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Las neuronas espejo

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¿Alguna vez te ha entrado sed al ver beber a otra persona?

¿O has salivado viendo a alguien comer delante de ti?

¿Has bostezado viendo a otra persona bostezar?

Las investigaciones sugieren que esto tiene lugar debido a la función de unas neuronas denominadas “espejo”.

Esta función se descubrió en la década de los 90, cuando unos neurocientíficos descubrieron que se activaba el  mismo conjunto de neuronas en un macaco, tanto cuando éste se comía un cacahuete, como cuando vio a uno de los investigadores comerse un cacahuete delante de él. Descubrieron que tanto cuando el mono presenciaba una acción, como si la llevaba a cabo él, se activaba el mismo conjunto de neuronas.

Las neuronas espejo estarían en la base de aspectos muy importantes del comportamiento social, psicológico y en la educación de los humanos, por ejemplo:

-La empatía.

-La visión de la mente.

-La teoría de la mente.

Las neuronas espejo responden solamente a una acción intencionada, previsible o con un propósito. No responden, por ejemplo, cuando alguien mueve una mano sin motivo, pero sí cuando alguien levanta una mano con un vaso para beber de él. Observamos una acción, entendemos su propósito y nos preparamos para imitarla. Por tanto estarían también en la base de:

-El aprendizaje por observación.

-El aprendizaje vicario o por imitación.

A un nivel más complejo, estas neuronas nos ayudan a entender nuestra cultura, cómo determinadas conductas compartidas nos unen, hijos a padres, amigos, cónyuges…

Como sabemos, no sólo podemos imitar las intenciones conductuales de los otros, sino también sus estados emocionales. No sólo percibimos una conducta que va a llevarse a cabo, sino la emoción que subyace de esa conducta. Esto está en la base del llamado:

-Contagio Emocional.

¿Si llegamos a un grupo que está riéndose has notado que, al acercarnos, probablemente sonreiremos también? ¿Has notado que si estás nervioso o estresado tus hijos también lo están? Absorbemos los estado internos de los demás. El cerebro es un órgano social y está construido para la visión de la mente. Estamos “programados” para relacionarnos e influirnos los unos a los otros.

**Libro recomendado: El cerebro del niño. Danie J. Siegel y Tina Payne Bryson. Ed: Alba.

Más información en: http://eprints.ucm.es/9972/1/Revista_Psicologia_y_Educacion.pdf

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Algunos trucos para mejorar nuestras habilidades sociales

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En este post vamos a proponer algunas técnicas que se utilizan en el trabajo de las Habilidades Sociales en consulta o en grupo (yo misma suelo proponerlas a mis pacientes y les doy un material parecido a éste). Se utiliza, como veremos en una entrada posterior, para poder manejar determinadas situaciones de forma más firme o más asertiva, no boicoteando nuestros propios derechos ni dejando que no sean respetados por otros.

DISCO RAYADO: repetimos insistentemente lo que queremos, lo que pedimos, lo que solicitamos, defendemos nuestros derechos. Se empieza con algo positivo (te entiendo, comprendo…) y, a continuación, decimos lo que queremos o no queremos. El interlocutor dejará de insistir en que hagamos algo que no queremos o no hagamos algo que queremos.

-Entiendo, pero no me interesa… Le he comprendido pero no lo voy a comprar…Quizás, pero no lo quiero…

PERO: reconocemos la primera parte como verdadera, de lo que nos dice la otra persona que supuestamente intenta manipularnos y, a pesar de ello, mantenemos nuestra postura.

-Sí, es posible que parezca egocéntrico, pero…
-Tienes razón, pero lo haré cuando yo considere…
-Es cierto que me gusta lo extravagante, pero…

Se puede combinar con la anterior técnica (Disco Rayado).

INFORMACIÓN MUTUA: prestamos atención a lo que nos dicen (escucha activa) y después damos por nuestra parte una información distinta (una vez escuchado, hacemos uso de nuestro turno y mostramos nuestra información u opinión).

ASERCIÓN NEGATIVA: reaccionamos ante una crítica que es justa pero sin dar demasiadas excusas o justificaciones. Normalmente, tendemos a defendernos y justificarnos en gran medida pero lo que propone esta técnica es admitir el error sin justificarnos demasiado.

-Has tardado mucho en hacer este trabajo. –Es cierto, lo he realizado lento, podría haberlo hecho más rápido, disculpa.

INTERROGACIÓN NEGATIVA: facilita la comunicación cuando otra persona nos critica y sirve para conocer los sentimientos o ideas de otras personas en estos casos.

-¿Qué tiene de malo que salga hoy?
-¿Qué defecto le encuentras a mi ropa?
-¿Qué te molesta de mi forma de hablar?
REPETIR LO QUE SIENTE LA OTRA PERSONA: se repite lo dicho por la otra persona pero sin mostrar acuerdo alguno en lo que se dice.
-Ya sé que para ti es muy importante que te deje mi coche, pero…
PARAFRASEAR: se comenta expresivamente lo que nos dice el otro en un tono similar y expresando nuestra opinión verdadera.

-¿Te sentirías muy bien si te dijera que sí…?

-Entonces lo que quieres decir es que…pero yo….

-Si no me equivoco opinas que…pero yo…

Meterse en los zapatos del otro: una entrada sobre la empatía

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Este post es continuación de unas entradas anteriores acerca de la comunicación, la escucha activa y la inteligencia emocional. Para poder ser un buen conversador y conectar con mis propias emociones y, sobretodo, con las de los demás es necesaria entrenar la inteligencia emocional y también la empatía.

Las entradas anteriores a las que me refiero son:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/31/eres-emocionalmente-inteligente/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/24/sabes-escuchar/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/10/17/pinceladas-basicas-para-lograr-una-buena-comunicacion/

Para conectar con los demás, poder conversar y saber escuchar es necesario hacerme cargo de cómo se está sintiendo el otro, “ponerme en sus zapatos”. Si empatizo con lo que él está sintiendo soy capaz de entender al otro incluso en los casos en los que estoy en total desacuerdo. Empatizar es comprender cómo se siente el otro, el consabido “ponerse en su lugar”, pero no hasta el punto de identificarse con él. Que yo comprenda cómo se puede sentir otro en una determinada situación no significa que me haga cargo de sus problemas ni que me identifique con su experiencia hasta el punto de perder la objetividad o involucrarme demasiado. Si hago esto dejo de ayudar. Imaginaos un psicólogo o médico llorando con cada uno de sus pacientes o un amigo que se identifique mucho con el problema y trate de darle una solución rápida al mismo para dejar de sufrir él y el otro. ¿Estarían ayudando?

Si bien es cierto que unas personas son más empáticas que otras (también existe variabilidad por sexos), la empatía puede aprenderse en cierta medida.

A veces escuchamos algo que supone un problema para un amigo o un familiar pero no empatizamos, si no que tratamos de resolverlo rápidamente o juzgamos duramente la situación o el problema (incluso al otro). Todos juzgamos, en alguna medida, pero hay gente a la que le maravilla juzgar a los demás. Es importante manejar esto y no ser tan duros con nosotros mismos ni con los demás.

Hace poco en un curso que hice sobre Marca Personal y la docente nos expuso conductas que son incompatibles con la empatía a pesar de que escuchemos correctamente a nuestro interlocutor. En el momento que dejamos de empatizar, dejamos de mostrar nuestra inteligencia emocional.

¿Qué conductas nos impiden empatizar?

-Aconsejar al otro: “Deberías hacer…”, “Yo que tú haría…”. Aparentemente, parece que estamos ayudando pero realmente estamos diciéndole lo que tiene que hacer, incluso actuamos como salvadores. Es posible que el otro, en un acto de simple rebeldía, deje de hacer lo que le estamos aconsejando, con lo cual el efecto puede ser el contrario.

Competir: “Eso no es nada comparado con lo que me ocurrió a mí…”. En una entrada anterior comenté que, en las conversaciones, estamos esperando a que el otro acabe para poder contar nuestra batallita y, si es más llamativa, todavía mejor. Esto es un claro ejemplo.

Consolar: “No es culpa tuya”, “hiciste lo que pudiste”. Consolar no es empatizar. Cuando una persona tiene un problema grave, a veces, la mejor fórmula es acompañarle y ofrecerle nuestro hombro, sin más. Frases como “puedo entender cómo te sientes”, “comprendo que…”, “es cierto que lo que ha pasado es muy desagradable…” pueden ayudar más.

Contarle alguna historia parecida: “esto me recuerda a una vez que…”. Tampoco es empatizar, estamos pensando en nuestras propias vivencias o en historias que hemos presenciado.

Minimizar: “Ánimo, no es para tanto”, “venga, anímate, hay cosas peores”. Este tipo de expresiones da lugar a que la persona piense que su problema carece de importancia o sea una tontería. Ayuda muy poco. También puede crear rabia en el interlocutor: me enfado porque estás minimizando mi problema.

Compadecer: “¡Pobre!”, “pobrecito”, “¡qué mala suerte!”. Esto solemos hacerlo por nuestra educación, con tendencia a la compasión y a la caridad. Sin pretenderlo, estamos situando al otro en una situación de inferioridad frente al mundo o frente a nosotros. Fomenta la sensación de inferioridad y debilidad.

Interrogar: “¿Cuándo empezó?”,” ¿y qué pasó?…”  Las preguntas pueden ser apropiadas, siempre y cuando no se someta a la persona a un interrogatorio. El obtener nosotros  la información, a toda costa, no es lo más importante, sino saber cómo se siente la persona.

Explicar: “Habría venido, pero…”, “lo que a ti te pasa es…”. Justificaciones y explicaciones sobre el problema no son empatía.

Corregir: “Esto no ocurrió así…”, “estás equivocándote…”. A veces sí ayuda confrontar a la persona con la visión que tiene sobre el problema porque no lo está viendo con toda claridad. No obstante, corregir de una manera brusca puede despertar el sentimiento de rebeldía mencionado anteriormente. La confrontación se puede llevar a cabo cuando la persona haya pasado ese “shock” inicial.

¿Y tú?

¿Te ves en alguna de ellas?

Algunas pinceladas para poder empatizar en una conversación son:

-Entiendo que…

-Comprendo cómo puedes sentirte…

-Lo que te pasa en muy desagradable pero creo que puede tener solución…

-Me hago cargo…

-La verdad es que me pongo en tu lugar y debe ser complicado…

-Entonces lo que quieres decir es que…

-Por lo que me has dicho esto sucedió de tal forma…

-Si no me equivoco lo que te preocupa es…

-Por lo que he escuchado lo que te hace sufrir es…

-Estoy a tu lado…

-Estoy aquí si me necesitas…

-Etc., etc…

 

 

 

 

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¿Eres emocionalmente inteligente?

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En primer lugar, indicaros que la inteligencia emocional, de la cual seguro que sabemos algo o hemos oído hablar en alguna ocasión, se puede practicar y aprender. Seguro que, en situaciones, habremos escuchado que este tipo de inteligencia es tan necesaria o más para conseguir el éxito en la vida como la capacidad intelectual. Por ello, es conveniente potenciar esa habilidad.

La inteligencia emocional abarca un componente hacia uno mismo: tener conciencia de uno mismo y de cómo actúo (conocerme) y ser capaz de controlar mis conductas y emociones, lograr que sean apropiadas y ajustadas a las situaciones.

Abarca, asimismo, un componente de relación con los demás: ser capaz de empatizar con los otros y dirigirme a ellos con una serie de habilidades sociales adecuadas (hemos visto diversos post sobre ello).

Una cosa está clara, el inteligente emocional detecta y comprende tanto las emociones propias (autoconciencia), como las emociones de los demás (empatía). También maneja apropiadamente las emociones y conductas propias (autocontrol) y las de los demás (habilidades sociales).

Aquí existen varios pasos: primero, percibir una emoción propia o ajena, segundo, comprenderla y, por último, regularla. Esto se puede aprender.

¿Qué se puede entrenar y cuál es el objetivo?

¿Qué caracteriza a un inteligente emocional?

-Suelen ser equilibrados en el mundo social y suelen entender sentimientos, perspectivas y preocupaciones ajenas.

-Suelen pensar con claridad y no suelen perder el control cuando están sometidos a presión.

-Conocen qué emociones experimentan y sus causas.

-Pueden controlar su impulsividad y las emociones perturbadoras.

-Suelen ser personas reflexivas y suelen manifestar seguridad en sí mismas.

-Saben sus puntos fuertes y débiles.

-Pueden percibir las conexiones entre lo que sienten y lo que piensan, hacen y dicen.

¿Te ves reflejado? ¿No estaría mal un entrenamiento?

 

 

 

Pequeña historia sobre el Trabajo en Equipo

La próxima temporada, cuando veas los gansos emigrar dirigiéndose hacia un lugar más cálido para pasar el invierno, fíjate que vuelan en forma de “V”. Tal vez te interese saber: ¿Por qué lo hacen así? Al volar de esta forma, la bandada entera aumenta en un 71% el alcance del vuelo con relación al de un pájaro volando solo.

Lección 1: Compartir la misma dirección y el sentido del grupo permite llegar más rápido y más fácilmente a destino, porque ayudándonos los logros son mejores.

Cuando un ganso sale de la formación, siente la resistencia del aire y la dificultad de volar solo; entonces, rápidamente retorna a la formación, para aprovechar el poder de elevación de los que están a su frente.

Lección 2: Permaneciendo en sintonía y unidos junto a aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección, el esfuerzo será menor, será más sencillo y placentero alcanzar las metas, y estaremos dispuestos a aceptar y ofrecer ayuda.

Cuando el ganso líder se cansa, se traslada al final de la formación, mientras otro asume la delantera.

Lección 3: Es necesario compartir el liderazgo, respetarnos mutuamente en todo momento, compartir los problemas y los trabajos más difíciles, reunir habilidades y capacidades, combinar dones, talentos y recursos.

Cuando un ganso se enferma, es herido o está cansado y debe salir de la formación otros salen de la formación y lo acompañan para ayudarlo y protegerlo: permanecen con él hasta que muera o sea capaz de volar nuevamente; alcanzan su bandada, o se integran a otra formación.

Lección 4: Cuando hay coraje y aliento, el progreso es mayor. Una palabra de aliento a tiempo motiva, ayuda, da fuerzas y produce el mejor de los beneficios.

Los gansos volando en formación graznan para dar coraje y aliento a los que van al frente, para que así mantengan la velocidad.

Lección 5: Estemos unidos, uno al lado del otro, pese a las diferencias, tanto en los momentos de dificultad, como en los momentos de esfuerzo.

 Lección Final: Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos, si hacemos realidad el espíritu de equipo; si pese a las diferencias podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de situaciones; si entendemos el verdadero valor de la amistad; si somos conscientes del valor de compartir, la vida será más simple y el vuelo de los años más placentero.

 

Libro: Educar las emociones.

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Audio

¿Sabes escuchar?

Muchos de nosotros solemos quejarnos a veces porque no nos sentimos escuchados, decimos que la gente no sabe escuchar, que te lanzan un tremendo monólogo, que no tienen interés en lo que decimos, que su lenguaje corporal da la sensación de que está en otras cosas (no me miras, no me atiendes…).

Es cierto que existen personas que escuchan lo que otro les dice, pero en realidad no están prestando la suficiente atención, hacen que escuchan o están esperando a que el otro acabe para lanzar su discurso.

Otras personas tardan un tiempo exagerado en contar algo nimio o no, sin dar al otro la oportunidad de explicarse. Otros emplean el monólogo.

Otras interrumpen.

Otras se centran en ellos mismos y parecen no mostrar interés por lo que el otro relata.

Y un largo etcétera…

Vamos a comentar qué patrones incorrectos se pueden dar durante un tiempo de escucha. Evidentemente, una persona no se comporta únicamente según un patrón puro sino que tendrá varios comportamientos acordes a la situación en la que se encuentre, pero tenderá con seguridad hacia uno en concreto:

  • El simulador: no se centra en la persona que habla, su mente está en otra parte a pesar de dar señales externas de que está atento: asiente con la cabeza, establece contacto visual y en ocasiones murmura “ajá”.
  • El interruptor: no permite que la persona que está hablando termine de hacerlo; no le hace ninguna pregunta para clarificar ni solicita ningún tipo de información adicional. Está demasiado ansioso de hablar. Muestra muy poco interés por la otra persona.
  • El interpretador: esta persona intenta de manera precipitada interpretar todo lo que otra persona dice y por qué lo dice. Juzga las palabras de su interlocutor o intenta acoplarlas a su propia lógica, sin tener suficientes elementos de juicio para ello. Suelen utilizar expresiones como: « Tú lo que sientes es….».
  • El aprovechado: utiliza las palabras de su interlocutor únicamente como un medio para transmitir su propio mensaje. Cuando la persona dice algo, el aprovechado se apropia del enfoque y lo modifica en la dirección de su propio punto de vista, su opinión, su historia o sus hechos. Sus expresiones favoritas son: “Bueno, eso no es nada en comparación con lo que me pasó a mí…”; “Yo recuerdo cuando yo era…”
  • El discutidor: esta persona sólo escucha el tiempo necesario para refutar lo dicho. Su objetivo es utilizar las palabras de su interlocutor en su contra. En el peor de los casos, lo discute todo y desea demostrar que el otro está equivocado. Como mínimo, intenta siempre que su interlocutor reconozca su punto de vista.
  • El consejero: ofrecer consejos es, en algunas ocasiones, positivo; sin embargo, en otras, este comportamiento interfiere con la capacidad de escucha, ya que no permite que la persona que está hablando exprese totalmente sus sentimientos o ideas; no contribuye a resolver los problemas, impide airearlos; también puede ser humillante para la persona que habla, ya que resta importancia a su preocupación al ofrecerle una solución rápida.

¿Qué es escuchar correctamente?

A esta habilidad se le llama escucha activa o escucha atenta, que implica oír al otro con total apertura, conectar con lo que está sintiendo, de manera que el interlocutor sienta que puede expresarse sin miedo a ser juzgado, aún cuando el oyente no esté de acuerdo con lo que dice. Las personas que saben escuchar activamente suelen establecer buenas relaciones y suelen resolver de una forma positiva los problemas.

En la escucha activa se pueden distinguir conductas observables y no observables.

Las observables está referida a las señales que emite el que está recibiendo el mensaje y que indican conexión emocional con el otro, como por ejemplo:

-asentir

-preguntar

-establecer el contacto corporal cuando corresponda.

-establecer contacto visual cuando corresponda.

Lo no observable se refiere al pensamiento del que está escuchando (relacionado también con los patrones anteriores, con juzgar, con pensar algo acerca del otro, con estar absorto en otras cosas, etc.).

Leído este post, ¿crees que escuchas de una manera correcta?

¿Crees que los patrones anteriores terminan por crear rechazo en los demás?

 

 

 *libro: EDUCAR LAS EMOCIONES

©Mireya Vivas, Domingo Gallego y Belkis González

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Pequeña historia sobre la asertividad

«Cuenta el columnista Sydney Harris que, en cierta ocasión, acompañaba a comprar el
periódico a un amigo suyo, quien saludó con cortesía al dueño del quiosco. Éste le respondió con brusquedad y desconsideración. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana. Cuando los amigos reemprendieron el camino, el columnista le preguntó:

– ¿Te trata siempre con tanta descortesía?
– Sí, por desgracia.
– ¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
– Sí, así es.
– ¿Y por qué eres tan amable cuando él es tan antipático contigo?
– Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana es aquella que consigue ser ella misma. Es un actor de su propia vida, no un re-actor ante lo que dicen o hacen los demás. Actúa por sus propias convicciones, no por reacción a como actúan con él los demás».

**Libro recomendado: Educar las emociones. man-81833_640

Pinceladas básicas para lograr una buena comunicación

No siempre tenemos tiempo de leer enormes textos o artículos para conseguir cosas importantes: bienestar psicológico, realce de la autoestima, una buena comunicación, etc.

En este caso, de forma muy breve, voy a dejaros una serie de pinceladas básicas para conseguir una buena comunicación con otras personas.

Es bueno, como en muchos de los ejercicios que propongo, llevar una tarjeta con estas pautas escritas, sobre todo cuando tenemos que afrontar una situación en la que es importante conseguir una comunicación adecuada y, además, tenemos un objetivo concreto (lograr defender un derecho, tratar con clientes, aclarar una duda o una situación con otra persona, etc.).

Sin más dilación, ¿cuáles son esas pautas?

-Utilizar el nombre de las personas cuando nos dirigimos a ellas es un hecho que facilita la atención. Que nos llamen por nuestro nombre capta nuestra atención de inmediato.

-Cuando tengamos que realizar una crítica, es mejor empezar expresando aspectos positivos: “entiendo tu postura y es aceptable pero…”, etc.

-Una regla muy importante es no utilizar malos modos o agresividad. Si estamos demasiado enfadados en ese momento como para no perder los papeles, es mejor posponer la conversación para más tarde.

-Tampoco debemos usar palabras tremendistas o totalizadoras: todo, nada, siempre, nunca, jamás, catástrofe, desastre, horrible, horroroso, insoportable, etc. Estas palabras dan lugar a emociones negativas tanto en los demás como en nosotros mismos.

-Preguntar mucho y obtener información, antes de opinar o juzgar. Si queremos dar pie a que la persona se explique debemos utilizar preguntas abiertas: “¿Qué te pasó el otro día cuando te fuiste enfadado?”. Por el contrario, utilizar preguntas cerradas que se puedan responder con sí o no, cuando deseemos obtener una información muy concreta: “¿A día de hoy continúas molesto conmigo?”.

Como podemos observar, son directrices muy sencillas, que habría que ampliar en algunos casos particulares que puedan ser fuente de conflicto (hemos visto entradas anteriores relacionadas con la comunicación y un experto nos puede ampliar esa información). No obstante, pueden darnos una idea rápida para afrontar situaciones interpersonales.

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Derechos asertivos

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Dentro del estudio de las Habilidades Sociales, se consideran derechos asertivos aquellos que posee cualquier ser humano por el hecho de serlo. Muchas veces este listado de derechos se ofrece a los clientes/pacientes para recordarles lo que pueden hacer con su vida. Esto les reafirma en su comportamiento y actuaciones. La idea es poder ser fiel a uno mismo y fomentar su confianza. Para ellos, vamos a exponer 10 derechos asertivos básicos, siguiendo a Smith, y algunas creencias irracionales que los limitan, que impiden su puesta en marcha.

-TENGO DERECHO A SER MI PROPIO JUEZ. Es decir, puedo evaluar y juzgar mis acciones.

Creencias irracionales propias que limitan este derecho son: “si no convenzo a los demás de que mis deseos son razonables, será porque estoy equivocado”, “tenemos que regirnos sólo por normas externas”, “es mejor guardar la diferencias de opinión para uno mismo”.

-TENGO DERECHO A ELEGIR SI ME HAGO RESPONSABLE O NO DE LOS PROBLEMAS DE LOS DEMÁS. Si no ejercemos este derecho, los demás podrán manipularnos, presentando un  problema suyo como nuestro.

Creencias irracionales que lo limitan: “no debo decir o hacer nunca nada que pueda herir a los demás”, “debo anteponer el problema de esta persona al mío, ya que es más importante”.

-TENGO DERECHO A QUERER O NO DAR EXPLICACIONES. Si eres tu propio juez, no tienes por qué sentirte obligado a dar explicaciones sobre tu comportamiento.

Errores: “tengo que justificar esto que he hecho”, “el otro tiene que decidir si lo hecho está bien o mal”.

-TENGO DERECHO A CAMBIAR DE OPINIÓN. Saber que cambiar de opinión es algo normal y saludable.

Ideas irracionales al respecto: “una vez que te has comprometido a algo, no debes cambiar de opinión y, si cambias, justificar y reconocer el error”, “si cambias de opinión, demuestras que no eres capaz de tomar decisiones”.

-TENGO DERECHO A COMETER ERRORES. Tengo este derecho tanto si juzgo yo mi error, como si lo juzgan los demás.

Errores: negar el error, justificarlo en exceso, quitarle importancia, sentirte obligado a hacer algo para repararlo.

-TENGO DERECHO A DECIR “NO LO SÉ”. Incluye decir “no lo sé” y también atrevernos a preguntar algo que desconocemos.

Un ejemplo de creenciairracional es: “debo tener una respuesta para todo”.

-TENGO DERECHO A NO NECESITAR LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS. Nos es muy grato gustar a los demás, pero intentar agradar a todo el mundo es imposible e, incluso, contraproducente.

Creencias irracionales: “si hago esto, puedo perder la simpatía de esta persona (y dejar de hacerlo)”. “Es necesario agradar a todo el mundo”. “Si una persona te rechaza, es totalmente necesario recuperar su aprobación”.

-TENGO DERECHO A TOMAR DECISIONES AJENAS A LA LÓGICA. Nuestros deseos, motivaciones, sentimientos y emociones no siguen los patrones de la lógica. Incluso, a veces, están mezclados y confusos.

Una creencia irracional sería: “hay que dar buenas razones para justificar nuestros deseos, sentimientos y conductas”.

-TENGO DERECHO A NO COMPRENDER LAS EXPECTATIVAS AJENAS. No podemos adivinar los pensamientos y deseos de los demás, aunque sí podemos estar atentos y tenerlos en cuenta.

La idea irracional que subyace es “yo debería adivinar sus necesidades y expectativas / él o ella debería adivinar mis necesidades y expectativas”.

-TENGO DERECHO A NO INTENTAR ALCANZAR LA PERFECCIÓN. Existen personas que pueden pensar en alcanzar la perfección en todo lo que emprendan, pero puede ser que nuestra expectativa sea más del tipo “hacerlo lo mejor que pueda” o ser realistas y no esperar ser perfectos.

Error: si alguien nos indica cómo mejorar, seguir obligatoriamente ese camino.

 

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Cuando nos chocamos contra un muro…

Los humanos solemos cometer dos errores: en ocasiones, no aceptamos lo que es irremediable o lo que no depende de nosotros. En segundo lugar, malgastamos nuestro tiempo y energía en conseguir lo que no es posible. Esto nos hace, a veces, profundamente infelices. Teniendo claro lo que no depende de nosotros y lo que sí está bajo nuestro control, daremos un paso hacia nuestra propia mejora personal.

Para ejemplificar esta situación, señalar una cita del psicólogo cognitivo Ellis:

Si viniese un marciano a la Tierra, se quedaría sorprendido al ver cuán a menudo personas inteligentes se alteran enormemente por empeñarse en conseguir objetivos imposibles, que no dependen de ellas (por ejemplo, cambiar el comportamiento de una persona), mientras que se creen incapaces de conseguir cosas (igual o más importantes) que dependen plenamente de ellas (por ejemplo, aprender a mejorar sus habilidades sociales).”

Siguiendo el libro de Elia Roca, “Cómo mejorar tus habilidades sociales” (libro para profesionales de la psicología), una persona tiene diferentes intereses.

Algunos no dependen de ella (por mucho que se empeñe):

-No envejecer y morir.

-Que algunas personas actúen mejor.

-Que no existan injusticias, guerras y enfermedades.

-Que sucesos ya pasados, fuesen diferentes.

Sin embargo, otros sí están bajo su control (aunque pase de largo):

-Ser feliz.

-Aprender a ser asertivo.

-Desarrollar sus potencialidades.

-Cuidar su salud.

-Trabajar en mejorar lo posible, en mí y en los demás.

-Etc.

De nosotros depende el tratar de no controlar lo que no nos corresponde; como dice el refrán, no podemos pedir peras al olmo y tampoco podemos cambiar el pasado ni lo que es irremediable. Pero por otro lado, tenemos unos hábitos, habilidades y características personales en las que sí podemos trabajar y mejorar (incluso cambiar), y que nos pueden ayudar a crecer. Sin embargo, muchas veces, en éstas nos acomodamos y pasamos de largo, aceptando que están ahí. Es importante conocer que los aspectos que sí controlamos son aquellos que se refieren a nuestro CRECIMIENTO PERSONAL.

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Las emociones de los demás

Fuente: Pixabay

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En las relaciones interpersonales,  pueden darse situaciones de todo tipo en las que nos surge la duda de cómo comportarnos en relación a una emoción intensa que observamos en el otro. Estamos hablando de situaciones de conflicto o de otra índole, es decir, situaciones donde percibimos una emoción en otra persona pero no sabemos cómo manejarla o no sabemos cuál es la actuación correcta.

¿Qué hacemos para arreglar las cosas?**

Si percibimos ira en el otro, la mejor estrategia es calmar y desviar, es decir, permitir que el otro se calme y simplemente acompañar, en vez de ponernos a la defensiva, y desviar la ira hacia cuestiones distintas a las del enfado (temporalmente). Ya hablaremos después.

Si percibimos miedo en otra persona o respuestas afines como ansiedad, temor o estrés, debemos actuar con comprensión y empatía (ponernos en su lugar) y, además, ofrecer protección, afirmar que nada va a suceder, garantizar su bienestar. Esa sensación de protección es muy reconfortante para el otro en este tipo de ocasiones.

Ante la tristeza son adecuadas dos acciones: animar y cuidar. Animar en el sentido de estimular, ya que la persona está en un “bajo tono” y cuidar en el sentido de ayuda, de hacer algo por ella. La persona triste se sentirá mejor ante estas acciones.

Como todas las emociones no son negativas, podemos percibir interés en la otra persona. En este caso, se trata de que la ayudemos a realizar ese acercamiento que está intentando llevar a cabo. También se trata de explorar, esto es, intentar conocer mejor qué es lo que capta el interés del otro y porqué.

En el caso de la sorpresa, es conveniente orientar y permitir que la persona integre estos nuevos datos. La sorpresa es una emoción muy curiosa, ya que aparece ante una nueva información,  pero da lugar, posteriormente, a otras emociones, que pueden ser de rabia, por ejemplo, si  la información es negativa, de alegría, si la información es positiva, etc. En este caso, lo adecuado es prevenir al otro.

Con la emoción de alegría es apropiado comprender los motivos y compartirlos con el otro.

Ante una emoción de disgusto en el otro, las respuestas correctas serían explorar (cuáles son los motivos, qué sucede), así como, orientar, intentado ser más objetivo que la otra persona, centrar las causas del desagrado y tratar de relativizar un poco la situación.

La envidia es una emoción poco reconocida en nuestra sociedad pero sí muy extendida. Es conveniente evitar la causa de la envidia utilizando la discreción y la prudencia y, además, tratar de explicar y razonar lo que es envidiado, exponiéndolo sin miedo. De esta forma, ayudamos al otro.

Otras emociones complicadas de manejar son la culpa y la vergüenza. En la medida de lo posible, se trata de reducir estas reacciones disculpando al otro, rebajando la sensación negativa y justificar, siempre que se pueda, a la otra persona. En este caso, el pedir perdón es un mecanismo que reduce la culpa o la elimina. Por otro lado, también podemos desplazar o desviar el sentido de la culpa hablando de responsabilidades, en vez de culpables.

Por último está la admiración. Cuando la percibimos en el otro, lo conveniente, por un lado, es racionalizar y tratar de ser objetivos con el objeto o persona admirada y, por otro, guiarle para que aprenda el modelo que le ofrece lo que admira.

En multitud de ocasiones, debemos saber manejar las emociones de los demás para no crear un conflicto o empeorar las condiciones. En mi opinión, ¿en qué situaciones nos sirven estas actuaciones cuando captamos emociones en otras personas?:

-Nos sirven con nuestra pareja.

-Con nuestros hijos.

-Con nuestros familiares.

-Con nuestro jefe.

-Con compañeros de trabajo.

-Con amigos.

-Con nuestros clientes, si los tratamos en nuestro trabajo.

-Con nuestros pacientes (si somos un profesional de la salud).

-Con los usuarios de nuestro centro (nos dedicamos a la mediación).

-Con los usuarios de un servicio (tratamos con personas en nuestro trabajo).

-Etc. etc.

**Basado en Redorta, J. (2006). Emoción y conflicto. Ed. Paidós: Barcelona.

Comunicando

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Para poder mejorar cómo nos comunicamos con la pareja, los amigos, los familiares o los compañeros de trabajo, con las personas en general, vamos a esbozar una serie de pautas muy sencillas de describir pero que difícilmente ponemos en práctica. Como sabemos que la práctica repetida de una acción facilita el aprendizaje, podemos empezar desde hoy mismo a realizarlas y renovar la forma en la que nos relacionamos. Estas pautas no van a hacer que el entendimiento entre dos o más personas sea perfecto, o que la relación sea maravillosa, pero sí harán que la comprensión sea mayor y que realmente la comunicación sea eficaz y logre su objetivo real. Empezamos:

-Es muy importante preguntar antes de opinar. Existen preguntas abiertas que ayudan al interlocutor a extenderse en la explicación, por ejemplo, “¿qué tal ha ido?”, frente a preguntas cerradas, “estás bien, ¿verdad?”. Preguntar mucho es una de las claves para poder entender mejor al otro y, si se utiliza una pregunta cerrada o abierta es ya cuestión de nuestros objetivos, sabiendo que las abiertas dan más pie al otro a explicarse en mayor medida y las cerradas a delimitar un ámbito concreto.

-Utilizar la conocida empatía, expresarle algo así como “me hago cargo de tu situación”. Se trata de aceptar al otro, juzgando lo menos posible, y tratar de observar cómo se siente o cómo piensa. Si el interlocutor está furioso, no se puede razonar con él desde lo cognitivo, es como una olla a presión que no se puede abrir, es mejor intentar comprender su emoción y tratar de razonar más tarde. Cuando alguien nos habla desde el enfado y con tono elevado, nos cuesta no responder también con agresividad; si logramos empatizar con esta persona, podremos entender mejor lo que le ocurre y no defendernos o contraatacar.

-La empatía, por otro lado, está muy relacionada con la escucha activa, de hecho, en muchos casos, la empatía se demuestra mediante la escucha. Esto es parar la actividad que estamos realizando y escuchar al otro, parafrasear lo que dice (expresar con nuestras propias palabras lo que dice nuestro interlocutor), clarificar o confirmar (“lo que quieres transmitirme es que…”) y, por último, resumir lo que ha dicho (“creo que, en resumen, la conclusión de lo que dices es que…”). Nuestra comunicación no verbal debe denotar que estamos escuchando (postura corporal, mirada, etc.).

-Relacionado con lo anterior, estaría la aceptación y la validación del otro. En los casos expuestos, podemos no coincidir con la otra persona, no tener sus mismas opiniones o sentimientos pero sí podemos hacerle sentir validado y aceptado. Esto abre los canales de comunicación y crea un efecto muy agradable, tanto en el otro, como en uno mismo (“veo que estás muy enfadado, entiendo que debes tener tu tiempo para que se te pase, volveré un poco más tarde”).

-Utilizar los Mensajes YO, esto quiere decir, expresar opiniones, preferencias, deseos, emociones, sabiendo que son míos, que son mi responsabilidad, sin juzgar al otro. Suelen crear efectos positivos en la relación y en la comunicación (“me gustaría mucho que me escucharas sin interrupciones”). Los mensajes TÚ dicen al otro lo que tienen que hacer, critican, juzgan y no facilitan la comunicación; la gente aborrece que le digan lo que tiene que hacer, de hecho, suele hacer lo contrario; las imposiciones no suelen servir (“tienes que…”, “debes que…”).Un ejemplo de mensaje TÚ sería “¡eres un mentiroso!”, frente al mensaje YO “en esta situación me siento engañado”; la diferencia es obvia.

 

 

Criticones

la casa de bernarda alba

La asertividad es un tema, como todos sabemos, muy trabajado en Psicología e incluso no demasiado aceptado por algunas de las corrientes de la misma. En mi caso, me parece un tema en exceso pautado en diversidad de problemáticas pero que sí tiene su utilidad en algunas de ellas, como en el ámbito que vamos a tratar hoy: cómo responder de una manera asertiva a las críticas, cómo las manejamos sin alterarnos excesivamente y sin que sufra nuestra autoestima. Para ello, es necesario, primeramente, mostrar unas cuantas verdades.

En primer lugar y por si no lo sabíamos, debemos  conocer una dura verdad: siempre vamos a ser criticados, siempre habrá ocasiones en que otras personas nos critiquen, con razón o sin ella, hagamos lo que hagamos, de forma constructiva o destructiva…

Segundo, por naturaleza, solemos reaccionar negativamente a las críticas, tendemos a interpretarlas como destructivas, las percibimos como un ataque y pueden dañar nuestra autoestima. Cuando se perciben de esta manera, quien la recibe puede responder contraatacando lo que, a su vez, aumenta la ira de la persona que criticó.

Otras formas de reaccionar ante una crítica, que seguro que también nos sonarán son: no analizarla o negar su contenido (“yo paso”), evitarla (“ni idea de lo que me dijo”), reaccionar de forma pasiva (“seguro que tiene razón, soy un torpe”), de forma agresiva (“no lo soporto, es un imbécil”), empezar mostrando interés pero negarlo enseguida (defenderse), escuchar al crítico pero no actuar en consecuencia (saber que tiene razón pero no cambiar ninguna conducta), etc.  Indicar que es necesario saber que es posible reaccionar positivamente ante una crítica aprendiendo técnicas para afrontarlas de otra manera y eso es lo que vamos a ver en esta entrada.

Como ya hemos adelantado, además de la forma asertiva, que es la que vamos a tratar de mostrar, es posible reaccionar de una forma pasiva, como hemos visto en el párrafo anterior, es decir, ante una crítica externa reaccionar con pensamientos del tipo “seguro que tiene razón, soy un torpe”. Lo realmente negativo de este pensamiento es la emoción de tristeza y ansiedad que nos provoca, junto con conductas como llanto, aislamiento, bloqueo, etc. La consecuencia más importante es que la autoestima se resiente. También es posible pensar de forma agresiva: “no lo soporto, es un imbécil”; las emociones que nos provocan son de ira y de odio, la conducta puede ser contestar mal, dar portazos, huir de la situación, etc. y la consecuencia posterior es el rencor, por ejemplo. En cualquiera de los dos casos, no se soluciona el problema.

La respuesta asertiva es un punto medio entre estas dos. Ante la crítica, puede surgir un pensamiento del tipo “puedo aprender de mis errores, tengo derecho a equivocarme” y unos sentimientos de seguridad y de interés. La conducta posterior podría ser la de preguntar al crítico en qué se ha fallado y podría llegar a aclararse el problema y buscar una solución; los dos implicados se sienten bien.

¿Pero cómo podemos llegar a esta respuesta o reacción más positiva ante las críticas? Para ello vamos a basarnos en Burns, Cawood, Garner y Carnegie, resumiéndolo en cuatro pasos o etapas:

Primero, pensar de forma asertiva: esto es muy importante, ya que lo que realmente nos altera no es la crítica sino lo que nos decimos a nosotros mismos o pensamos al recibirla. ¿Y cómo lo contrarrestamos? Del siguiente modo:

-Cambiar exigencias por preferencias, es decir, tener claro que preferimos hacer las cosas bien y obtener la aprobación de los demás pero que, en realidad, no lo necesitamos, no es una necesidad.

-Aceptar que tenemos derecho a equivocarnos y los demás también. Es un hecho natural que todos, ocasionalmente, cometemos fallos.

-Liberarnos de la necesidad de aprobación ya que es imposible agradar a todo el mundo.

-Esto es complicado pero tratar de considerar las críticas como un regalo, ya que puede proporcionarnos información valiosa para conocernos mejor cuando son realistas. Cuando no lo son pueden darnos información de cómo nos ve el crítico.

Segundo, solicitar detalles para poder entender el punto de vista del otro;  por ejemplo, ante una crítica podemos decir: “¿a qué te refieres?”,” ponme un ejemplo sobre eso que dices”, “¿qué te hace pensar que…?”,” ¿te molesta que…?”, etc. De esta forma, no sólo solicitamos más datos sobre el problema, sino que el propio crítico puede llegar a cuestionar sus propias afirmaciones, pero para ello es importante preguntar o requerir información, actuar con empatía y pedir que sea más concreto.

Tercero, mostrarnos de acuerdo en la medida de lo posible. Se trata de buscar alguna forma de coincidir con el crítico para poder “desarmarlo”. Se pueden dar varias posibilidades:

-Si estamos de acuerdo con la crítica, mostrar ese acuerdo. Si nos equivocamos, tratar de aceptarlo rápidamente y sin reservas. Esto crea un efecto muy agradable en los demás. Es conveniente tener presente la creencia que señalábamos anteriormente, de que tenemos derecho a equivocarnos, sin necesidad de que el hecho de aceptar la crítica dañe nuestra autoestima o nos haga sentir culpables.

-A veces, estamos conformes con una parte de la crítica o con la posibilidad de que ésta sea cierta. En otras ocasiones, las críticas contienen una parte de verdad pero exageran o distorsionan otra parte. Lo conveniente, en estos casos, es mostrar el acuerdo con la parte de verdad que creemos que contienen. Por ejemplo, ante la crítica “siempre llegas tarde”, podemos responder “sí, he llegado tarde estos dos últimos días”. Otra forma es contestar que es posible que el otro tenga razón; esta respuesta es deseable cuando no estemos seguros de que la crítica sea cierta. Otras veces, podemos estar de acuerdo con la idea general que señala la crítica, etc. Por último, existen casos en los que nos situamos ante una crítica manipuladora que lo que procura es hacernos sentir culpable y conseguir que hagamos lo que el otro quiere, normalmente enunciándola en un tono negativo. En estos casos, lo conveniente es mostrar acuerdo con lo que el otro manifiesta explícitamente: crítica: “¡siempre quieres irte los domingos!”-respuesta: “tienes razón, siempre quiero salir los domingos”.

-Cuando consideramos que la crítica no se ajusta a la realidad, debemos tratar de mostrar acuerdo en lo posible, es decir, en estos casos, lo conveniente es mostrar acuerdo con el derecho del crítico a tener su propia visión u opinión y a sentirse así, sin negarlo ni contraatacar, ya que hacer esto último hace que el otro nos critique aún más. Imaginamos que somos como un banco de niebla que no ofrece resistencia cuando le tiran una piedra pero tampoco le perjudica ni le afecta.

Cuarto, explicar tu posición. Utilizando la empatía (pidiendo detalles) y mostrándote de acuerdo con él (desarme), su enfado se habrá reducido considerablemente y su actitud será más positiva y receptiva, por tanto, este es el momento de exponer tu punto de vista. Si estás de acuerdo con la crítica, reconócelo y si se quiere, haz el propósito de corregir el error; si estás de acuerdo en parte, también reconócelo; si no estás de acuerdo, mostrar tu punto de vista, reconociendo esta vez que puedes estar equivocado. En definitiva, de lo que se trata es de dar la razón en lo posible, mostrar comprensión y si no estamos de acuerdo, explicar lo que pensamos educadamente y con tacto.

A estos pasos anteriores, podemos añadir o sugerir otras técnicas o herramientas que se utilizan mucho en terapia psicológica y que pueden ayudarnos a poner en marcha cada una de estas etapas que hemos expuesto:

-Buscar datos objetivos que permitan comprobar los hechos criticados (es una buena idea anotarlos en una libreta y leerlos después).

-Aunque sea incómoda, podemos agradecerle la información que nos aporta la crítica, ya que nos puede ayudar a crecer como persona.

-Disculparnos si es necesario.

-Solicitar al crítico, si lo creemos conveniente, sugerencias acerca de cómo cree él que podríamos mejorar. Si consideramos esta información cierta, ponerla en práctica.

-Técnica del “Disco Rayado”: se trata de repetir el mismo argumento, con amabilidad pero también con firmeza, hasta que el crítico se canse; se utiliza cuando nos insisten en la misma crítica.

-Banco de niebla o ignorar la crítica cuando la crítica es muy irracional o provocadora.

-Utilizar autorregistros de pensamientos, aunque esta técnica es mejor llevarla a cabo con la ayuda de un psicólogo o en consulta, ya que es más compleja que las anteriores. Se trata de cumplimentar un registro cuando nos sintamos mal ante una crítica o ante la posibilidad de que nos la hagan y también cuando respondamos de forma inadecuada ante la misma. Debe contener: Situación-Pensamientos irracionales (que impiden la respuesta asertiva)-Consecuencias emocionales y conductuales de estos pensamientos-Pensamientos racionales (que favorecen la respuesta asertiva)- Consecuencias emocionales y conductuales de estos pensamientos.

 

Prejuicios y estereotipos

La Teoría de la Atribución de Heider (1958), entre otras cosas, trata de conocer cómo las personas interpretamos la conducta de los demás y los hechos que ocurren a lo largo de la vida. Según esta teoría, interpretamos el comportamiento de los demás bien a causas externas (situación en la que se encuentran, contexto, conducta de terceros, la suerte o el azar, etc.), bien a causas internas (características personales, psicología de la persona, motivación, inteligencia, rasgos de la personalidad, etc.).

¿Qué tiene esto de interesante?

Esta teoría explica el mecanismo de algo tan común e indeseable como son los prejuicios hacia un tipo de persona o población, los pensamientos racistas, sexistas, etc.

Lee Ross (1977) acuñó el término Error Fundamental de Atribución (también denominado Sesgo de Correspondencia), basándose en la anterior teoría. Lo que viene a decir con este término es que los humanos tendemos a resaltar las características personales y psicológicas de los demás, cuando tratamos de explicar cómo se comportan, y damos escasa importancia a causas de tipo externo (por ejemplo, situación donde se produce la acción).

Cuando estos errores “interpretativos” se dan dentro de grupos diferentes se llama Error Último de Atribución, esto es, dentro de nuestro grupo de referencia atribuimos los éxitos del mismo a causas internas (por ejemplo, somos más listos, más persistentes) y los éxitos del otro grupo a causas externas (han tenido suerte, la situación les favorecía). Por el contrario, los fracasos de nuestro grupo se deben a causas externas (qué mala suerte hemos tenido) y los fracasos del otro a causas internas (se lo merecían, se lo han buscado por no hacer bien las cosas). (Basado en Pettigrow, 1979).

Como podemos ver fácilmente, este error cognitivo está en la base de muchos de nuestros prejuicios, ya que las acciones positivas del otro grupo nunca serán tomadas en cuenta y sus fracasos se explican por sus propias características personales, como algo que es parte de ellos.

También está relacionado con lo anterior las atribuciones sobre el Mundo Justo (un tema similar se trató en una entrada anterior), es decir, si asumimos que las personas tienen o reciben lo que merecen (Lerner, 1980), probablemente culparemos más a los grupos desfavorecidos, inmigrantes, mujeres de la situación en la que se encuentran o de sus desgracias (se lo han buscado, se lo merecen). Seguro que reconocemos esta experiencia. Una vez más, podemos comprobar cómo se desarrollan y se mantienen los prejuicios ya que no estamos teniendo en cuenta el contexto o situación en el que se desenvuelven, el lugar o momento de nacimiento, sus circunstancias personales o familiares, etc. A esto se le une, sin ánimo de ser exhaustivos, otro sesgo similar que hace que percibamos a los grupos diferentes al nuestro como más homogéneos (todos son iguales), acentuando sus semejanzas, y al propio como más heterogéneo, resaltando las diferencias individuales en mayor medida.

He desarrollado este tema, a modo de reflexión, para que tengamos en cuenta cuándo estamos cayendo en alguno estos errores que no tienen una explicación científica, sino que simplemente están basados en ideas intuitivas y son modos habituales de cognición y de economizar nuestro pensamiento. Quizás, dándonos cuenta de cuándo caemos en alguna de estas trampas, podremos evitar, en la medida de los posible, juicios rápidos y gratuitos acerca de los demás.

rivalidad