¿Existe la depresión infantil?

Para Diagnosticarla se deben presentar 5 o más síntomas del DSM-IV. Además un episodio depresivo dura al menos dos semanas. El niño sufre intenso malestar y se resienten sus relaciones con los amigos, su rendimiento académico y otras áreas importantes de su vida. Aunque niños y adolescentes presentan también abatimiento, desesperanza, desánimo, que se revela en su cara seria, preocupada, triste, en su llanto, quejas de dolores de cabeza, barriga, en sus comentarios, se muestran inestables e irritables. Suelen estar enfadados, responden con explosiones de genio a trivialidades, insultan, pelean, se derrumban ante nimiedades. La irritabilidad normal y la de la depresión se distinguen en que esta última es mucho más frecuente, intensa y duradera. Ha de ser prácticamente constante durante al menos 14 días. El otro aspecto más típico de la depresión es la falta de interés y de placer en actividades que resultaban agradables y motivadoras con anterioridad a la aparición del trastorno. El desinterés y el descuido de aficiones unido a la falta de energía, resultante de la alimentación escasa, sueño no reparador y cansancio, conducen a la pasividad. El niño pierde apetito y en consecuencia peso, o no consigue los aumentos de peso propios de su etapa de desarrollo o crecimiento. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño pueden surgir al principio de la noche, vueltas en la cama, sábanas que molestan, picores por el cuerpo, en medio de la noche, despertares frecuentes e intervalos prolongados para dormirse de nuevo, al final de la noche, desvelar temprano e imposibilidad de volverse a dormir. Lo usual son los déficit, pero en algunos casos se observan excesos, el niño devora pasteles, pizzas, espaguetis, duerme más de lo habitual… El hecho de que un niño coma poco o duerma poco no es inicio de depresión. Para sospechar un posible trastorno de depresión hay que constatar una disminución llamativa de las cantidades de alimento y de las horas de sueño que le niño acostumbra a ingerir y dormir asociadas a otros cambios negativos. En la depresión agitada aumenta la actividad psicomotora. Es difícil que el niño permanezca sentado tranquilamente. Como si le quemara el asiento se levanta, se pasea de un lado a otro poniendo nervioso a las personas que le rodean. Existe un trastorno distinto que se llama hiperactividad que se caracteriza por exceso de movimiento que unido a impulsividad y falta de atención puede aumentar el riesgo de accidentes y lesiones. También se asocia a dificultades en el aprendizaje escolar por lo que el niño hiperactivo proporciona numerosos quebraderos de cabeza a padres y maestros. En la depresión enlentecida el niño piensa, habla y se mueve a cámara lenta. Conversar se torna tarea ardua. Si se le formula una pregunta tarda en contestar, es posible que haya que repetírsela. Habla tan flojo que la voz no le llega al cuello de la camisa. Los temas de conversación son poco variados. Los periodos de silencio prolongados. A veces se encierra en un pertinaz mutismo. En ocasiones permanece inmóvil mucho rato. Con frecuencia el joven siente que se le ha agotado la batería. Ha de desplegar un gran esfuerzo para levar a cabo acciones cotidianas como vestirse o asearse. Se siente fatigado incluso sin haber realizado ejercicio físico que lo justifique. Su autoconcepto y autoestima están por los suelos. Acontecimientos neutros los considera pruebas irrefutables de sus tareas personales. Conceden una importancia exagerada a pequeños errores pasados. Su sentido de la responsabilidad es excesivo. Se queja de dificultades para pensar, atender, recordar y tomar decisiones. Da la impresión de estar distraído o ausente. Los problemas de razonamiento, concentración y memoria se traducen en peores notas en las evaluaciones escolares. Las características de la depresión pueden aparecer a cualquier edad. Los cambios biológicos, psicológicos y sociales que ocurren con la edad explican que la depresión presente ligeras variaciones en función de las etapas de desarrollo infantil. Durante la infancia predominan las reacciones psicofisiológicas y motoras como irritabilidad, rabietas, llanto o problemas de control de esfínteres mientras que en la adolescencia adquieren relevancia respuestas cognitivas como el disgusto por la imagen corporal propia, la visión pesimista del futuro o ideas catastrofistas. Con el paso de los años la depresión se asemeja más a la de los adultos. Los acontecimientos desencadenantes y las repercusiones negativas difieren también según la etapa del desarrollo. En la primera infancia el contexto familiar posee mayor peso. Gradualmente la escuela va adquiriendo preponderancia. Para el joven, las relaciones con los de su misma edad, la pandilla de amigos o el otro sexo, son muy relevantes de modo que aparecen alteraciones y problemas como los de tipo sexual ausentes en las depresiones prepuberales. La depresión es más común en muestras clínicas que en población infantil general. Este dato revela una alta tasa de comorbilidad. Es decir, un importante porcentaje de niños con depresión presentan al mismo tiempo otros problemas psicológicos. La asociación más notable es con ansiedad, conducta antisocial, consumo de drogas, hiperactividad y oposicionismo.

 

BIBLIOGRAFÍA:Cantwell, D.P y Carlson, G.A. (1987) Trastornos afectivos en la infancia y adolescencia. Barcelona: Martínez Roca.Del Barrio, V (1997). Depresión infantil: Causas, evaluación y tratamiento. Barcelona: Ariel.

sad-217252_640 (2)

Depresión, suicidio, desesperanza… ¿Qué riesgo existe?

No descubrimos nada nuevo al decir que existen factores de riesgo a la hora de hablar de suicidio; lo que es indudable es que la conducta suicida se asocia más frecuentemente con el padecimiento de trastornos psiquiátricos y psicológicos, de tal forma que un altísimo porcentaje de los pacientes que intentan suicidarse padecen un trastorno psiquiátrico mayor, principalmente, trastornos de la personalidad, trastornos psicóticos (Roy, 1986), trastornos por abuso de alcohol y otras sustancias adictivas (Roy y Linnoila, 1986) o trastornos del estado del ánimo.

La depresión es un trastorno muy asociado al suicidio. Se considera que el 15-20% de los pacientes con depresión fallecen por esta causa (Sainsbury, 1986; Haas y Clarkin, 1988), presentando un riesgo 25 veces mayor que la población general. Cronológicamente, el riesgo es máximo durante el año posterior al padecimiento del cuadro clínico.

Parecen existir algunos factores que incrementarían el riesgo de suicidio en los pacientes depresivos: en primer lugar, existencia de síntomas psicóticos durante el episodio afectivo; en segundo lugar, el hecho de que el origen etiológico de la depresión sea secundario o se halle estrechamente relacionado con el padecimiento de una enfermedad orgánica, especialmente cuando ésta va acompañada de dolor crónico, es una enfermedad crónica e invalidante, tiene un carácter terminal o ha sido precedida de cirugía reciente.

Algunos estudios correlacionan el riesgo de suicidio con un síntoma concreto de la depresión: el grado de desesperanza respecto al futuro (pérdida completa de la esperanza hacia que las cosas irán bien en el fututo). Los pacientes con alta desesperanza muestran un riesgo elevado (lo puede evaluar un profesional mediante la Escala de Desesperanza de Beck, por ejemplo). El riesgo es mayor si la desesperanza se asocia a agitación, hostilidad, indefensión, ideas de minusvalía, de incapacidad, de culpa y persistencia de la ideación suicida.

Un número importante de pacientes depresivos suicidas presenta historia de intentos y amenazas previas, por lo que, para algunos autores, éste es un factor de riesgo de mayor trascendencia que el propio diagnóstico de depresión, ya que el 20-25% de los suicidas que consumaron el acto habían realizado intentos previos y, cuando existen estos antecedentes, el riesgo parece aumentar entre 5 ó 6 veces con respecto a la población general.

Asimismo, la predisposición familiar a manifestar conductas suicidas está relacionada con los trastornos depresivos, ya que, casi el 80% de los paciente suicidas presentan familiares con antecedentes de diagnósticos de trastornos depresivos.

Parecen existir, por otro lado, marcadores biológicos que pueden indicar el riesgo de suicidio en los pacientes deprimidos. Algunas investigaciones (Asberg y cols., 1976; Van Praag, 1981) señalan una disminución de 5-HIAA en el líquido cefalorraquídeo. Sin embargo, las dificultades técnicas que entrañan estas pruebas hacen que sean poco operativas en la práctica clínica habitual.

En resumen, podemos concluir que existe una estrecha relación entre suicidio y depresión pero no es posible establecer una relación simple causal. Todo estado depresivo puede conducir a la idea o al acto suicida, pero no todo acto suicida es producto de una depresión (Guze y Robins, 1970). El paciente depresivo suicida da numerosos avisos de su intencionalidad suicida y, en este grupo de pacientes, se podría evitar tal acto si se identificase correctamente el diagnóstico de depresión y se realizara una terapia adecuada.

directory-466935_640

 

 

¿Qué son las alteraciones del ánimo durante el postparto?

 

En este post voy a intentar describir brevemente los trastornos del estado de ánimo que se producen durante el postparto.

Normalmente los autores han dividido estos problemas afectivos en tres categorías:

  • Baby blues: la prevalencia es bastante alta (50-70%). Aparece una sintomatología caracterizada por llanto, ansiedad, ánimo depresivo, fatiga, hipocondría, irritabilidad, culpabilidad, antipatía por sí misma, sentimientos negativos hacia la pareja y el hijo. Aparece en los 10 primeros días.
  • Depresión postparto: con una prevalencia del 10-20%, aparece en el postparto sin tener un momento definido (desde 4 semanas hasta 6 meses después). Se caracteriza por labilidad emocional, desaliento, llanto, anorexia, desinterés, apatía, indecisión, complicaciones somáticas, fatiga, irritabilidad, falta de concentración, inapetencia sexual y desánimo.
  • Psicosis de postparto: tiene una prevalencia baja (0,01-0,02%) y es la de mayor gravedad. Aparece unos 15 días después del postparto. Los síntomas son: insomnio, agitación, irritabilidad, confusión, alternancia depresión-euforia, irracionalidad, incoherencia, delirio y alucinaciones.

Ahora vamos a centrarnos en las causas de la depresión postparto, ya que aúna a la vez gravedad y frecuencia. La psicosis es grave pero muy poco frecuente y “baby blues” es bastante frecuente pero de poca gravedad.

La depresión postparto puede tener un origen multicausal:

  • Hay estudios que dicen que la mujer que padece depresión en el postparto es más neurótica y menos extrovertida que la no deprimida (Pitt, 1968, citado en O’Hara et al., 1987; Watson et al., 1984). De esto extraemos que, evidentemente, la personalidad de la mujer influye en la aparición y desarrollo del trastorno (como pasa muchas veces).
  • Otros indican que la presencia de alta ansiedad durante el embarazo puede ser predictivo de depresión en el postparto (Playfair y Gowers, 1981; Watson, 1984; Dalton, 1971; Sheffield, 1976; Hayworth et al., 1980, citados en O’Hara et al., 1987).
  • Al ser el embarazo y el postparto unas etapas vitales que implican muchos cambios y adaptaciones, son un momento propicio para que la mujer predispuesta sufra una depresión.
  • Parece que el riesgo de padecer una depresión después del nacimiento del hijo aumenta en aquellas mujeres que han sufrido trastornos de la afectividad y existen antecedentes de estos mismos trastornos en su familia (O’Hara et al., 1983): influye la historia psicológica.
  • O’Hara et al. (1983) encontraron en sus estudios que una elevada presencia de acontecimientos vitales desde el inicio del embarazo hasta cerca de 11 semanas después del parto estaban asociados con altos niveles de sintomatología depresiva. Es decir, normalmente se da algún acontecimiento negativo que precipita la depresión. Por ejemplo, complicaciones neonatales, enfermedad de la madre o el hijo, etc.
  • O’Hara et al. (1983) también señala la importancia del apoyo social. Esta variable puede actuar como protectora del trastorno psicológico, mientras que los eventos vitales estresantes pueden actuar como facilitadores del mismo. Señalamos posibles estresores: el propio embarazo, el nacimiento del bebé, la ocurrencia de eventos indeseables, el parto, las complicaciones médicas, etc. Estos mismos autores indican que una disminución del soporte social junto con una alta frecuencia de eventos vitales estresantes pueden desencadenar un trastorno psicológico.
  • Hay además un aspecto biológico ligado al sistema hormonal durante el embarazo, que también incide en cambios psicológicos en la mujer.

¿Qué conclusiones sacamos?

Es evidente la mayor vulnerabilidad en estas épocas (embarazo, postparto, crianza) por todas las dificultades que implican, los cambios, la readaptación de nuestra vida… Los posibles conflictos internos que tenga la mujer pueden ser acentuados o sobresalir con el embarazo o postparto. No obstante, la personalidad de la mujer y su forma de elaborar los cambios tiene que ver también con la aparición del trastorno o con la mayor predisposición a sufrirlo (rigidez mental, estado de ánimo negativo, pensamientos negativos, por mencionar algunos). Además de lo anterior, la aparición del trastorno también está relacionada con acontecimientos vitales negativos, cuyos ejemplos hemos señalado anteriormente. Muchas veces es necesaria la aparición de experiencias negativas durante el embarazo y el postparto.

En definitiva, al valorar una depresión durante el embarazo o el postparto hay que tener en cuenta factores de tipo biológico, psicológico y social que adquieren un especial sentido en ese momento para valorar la normalidad o patología de la situación. Si valoramos subjetivamente la anormalidad de la situación, que ésta se está alargando innecesariamente, que los síntomas son muy intensos o que lo estamos pasando mal, podemos consultar con un psicólogo que nos ayude a salir del bache.

pregnancy-466129_640

 

 

Ideas irracionales

En este post os dejo un listado de ideas irracionales elaborado por uno de los padres de la Terapia Cognitiva, Albert Ellis. Son ideas, que a pesar de estar muy instauradas en nuestra sociedad y en nosotros mismos, son erróneas, irracionales, irreales y nos hacen daño. Evidentemente, pueden no aparecer ante nosotros de manera literal pero sí en algunas de sus variantes. Pueden predisponernos a un estado de ánimo negativo o depresivo. Para poder combatirlas, el primer paso es detectar que estamos pensando en esos términos o parecidos y someterlas a tela de juicio, ponerlas en duda (no son ciertas). En esto puede guiarnos un experto. Sin más dilación os dejo el listado, con algún subrayado y apunte mío para entenderlo mejor:

  1. PARA UN ADULTO ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO TENER EL CARIÑO Y LA APROBACIÓN DE SUS SEMEJANTES, FAMILIA Y AMIGOS.

2.  DEBE SER INDEFECTIBLEMENTE COMPETENTE Y CASI PERFECTO EN TODO         LO QUE EMPRENDE. (Todo perfecto es un ideal, algo a lo que nunca llegará).

  1. CIERTAS PERSONAS SON MALAS, VILES Y PERVERSAS Y DEBERÍAN SER CASTIGADAS. (Ver a personas como el mal personificado, que a cada uno debe tener lo que merece).
  1. ES HORRIBLE CUANDO LAS COSA NO VAN COMO UNO QUISIERA QUE FUERAN.
  1. LOS ACONTECIMIENTOS EXTERNOS SON LA CAUSA DE LA MAYORÍA DE LAS DESGRACIAS DE LA HUMANIDAD; LA GENTE SIMPLEMENTE REACCIONA SEGÚN CÓMO LOS ACONTECIMIENTOS INCIDEN SOBRE SUS EMOCIONES.
  1. SE DEBE SENTIR MIEDO O ANSIEDAD ANTE CUALQUIER COSA DESCONOCIDA, INCIERTA O POTENCIALMENTE PELIGROSA. (En ese caso, nunca nos arriesgaríamos ni tomaríamos decisiones).
  1. ES MÁS FÁCIL EVITAR LOS PROBLEMAS Y RESPONSABILIDADES QUE HACERLES FRENTE. (Igual que el anterior).
  1. SE NECESITA CONTAR CON ALGO MÁS GRANDE Y MÁS FUERTE QUE UNO MISMO.
  1. EL PASADO TIENE GRAN INFLUENCIA EN LA DETERMINACIÓN DEL PRESENTE.
  1. LA FELICIDAD AUMENTA CON LA INACTIVIDAD, LA PASIVIDAD Y EL OCIO INDEFINIDO. (No suele ser así, la inactividad suele generar tristeza cuando es continuada en el tiempo).
  1. ESTOY DESAMPARADO Y NO TENGO CONTROL SOBRE MIS SENTIMIENTOS/ EMOCIONES. (Es difícil llegar al punto de perder totalmente el control).
  1. LAS PERSONAS SOMOS FRÁGILES Y NUNCA DEBERÍAMOS SUFRIR DAÑO ALGUNO.
  1. LAS BUENAS RELACIONES ESTÁN BASADAS EN EL SACRIFICIO MUTUO Y EN LA IDEA DE DAR.
  1. SI NO TE ESFUERZAS MUCHO POR AGRADAR A LOS DEMÁS, ESTOS TE ABANDONARÁN Y TE RECHAZARÁN. (Necesidad de agradar siempre a los demás).
  1. CUANDO LA GENTE DESAPRUEBA LO QUE HACES SIGNIFICA INVARIABLEMENTE QUE ESTÁS EQUIVOCADO O QUE NO ERES BUENO. (Igual que el anterior).
  1. LA FELICIDAD, EL BIENESTAR Y LA SATISFACCIÓN SOLO PUEDEN ALCANZARSE EN COMPAÑÍA DE LOS DEMÁS Y ESTAR SOLO ES ALGO HORRIBLE.
  1. EL AMOR ES PERFECTO Y LA RELACIÓN IDEAL EXISTE REALMENTE. (Como sabemos, esto no es cierto).
  1. NO TENDRÍAMOS QUE SENTIR DOLOR, TENEMOS DERECHO A UNA BUENA VIDA. (El dolor es parte de la vida)
  1. MI VALOR COMO PERSONA DEPENDE DE CUANTO CONSIGA Y REALICE.
  1. EL ENFADO ES AUTOMÁTICAMENTE MALO Y DESTRUCTIVO. (¿Lo es siempre?)
  1. ESTÁ MAL O ES UN ERROR SER EGOÍSTA.

¿Te ves reflejado en alguna de ellas? ¿Son parecidas o cambia un poco el contenido?

mind-544404_640

Minientrada

Reglas para el acompañante de duelo

Este post incluye acciones adecuadas que puede llevar a cabo una persona que quiere acompañar a otra que ha perdido un ser querido, que quiere ayudar a otra que sufre un duelo. (Ver cómo afrontar un duelo:  https://rosaliamv.wordpress.com/2014/08/27/reglas-del-duelo/)

Está basada en un decálogo que ofrezco, en ocasiones, a las personas que pasan por consulta, pero lo he adaptado, empleando un lenguaje más cercano, a mi forma de ver el duelo.

  • Leeré y me informaré de aspectos relacionados con el duelo, de esta forma mi ayuda será más efectiva.
  • Permitiré y animaré la expresión de los sentimientos de dolor y de tristeza por la pérdida del ser querido, sin salir huyendo ante la manifestación de los mismos.
  • Mantendré una actitud de escucha y atención para el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los sentimientos que acompañan la aflicción.
  • Prestaré, mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo de la persona doliente.
  • No esperaré a que él o ella busque ayuda, tomaré la iniciativa visitándolo o llamándolo.
  • Facilitaré el apoyo y la comunicación efectiva de la familia.
  • Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo.
  • Estaré atento a las reacciones anormales o distorsionadas del duelo.
  • Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo.
  • Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de actividades para el doliente.

¿Difícil?

Help! Fuente: Flickr

Help! Fuente: Flickr

Cita

Autoestima: las comparaciones son odiosas

Normalmente una persona no llega a consulta demandando únicamente solución para un problema de autoestima. Habitualmente llega con otra problemática que debe trabajarse y, paralelamente, surge la conveniencia de tratar también con su autoestima. A veces, reconocen tener una baja autoestima y, otras veces, pueden tener una autoestima falsamente alta (por ejemplo, una persona “arrogante”). Como parte de un desarrollo y crecimiento personal adecuado, podemos trabajar la percepción que tenemos de nosotros mismos. La autoestima es una valoración que hacemos de nosotros mismos, en diferentes ámbitos, pero desde una perspectiva emocional: “no me gusta, me da asco, me siento despreciable, me comparo, envidio a…”. ¡Atención a los indicadores siguientes! Recordad que puede darse todos o varios y que son diferentes formas de manifestar una baja autoestima.

¿Qué actitudes o posturas habituales indican una autoestima baja?

  • Te criticas dura y excesivamente y te mantienes en un estado de insatisfacción hacia ti mismo. (Sueles realizar la crítica mentalmente, desde el nivel de los pensamientos).
  • Eres muy sensible a las críticas. Te sientes exageradamente atacado, herido; echas la culpa de los fracasos a los demás o a la situación; sientes resentimiento contra aquellos que supuestamente te critican.
  • Puedes sufrir de indecisión crónica, no por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarte.
  • Sueles tener un deseo innecesario por complacer, se te da mal decir NO, por miedo a desagradar y a perder la buena opinión del otro.
  • Eres perfeccionista, autoexigente, quieres hacer perfectamente todo lo que intentas, y te desmoronas cuando las cosas no salen con la perfección exigida.
  • Acusas y condenas conductas que no siempre son objetivamente malas, exageras la magnitud de los errores de otros y de los tuyos. Lamentas estos errores indefinidamente, sin llegar a perdonar por completo.
  • Actúas con hostilidad, con irritabilidad, siempre a punto de estallar por cosas de poca importancia, muchas cosas te sientan mal, te disgustan, te decepcionan, no te sientes satisfecho.
  • Tiendes a una actitud defensiva, sueles tener una percepción negativa general y, a veces, una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma.
  • En resumen, algunas características de una persona con baja autoestima serían: desprecia sus dones; se deja influir por los demás; no es amable consigo misma; se siente impotente; actúa a la defensiva; y culpa a los demás por sus faltas y errores.

En terapia, casi siempre es recomendable tratar, al menos en parte, la parcela destinada a la autoestima, asociada o no con otros problemas. Nuestro objetivo es lograr que la persona no necesite competir con otros, no se compare tanto, no sienta envidia (al menos en exceso), no se justifique tanto por lo que hace, no actúe como si “pidiera perdón por existir”, etc.

El trabajo de la autoestima pasa por una parte de trabajo cognitivo, de creencias y pensamientos, así como, de otra parte emocional. También es muy frecuente trabajar habilidades sociales, en general, y asertividad, en particular. La práctica repetida de estas habilidades hará que la persona cada vez se sienta mejor consigo misma y con sus acciones sociales.

 

Consejos para el cuidador de una persona dependiente

En ocasiones viene a consulta una persona que se ocupa de cuidar a un familiar enfermo o dependiente. Muchos de ellos  suelen presentar un estado de ánimo depresivo y problema ansioso. Otras veces el familiar ha fallecido y presentan problemáticas respecto al duelo (ver Reglas del Duelo en una entrada anterior) o no saben deshacerse de su rol de cuidador, lo cual es sumamente importante para continuar con su vida.

¿En líneas generales, qué puede mejorar un cuidador durante la atención de su familiar?

-Al principio, es necesario dejar un tiempo para asumir el rol de cuidador y aceptar el nuevo ritmo de vida.

-Reconocer que, como todo el mundo, tiene momentos de flaqueza y no pasa nada por ello.

-Tratar de ser realistas, pero no pesimistas. Prestar atención a los pensamientos negativos.

-Atender a las señales de cansancio, fatiga y de hambre. Descansar si es necesario; desconectar; alimentarse correctamente. No podemos cuidar de alguien si no cuidamos de nosotros mismos.

-Realizar actividades personales placenteras. Realizar una lista de acciones que queremos poner en marcha y hacerlas. Disfrutar también de los pequeños placeres de la vida.

-Pedir ayuda y trabajar la asertividad. Aprender a decir que NO.

-Intentar mantener una buena comunicación con el enfermo y con los implicados (médicos, enfermeros, etc.). Trabajar habilidades como la escucha activa y la concentración en la tarea de cuidado que estamos realizando.

-Recabar información sobre la enfermedad, aumentar el conocimiento sobre lo que le sucede a su familiar. Ello nos ayudará a planificar rutinas con la persona enferma.

-Aplicar las reglas del duelo en el caso de que la persona fallezca; para ello, podemos basarnos en algunas entradas sobre duelo de nuestro blog:

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/08/27/reglas-del-duelo/

https://rosaliamv.wordpress.com/2014/05/06/el-tiempo-lo-cura-todo/

-Asumir un nuevo rol, tratando de retomar la vida anterior, en el caso de que el familiar se recupere.

Algo muy interesante es saber qué sentimientos y emociones tiene el cuidador y cómo trabajarlos él mismo y desde la Salud Mental.

Un cuidador puede tener CULPA, derivada de una alta autoexigencia en relación al cuidado: “puedo hacer más, no hago todo lo que debería”. “No voy los suficientes días”…

La autora del libro recomendado aconseja dejar pasar esos pensamientos como si fueran nubarrones en el cielo, algo que llega, se queda unos momentos en nuestra cabeza y después se va. La clave es dejar que pasen, no sujetarlos ni mantenerlos en la mente, no luchar contra ellos. TERMINARÁN PASANDO. Por otro lado, es importarte ser comprensivo e indulgente con uno mismo, en esos momentos de flaqueza.

También podemos tener IRA, enfado, que es normal en algunas ocasiones. Además de no alimentarlo con más pensamientos negativos, un buen antídoto es realizar ejercicio físico frecuentemente y practicar o aprender técnicas de relajación (ver entrada:https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/15/una-pista-para-poder-relajarme/).

Durante el cuidado de un enfermo, puede ser habitual la aparición del sentimiento de SOLEDAD. Aplicar de nuevo la comprensión hacia uno mismo es importante (“no tengo más remedio que tomar esta decisión”) y podemos comunicarnos con el enfermo a través del tacto o de las caricias (como haríamos como un niño).

Es de aplicación, en el caso de la soledad, saber pedir ayuda a otras personas, sin esperar que los otros se den cuenta por sí mismos (eso, a veces, no sucede), siempre asertiva y amablemente; saber delegar y, muy importante, agradecer y felicitar cuando se es ayudado (lo que viene siendo un refuerzo positivo que ayudará a que la ayuda se mantenga en el tiempo).Ver entrada sobre comunicación: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/28/comunicando/

Por último, es normal que en los cuidadores aparezcan MIEDOS de diversa índole. El miedo es una evaluación de una amenaza en relación a los recursos que creemos tener. Es importante, cuidarse, tratarse bien, centrarse en el presente y no anticipar lo que pueda ocurrir. De nuevo, es recomendable el ejercicio físico que estimula las hormonas del placer (endorfinas y catecolaminas) y neutraliza las del miedo/estrés, e informarse sobre aquello que nos atemoriza: médicos, enfermedad, procedimientos sanitarios, la enfermedad, etc. Ver entrada: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/09/03/que-hago-con-mi-ansiedad/

***Libro recomendado: Cuidar al que cuida. Claves para
el bienestar del que cuida a un ser querido.  Margarita Rojas. Ed. Aguilar.

woman-65675_640

Minientrada

¿Es violencia lo que vivo con mi pareja?

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

Muchos de nosotros tenemos una confusión importante entre lo que se considera violencia o maltrato y lo que no. Estamos tan acostumbrados a visualizar escenas violentas en la televisión o en otros medios que éstas han dejado de sorprendernos, nos hemos habituado en cierto modo a ellas y a la crueldad. A veces, tachamos de maltrato sólo las conductas que, bajo nuestro criterio personal, son extremas (por ejemplo, la violencia física) cuando, en realidad, hay muchas formas del mismo, sutiles y no sutiles.

En ese terreno, algo hemos ganado. Normalmente, ya tenemos más claros los términos o qué situaciones deben disparar nuestra alarma interior. No obstante, queda mucho camino por recorrer. Tenemos constancia muchas veces de las creencias que tiene parte de la población adolescente (“porque me quiere es normal que no me deje salir con mis amigos/as o que controle como me visto”), o no tan adolescente (asociar celos y posesión con amor; control con interés afectivo, etc.).

¿Qué tipos de violencia pueden aparecer en el ámbito doméstico y en el de la pareja?

La más evidente es la violencia física, la que puede ser percibida por otras personas y dejar huellas externas: empujones, mordiscos, puñetazos, pisotones, golpes, bofetadas, patadas, etc. Este tipo de violencia facilita la toma de conciencia (el “darse cuenta”) por parte de la víctima. Socialmente, además, está más reconocida que el maltrato de tipo psicológico, por ser más manifiesta. ¡Cuidado!

La violencia sexual se distingue de la anterior (aunque también es de índole física) en que se ejerce mediante presiones físicas o psicológicas forzando una relación sexual no deseada mediante coacción e intimidación. Como fatídica curiosidad, señalar que en el pasado la legislación no consideraba este tipo de agresión como tal, si se producía dentro del marco matrimonial.

Podemos decir que la violencia o el maltrato psicológico es más sutil o difícil de detectar (no tiene porqué ser manifiesto o evidente). Puede darse el caso de personas que no tachen de maltrato lo que a continuación vamos a señalar; no obstante, confío en que la mayoría lo detecte como tal. En el maltrato psicológico se incluyen insultos, amenazas, humillaciones, desprecio y desvalorización de su ser, además de manipulaciones diversas logrando que la persona se sienta culpable, indefensa. La indiferencia o el silencio del agresor o agresora provocan también esa culpabilidad. Dentro de este tipo de violencia, asimismo, pueden utilizarse las coacciones, manipulaciones y amenazas, por parte de la persona que agrede, para lograr un determinado fin o conseguir hacer lo que ella quiere.

En los casos que describimos, también es habitual la violencia social. El agresor limita los contactos familiares y sociales de su pareja, aislándola de su círculo y acabando con su apoyo social.

Por último señalar el tipo de violencia de carácter económico, mediante la cual la persona agresora restringe el dinero a la otra, impidiendo el acceso de la familia a su bienestar normal. Puede producirse bajo amenazas e insultos e incluye la limitación de los gastos para la compra de comida, ropa, enseres para el hogar, etc.

A modo de resumen, el objetivo último, en todos los casos, es el control y la dominación del agresor sobre la víctima.

No digo nada nuevo cuando señalo que es muy importante detectar lo antes posible (la víctima, o en su caso, allegados, servicios públicos, etc.) si se está sufriendo una situación de este tipo, de cara a contactar con los profesionales adecuados (sanitarios, psicólogos, abogados, trabajadores sociales) e iniciar las medidas oportunas para cortar con esa situación.

Cita

Reglas del Duelo

REGLA Nº 1

Todas las personas no reaccionan igual ante la pérdida de un ser querido

 REGLA Nº 2

Disimular nuestro dolor no conduce a nada positivo: bloquea la comunicación con otros familiares que pueden estar sintiendo lo mismo que nosotros

REGLA Nº 3

Tras la muerte de un ser querido ES NORMAL que le mundo se vuelva caótico e inseguro

REGLA Nº 4

Durante el duelo debe seguirse un control médico periódico para prevenir, tratar a tiempo o controlar ciertas enfermedades que pueden aparecer o empeorar

REGLA Nº 5

Si existen factores de riesgo de un proceso de  recuperación complicado o difícil, consulte con un especialista en duelo

REGLA Nº 6

La pérdida de un ser querido no se “supera”: uno se “recupera” de las pérdidas, pero estas nunca se superan; molestan de cuando en cuando como lo suele hacer una cicatriz

REGLA Nº 7

El proceso de recuperación tras la pérdida de un ser querido suele tardar entre 3 y 4 años para completarse

REGLA Nº 8

La tercera fase del duelo es prácticamente idéntica a una depresión

REGLA Nº 9

Uno de los aspectos más importantes para facilitar la recuperación de los adultos que han perdido un ser querido es la EDUCACIÓN EN DUELO

REGLA Nº 10

El revivir la experiencia (La causa de la muerte o lo que condujo a esta) facilita la integración de la realidad de la pérdida (todo lo contrario a lo que la gente suele hacer)

REGLA Nº 11

El primer paso a dar cuando se quiere ayudar a alguien que intenta reponerse y recuperarse de la pérdida de un ser querido es el INFORMARSE, aprender la CULTURA DEL DUELO

REGLA Nº 12

¿SE PUEDE O NO LLORAR?

Si me golpeo una espinilla, si estoy de parto, si me operan, si algo me sale mal, si me roban el coche o un objeto familiar muy valioso, etc…, suelo llorar con amplia libertad. Todas estas circunstancias son dolorosas. ¿Porqué no he de llorar ante una situación que me produce un DOLOR TOTAL? Dolor bio-psico-socio-familiar y espiritual. Duele el alma, el pasado, el presente, el futuro. Duele la vida. No solo se puede llorar, sino que además, es sano llorar.

REGLA Nº13

La institución más importante para recuperarse de la pérdida de un ser querido es LA FAMILIA

REGLA Nº14

La terapia más importante par   podernos recuperar de la pérdida de un ser querido es LA TRAPIA DEL HOMBRO-OIDO-ABRAZO

REGLA Nº15

Duelo que no se habla es duelo que no se cura

 silhouette-67202_640

Desamor y Ruptura

couple-336655_640

 

La palabra desamor existe en castellano y en el mundo latino, pero no hay una equivalencia de significado en otras lenguas, como por ejemplo el inglés. Diríamos que es mucho más preocupante esta sensación para el mundo hispanohablante y que existen otras culturas que prefieren no hablar de ello, debido al dolor que conlleva. De hecho, hay pocas investigaciones, datos y estudios que hablen de este fenómeno.

El desamor es una ausencia de amor o de amistad y una falta de sentimientos hacia el otro. El amor está muriendo o ha muerto dentro de esa relación y puede desembocar en una ruptura. También puede darse el caso de que uno de los dos miembros pueda romper la relación y el otro no estar de acuerdo.

Esa etapa de desamor es sumamente desagradable para los miembros de la pareja. Esa persona a la que tanto has querido se torna aburrida, las situaciones no tienen incentivos, el distanciamiento entre los dos se hace patente, hasta que finalmente la relación y el amor se acaba. ¿No se os pone un nudo en la garganta?

Existen distintos modos de gestionar la situación anterior; uno puede querer poner fin a la relación, otro puede pensar que aún pueden arreglarla poniendo cada uno algo de su parte, pueden discutir y enfadarse recurrentemente, pueden resignarse a esa situación, pueden engañarse intentando conservar la relación, puede aparecer el miedo a la soledad, pero, frecuentemente, uno de los dos, o los dos, pueden tomar la decisión de abandonar.

Cuando eso sucede se inicia un proceso de duelo, proceso que con sus características comunes, es muy personal, sobrellevándolo cada individuo de una manera concreta. Asimismo,  puede no ser igual el procesamiento de la situación para la persona que deja la relación, para la que es dejada o cuando la ruptura es de mutuo acuerdo.

Aspectos muy generales a tener en cuenta ante una ruptura:

Como en cualquier duelo es necesario llorar todo lo que sea necesario y permitirnos sentir nuestro dolor y nuestra tristeza ante la pérdida. Para que esto se acelere es necesario cerrar la puerta a esa relación y suprimir el contacto, en la medida de lo posible, con esa persona, hecho que les cuesta sumamente a las personas que pasan por consulta y a las que no (“no me hago a la idea de no volverle a ver”, “no puedo pensar que ya no volveré a abrazarle y besarle”, “no pude evitar volver a llamarle por teléfono”…). Este tipo de duelo, muchas veces, puede ser incluso más complejo que uno por fallecimiento, ya que, en este caso, sí existe la posibilidad de reencuentro o de reconciliación o de verle con otra persona.

En relación a lo anterior, es conveniente refugiarse en amigos, familiares e intereses personales, así como, no recrearnos acudiendo a lugares donde íbamos con la persona, preguntando a sus amigos y conocidos, persiguiéndolo, etc. Cambiar de intereses y costumbres es lo adecuado, acudir a otros sitios, cambiar de aspecto, buscar aumentar tu grupo de amigos, etc. (Al respecto, os dejo una canción de uno de mis grupos favoritos, Los Planetas, que habla de una mala superación del desamor por parte del protagonista, que seguía acudiendo a sitios donde siempre iba con ella: www.youtube.com/watch?v=2yJj-FAEx88).

A pesar de la música, la literatura y el cine que consumimos, nadie muere por amor. La situación es desagradable, molesta, triste, melancólica, rabiosa, pero también superable. El sentir profundamente el desamor, es señal de que también vivimos intensamente ese amor y tenemos capacidad para amar y volver a amar.

Aceptar que al principio nos cerraremos, seguramente, al amor, no desearemos enamorarnos, ni lo veremos posible porque, en ese momento, asociamos amor con malestar. Lo sano es que, con el tiempo, esa sensación se atenúe. Tampoco es idóneo lo contrario: apresurarnos por encontrar pareja. Debemos primero dedicarnos a nosotros mismos y a nuestros nuevos intereses. Podemos probar a realizar actividades en soledad, conversar con los allegados e invertir en uno mismo, tiempo, caprichos o en bienestar.

 

“Besos que vienen riendo, luego llorando se van,

y en ellos se va la vida, que nunca más volverá”.

 Miguel de Unamuno, acerca del desamor.

 

El papel de víctima

3429509331_f4dfe6a251_z

En diversas situaciones de la vida, tomamos un rol de víctima o nos situamos en ese papel, lo cual nos dificulta la superación del problema. Nuestro papel de víctima puede ser real o imaginado, pero siempre podemos movernos hacia unos patrones más adecuados de conducta que nos hagan salir más airosos de esta clase de situaciones. Las circunstancias en las que podemos adoptar ese papel puede ser de muy variada índole: en el amor, en la pareja, con la suerte o el azar, con nuestro jefe, con los compañeros de trabajo, en un grupo de amigos, ante una situación conflictiva, el papel dentro de mi familia, etc.

Pero ¿cómo saber si te estás comportando como una víctima?:

-¿te compadeces y te quejas a menudo?

-¿detectas a una persona como el “verdugo”, la persona agresiva y acusadora (contra ti)?

-¿detectas que te están acusando o juzgando?

-¿te sientes más o menos inocente (tú no haces nada)?

-¿esperas que alguien se preocupe por ti, o que te defienda o que apruebe lo que dices?

-¿ves sólo las carencias del “verdugo”?

-¿lo criticas?

-¿frecuentemente tienes comportamientos como llanto, palabras, acciones “manipuladoras”? (esto no quiere decir que todas las palabras o lágrimas sea manipuladoras).

-¿buscas una alianza contra tu verdugo?

-¿a veces tienes sentimientos de venganza?

-¿no reconoces que te justificas y defiendes? ¿Hay cosas que te provocan sentimientos negativos pero no sueles reconocerlo?

-¿te resulta muy difícil afirmarte en su presencia?

-¿no asumes responsabilidad en el problema?

-¿sientes que confías poco en ti y que tienes una baja valía (sobre todo manifiesta en esa situación)?

¿Qué está pasando y cómo salir de ello?

Como decimos, no sabemos si ese papel de víctima es percibido por la persona o, realmente,  está ante el yugo de un completo “tirano”. En cualquiera de los dos casos, y con dificultad, debemos dejar de compadecernos y salir de la situación, tomando distancia de la persona que supuestamente nos somete. En el caso del rol de víctima no real, debemos trabajar con un profesional la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Es importante saber que:

-Nos estamos colocando en un papel inferior al otro, en una relación asimétrica (bien sea pareja, familiar o compañero).

-No estamos asumiendo nuestra contribución o responsabilidad en el problema, que incluso puede ser  el de tolerar la situación o adoptar conductas sumisas o de rabia. Muchas veces, la responsabilidad de nuestro sufrimiento es sólo nuestra.

-El rol de víctima no nos ayuda a solucionar el problema.

-Buscar la manera de trabajar nuestra autoestima independientemente del otro, como un trabajo personal.

-Aceptar que nos estamos comportando como una víctima, pero que vamos a salir de ello.

-Distanciarte temporalmente de aquello que te sitúa en ese rol puede ser lo idóneo, para verlo con más perspectiva.

-Olvida tu resistencia y deja de luchar contra los “elementos”, no te resignes a esa situación, deja de criticar al otro.

-Trata de centrarte en todos tus recursos personales.

-Como trabajo personal último, trata de perdonar sinceramente, a aquella persona que supuestamente te oprime.

 

 

 

Minientrada

Tu pequeña felicidad

¿Os acordáis de la tarea de los post-it? La que vamos a presentar, a continuación, es similar y su objetivo también se dirige hacia un paso más en la búsqueda de felicidad. Está basada en un libro de tareas para psicólogos, que en su momento también os comenté. Está diseñada, principalmente, para personas deprimidas o con un estado de ánimo negativo, donde predomina la desgana, la apatía y la tristeza.

 

“LA PEQUEÑA FELICIDAD”

“Todos los días antes de acostarte, piensa en algo que te gustaría hacer al día siguiente, alguna cosa que implique CUIDARTE o TENER UN DETALLE contigo mismo (dar un paseo, llamar a un amigo, comprarte un libro, darte un baño, cuidar tu pelo, etc.). Escríbela en post-it y colócala en un lugar que la puedas ver nada más levantarte.

Cuando te levantes y la veas, deberás ponerla en marcha a lo largo de ese día y fijar una hora aproximada en la que la realizarás. Es necesario que la lleves a cabo, aunque al principio sea con un poco de desgana. También es importante que fijes una hora o un tiempo más bien concreto, durante el cual la cumplirás y que así sea.”

 

Tratamos con ello, de estimular la realización de tareas que te resulten gratificantes y te hagan salir de un estado de ánimo negativo. Cuando nos sentimos de esa manera, en muchas ocasiones no somos capaces de pensar en cosas que impliquen “mimarnos” o cuidarnos, ya que estamos absorbidos por el problema. Trata de realizarlo mediante la tarea del post-it.

Recuerda: para salir de un estado de ánimo negativo o deprimido, es importante efectuar actividades que nos hagan sentir bien, aunque al principio no logremos toda la sensación de bienestar que buscamos. Hacer cosas nos ayudará a salir del pozo.

Si no se te ocurren, sobre todo en un principio, actividades que impliquen autocuidado, puedes preguntar a tu psicólogo o, en su defecto, a un amigo o familiar. Como decimos, cuando no sentimos mal nos cuesta pensar en aspectos positivos, por lo que podemos consultar con allegados sobre las citadas actividades.

Post-it

 

Imagen

Me siento culpable…

shame

En un post anterior hablamos de las funciones de las emociones indicando que, tanto las negativas como las positivas, cumplen una función adaptativa y nos están informando de algo relevante para nosotros.

Hablemos hoy de una emoción especialmente compleja y que, en muchas ocasiones, puede estar relacionada con problemas de ansiedad, de depresión o con otras complicaciones o trastornos: la culpa.

Las funciones de la culpa para el autor Echeburúa (2001) son:

-Hacer consciente a la persona de que ha hecho algo malo.

-Facilitar los intentos de reparación (para poder eludir el sentimiento negativo de remordimiento).

En determinadas situaciones, otra persona nos puede inducir la emoción de culpa haciéndonos sentir mal, incluso utilizando el chantaje emocional. Nos pueden hacer sentir mal por no seguir una norma (¿por qué no eres más generoso con la gente?), por no acceder a sus deseos (cómo puedes ser tan egoísta), etc. Se trata, en definitiva, de que la culpa también se puede inducir artificialmente en una persona para conseguir su sumisión (Etxebarría, 2000).

¿Qué es la culpa?

La culpa es una emoción o afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber transgredido las normas éticas personales o sociales, sobre todo cuando de la conducta (u omisión) de una persona ha derivado un daño a otra. Puede estar referida a elementos externos, al pasado, al pasado lejano, etc. Tiene tres elementos principales (Pérez Domínguez, Martín Santos, Bulbena y Berrios, 2000):

-Procede de un acto que la causa (que puede ser real o imaginario).

-La persona valora negativamente tal acto (la mala conciencia).

-Surge ese sentimiento negativo que es la culpa (o remordimiento).

Existe aún una emoción más devastadora que la culpa, que es la vergüenza. Mientras la culpa condena un acto puntual (“he hecho algo malo”), la vergüenza hace que aparezca una descalificación personal total (“soy mala persona”). Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de intervenir.

¿Cuándo la culpa se convierte en un problema?

La culpa es verdaderamente problemática cuando está vinculada a una depresión y/o a una personalidad obsesiva (por exceso) o cuando se relaciona con psicopatía o personalidad paranoica (por defecto). En el primer caso, la persona puede exigirse desmesuradamente, se siente culpable sin haber hecho nada malo o sin saber porqué. La persona se autocastiga y tiene ideas de desprecio hacia sí mismo (“soy un monstruo, no valgo para nada”). En el segundo caso, no se siente el arrepentimiento o la compasión por las víctimas a las que se hace daño (Corral, 1994; Garrido, 2000).

Una culpa que supone un verdadero problema es aquella que se experimenta por víctimas de un delito, como sucede en ocasiones con víctimas de agresiones sexuales o de violencia familiar.

Por último la culpa es dañina y perjudicial cuando tienen lugar estrategias de afrontamiento inadecuadas, lo cual, es bastante frecuente. Algunos ejemplos de gestionar mal la culpa serían: minimizar nuestra responsabilidad (“no es para tanto”), olvidarlo (“no me acuerdo de lo que hice”), atribución de la culpa a la otra persona (“ella me empujó a hacerlo”), atribuirlo a factores externos a nosotros mismos (“había bebido”), reprimir nuestro sentimiento de culpa, realizar conductas autodestructivas, etc.

Pero ¿cuándo se gestiona adecuadamente la culpa?

Cuando identificamos el hecho ocurrido y sentimos la citada mala conciencia y el remordimiento. No reprimimos estos sentimientos, sino que somos capaces de expresarlos verbalmente y emocionalmente, solicitando el perdón a los implicados (aunque sea de forma titubeante o sonrojada). Posteriormente, realizaremos conductas de reparación de la mala acción y eliminamos la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Las acciones pueden ser directas (reparar lo efectuado con la persona) o indirecta (por ejemplo, colaborar con una asociación relacionada).