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Reglas para el acompañante de duelo

Este post incluye acciones adecuadas que puede llevar a cabo una persona que quiere acompañar a otra que ha perdido un ser querido, que quiere ayudar a otra que sufre un duelo. (Ver cómo afrontar un duelo:  https://rosaliamv.wordpress.com/2014/08/27/reglas-del-duelo/)

Está basada en un decálogo que ofrezco, en ocasiones, a las personas que pasan por consulta, pero lo he adaptado, empleando un lenguaje más cercano, a mi forma de ver el duelo.

  • Leeré y me informaré de aspectos relacionados con el duelo, de esta forma mi ayuda será más efectiva.
  • Permitiré y animaré la expresión de los sentimientos de dolor y de tristeza por la pérdida del ser querido, sin salir huyendo ante la manifestación de los mismos.
  • Mantendré una actitud de escucha y atención para el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los sentimientos que acompañan la aflicción.
  • Prestaré, mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo de la persona doliente.
  • No esperaré a que él o ella busque ayuda, tomaré la iniciativa visitándolo o llamándolo.
  • Facilitaré el apoyo y la comunicación efectiva de la familia.
  • Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo.
  • Estaré atento a las reacciones anormales o distorsionadas del duelo.
  • Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo.
  • Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de actividades para el doliente.

¿Difícil?

Help! Fuente: Flickr

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Consejos para el cuidador de una persona dependiente

En ocasiones viene a consulta una persona que se ocupa de cuidar a un familiar enfermo o dependiente. Muchos de ellos  suelen presentar un estado de ánimo depresivo y problema ansioso. Otras veces el familiar ha fallecido y presentan problemáticas respecto al duelo (ver Reglas del Duelo en una entrada anterior) o no saben deshacerse de su rol de cuidador, lo cual es sumamente importante para continuar con su vida.

¿En líneas generales, qué puede mejorar un cuidador durante la atención de su familiar?

-Al principio, es necesario dejar un tiempo para asumir el rol de cuidador y aceptar el nuevo ritmo de vida.

-Reconocer que, como todo el mundo, tiene momentos de flaqueza y no pasa nada por ello.

-Tratar de ser realistas, pero no pesimistas. Prestar atención a los pensamientos negativos.

-Atender a las señales de cansancio, fatiga y de hambre. Descansar si es necesario; desconectar; alimentarse correctamente. No podemos cuidar de alguien si no cuidamos de nosotros mismos.

-Realizar actividades personales placenteras. Realizar una lista de acciones que queremos poner en marcha y hacerlas. Disfrutar también de los pequeños placeres de la vida.

-Pedir ayuda y trabajar la asertividad. Aprender a decir que NO.

-Intentar mantener una buena comunicación con el enfermo y con los implicados (médicos, enfermeros, etc.). Trabajar habilidades como la escucha activa y la concentración en la tarea de cuidado que estamos realizando.

-Recabar información sobre la enfermedad, aumentar el conocimiento sobre lo que le sucede a su familiar. Ello nos ayudará a planificar rutinas con la persona enferma.

-Aplicar las reglas del duelo en el caso de que la persona fallezca; para ello, podemos basarnos en algunas entradas sobre duelo de nuestro blog:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/08/27/reglas-del-duelo/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/05/06/el-tiempo-lo-cura-todo/

-Asumir un nuevo rol, tratando de retomar la vida anterior, en el caso de que el familiar se recupere.

Algo muy interesante es saber qué sentimientos y emociones tiene el cuidador y cómo trabajarlos él mismo y desde la Salud Mental.

Un cuidador puede tener CULPA, derivada de una alta autoexigencia en relación al cuidado: “puedo hacer más, no hago todo lo que debería”. “No voy los suficientes días”…

La autora del libro recomendado aconseja dejar pasar esos pensamientos como si fueran nubarrones en el cielo, algo que llega, se queda unos momentos en nuestra cabeza y después se va. La clave es dejar que pasen, no sujetarlos ni mantenerlos en la mente, no luchar contra ellos. TERMINARÁN PASANDO. Por otro lado, es importarte ser comprensivo e indulgente con uno mismo, en esos momentos de flaqueza.

También podemos tener IRA, enfado, que es normal en algunas ocasiones. Además de no alimentarlo con más pensamientos negativos, un buen antídoto es realizar ejercicio físico frecuentemente y practicar o aprender técnicas de relajación (ver entrada:https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/15/una-pista-para-poder-relajarme/).

Durante el cuidado de un enfermo, puede ser habitual la aparición del sentimiento de SOLEDAD. Aplicar de nuevo la comprensión hacia uno mismo es importante (“no tengo más remedio que tomar esta decisión”) y podemos comunicarnos con el enfermo a través del tacto o de las caricias (como haríamos como un niño).

Es de aplicación, en el caso de la soledad, saber pedir ayuda a otras personas, sin esperar que los otros se den cuenta por sí mismos (eso, a veces, no sucede), siempre asertiva y amablemente; saber delegar y, muy importante, agradecer y felicitar cuando se es ayudado (lo que viene siendo un refuerzo positivo que ayudará a que la ayuda se mantenga en el tiempo).Ver entrada sobre comunicación: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/28/comunicando/

Por último, es normal que en los cuidadores aparezcan MIEDOS de diversa índole. El miedo es una evaluación de una amenaza en relación a los recursos que creemos tener. Es importante, cuidarse, tratarse bien, centrarse en el presente y no anticipar lo que pueda ocurrir. De nuevo, es recomendable el ejercicio físico que estimula las hormonas del placer (endorfinas y catecolaminas) y neutraliza las del miedo/estrés, e informarse sobre aquello que nos atemoriza: médicos, enfermedad, procedimientos sanitarios, la enfermedad, etc. Ver entrada: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/03/que-hago-con-mi-ansiedad/

***Libro recomendado: Cuidar al que cuida. Claves para
el bienestar del que cuida a un ser querido.  Margarita Rojas. Ed. Aguilar.

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Cita

Reglas del Duelo

REGLA Nº 1

Todas las personas no reaccionan igual ante la pérdida de un ser querido

 REGLA Nº 2

Disimular nuestro dolor no conduce a nada positivo: bloquea la comunicación con otros familiares que pueden estar sintiendo lo mismo que nosotros

REGLA Nº 3

Tras la muerte de un ser querido ES NORMAL que le mundo se vuelva caótico e inseguro

REGLA Nº 4

Durante el duelo debe seguirse un control médico periódico para prevenir, tratar a tiempo o controlar ciertas enfermedades que pueden aparecer o empeorar

REGLA Nº 5

Si existen factores de riesgo de un proceso de  recuperación complicado o difícil, consulte con un especialista en duelo

REGLA Nº 6

La pérdida de un ser querido no se “supera”: uno se “recupera” de las pérdidas, pero estas nunca se superan; molestan de cuando en cuando como lo suele hacer una cicatriz

REGLA Nº 7

El proceso de recuperación tras la pérdida de un ser querido suele tardar entre 3 y 4 años para completarse

REGLA Nº 8

La tercera fase del duelo es prácticamente idéntica a una depresión

REGLA Nº 9

Uno de los aspectos más importantes para facilitar la recuperación de los adultos que han perdido un ser querido es la EDUCACIÓN EN DUELO

REGLA Nº 10

El revivir la experiencia (La causa de la muerte o lo que condujo a esta) facilita la integración de la realidad de la pérdida (todo lo contrario a lo que la gente suele hacer)

REGLA Nº 11

El primer paso a dar cuando se quiere ayudar a alguien que intenta reponerse y recuperarse de la pérdida de un ser querido es el INFORMARSE, aprender la CULTURA DEL DUELO

REGLA Nº 12

¿SE PUEDE O NO LLORAR?

Si me golpeo una espinilla, si estoy de parto, si me operan, si algo me sale mal, si me roban el coche o un objeto familiar muy valioso, etc…, suelo llorar con amplia libertad. Todas estas circunstancias son dolorosas. ¿Porqué no he de llorar ante una situación que me produce un DOLOR TOTAL? Dolor bio-psico-socio-familiar y espiritual. Duele el alma, el pasado, el presente, el futuro. Duele la vida. No solo se puede llorar, sino que además, es sano llorar.

REGLA Nº13

La institución más importante para recuperarse de la pérdida de un ser querido es LA FAMILIA

REGLA Nº14

La terapia más importante par   podernos recuperar de la pérdida de un ser querido es LA TRAPIA DEL HOMBRO-OIDO-ABRAZO

REGLA Nº15

Duelo que no se habla es duelo que no se cura

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Desamor y Ruptura

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La palabra desamor existe en castellano y en el mundo latino, pero no hay una equivalencia de significado en otras lenguas, como por ejemplo el inglés. Diríamos que es mucho más preocupante esta sensación para el mundo hispanohablante y que existen otras culturas que prefieren no hablar de ello, debido al dolor que conlleva. De hecho, hay pocas investigaciones, datos y estudios que hablen de este fenómeno.

El desamor es una ausencia de amor o de amistad y una falta de sentimientos hacia el otro. El amor está muriendo o ha muerto dentro de esa relación y puede desembocar en una ruptura. También puede darse el caso de que uno de los dos miembros pueda romper la relación y el otro no estar de acuerdo.

Esa etapa de desamor es sumamente desagradable para los miembros de la pareja. Esa persona a la que tanto has querido se torna aburrida, las situaciones no tienen incentivos, el distanciamiento entre los dos se hace patente, hasta que finalmente la relación y el amor se acaba. ¿No se os pone un nudo en la garganta?

Existen distintos modos de gestionar la situación anterior; uno puede querer poner fin a la relación, otro puede pensar que aún pueden arreglarla poniendo cada uno algo de su parte, pueden discutir y enfadarse recurrentemente, pueden resignarse a esa situación, pueden engañarse intentando conservar la relación, puede aparecer el miedo a la soledad, pero, frecuentemente, uno de los dos, o los dos, pueden tomar la decisión de abandonar.

Cuando eso sucede se inicia un proceso de duelo, proceso que con sus características comunes, es muy personal, sobrellevándolo cada individuo de una manera concreta. Asimismo,  puede no ser igual el procesamiento de la situación para la persona que deja la relación, para la que es dejada o cuando la ruptura es de mutuo acuerdo.

Aspectos muy generales a tener en cuenta ante una ruptura:

Como en cualquier duelo es necesario llorar todo lo que sea necesario y permitirnos sentir nuestro dolor y nuestra tristeza ante la pérdida. Para que esto se acelere es necesario cerrar la puerta a esa relación y suprimir el contacto, en la medida de lo posible, con esa persona, hecho que les cuesta sumamente a las personas que pasan por consulta y a las que no (“no me hago a la idea de no volverle a ver”, “no puedo pensar que ya no volveré a abrazarle y besarle”, “no pude evitar volver a llamarle por teléfono”…). Este tipo de duelo, muchas veces, puede ser incluso más complejo que uno por fallecimiento, ya que, en este caso, sí existe la posibilidad de reencuentro o de reconciliación o de verle con otra persona.

En relación a lo anterior, es conveniente refugiarse en amigos, familiares e intereses personales, así como, no recrearnos acudiendo a lugares donde íbamos con la persona, preguntando a sus amigos y conocidos, persiguiéndolo, etc. Cambiar de intereses y costumbres es lo adecuado, acudir a otros sitios, cambiar de aspecto, buscar aumentar tu grupo de amigos, etc. (Al respecto, os dejo una canción de uno de mis grupos favoritos, Los Planetas, que habla de una mala superación del desamor por parte del protagonista, que seguía acudiendo a sitios donde siempre iba con ella: www.youtube.com/watch?v=2yJj-FAEx88).

A pesar de la música, la literatura y el cine que consumimos, nadie muere por amor. La situación es desagradable, molesta, triste, melancólica, rabiosa, pero también superable. El sentir profundamente el desamor, es señal de que también vivimos intensamente ese amor y tenemos capacidad para amar y volver a amar.

Aceptar que al principio nos cerraremos, seguramente, al amor, no desearemos enamorarnos, ni lo veremos posible porque, en ese momento, asociamos amor con malestar. Lo sano es que, con el tiempo, esa sensación se atenúe. Tampoco es idóneo lo contrario: apresurarnos por encontrar pareja. Debemos primero dedicarnos a nosotros mismos y a nuestros nuevos intereses. Podemos probar a realizar actividades en soledad, conversar con los allegados e invertir en uno mismo, tiempo, caprichos o en bienestar.

 

“Besos que vienen riendo, luego llorando se van,

y en ellos se va la vida, que nunca más volverá”.

 Miguel de Unamuno, acerca del desamor.

 

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Me siento culpable…

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En un post anterior hablamos de las funciones de las emociones indicando que, tanto las negativas como las positivas, cumplen una función adaptativa y nos están informando de algo relevante para nosotros.

Hablemos hoy de una emoción especialmente compleja y que, en muchas ocasiones, puede estar relacionada con problemas de ansiedad, de depresión o con otras complicaciones o trastornos: la culpa.

Las funciones de la culpa para el autor Echeburúa (2001) son:

-Hacer consciente a la persona de que ha hecho algo malo.

-Facilitar los intentos de reparación (para poder eludir el sentimiento negativo de remordimiento).

En determinadas situaciones, otra persona nos puede inducir la emoción de culpa haciéndonos sentir mal, incluso utilizando el chantaje emocional. Nos pueden hacer sentir mal por no seguir una norma (¿por qué no eres más generoso con la gente?), por no acceder a sus deseos (cómo puedes ser tan egoísta), etc. Se trata, en definitiva, de que la culpa también se puede inducir artificialmente en una persona para conseguir su sumisión (Etxebarría, 2000).

¿Qué es la culpa?

La culpa es una emoción o afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber transgredido las normas éticas personales o sociales, sobre todo cuando de la conducta (u omisión) de una persona ha derivado un daño a otra. Puede estar referida a elementos externos, al pasado, al pasado lejano, etc. Tiene tres elementos principales (Pérez Domínguez, Martín Santos, Bulbena y Berrios, 2000):

-Procede de un acto que la causa (que puede ser real o imaginario).

-La persona valora negativamente tal acto (la mala conciencia).

-Surge ese sentimiento negativo que es la culpa (o remordimiento).

Existe aún una emoción más devastadora que la culpa, que es la vergüenza. Mientras la culpa condena un acto puntual (“he hecho algo malo”), la vergüenza hace que aparezca una descalificación personal total (“soy mala persona”). Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de intervenir.

¿Cuándo la culpa se convierte en un problema?

La culpa es verdaderamente problemática cuando está vinculada a una depresión y/o a una personalidad obsesiva (por exceso) o cuando se relaciona con psicopatía o personalidad paranoica (por defecto). En el primer caso, la persona puede exigirse desmesuradamente, se siente culpable sin haber hecho nada malo o sin saber porqué. La persona se autocastiga y tiene ideas de desprecio hacia sí mismo (“soy un monstruo, no valgo para nada”). En el segundo caso, no se siente el arrepentimiento o la compasión por las víctimas a las que se hace daño (Corral, 1994; Garrido, 2000).

Una culpa que supone un verdadero problema es aquella que se experimenta por víctimas de un delito, como sucede en ocasiones con víctimas de agresiones sexuales o de violencia familiar.

Por último la culpa es dañina y perjudicial cuando tienen lugar estrategias de afrontamiento inadecuadas, lo cual, es bastante frecuente. Algunos ejemplos de gestionar mal la culpa serían: minimizar nuestra responsabilidad (“no es para tanto”), olvidarlo (“no me acuerdo de lo que hice”), atribución de la culpa a la otra persona (“ella me empujó a hacerlo”), atribuirlo a factores externos a nosotros mismos (“había bebido”), reprimir nuestro sentimiento de culpa, realizar conductas autodestructivas, etc.

Pero ¿cuándo se gestiona adecuadamente la culpa?

Cuando identificamos el hecho ocurrido y sentimos la citada mala conciencia y el remordimiento. No reprimimos estos sentimientos, sino que somos capaces de expresarlos verbalmente y emocionalmente, solicitando el perdón a los implicados (aunque sea de forma titubeante o sonrojada). Posteriormente, realizaremos conductas de reparación de la mala acción y eliminamos la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Las acciones pueden ser directas (reparar lo efectuado con la persona) o indirecta (por ejemplo, colaborar con una asociación relacionada). 

¿El tiempo lo cura todo?

Hablamos de duelo cuando nos referimos al proceso por el que pasa una persona después de sufrir una pérdida; nos estamos refiriendo a la pérdida de un ser querido, pareja, amigo íntimo, hijo, padre, madre o familiar y, normalmente es debido al fallecimiento de esa persona, pero también puede ser causado por la ruptura relacional con ella. Sabemos que el proceso de duelo siempre conlleva un tiempo de “recuperación” pero, en algunos casos, puede complicarse o cronificarse. Según Worden (2008), un experto respecto al duelo, suelen tener lugar varias emociones durante el duelo por un ser querido:

-Tristeza y llanto. Impedir que la tristeza no se exprese puede dar lugar a un duelo complicado. Aquí hacerse el fuerte no funciona.

-Ira (¿Por qué me has dejado?). Es conveniente darnos permiso para expresarla.

-Culpa (Normalmente infundada. “No hice lo suficiente” “Le trataba mal”).

-Ansiedad (Muchas veces ligada al sentimiento de soledad).

-Soledad.

-Fatiga, apatía.

-Desamparo, sobre todo en los primeros momentos.

-Shock, que puede darse incluso cuando sea una muerte esperada, aunque lo normal es que ocurra ante una muerte repentina.

-Añoranza y sensación de presencia.

-En algunos casos, emancipación y alivio (a veces esto va unido a culpabilidad).

-Insensibilidad, embotamiento emocional, que es frecuente al principio.

-Sensaciones físicas parecidas a las de la ansiedad o al pánico. Hiperactividad y agitación. Suspirar.

-Incredulidad (Todavía espero que vuelva a casa).

-Confusión mental. Conducta distraída.

-Preocupación (pensamientos obsesivos en relación al fallecido).

-Experiencias ilusorias pasajeras en las semanas posteriores a la pérdida.

-Trastornos del sueño y de la alimentación. Soñar con el fallecido

-Retraimiento y aislamiento.

-Evitar recordar al fallecido (Hay que tener cuidado con esta conducta, ya que si se prolonga en el tiempo puede ser síntoma de un duelo complicado). A veces se da lo contrario, visitar al fallecido o llevar o conservar sus objetos por temor a olvidarlo.

-Buscar y llamarle en voz alta.

Es cierto que tiene que pasar tiempo para que la persona elabore el duelo, pero no desde una forma pasiva  viendo pasar el tiempo para comprobar si el dolor cede y el sufrimiento afloja. Lo que propone el mismo autor son tareas a las que se tiene que enfrentar activamente para elaborar el llamado trabajo de duelo.

PRIMERA: Aceptar la realidad de la pérdida; Es una dura realidad: asumir que la persona ha muerto y no va a volver y que el reencuentro con ella en esta vida no es posible. Durante esta fase la persona puede confundir a su ser querido con gente en la calle, cree que volverá todavía a casa, le llama en voz alta. El quedarse encallado crónicamente en esta tarea se llama Negación,  es decir, negar la realidad de la pérdida, y se da de muy diversas formas (dejar sus pertenencias tal y como quedaron, no creer que ha muerto, olvidar selectivamente lo relacionado con esa persona, etc.).

SEGUNDA: Elaborar el dolor que supone la pérdida. Es importante permitirse sentir dolor y llorar. Lo contrario a esta tarea, al igual que en la anterior era la negación, es bloquear los sentimientos y negar el dolor, lo cual predispone para un duelo complicado.

TERCERA: Adaptación a un mundo sin el fallecido de forma externa (adaptarnos a un entorno el que no está él o ella), de forma interna (adaptar nuestra identidad, nuestro modo de percibirnos) y espiritualmente (adaptar el sentido que uno tiene del mundo;  son valores y creencias que se tambalean tras la muerte de un ser querido). Quedarse estancado en esta tarea implica no desarrollar una capacidad de adaptación a la pérdida y recrearse en el desamparo y en el aislamiento.

CUARTA: Hallar un vínculo perdurable con el fallecido, pudiendo llevar una vida nueva. La persona superviviente nunca olvidará al fallecido pero tiene que seguir viviendo eficazmente en su mundo, hallando un hueco en su vida emocional para ese ser querido. Lo contrario a esta tarea sería que la vida de la persona se detenido después de la pérdida, que no se reanuda, que se niega a establecer otras relaciones.

Lo habitual es que las personas que han sufrido una pérdida elaboren ésta con normalidad, sabiendo que nunca podrán olvidar a esa persona, que siempre estará en su corazón, pero conociendo que el dolor se aminorará, que recobrarán el interés por la vida, sentirán de nuevo esperanza y se adaptarán a nuevos papeles vitales. No obstante, en algunos casos el proceso de duelo puede complicarse debido a factores de varios tipos (circunstancias de la muerte, personalidad o recursos del superviviente, relación que mantenía el mismo con el fallecido, etc.) y quedarse anclado en algunas de las tareas anteriores, lo cual nos está indicando la necesidad de acudir a un profesional que nos pueda ayudar en la elaboración. El psicólogo puede guiarnos de dos maneras; en primer lugar, realizando asesoramiento, en el caso de que el duelo sea el de una pérdida reciente, un duelo “normal”, logrando una adaptación adecuada y facilitando la tarea de vivir sin el ser querido; y en segundo lugar, realizando terapia de duelo cuando existen conflictos de separación con el fallecido, cuando el duelo se está prolongando, es excesivo o exagerado, cuando se percibe como problemático, cuando se dan síntomas somáticos o se ha retrasado en el tiempo. En estos casos, el tiempo puede no curarlo todo y necesitamos la colaboración de nuestro terapeuta para encajar la pérdida.

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