Antipatía

Todos hemos tenido la vivencia de experimentar antipatía por una persona que no conocemos, o que no hemos tenido tiempo de tratar en profundidad; no podemos argumentar con hechos o sucesos ese sentimiento de antipatía. La primera impresión sobre una persona se forja en cuestión de minutos tras conocerla y con ello tenemos que contar, pero el mantener esa antipatía sin motivo aparente puede desencadenar un conflicto con ella y hacer que la relación sea muy complicada.

Ese sentimiento de antipatía no es racional, es un impulso, es una intuición, es un modo conocimiento de tipo emocional. Todo lo que haga la persona afectada podemos utilizarlo para justificar nuestra hipótesis de antipatía, no dando la más mínima oportunidad de demostrar otro comportamiento. La hemos encasillado y su comportamiento nos parecerá inadecuado porque no nos cae bien… ¿Os ha pasado eso alguna vez? Seguro que sí y, en ocasiones, podemos ser muy injustos: “no la soporto”, “no me cae bien”, “no puedo con él”, “no la trago”, etc.

En ocasiones, debemos tratar con personas que nos resultan antipáticas y la relación tiene que ser frecuente. Puede ser que esa persona sea:

-Un compañero de trabajo.

-Un jefe o superior directo.

-Un directivo de tu empresa con el que tienes que tratar frecuentemente.

-Un miembro nuevo de tu grupo de amigos.

-La pareja de un amigo.

-Un familiar carnal o político relativamente allegado.

-Etc.

Os propongo un ejercicio de Programación Neurolingüística (PNL), aplicado concretamente al ámbito laboral. Sirve para intentar matizar o trabajar la antipatía que siento hacia una persona con la que tengo que tratar de una forma relativamente frecuente. No es mi especialidad la PNL y no voy a entrar en un debate sobre si esta corriente es idónea o no; mi línea terapéutica es la cognitivo conductual, aunque considero que está técnica concreta puede contribuir (desde mi línea) a reintegrar la información recibida acerca de una persona, puede ayudar a exponernos a algo que a priori rechazamos y puede coadyuvar a concentrarnos y a reflexionar sobre lo que no nos gusta de aquella persona, de modo que podamos matizarlo:

-Primero, imagina a la persona por la que sientes antipatía.

-Pregúntate si lo que desencadena la antipatía es lo que VES de él o lo que OYES de él.

-Si no te gusta lo que VES de ella, intenta determinar si es por algo en su CARA o por algo en su CUERPO.

-Si no te gusta lo que OYES, comprueba si es por sus PALABRAS (CONTENIDO) o es por el sonido de la VOZ.

-Tómate un rato en pensar que es lo que no te gusta, qué desencadenan los pensamientos negativos:

-Cara: por ejemplo, la expresión de los ojos, sonrisa…

-Cuerpo: por ejemplo, gesticulación, postura…

-Contenido de lo que dice: palabras aisladas, formulaciones…

-Voz: fuerza, velocidad, entonación…

-Una vez detectado lo anterior, dirige tu atención hacia aquello que no te gusta e intenta determinar a QUIÉN te RECUERDAN esos rasgos o gestos, QUÉ PERSONA te hizo sentir algo así, determina de QUÉ TE SUENA ese rasgo en concreto: a tu padre, a un profesor, a un abusón del colegio, a una pareja que te dejó, a un chico de tu barrio, etc.

-Una vez detectada esa persona imagina ¿DÓNDE la estás viendo? ¿Alejada o ante ti? ¿Por encima de ti, por debajo, en la derecha, en la izquierda? ¿La ves a tamaño real? ¿Más grande? ¿Más pequeña?

-Imagina a la persona por la que siente antipatía actualmente.

-Imagina a las dos personas, a la del pasado y a la del presente.

-Trate de separar mentalmente, tanto como sea posible, las dos figuras, pero siempre viendo las dos a la vez.

-Siga separando claramente las dos, trate de percibir separadamente.

-Mire ahora a la figura del pasado y nómbrela: “eres mi padre”, “eres X de mi colegio”.

-Mire a la persona del presente y desígnela: “eres X”, “eres mi compañero de trabajo”.

-Repita varias veces estos pasos últimos de separación hasta que quede claro que estas dos personas no tienen nada que ver.

-Piense ahora en la persona del presente. Habrá hecho el ejercicio bien si no siente la antipatía inicial hacia esa persona. Si el efecto no se ha producido aún del todo, repita los pasos anteriores hasta conseguirlo.

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Acosado en el trabajo

El primer paso para poder hacer frente una situación de acoso en el trabajo es su conocimiento. Hay casos en los que el afectado vive una situación de este tipo pero le resta importancia o la tolera, de ahí la necesidad de escribir esta entrada: no debemos aceptar una situación así. Tampoco debemos tolerar a la persona que nos acosa, ni seguirle la corriente ni entrar en su juego autodestructivo.

En primer lugar, saber que el acoso es una situación mantenida en el tiempo, donde se produce hostigamiento, persecución, enemistad y aislamiento de un trabajador o trabajadora. Surge de un conflicto inicial más o menos importante. Puede ser un hecho de gravedad o un malentendido o acontecimiento aparentemente sin importancia. El acosador puede sacar de contexto o exagerar un aspecto o hecho que tiene que ver con el acosado e incluso inventarlo. Algo que podría haberse arreglado fácilmente se convierte en algo irresoluble y que justifica el ensañamiento hacia la persona acosada: un comentario, una broma, un gesto…

Una vez iniciado el proceso, el acosador tratará de estigmatizar a la víctima; atención a las siguientes conductas que nos dan pistas para detectar una situación de acoso:

-Acusaciones sin posibilidad de defenderse, incluso ridiculizándole.

-Aislarle de sus compañeros y privarle de información.

-Desconsiderar su trabajo, comentarios o actividades.

-Desacreditar su rendimiento y ocultar sus logros.

-Hacerle trabajar bajo constante presión, obligarle a trabajar en lugares incómodos.

-Tratarle injustamente respecto a otros.

-Distraerle en su trabajo, interferir en su tiempo.

-Saltarle en la línea jerárquica.

-Ofrecerle información contradictoria o confusa, darle información muy cambiante, darle mucho o poco trabajo, darle tareas para las que no está cualificado o actividades por debajo de sus capacidades.

Normalmente, el acosador principal atrae a otros compañeros para proceder a aislar al afectado. Esto suele hacerlo creando y propagando rumores, que el resto acepta sin cuestionarlos (ver siguiente entrada sobre rumores y sobre el perfil del acosador).

Cuando se trata de una situación mantenida en el tiempo, la víctima empieza a resultar molesta para todo el mundo, debido a estos constantes rumores, desprecios, comentarios y culpabilizaciones: se le culpa de todo. Se le aísla, los compañeros le dan de lado por no meterse en problemas, muchos participan de la situación sin estar del todo convencidos de la “maldad” del acosado.

Al principio, el acosado enfrentará con entereza de la situación, pero cuanto más avance ésta, su estado de ánimo empeorará (tensión, ánimo depresivo, crisis de nervios, llanto en público, estado irascible, etc.). En muchos casos, el tema llegará a los superiores que se darán cuenta de que hay que hacer algo, normalmente referido a socorrer a la organización, porque está claro que ese trabajador es conflictivo y difícil. Según avance esta fase, el acosado tendrá más dificultad para comportarse en el trabajo y realizar sus tareas lo que, a su vez, justificará aún más los juicios de los acosadores. Debido a esta situación, la víctima puede reducir significativamente su rendimiento, aislarse, ser incapacidad de tomar decisiones, tener fallos o un desplante con alguien. Nadie se atreve a mostrar simpatía hacia el acosado y se le sigue calumniando.

Cuando la situación es de extrema gravedad, se tomarán a sus espaldas decisiones que le afectan directamente, sin que se tenga en cuenta su versión de los hechos. Es probable que la víctima haya sufrido varias bajas laborales, haya consumido todos sus permisos o esté buscando otros puestos de trabajo. Muchas veces la finalización de esta situación consiste en que la persona salga de la empresa, aireando el superior a bombo y platillo lo “problemático” que es, o si se mantiene en la empresa se le marginará internamente asignándole puestos que nadie quiere y privándole de información. Esto acabará con un despido, una incapacidad, una renuncia o un retiro.

Libro recomendado: El maltrato psicológico. José Luis González de Rivera. 

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De nuevo el burnout… Aspectos que nos hacen sospechar…

El síndrome de burnout puede asemejarse al concepto de estrés laboral o, más coloquialmente hablando, al síndrome de estar “quemado” por el trabajo. Según los autores Maslach y Jackson (1981), tiene tres dimensiones, que son: cansancio emocional del trabajador, despersonalización (sentir que no trabajamos con personas y realizar nuestro trabajo mecánicamente) y una baja realización personal en ese puesto. Se trata de un tipo de estrés muy intenso, no el simple “quemazón” puntual de un día o de una temporada en nuestro empleo.

En líneas generales, podemos indicar que el burnout es multicausal, ya que su origen es muy diverso y depende de muchos factores. Existen causas relativas a la empresa u organización, causas supraorganizativas y las relacionadas con el puesto de trabajo,  en las que el psicólogo (si solicitamos la ayuda de un profesional) y la persona afectada no puede influir directamente. Sin embargo, hay otras causas referidas a las relaciones interpersonales (compañeros, superiores) y a las características personales propias en las que, tanto la persona, como un psicólogo, pueden intervenir de forma directa y así afrontar de manera más eficaz las situaciones problemáticas que se den en el trabajo.

Tengamos especial cuidado cuando detectemos en nosotros mismos una situación de elevado malestar físico y emocional en el trabajo porque realmente daña nuestra salud, para ello fijémonos en los apartados siguientes que nos podrían estar informando de que algo no va bien si se dan frecuentemente algunas de las premisas que contiene. Evidentemente todo ello es orientativo:

-Es una empresa u organización muy rígída, muy jerárquica, existen relaciones conflictivas entre los trabajadores o una dirección inadecuada. Hay cambios en los procedimientos del trabajo bastantes frecuentes,  el puesto es muy demandante y con mucha sobrecarga. El trato con usuarios o clientes es muy abundante y suele exigir por nuestra parte una carga emocional; además, existe falta de tiempo para interactuar con ellos y poca autonomía.

-Los usuarios o clientes son difíciles o la relación con ellos es complicada. Tienen lugar conflictos o competitividad con los compañeros, falta de apoyo y contagio de estado negativo entre vosotros. Como persona sueles tender al idealismo, tienes empatía, eres perfeccionista, puedes tener baja autoestima, a veces detectas que no enfrentas situaciones sociales apropiadamente y toleras mal el estrés.

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