright, J y Valiquette, 1981

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¿Cómo sobrevivir como pareja tras el nacimiento de un hijo?

Hace poco una compañera y yo planteamos un taller referido a cómo afecta el nacimiento de un hijo a la relación de pareja. Lo llamamos algo así como “la Cigüeña se llevó a mi pareja”. Cuando acude a mi consulta una pareja con problemas para hacer terapia, he notado que aparecen unas temáticas comunes en muchas ocasiones. Normalmente son parejas que cuentan con uno o dos hijos pequeños (he tenido desde parejas con hijos de meses de vida hasta 7 o más). Es cierto que es muy común que aparezcan problemas tras el nacimiento de un hijo, etapa en la que todo se trastoca y cambia la vida de la pareja. Las problemáticas que más me encuentro en la terapia de pareja son las siguientes:

-Discusiones por diferencias en las pautas educativas del niño o niña. Por ejemplo, uno es más perfeccionista, uno de los dos es más estricto en determinadas áreas…

-Falta de momentos únicos para la pareja o actividades conjuntas. Tradicionalmente esto se le ha achacado más a la mujer pero yo he notado que muchas veces el hombre también decide dejar de hacer cosas con su cónyuge.

-Uno de los dos se impone la privación casi total de vida social fuera de la maternidad/paternidad, lo cual hace que ésta se viva con presión.

-Uno de los dos se encuentra muy vinculado al hijo (a priori normal) y el otro miembro siente que se queda al margen.

-Los momentos de falta de sueño, estrés, crispación y falta de ocio y de tiempo libre pueden hacer que las discusiones se incrementen. También suele pasar que uno de ellos ve como menos ventajosa su situación respecto al otro (yo hago más que tú, tú sales más que yo, tú situación es mejor que la mía).

-Falta de medidas de conciliación laborales adecuadas y decremento de recursos económicos. En algunos casos el no poder dedicar suficiente tiempo al niño a causa del trabajo hace que aparezca sentimiento de culpa y estrés.

-La familia de uno de los miembros opina o se entromete en la educación y crianza del hijo, lo cual hace que la otra parte se sienta herida. Muchas veces parece que se establecen competiciones por ver a quién quiere más el niño o tiene lugar una especie de lucha de poder entre suegros-nuera o suegros-yerno. No tengo un porcentaje aproximado en cuanto a casos, pero sí indicaros que éste suele ser un conflicto que me encuentro frecuentemente tras un nacimiento. El más habitual que yo he visto es el de suegros-nuera, aunque en bastantes ocasiones también aparece el conflicto con el yerno.

-En ocasiones, falta de conocimientos (tradicionalmente asociado a los hombres) respecto a la evolución de los niños, psicología evolutiva, educación, pautas, cuidados, etc. Este desequilibrio de conocimientos hace que surjan problemas o desacuerdos.

-Sentimiento de culpabilidad debido a las dudas en la crianza (¿lo estaremos haciendo bien?). Estas dudas pueden hacer surgir el estrés y los conflictos.

¿Es reversible esta situación? ¿Qué podemos hacer?

-Ver la situación como algo pasajero y normalizar.

-Ver la relación como una versión mejorada de la anterior.

-Ver la relación de pareja como algo variable y flexible y no estático, con sus idas y venidas, sus horas altas y sus horas bajas (realmente es así). Compórtate como el bambú, que tiene gran fortaleza, pero sabe plegarse sin romperse ante el viento y otras adversidades.

-Ver esta etapa como un tiempo de alto rendimiento, como quién se prepara para una competición.

-No dejarse llevar por los roles tradicionales que se asignan al padre o la madre.

-No prestar atención al qué dirán los otros. La intuición de los padres suele funcionar a la hora de criar a un niño.

-Poner límites a la familia, lo más útil es que vengan, en primer lugar, del hijo o hija en cuestión y que sean negociados por los miembros de la pareja. Si no funciona, se puede plantear una conversación con ellos. En estas situaciones creo que es conveniente recordar el refrán: “más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo” (indica que es preferible afrontar una situación difícil que se reproduce continuamente por callar).

-Aunque a veces es muy difícil, pedir ayuda si nos vemos desbordados. Delegar.

-Prestar atención a lo que el otro hace bien. Yo lo llamo Radar Positivo. Se trata de anotar individualmente y en secreto durante un tiempo determinado una de las cosas que el otro hace bien durante el día. Tras el tiempo fijado (15 días, un mes…) se pone en común. Pueden ser cosas pequeñas: un beso de buenas noches, fregar un vaso, un mensaje bonito…

-Hablar mucho de lo que nos está pasando pero no tratar de ser “el salvador” y tratar de solucionarlo todo. A veces se trata más de escuchar activamente y acompañar al otro sin opinar. No nos suele atraer el escuchar sentimientos desagradables pero haciéndolo impedimos que se conviertan en algo peor.

-Habla con otros padres y madres de lo que está ocurriendo: te sentirás más comprendido.

-Salid por separado o juntos de vez en cuando.

-Recuerda los buenos momentos con tu pareja.

-De esos buenos momentos selecciona e intenta hacer todos los días un pequeño o pequeñísimo acto de los que efectuábamos antes. La terapia breve diría: “cumplir una gran tarea mediante pequeños actos”.

-Ofrecernos un pequeño intervalo de tiempo para estar solos o hacer algo que nos agrade, aunque eso sea descansar o darnos un baño.

-Emplead todas las pautas de asertividad que hemos visto en diversas entradas de este blog (ver las dos categorías: terapia de pareja y asertividad). Se trata de aprender asertividad, en definitiva, lo cual es muy extenso para el tema que nos ocupa en este post.

-Solicitad ayuda profesional si notáis que fallan las estrategias anteriores e iniciad terapia de pareja. Mi experiencia con pacientes es que su frecuencia es bastante más dilatada que la individual, no se alarga excesivamente en el tiempo y suele causar unos buenos resultados.

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¿Qué le estás transmitiendo a tus hijos?

Me gustaría escribir una nueva entrada relacionada con otra anterior (https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/06/educar-a-los-ninos-para-ser-asertivos/).

Si pretendemos enseñar a nuestros hijos asertividad, como en el anterior post, hay que tener en cuenta que podemos tener en nuestra cabeza una serie de creencias que no nos van a ayudar a ello. Son creencias muy extendidas socialmente pero, no por ello, ciertas ni inamovibles. A veces,  estas creencias o pensamientos muy instaurados pueden perpetuar la agresividad y la violencia, otras pueden legitimar la sumisión, el acoso, etc., pero en ningún caso incitan a la igualdad, a la simetría en las relaciones sociales ni guían hacia el comportamiento asertivo. Atención a las creencias que transmitimos.

¿A qué creencias nos referimos? (Basado en Díaz-Aguado, 2004)

-Las que justifican comportamientos de violencia e intolerancia y/o hacia el dominio y la sumisión: justificar violencia entre iguales, racismo, sexismo, xenofobia… ¿Decimos algo de este tipo delante de los niños?

-Creencias que dificultan el ponerse en el lugar de los otros (no empática), no promover el intentar comprender al otro.  ¿Les enseñamos a pensar cómo se siente el otro, qué es lo que le lleva a actuar de esa forma?

-Las que tienen que ver con un sentido inapropiado de la justicia (“si te pegan, pega”), con legitimar la venganza  (el ojo por ojo…), con la conspiración del silencio (los estereotipos de chivato, cobarde dentro de la escuela…), la arrogancia, el pensamiento grupal, responder a la violencia con más violencia.

-No proponer a tu hijo soluciones alternativas basadas en la no violencia. Por el contrario, suponer que las estrategias violentas para resolver un conflicto son las mejores.

-Suponer que los problemas de tu hijo tienen que ver, únicamente, con los profesores e iguales.

-Minimizar la importancia de las agresiones entre iguales, considerarlas como inevitables (“es normal que tu amigo agrediera a X, le estaba provocando”, “si no devuelves los golpes que recibes, pensarán que eres un cobarde”).

-La creencia de que el castigo físico es necesario y superior, en algunos sentidos, al diálogo o la comunicación. El castigo físico frecuente en el niño puede dar lugar a que resuelva situaciones conflictivas empleando tácticas violentas y no asertivas.

¿Te sientes reflejado en alguna de ellas? ¿Crees que esto ayuda a tu hijo o hija en el desarrollo de su asertividad? ¿Crees que legitima el comportamiento violento?

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Algunos trucos para mejorar nuestras habilidades sociales

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En este post vamos a proponer algunas técnicas que se utilizan en el trabajo de las Habilidades Sociales en consulta o en grupo (yo misma suelo proponerlas a mis pacientes y les doy un material parecido a éste). Se utiliza, como veremos en una entrada posterior, para poder manejar determinadas situaciones de forma más firme o más asertiva, no boicoteando nuestros propios derechos ni dejando que no sean respetados por otros.

DISCO RAYADO: repetimos insistentemente lo que queremos, lo que pedimos, lo que solicitamos, defendemos nuestros derechos. Se empieza con algo positivo (te entiendo, comprendo…) y, a continuación, decimos lo que queremos o no queremos. El interlocutor dejará de insistir en que hagamos algo que no queremos o no hagamos algo que queremos.

-Entiendo, pero no me interesa… Le he comprendido pero no lo voy a comprar…Quizás, pero no lo quiero…

PERO: reconocemos la primera parte como verdadera, de lo que nos dice la otra persona que supuestamente intenta manipularnos y, a pesar de ello, mantenemos nuestra postura.

-Sí, es posible que parezca egocéntrico, pero…
-Tienes razón, pero lo haré cuando yo considere…
-Es cierto que me gusta lo extravagante, pero…

Se puede combinar con la anterior técnica (Disco Rayado).

INFORMACIÓN MUTUA: prestamos atención a lo que nos dicen (escucha activa) y después damos por nuestra parte una información distinta (una vez escuchado, hacemos uso de nuestro turno y mostramos nuestra información u opinión).

ASERCIÓN NEGATIVA: reaccionamos ante una crítica que es justa pero sin dar demasiadas excusas o justificaciones. Normalmente, tendemos a defendernos y justificarnos en gran medida pero lo que propone esta técnica es admitir el error sin justificarnos demasiado.

-Has tardado mucho en hacer este trabajo. –Es cierto, lo he realizado lento, podría haberlo hecho más rápido, disculpa.

INTERROGACIÓN NEGATIVA: facilita la comunicación cuando otra persona nos critica y sirve para conocer los sentimientos o ideas de otras personas en estos casos.

-¿Qué tiene de malo que salga hoy?
-¿Qué defecto le encuentras a mi ropa?
-¿Qué te molesta de mi forma de hablar?
REPETIR LO QUE SIENTE LA OTRA PERSONA: se repite lo dicho por la otra persona pero sin mostrar acuerdo alguno en lo que se dice.
-Ya sé que para ti es muy importante que te deje mi coche, pero…
PARAFRASEAR: se comenta expresivamente lo que nos dice el otro en un tono similar y expresando nuestra opinión verdadera.

-¿Te sentirías muy bien si te dijera que sí…?

-Entonces lo que quieres decir es que…pero yo….

-Si no me equivoco opinas que…pero yo…

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Pequeña historia sobre la asertividad

«Cuenta el columnista Sydney Harris que, en cierta ocasión, acompañaba a comprar el
periódico a un amigo suyo, quien saludó con cortesía al dueño del quiosco. Éste le respondió con brusquedad y desconsideración. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana. Cuando los amigos reemprendieron el camino, el columnista le preguntó:

– ¿Te trata siempre con tanta descortesía?
– Sí, por desgracia.
– ¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
– Sí, así es.
– ¿Y por qué eres tan amable cuando él es tan antipático contigo?
– Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es un actor de su propia vida, no un re-actor ante lo que dicen o hacen los demás. Actúa por sus propias convicciones, no por reacción a como actúan con él los demás».

**Libro recomendado: Educar las emociones. man-81833_640

Educar a los niños para ser asertivos

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El tema de la asertividad está bastante extendido en el campo de la psicología y de la terapia. El tratamiento de la misma suele realizarse en terapia a posteriori, es decir, el profesional intenta corregir y guiar al cliente para conseguir que sea más asertivo en su vida, debido a que el no serlo le ha traído algunos problemas. No siempre los padres consiguen que sus hijos sean personas asertivas y esto puede desencadenar problemas en su vida adulta y durante la adolescencia. Si educáramos para la asertividad, probablemente, nos ahorraríamos algunos disgustos posteriormente y sobre todo trabajaríamos de forma positiva sobre su autoestima.

Pero ¿cómo conseguir que nuestros hijos sean asertivos? ¿Cómo educar para la asertividad?

Primero y obvio, es necesario fomentar el contacto social de nuestros hijos para que puedan aprender a relacionarse: salidas, excursiones, invitar amigos a casa, ir a casa de sus amigos, relacionarse con iguales, con niños más pequeños, con adultos, etc.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la asertividad se aprende, no es una habilidad innata, por lo que su aprendizaje se instaura con la práctica repetida. Ni que decir tiene, la importancia del archiconocido REFUERZO POSITIVO, en los casos en los que el niño se comporte adecuada y asertivamente, y el modelo de asertividad que reciba de nosotros (predicar con el ejemplo). Por otro lado, es conveniente ignorar sistemáticamente las reacciones agresivas o no asertivas de una forma descarada (debe darse cuenta de que no nos interesan ese tipo de comportamientos).

Un primer paso, es escuchar activamente al niño ante un problema que le preocupe, esto le hará confiar en nosotros. Poner los cinco sentidos en él cuando nos está contando algo que le angustia o preocupa.

Es interesante tratar el tema “derechos” con el niño, de esta forma aprende la existencia de unos derechos que hay que respetar y que, a la vez, deben respetarse los de él:

-“lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía derecho a decir lo que pensaba”.

-“este señor de la tele está pisando el derecho del otro a expresar lo que quiere”.

-“tu hermana tiene derecho a hablar, es su turno. Luego hablarás tú”.

-etc.

Darle al niño la oportunidad  de demostrar sus capacidades:

-hacerle partícipe en discusiones.

-enseñarle mediante refuerzos a conversar correctamente.

-cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que sabemos que puede afrontar, ayudarle a hacerlo.

-etc.

Evitar el lenguaje negativo: “no deberías haber hecho esto”, “otra vez…”, “siempre haces…”. El lenguaje positivo, sin embargo, se fija en lo adecuado de una situación: “la próxima vez hazlo mejor”.

Para enseñar asertividad NO debemos emplear los siguientes tipos de frases:

-“pues si Pedro se ha reído de ti, le pegas un corte y ya está”.

-“tú no te dejes achantar. Si te pegan, devuélvesela”.

-“deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender a conversar con él”.

Ante una situación conflictiva con otro u otros niños u adultos, una intervención en casa debería incluir lo siguiente:

-Primero, escucharle, valorar su problema como algo a tomar en serio (pero sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamiento. Repasar con él sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda y sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.

-Definir con él y clarificar qué quiere cambiar.

-Ensayar, como en una obra de teatro, la situación conflictiva. El padre o la madre puede hacer de persona problemática y el niño de él mismo. Analizar lo incorrecto de la conducta del niño y sugerir y ensayar alternativas de conducta, por ejemplo: no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar enfrentarse a esa persona. Pedirle firmemente que le deje en paz. No llorar, utilizando la respiración; no refugiarse en la profesora, sino intentar resolver los problemas por sí solo, etc.

-Es bueno contarle la historia de una persona que pasó por lo mismo, incluso ésta puede ser de carácter personal: “a mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No sabía cómo quitármelo de encima y lo pasaba fatal. Hasta que un día decidí…”, etc.

Si presenciamos una conducta no asertiva en nuestro hijo, una fórmula posible puede ser la siguiente:

-1º Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle llorar”.

-2º Una razón para el cambio: “así se están creyendo que valen más que tú y continuarán riéndose de ti “o “Carlitos es más débil que tú y no se puede defender”.

-3º Reconocimiento de los sentimientos del niño: “debes de sentirte fatal cuando te ocurre esto” o “ya sé que quieres que los demás vean que eres muy fuerte”.

4º Una formulación clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en casa? ¿Porqué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas como si tal cosa?”. “¿Por qué no demuestras tu fortaleza jugando al fútbol?”

5º No rechazar al niño, no generalizar (“siempre estás igual”), no insultar.  Evitar, asimismo, los silencios y las manifestaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas.

Conclusión

Cuando un niño nos haya relatado su preocupación podemos iniciar una especie de “trabajo de equipo” con él, SIGUIENDO LAS PAUTAS ANTERIORES. Debemos creernos que hay solución (porque en realidad la hay). Si dudamos o estamos muy angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento para nuestro entender. Si se da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional (psicólogo), que evaluará y tratará el problema de forma mucho más objetiva y racional. Por otro lado, el niño tiene que tener muy claro que no va a existir un cambio radical en los primeros intentos. Hay que reforzar, más bien, el intento de superación, más que el éxito en la conducta, ya que éste puede tardar en aparecer. Es por ello relevante, hacerle sentir bien consigo mismo incluso en situaciones no del todo positivas, sacando algo agradable de ellas, para que no abandone el aprendizaje y vuelva a enfrentarse a la experiencia.

 

 

 

Derechos asertivos

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Dentro del estudio de las Habilidades Sociales, se consideran derechos asertivos aquellos que posee cualquier ser humano por el hecho de serlo. Muchas veces este listado de derechos se ofrece a los clientes/pacientes para recordarles lo que pueden hacer con su vida. Esto les reafirma en su comportamiento y actuaciones. La idea es poder ser fiel a uno mismo y fomentar su confianza. Para ellos, vamos a exponer 10 derechos asertivos básicos, siguiendo a Smith, y algunas creencias irracionales que los limitan, que impiden su puesta en marcha.

-TENGO DERECHO A SER MI PROPIO JUEZ. Es decir, puedo evaluar y juzgar mis acciones.

Creencias irracionales propias que limitan este derecho son: “si no convenzo a los demás de que mis deseos son razonables, será porque estoy equivocado”, “tenemos que regirnos sólo por normas externas”, “es mejor guardar la diferencias de opinión para uno mismo”.

-TENGO DERECHO A ELEGIR SI ME HAGO RESPONSABLE O NO DE LOS PROBLEMAS DE LOS DEMÁS. Si no ejercemos este derecho, los demás podrán manipularnos, presentando un  problema suyo como nuestro.

Creencias irracionales que lo limitan: “no debo decir o hacer nunca nada que pueda herir a los demás”, “debo anteponer el problema de esta persona al mío, ya que es más importante”.

-TENGO DERECHO A QUERER O NO DAR EXPLICACIONES. Si eres tu propio juez, no tienes por qué sentirte obligado a dar explicaciones sobre tu comportamiento.

Errores: “tengo que justificar esto que he hecho”, “el otro tiene que decidir si lo hecho está bien o mal”.

-TENGO DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN. Saber que cambiar de opinión es algo normal y saludable.

Ideas irracionales al respecto: “una vez que te has comprometido a algo, no debes cambiar de opinión y, si cambias, justificar y reconocer el error”, “si cambias de opinión, demuestras que no eres capaz de tomar decisiones”.

-TENGO DERECHO A COMETER ERRORES. Tengo este derecho tanto si juzgo yo mi error, como si lo juzgan los demás.

Errores: negar el error, justificarlo en exceso, quitarle importancia, sentirte obligado a hacer algo para repararlo.

-TENGO DERECHO A DECIR “NO LO SÉ”. Incluye decir “no lo sé” y también atrevernos a preguntar algo que desconocemos.

Un ejemplo de creenciairracional es: “debo tener una respuesta para todo”.

-TENGO DERECHO A NO NECESITAR LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS. Nos es muy grato gustar a los demás, pero intentar agradar a todo el mundo es imposible e, incluso, contraproducente.

Creencias irracionales: “si hago esto, puedo perder la simpatía de esta persona (y dejar de hacerlo)”. “Es necesario agradar a todo el mundo”. “Si una persona te rechaza, es totalmente necesario recuperar su aprobación”.

-TENGO DERECHO A TOMAR DECISIONES AJENAS A LA LÓGICA. Nuestros deseos, motivaciones, sentimientos y emociones no siguen los patrones de la lógica. Incluso, a veces, están mezclados y confusos.

Una creencia irracional sería: “hay que dar buenas razones para justificar nuestros deseos, sentimientos y conductas”.

-TENGO DERECHO A NO COMPRENDER LAS EXPECTATIVAS AJENAS. No podemos adivinar los pensamientos y deseos de los demás, aunque sí podemos estar atentos y tenerlos en cuenta.

La idea irracional que subyace es “yo debería adivinar sus necesidades y expectativas / él o ella debería adivinar mis necesidades y expectativas”.

-TENGO DERECHO A NO INTENTAR ALCANZAR LA PERFECCIÓN. Existen personas que pueden pensar en alcanzar la perfección en todo lo que emprendan, pero puede ser que nuestra expectativa sea más del tipo “hacerlo lo mejor que pueda” o ser realistas y no esperar ser perfectos.

Error: si alguien nos indica cómo mejorar, seguir obligatoriamente ese camino.