Sólo para mí

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SÓLO PARA MI

Por Ana Villalobos

 

¿Qué pasaría si un poema fuese sólo para mí?

¿Qué pasaría si yo fuera audiencia suficiente simplemente porque soy yo,

Porque esta persona que soy está viva, es de carne y hueso,

Es consciente, tiene sentimientos, ¿eso cuenta?

¿Qué pasaría si esta persona importase no sólo por lo que

puede hacer en el mundo

si no porque es parte de él

y tiene un corazón dulce y tierno?

¿Qué pasaría si ese corazón importara,

y si la bondad de éste importara?

¿Qué pasaría si ella no fuese diferente a los demás?,

Pero a cambio, si conectada a los demás en su sentido de ser diferente, de sentir soledad,

de sentirse aislada, fuera de lugar, o esa pieza sacada de un cuadro-

Todo el rato profundamente vulnerable, debajo de esas capas de defensa sedimentaria.

Oh! Permíteme esconderme

Déjame ser en última instancia grande,

En última instancia, tímido,

Déjame, entonces no tengo que …

SER …

 

Pero soy.

A través de todas las travesuras que nos distinguen de los demás, o ese realmente-no-estoy-ahí-todavía,

yo permanezco

No importa lo que oculte-

un genio, idiota, glorioso, escoria-

En el fondo, sigo siendo yo, todavía aquí,

Todavía cálido, y respirando, y humano

Con una oportunidad más para decir un sencillo hola,

y reconocer mi ternura

Y ser solamente un poco amable con esta-mi persona,

Porque ella cuenta, también.

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Haz un anuncio publicitario sobre ti mismo

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¿Qué es lo que te define? Elige todas las opciones que quieras.

Determinación. Capacidad de hacer amigos. Entusiasta. Perseverancia. Simpatía. Valentía. Dinamismo. Confianza en sí mismo/a. Cortesía. Capacidad de observación. Fuerza de voluntad. Paciencia. Previsor/a. Sensibilidad. Me gusta disfrutar las cosas. Comunicativo. Sentido del humor. Comprensivo/a. Fiable. Alegre. Responsable. Capacidad de escucha. Expresivo/a. Animoso/a. Organizado. Buena voz. Capacidad de concentración. Iniciativa. Ecuánime. Generosidad. Cordial. Franqueza. Adaptable. Auténtico/a. Honesto. Abierto/a. Afectuoso/a. Trabajador/a. Persistente. Independiente. Creativo/a. Original. Solidario/a. Goleador. Ligo fácil. Mantener un secreto. Hablar en público. Buena ortografía. Leer bien. Resolver un problema. Aprenderme una lección. Habilidades manuales. Controlar mis impulsos. Cantar. Bailar. Anotar canastas. Ayudar a otros. Ojos grandes. Mantener la fe. Pensamiento veloz. Capacidad para intimar con otros. Escribir poesías …

Señala esto y otras cosas que se te ocurran. Haz un pequeño eslogan sobre lo que hayas escrito o escribe un párrafo pequeño.

Compártelo con una o dos personas de tu confianza. Pídeles que hagan el mismo ejercicio ellos. Después comentad lo que habéis compartido.

 

Cita

Ayuda con mi autoestima!!

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¿Crees que tienes baja autoestima?

Vamos a realizar un ejercicio:

Compra plastilina y moldea tu baja autoestima. Podemos llamarle “el muñeco de la baja autoestima”.

Colócalo en un lugar visible de la casa.

Una vez hecho esto, estate atento a todos los mensajes que la “baja autoestima” te envíe.

Cada vez que identifiques alguno de estos pensamientos, tienes que sentarte con el “muñeco”, escuchar lo que te dice y dar argumentos en su contra.

Puedes escribir en la parte izquierda de un folio lo que te comunica la baja autoestima y en la derecha lo que tú respondes.

Esta herramienta se llama externalización y espero que os ayude. Lo recomiendo especialmente para los adolescentes y niños, les suele divertir bastante, pero también puede aplicarse en los adultos.

Otra técnica que ya plasmé en el blog para trabajar la autoestima está ubicada en:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/06/25/porque-yo-lo-valgo/

Ideas originales para trabajar la autoestima de tus hijos

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En primer lugar, recomendaros un libro que me ha dado las ideas para escribir esta entrada. Es un libro sencillo y de divulgación llamado “Cómo desarrollar la autoestima de tu hijo” de Silvana Clark. En mi caso, me ha servido para elaborar este post y también cómo madre y psicóloga. Os ofrezco algunas pinceladas para poder desarrollar de un modo positivo la autoestima de vuestros hijos y mejorar el amor hacia uno mismo; si deseáis ampliar podéis basaros en el libro mencionado o en otros que existen en el mercado sobre el tema. Paso a las IDEAS pues:

  • Cuéntale a alguien algo que tu hijo ha hecho de forma positiva y asegúrate que lo oiga: llamar a la abuela, hablarlo con un amigo estando presente…
  • Explica la razón de las reglas familiares y evita el “porque lo digo yo”.
  • Deja que tus hijos vean cómo empatizas con los demás: explícale porqué algunas personas viven en la calle, pregúntale cómo crees que se siente una niña que sale en las noticias, etc.
  • Anímale a expresar sus puntos de vista y valora su opinión.
  • Elogia o recompensa un trabajo duro. Elogia las cosas positivas que hacen.
  • Si los niños necesitan hablar, escucha antes de dar tu opinión.
  • Ofrece a tus hijos la posibilidad de elegir. Desde pequeños pueden elegir entre unos calcetines rojos o azules o sobre las clases extraescolares que les gustan más.
  • Reserva un tiempo especial para que pasen tiempo solos.
  • Enseña a tus hijos a valorar el talento y las cualidades de los demás.
  • Viaja con tus hijos, visita una localidad, un entorno rural, etc. Trata de hacerles notar las diferencias en la gastronomía, el acento, la cultura…
  • Asigna responsabilidades apropiadas a la edad de los niños y explícales porqué es importante hacerlas.
  • Aprende sobre el desarrollo del niño y sobre su comportamiento en diferentes edades, por ejemplo: las rabietas de los dos años, los miedos evolutivos, la influencia de los iguales en la adolescencia, etc.
  • Deja que tus hijos te vean reír y muestra tu sentido del humor. Puedes hacer una broma o el ganso por la calle o hacer un baile gracioso con ellos…
  • Reserva periodos de tiempo para pasar con ellos: un juego de mesa el sábado por la mañana en pijama, merendar en el suelo un domingo, etc. También muéstrales que aprecias su compañía incluso cuando estás enfrascado en la rutina diaria.
  • Envíales un mail con un mensaje o un dibujo. Puede ser una nota cariñosa, un dibujo divertido, un deseo de buena suerte en un examen…
  • Diles a tus hijos que les echas de menos cuando estás fuera de casa y explícales cómo visualizas lo que están haciendo.
  • Realiza con ellos una lista de sus cualidades. Indícales que la consulten una vez por semana.
  • Escríbeles notas especiales y cartas informándoles de tu amor hacia ellos.
  • Enseña a tus hijos a pensar “Out of the box / Fuera de la caja”. Trata de mostrarles pensamientos creativos intentando resolver problemas o tomar decisiones. Anímalos a buscar métodos alternativos y a manejar situaciones que supongan un reto.
  • Fomenta en ellos la resolución de problemas, a no quedarse en el lamento y a obtener algún resultado.
  • Fomenta el comportamiento independiente y que experimenten logros por sí mismos: preparar la merienda con ellos, ayudar a ponerse los zapatos, tomar un tentempié si lo piden…
  • Cuando desobedezcan o se porten mal dales la oportunidad de explicarse. Escucha atentamente lo que dicen y utiliza la situación como una experiencia de aprendizaje.
  • Ofrece varias alternativas a tus hijos, a tu alcance, a la hora de planificar su fiesta de cumpleaños, no dando por supuesto que debe ser una fiesta tradicional: ir al cine con los amigos, organizar un desayuno, hacer una fiesta en la piscina, etc.
  • Ayuda a tus hijos a planificar eventos que incluyan a otras personas. Anímalos a compartir actividades con la familia y los amigos.

 

Claves para superar y afrontar un despido

Un despido afecta a la vida personal y emocional. Si el despido se demora en el tiempo (hay amenaza de despido o va a suceder pero seguimos trabajando), esa espera por parte del trabajador juega en su contra. Aunque pudiera parecer contraproducente es conveniente que el trabajador cierre un acuerdo con la empresa lo antes posible, evitando que entren en juego sus sentimientos y frustraciones. Algunas empresas no son claras en este sentido y juegan con ese tiempo de espera que daña a nivel psicológico al empleado. Debemos exigir esa información a la empresa y hacernos escuchar teniendo, en principio, el foco en querer continuar en ella. Si no hay otra posibilidad que el despido, lo mejor es protegerse y dirigirnos hacia la búsqueda de un nuevo puesto de trabajo, tratando de mantener ciertos lazos con compañeros cercanos y fijar una despedida con ellos (un “borrón y cuenta nueva” poder iniciar nuestro “duelo”).

Las empresas no siempre tomarán las decisiones más apropiadas para su continuidad  ni para sus trabajadores. Los jefes y directivos no recurren al asesoramiento especializado o no lo tienen y no suelen estar preparados para afrontar situaciones de alta tensión como estas o de tanta carga emocional.  Los errores siempre se achacarán a la crisis.

Ante una situación de despido, acepta tus sentimientos y emociones: es probable que aparezca tristeza, rabia, sensación de injusticia, ira, etc. Todas esas emociones al principio serán completamente normales. Es normal que tengas miedo e incertidumbre hacia lo desconocido y debemos tomarnos un pequeño lapso de tiempo para aceptar la situación, rodeándonos de nuestros seres queridos. Por otro lado, aunque tratemos el tema, debemos evitar hablar constantemente del despido, ya que esto no nos hará bien.

Lo interesante es actuar después de ese lapso y no caer en otros estados emocionales que pueden aparecen después: apatía, desmotivación, estado de ánimo depresivo, desgana, sentimientos de poca valía personal, pensamientos catastrofistas, etc. Esto es más dañino que las emociones que aparecen en los primeros momentos, ya que conllevan falta de esperanza y baja autoestima. Si nos vemos desbordados lo mejor es consultar con un especialista que nos ayude con ese estado negativo y nos oriente vitalmente.

Hay que darse cuenta de que la vida nos ha planteado un reto y que debemos hacer un esfuerzo muy intenso para poder conseguir empleo y planificar esa búsqueda. Puede ser que desees formarte en algún ámbito profesional, en ese sentido, lo conveniente es buscar esos recursos que te van a permitir esa formación. Encontrar trabajo es una tarea que requiere mucha dedicación e insistencia y NO es una cuestión de suerte,  SÍ un reto vital.

Piensa cuál es tu trabajo ideal, piensa sólo en aquellos que te gustaría hacer y no en lo que a los otros les gustaría que hicieras. No renuncies a tu vocación. Enfócate hacia ella. Haz una lista con esos posibles trabajos que te gustaría desempeñar, que te podrían hacer más feliz. Una vez hecha esa lista, sí puedes pedir una opinión a personas muy allegadas, sin que esa opinión sea la definitiva, ya que la decisión es sólo tuya. Piensa que va a ser duro pero lo puedes conseguir, céntrate en aquellas personas que han tenido éxito, evita las opiniones catastrofistas de los medios de comunicación o las muy negativas de algunos amigos y familiares.

Hay que buscar empresas del sector elegido, información sobre ellas y contactos con los que podríamos hablar. Es conveniente elaborar una lista de estas empresas (anotar) y, en ese sentido, Internet es una buena herramienta para conseguirlo. Piensa qué cosas puedes aportar para ayudar a la empresa que te gustaría que te contratara, sin olvidarnos de que el objetivo es la felicidad personal.

En este punto, es conveniente que busques, si es necesaria, la ayuda de un profesional o amigo para  modificar el curriculum y las cartas de presentación (o hacerlo tú mismo) y trabajar el acercamiento a las web de empleo, los recursos, las fuentes de trabajo, las bolsas de empleo, etc., en definitiva, la aproximación a las empresas o al sector elegido. Existen páginas, organismos o empresas que te pueden ayudar con ello.

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Educar a los niños para ser asertivos

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El tema de la asertividad está bastante extendido en el campo de la psicología y de la terapia. El tratamiento de la misma suele realizarse en terapia a posteriori, es decir, el profesional intenta corregir y guiar al cliente para conseguir que sea más asertivo en su vida, debido a que el no serlo le ha traído algunos problemas. No siempre los padres consiguen que sus hijos sean personas asertivas y esto puede desencadenar problemas en su vida adulta y durante la adolescencia. Si educáramos para la asertividad, probablemente, nos ahorraríamos algunos disgustos posteriormente y sobre todo trabajaríamos de forma positiva sobre su autoestima.

Pero ¿cómo conseguir que nuestros hijos sean asertivos? ¿Cómo educar para la asertividad?

Primero y obvio, es necesario fomentar el contacto social de nuestros hijos para que puedan aprender a relacionarse: salidas, excursiones, invitar amigos a casa, ir a casa de sus amigos, relacionarse con iguales, con niños más pequeños, con adultos, etc.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la asertividad se aprende, no es una habilidad innata, por lo que su aprendizaje se instaura con la práctica repetida. Ni que decir tiene, la importancia del archiconocido REFUERZO POSITIVO, en los casos en los que el niño se comporte adecuada y asertivamente, y el modelo de asertividad que reciba de nosotros (predicar con el ejemplo). Por otro lado, es conveniente ignorar sistemáticamente las reacciones agresivas o no asertivas de una forma descarada (debe darse cuenta de que no nos interesan ese tipo de comportamientos).

Un primer paso, es escuchar activamente al niño ante un problema que le preocupe, esto le hará confiar en nosotros. Poner los cinco sentidos en él cuando nos está contando algo que le angustia o preocupa.

Es interesante tratar el tema “derechos” con el niño, de esta forma aprende la existencia de unos derechos que hay que respetar y que, a la vez, deben respetarse los de él:

-“lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía derecho a decir lo que pensaba”.

-“este señor de la tele está pisando el derecho del otro a expresar lo que quiere”.

-“tu hermana tiene derecho a hablar, es su turno. Luego hablarás tú”.

-etc.

Darle al niño la oportunidad  de demostrar sus capacidades:

-hacerle partícipe en discusiones.

-enseñarle mediante refuerzos a conversar correctamente.

-cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que sabemos que puede afrontar, ayudarle a hacerlo.

-etc.

Evitar el lenguaje negativo: “no deberías haber hecho esto”, “otra vez…”, “siempre haces…”. El lenguaje positivo, sin embargo, se fija en lo adecuado de una situación: “la próxima vez hazlo mejor”.

Para enseñar asertividad NO debemos emplear los siguientes tipos de frases:

-“pues si Pedro se ha reído de ti, le pegas un corte y ya está”.

-“tú no te dejes achantar. Si te pegan, devuélvesela”.

-“deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender a conversar con él”.

Ante una situación conflictiva con otro u otros niños u adultos, una intervención en casa debería incluir lo siguiente:

-Primero, escucharle, valorar su problema como algo a tomar en serio (pero sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamiento. Repasar con él sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda y sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.

-Definir con él y clarificar qué quiere cambiar.

-Ensayar, como en una obra de teatro, la situación conflictiva. El padre o la madre puede hacer de persona problemática y el niño de él mismo. Analizar lo incorrecto de la conducta del niño y sugerir y ensayar alternativas de conducta, por ejemplo: no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar enfrentarse a esa persona. Pedirle firmemente que le deje en paz. No llorar, utilizando la respiración; no refugiarse en la profesora, sino intentar resolver los problemas por sí solo, etc.

-Es bueno contarle la historia de una persona que pasó por lo mismo, incluso ésta puede ser de carácter personal: “a mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No sabía cómo quitármelo de encima y lo pasaba fatal. Hasta que un día decidí…”, etc.

Si presenciamos una conducta no asertiva en nuestro hijo, una fórmula posible puede ser la siguiente:

-1º Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle llorar”.

-2º Una razón para el cambio: “así se están creyendo que valen más que tú y continuarán riéndose de ti “o “Carlitos es más débil que tú y no se puede defender”.

-3º Reconocimiento de los sentimientos del niño: “debes de sentirte fatal cuando te ocurre esto” o “ya sé que quieres que los demás vean que eres muy fuerte”.

4º Una formulación clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en casa? ¿Porqué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas como si tal cosa?”. “¿Por qué no demuestras tu fortaleza jugando al fútbol?”

5º No rechazar al niño, no generalizar (“siempre estás igual”), no insultar.  Evitar, asimismo, los silencios y las manifestaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas.

Conclusión

Cuando un niño nos haya relatado su preocupación podemos iniciar una especie de “trabajo de equipo” con él, SIGUIENDO LAS PAUTAS ANTERIORES. Debemos creernos que hay solución (porque en realidad la hay). Si dudamos o estamos muy angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento para nuestro entender. Si se da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional (psicólogo), que evaluará y tratará el problema de forma mucho más objetiva y racional. Por otro lado, el niño tiene que tener muy claro que no va a existir un cambio radical en los primeros intentos. Hay que reforzar, más bien, el intento de superación, más que el éxito en la conducta, ya que éste puede tardar en aparecer. Es por ello relevante, hacerle sentir bien consigo mismo incluso en situaciones no del todo positivas, sacando algo agradable de ellas, para que no abandone el aprendizaje y vuelva a enfrentarse a la experiencia.

 

 

 

Cita

Autoestima: las comparaciones son odiosas

Normalmente una persona no llega a consulta demandando únicamente solución para un problema de autoestima. Habitualmente llega con otra problemática que debe trabajarse y, paralelamente, surge la conveniencia de tratar también con su autoestima. A veces, reconocen tener una baja autoestima y, otras veces, pueden tener una autoestima falsamente alta (por ejemplo, una persona “arrogante”). Como parte de un desarrollo y crecimiento personal adecuado, podemos trabajar la percepción que tenemos de nosotros mismos. La autoestima es una valoración que hacemos de nosotros mismos, en diferentes ámbitos, pero desde una perspectiva emocional: “no me gusta, me da asco, me siento despreciable, me comparo, envidio a…”. ¡Atención a los indicadores siguientes! Recordad que puede darse todos o varios y que son diferentes formas de manifestar una baja autoestima.

¿Qué actitudes o posturas habituales indican una autoestima baja?

  • Te criticas dura y excesivamente y te mantienes en un estado de insatisfacción hacia ti mismo. (Sueles realizar la crítica mentalmente, desde el nivel de los pensamientos).
  • Eres muy sensible a las críticas. Te sientes exageradamente atacado, herido; echas la culpa de los fracasos a los demás o a la situación; sientes resentimiento contra aquellos que supuestamente te critican.
  • Puedes sufrir de indecisión crónica, no por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarte.
  • Sueles tener un deseo innecesario por complacer, se te da mal decir NO, por miedo a desagradar y a perder la buena opinión del otro.
  • Eres perfeccionista, autoexigente, quieres hacer perfectamente todo lo que intentas, y te desmoronas cuando las cosas no salen con la perfección exigida.
  • Acusas y condenas conductas que no siempre son objetivamente malas, exageras la magnitud de los errores de otros y de los tuyos. Lamentas estos errores indefinidamente, sin llegar a perdonar por completo.
  • Actúas con hostilidad, con irritabilidad, siempre a punto de estallar por cosas de poca importancia, muchas cosas te sientan mal, te disgustan, te decepcionan, no te sientes satisfecho.
  • Tiendes a una actitud defensiva, sueles tener una percepción negativa general y, a veces, una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma.
  • En resumen, algunas características de una persona con baja autoestima serían: desprecia sus dones; se deja influir por los demás; no es amable consigo misma; se siente impotente; actúa a la defensiva; y culpa a los demás por sus faltas y errores.

En terapia, casi siempre es recomendable tratar, al menos en parte, la parcela destinada a la autoestima, asociada o no con otros problemas. Nuestro objetivo es lograr que la persona no necesite competir con otros, no se compare tanto, no sienta envidia (al menos en exceso), no se justifique tanto por lo que hace, no actúe como si “pidiera perdón por existir”, etc.

El trabajo de la autoestima pasa por una parte de trabajo cognitivo, de creencias y pensamientos, así como, de otra parte emocional. También es muy frecuente trabajar habilidades sociales, en general, y asertividad, en particular. La práctica repetida de estas habilidades hará que la persona cada vez se sienta mejor consigo misma y con sus acciones sociales.

 

El papel de víctima

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En diversas situaciones de la vida, tomamos un rol de víctima o nos situamos en ese papel, lo cual nos dificulta la superación del problema. Nuestro papel de víctima puede ser real o imaginado, pero siempre podemos movernos hacia unos patrones más adecuados de conducta que nos hagan salir más airosos de esta clase de situaciones. Las circunstancias en las que podemos adoptar ese papel puede ser de muy variada índole: en el amor, en la pareja, con la suerte o el azar, con nuestro jefe, con los compañeros de trabajo, en un grupo de amigos, ante una situación conflictiva, el papel dentro de mi familia, etc.

Pero ¿cómo saber si te estás comportando como una víctima?:

-¿te compadeces y te quejas a menudo?

-¿detectas a una persona como el “verdugo”, la persona agresiva y acusadora (contra ti)?

-¿detectas que te están acusando o juzgando?

-¿te sientes más o menos inocente (tú no haces nada)?

-¿esperas que alguien se preocupe por ti, o que te defienda o que apruebe lo que dices?

-¿ves sólo las carencias del “verdugo”?

-¿lo criticas?

-¿frecuentemente tienes comportamientos como llanto, palabras, acciones “manipuladoras”? (esto no quiere decir que todas las palabras o lágrimas sea manipuladoras).

-¿buscas una alianza contra tu verdugo?

-¿a veces tienes sentimientos de venganza?

-¿no reconoces que te justificas y defiendes? ¿Hay cosas que te provocan sentimientos negativos pero no sueles reconocerlo?

-¿te resulta muy difícil afirmarte en su presencia?

-¿no asumes responsabilidad en el problema?

-¿sientes que confías poco en ti y que tienes una baja valía (sobre todo manifiesta en esa situación)?

¿Qué está pasando y cómo salir de ello?

Como decimos, no sabemos si ese papel de víctima es percibido por la persona o, realmente,  está ante el yugo de un completo “tirano”. En cualquiera de los dos casos, y con dificultad, debemos dejar de compadecernos y salir de la situación, tomando distancia de la persona que supuestamente nos somete. En el caso del rol de víctima no real, debemos trabajar con un profesional la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Es importante saber que:

-Nos estamos colocando en un papel inferior al otro, en una relación asimétrica (bien sea pareja, familiar o compañero).

-No estamos asumiendo nuestra contribución o responsabilidad en el problema, que incluso puede ser  el de tolerar la situación o adoptar conductas sumisas o de rabia. Muchas veces, la responsabilidad de nuestro sufrimiento es sólo nuestra.

-El rol de víctima no nos ayuda a solucionar el problema.

-Buscar la manera de trabajar nuestra autoestima independientemente del otro, como un trabajo personal.

-Aceptar que nos estamos comportando como una víctima, pero que vamos a salir de ello.

-Distanciarte temporalmente de aquello que te sitúa en ese rol puede ser lo idóneo, para verlo con más perspectiva.

-Olvida tu resistencia y deja de luchar contra los “elementos”, no te resignes a esa situación, deja de criticar al otro.

-Trata de centrarte en todos tus recursos personales.

-Como trabajo personal último, trata de perdonar sinceramente, a aquella persona que supuestamente te oprime.

 

 

 

Estado

Porque yo lo valgo…

Si últimamente observas que tienes una actitud derrotista, que tu autoestima está resentida, que posees un discurso negativo hacia ti mismo o que tienes un estado de ánimo deprimido, necesitas refuerzos y motivaciones extras.

Te propongo una tarea desde la Psicología Positiva, que consiste en que vayas dejando unos post-it por toda tu casa. Esos post-it deben contener mensajes positivos sobre ti mismo. Es muy importante que sean escritos con tus propias palabras y que sean aspectos creíbles para ti, cosas con las que de verdad te identifiques.

¿Qué pueden contener todos esos post-it?

-Tus fortalezas o puntos fuertes. “Soy buena madre”. “Soy muy trabajador”…

-Tus recursos. “Se me da bien la gente”. “Soy buen conversador”…

-Logros personales. “Conseguí acabar la carrera”. “Pude sacarme el carné de conducir”…

-Palabras de ánimo. “¡Lo vas a conseguir!”. “Eres bueno en lo que emprendes”…

-Sueños o deseos que posees. “Este proyecto me va a salir bien”. “Mi hija tendrá una buena educación”…

-Características positivas sobre ti. “Soy amable”. “Soy atenta”…

-Cosas que posees. “Tengo unos hijos maravillosos”. “Mis amigos me quieren”…

-Cómo te valoran los demás (adecuadamente). “Los demás me ven como una persona eficaz”. “Mi familia valora mi carácter”…

En el caso de tener un estado anímico excesivamente negativo y que te sea complicado realizar esta tarea, es conveniente que el psicólogo o psicóloga te guíe primero en la elaboración de los aspectos positivos, para después realizarlo de manera autónoma.

"Narciso" de Caravaggio

“Narciso” de Caravaggio

 

 

Sin ti no soy nada

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En nuestra sociedad predomina entre las parejas, especialmente en las mujeres, la idea del amor romántico, es decir, la idea que el amor es lo más importante de nuestra vida, que sin él no somos nada y que todo es posible gracias al amor, incluyéndose dentro de ese concepto de amor la posesión, la idealización y la identificación de amante-persona. No estoy aquí para criticar, en su totalidad, esas opiniones sobre el amor que nos han inculcado pero sí algunas de las creencias que nos hacen sufrir y que acaban por minar nuestra autoestima, sobretodo en el caso de que no se cumplan esas expectativas ideales que tenemos sobre nuestra relación de pareja. Si reflexionamos sobre cómo trata el cine o la música el amor (romántico), qué tipo de modelo de pareja transmiten los films y los cuentos infantiles, tendremos la certeza de que eso no se cumple en nuestra realidad y la decepción puede ser muy grande.

Empecemos:

-“Tú lo eres todo para mí”, “no soy nada sin ti”: en este caso la pareja es el centro de nuestra vida, se produce la identificación completa con ella, pensamos por el otro, nos preocupamos por el otro. Produce subordinación, impotencia y frustración si las cosas no salen como se espera.

-“Mi felicidad depende de ti”, “soy lo que soy gracias a ti”: el miembro está supliendo, en este caso, una falta de amor hacia sí mismo con la existencia del otro. Para no perder el amor de la pareja lo hace todo por ella. Si la relación no funciona como espera o la pareja se distancia o, aún peor, le deja  la persona “abandonada” se sentirá sin valía, su autoestima se anulará.

-“Eres mi talismán”, “me atrevo a hacer cosas gracias a ti”: la otra persona compensa nuestros propios déficits, las cualidades que me faltan. Hay ciertas actividades que no nos atrevemos a realizar por nosotros mismos, sino es por nuestra pareja. Las consecuencias son que la persona no hace nada por sí misma, se frustra, de nuevo la autoestima se resiente y, si la relación se acaba, se sentirá desvalida.

-“Estoy tan desvalida…”, “soy tan poca cosa…”, “soy una princesa”: estas creencias nos aportan ventajas ya que permiten que nos presten atención, que nos cuiden, que hagan cosas agradables por nosotros pero, por el contrario, la pareja es la que toma decisiones, lleva el rumbo de la relación y el otro miembro ve mermada su autonomía e independencia.

-“Yo doy más que tú en esta relación”: esta premisa puede ser cierta, lo cual da lugar a una baja autoestima (de nuevo), frustración, sensación de no ser valorado por el otro, alta responsabilidad con respecto a la relación, etc. Si esta percepción no es real, la persona puede tener una imagen relacional sobrevalorada, podría hacer daño al otro miembro y, asimismo, tener sensación de ser poco valorado.

-“Si me quisieras, sabrías qué necesito”, “me conoces de sobra, tendrías que saber lo que quiero”, “tendría que salir de ti”: creemos que nuestra pareja necesariamente tiene que darse cuenta siempre de nuestras insinuaciones e indirectas, así como ser un adivino capaz de leer nuestra mente, pensamientos, preferencias y deseos. El que el otro no responda a estos aspectos que tenemos en mente provoca decepción, frustración, enfado y pérdida de interés.

-“Soy feo”, “soy tonto”, “estoy tan gorda…”: evidentemente, esto es una buena señal de baja autoestima y lo que buscamos es que la pareja lo desmienta y nos diga lo maravillosos que somos. La otra persona puede no tomar al otro en serio,  también fijarse en esos puntos débiles o enfadarse o que llegue a no gustarle estar con una persona que está frecuentemente criticándose.

-“¿Te parece más guapo/guapa que yo?” “¿es más atractiva/atractivo que yo?”: esto normalmente se debe a una reacción celosa que surge cuando la persona basa su autoestima en la relación de pareja; la falta de confianza en sí misma le lleva a desconfiar del otro. Tiene como consecuencias conductas de comprobación y persecución del otro, agobio en el otro miembro, discusiones e, incluso, ruptura.

Finalmente, decir que lo que figura entrecomillado puede referirse a un pensamiento concreto que de forma automática nos viene a nuestra mente y, consecuentemente, provoca una emoción nada positiva. No obstante, lo normal es que, en muchas ocasiones, estas afirmaciones no sean tan literales y que se trate de creencias o constructos culturales que hemos ido asimilando a través de nuestra educación, inmersos en nuestra sociedad y que nos han hecho tener unas ideas preconcebidas, fijas e ideales de lo que es el amor. Si nuestra relación de pareja no se ajusta, en determinados aspectos, a esa imagen tan romántica de lo que debe ser el amor podemos terminar pasándolo mal.

–Más sobre amor romántico: http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/02/en-busca-de-la-naranja-entera-deconstruyendo-el-mito-del-amor-rom%C3%A1ntico.html

–Más sobre creencias románticas: Poschenrieder, B. (1998). Segura de ti. Ed. Robinbook: Barcelona.