Trampas mentales

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Este artículo nos va a mostrar lo sutil que es a veces nuestra mente, las trampas que nosotros mismos nos creamos relacionadas con el lenguaje que empleamos en nuestro pensamiento.

Todo ello lo vi claramente reflejado en un curso que hice sobre Terapia de Aceptación y Compromiso, un tipo de terapia cognitiva y conductual de Tercera Generación.

Imaginaos una persona con fobia social, que tiene ansiedad, miedo y temor a las relaciones sociales y a los espacios públicos y que piensa: “quiero ir con amigos pero lo voy a pasar muy mal”. Ese pero significa que no va a ir y que tiene razones para no hacerlo, es una negación, en ningún caso va a ir.

¿Qué pasa si le planteamos a esta persona o a nosotros mismos otro uso del lenguaje? Le decimos o nos decimos, pues: “tú quieres ir con los amigos y lo vas a pasar muy mal”; “yo quiero ir con los amigos y lo voy a pasar muy mal”. Ese Y implica que lo va a pasar mal pero que va a ir con los amigos. El pasarlo mal no es óbice para no ir. Esa actitud es la que pretende fomentar la Terapia de Aceptación y Compromiso: puedo hacer algo a pesar de pasarlo mal o estar molesto, quizás desempeñaré peor la tarea pero lo haré. ¿Por qué quiero hacerlo? Porque existen cosas más importantes que pasarlo mal, como son divertirme, estar en compañía de mis amigos, compartir experiencias o charlar. ¿Qué pasa si acepto mi malestar y me arriesgo y dejo de evitar la situación?

Otras trampas mentales son preguntarse (a veces) “porqué”. Nota la diferencia entre “¿por qué has llegado tarde?” frente a “¿qué ha ocurrido para que hayas llegado tarde?”. Nota la diferencia en cuanto a cómo te afecta o lo sientes. ¿Es lo mismo? ¿Es lo mismo “por qué me pasa esto a mi” que “qué ha pasado para que esto me haya ocurrido”? ¿Te afecta igual?

Una trampa muy frecuente es pensar que tengo o debo hacer algo frente a pensar “quiero hacerlo”. Siempre tengo la libertad de hacer algo, no hay obligación; esas obligaciones nos las autoimponemos nosotros solos. Seguro que tenemos muchos ejemplos cotidianos de este tipo.

También podemos ver los pensamientos en relación a su contenido y en relación a su función, por ejemplo:

  • Contenido del pensamiento: “eres tonto”. Función: lo que provoca en nosotros ese comentario. Puede ser que me lo tome a broma, que sea un comentario cariñoso o que nos estén insultando, incluso aunque nos estén insultando puede no ofendernos en absoluto, o sí.

Por otro lado, el intentar el control de un pensamiento a veces puede generar un problema psicológico, no es la solución. ¿Os acordáis del articulo “no pienses en un oso polar”? ¿Y del TOC que explicaba ese artículo? Realmente el intentar controlar un pensamiento doloroso o desagradable da lugar a un problema. La solución, sin embargo, pasaría por seguir con nuestra vida, guiándonos por nuestros valores y principios, a pesar de estos pensamientos desagradables o dolorosos (aceptación, como propone la Terapia ACT). En definitiva pensamientos dolorosos tememos todos.

Otra de las trampas mentales existe cuando tomamos un pensamiento como una realidad absoluta, generándonos la misma reacción que si fuera un hecho real. Ese pensamiento es capaz de hacernos sentir miedo, pánico, tristeza, como si fuera un acontecimiento real. Os propongo el ejercicio del limón: entra en Internet y busca una imagen de un limón jugoso partido por la mitad e imagínate que lo exprimes con la mano. Piensa en ese limón y en su jugo, e imagina que lames una de las mitades. ¿Estás salivando? ¿Estás reaccionando como si el limón fuera real (recordemos que es una imagen)? ¿Estás tomando una imagen o pensamiento como algo real y reaccionas como si existiera de verdad?

Otra de las trampas que se sitúa en la base de algunos trastornos psicológicos es intentar controlar funciones que son automáticas y que no son controlables: la respiración, la tartamudez, nuestras sensaciones físicas, nuestras emociones, el habla, el caminar… Véase lo que sucede en el TOC, con las obsesiones, con los trastornos obsesivos, los de ansiedad, etc.

A veces utilizamos el pensamiento como modo de evitación: para buscar alivio, evitar la preocupación, rumiar (darle vueltas a la cabeza), disociar (separarnos del pensamiento, crear un mundo paralelo), distraerse, etc., lo que nos lleva a no abordar el problema o la vida de forma directa: estamos evitando, distrayéndonos de lo realmente importante, o creándonos un mundo paralelo sin abordar nuestro problema ni solucionarlo en realidad. Nos quedamos con el alivio de la evitación a corto plazo sin tener en cuenta que el buscar una solución será una “molestia” a corto plazo pero una sensación de bienestar a largo plazo: “coger el toro por los cuernos”.

Los pensamientos a veces nos crean miedo y ese miedo hace que dejemos de lado otros aspectos importantes de la vida ya que focalizamos en los estímulos que nos resultan temibles y también hace que distorsionemos la realidad. El miedo a veces nos induce a la evitación de situaciones, a pensar en “¿y si sucede X?” y al autoengaño. Por ejemplo, cuando algo me da miedo tiendo a estar alerta en todas las situaciones distorsionando en cierto sentido la realidad sin centrarme en el presente ni atender a otras cosas importantes.

Finalmente, en ocasiones, no sabemos diferenciar entre emoción imaginada (la emoción que nos imaginamos que vamos a sentir en una determinada situación) frente emoción vivida (la emoción que vivimos en realidad). A veces el simple hecho de imaginarnos que lo vamos a pasar mal nos impide vivir el presente y arriesgarnos.

Cita

Un libro recomendado: Psicotrampas

Esta entrada es la número 100 de mi blog, casi un año desde que empecé con él, ya que las primeras entradas son de marzo de 2014!!

En ella voy a comentar un libro que puede considerarse de divulgación o de autoayuda y que me he leído últimamente.

Se llama Psicotrampas de G. Nardone y básicamente trata de detectar las trampas psicológicas que nos planteamos nosotros mismos y nos hacen la vida más difícil y problemática.

En el libro propone siete psicotrampas referidas al pensamiento (formas de pensar) y ocho referidas a la acción (forma de comportarse). Suelen ser errores que cometemos de forma frecuente o cíclica y que no nos hacen bien ni nos permiten avanzar o evolucionar.

Las psicotrampas de pensamiento, según el autor,  son las siguientes:

-El engaño de las expectativas: la tendencia y el error a atribuir a los demás nuestras mismas percepciones y convicciones y esperar de ellos nuestras mismas acciones y reacciones. El comprobar que esto no se da en el mundo real conlleva desilusiones, decepciones, estados depresivos, rabia, descontrol…

-La ilusión del conocimiento definitivo: creer que puedo conocer definitivamente la realidad. Ni el mundo científico puede conocerse en su totalidad y mucho menos, los problemas de tipo emocional o social pueden explicarse totalmente a través de la lógica.

-El mito del razonamiento perfecto: relacionado con lo anterior, hay personas que creen que pueden afrontar todos los problemas y dificultades de la vida a través de un razonamiento lógico y racional. Cuando esto se aplica de una forma rígida pasa a ser disfuncional.

-Lo siento, luego existe:”lo siento así, luego es así”, “tengo esa intuición”, atribuimos  a alguien o algo ciertas propiedades percibidas sin pruebas tangibles, basándonos únicamente en nuestras sensaciones. Aquí entraría también el efecto de la “profecía autocumplida” (vemos todo lo que confirma nuestras hipótesis y rechazamos lo que las desmienten, con lo cual, lo que habíamos predicho parece que se cumple).

-Piensa en positivo: el autor indica que hacer uso de esta “técnica” en exceso puede provocar profundos desengaños o estado de ánimo deprimido. Altas expectativas pueden conllevar posibilidad de alta desilusión. Es una especie de autoengaño de forma voluntaria que no siempre funciona.

-Coherencia a toda costa: se trata de ese principio de coherencia con nuestras convicciones que no nos permite cambiar de opinión, de ideas o de valores. Esto ha sido causa de muchos conflictos y guerras entre grupos humanos. La coherencia con nuestras ideas es importante, pero sin caer en el extremismo, la radicalidad o la falta de adaptación a los cambios.

-Sobrevalorar e infravalorar: sobrevaloramos a las personas cercanas e infravaloramos a quien no nos gusta y a quien rechazamos. A veces, en la misma o parecida situación, tenemos dos varas de medir según la relación que tengamos con la persona en cuestión. Como ejemplo podemos señalar un padre que defiende a un hijo a pesar de haber cometido una atrocidad, un hincha de un equipo de futbol, la valoración que hacemos de un amigo que ha conseguido trabajo, frente a otra persona que no soportamos en la misma situación.

Vamos ahora a señalar las ocho psicotrampas más relacionadas con la acción:

-Insistir:  insistir en una acción hasta la exageración o insistir en aplicar una modalidad de acción incluso cuando no funciona, por ejemplo, agobiar a la pareja con una demostración constante de amor, insistir en comportamientos en el trabajo porque creemos que no hemos sido lo suficientemente perseverantes, etc. El hombre tiende a resistirse al cambio para mantener su equilibrio natural pero también podemos modificar estas conductas disfuncionales y cambiarlas por otras más funcionales.

-Renunciar y rendirse: está también relacionada con la anterior, se trata de insistir y perseverar en la dirección de la renuncia y abandonar ante la primera dificultad. Desconfiamos de nuestras capacidades o nos dejamos llevar por la pereza, de esta forma nuestra presunta incapacidad se hace real.

-La manía del control: es el mito del control sobre todas las cosas, la tendencia a tenerlo todo bajo control. Aunque a priori el control es positivo para el hombre y conlleva actitud positiva, es negativo cuando tratamos de controlar lo incontrolable o lo llevamos al extremo (controlar a otra persona, una respuesta fisiológica, como el sonrojarse). En estos casos, el intento de control conduce a la pérdida de control, de lo cual es un ejemplo extremo el TOC.

-La evitación: se trata de evitar las situaciones potencialmente arriesgadas, lo cual nos hace sentirnos seguros pero, por otro lado, confirma nuestra incapacidad de afrontar y superar esas dificultades.

-El aplazamiento: es una acción en la que no renuncio ni evito, pero postergo la acción para el futuro; cuando ya no nos queda otra que enfrentarnos a determinadas situaciones nos damos cuenta de que nos estábamos autoengañando y nos enfrentamos al drama de tener que hacer esos que aplazamos.

-La ayuda que daña: aunque la ayuda es una acción positiva, alejar cualquier obstáculo posible de una persona a la que queremos hace que desarrolle una falta de confianza en sus propios recursos personales. Por el contrario, es bueno pedir ayuda cuando se necesita, pero no pretender que alguien nos sustituya, ya que eso confirma nuestra incapacidad.

-Defenderse de forma preventiva: desconfiar hasta el punto de defendernos  como precaución para poder resguardarnos de grandes desilusiones por parte de los demás. Esto también crea desconfianza y antipatía en nuestro interlocutor, dando lugar a relaciones basadas, tanto en la citada desconfianza, como en posiciones defensivas.

-Socializarlo todo: existe la convicción social de que abrirse y hablar de nuestras dificultades y problemas siempre viene bien, pero esto no siempre es así, ya que hablar a toda costa está contraindicado, como sucede con personas que hablan constantemente de sí mismas, personas que tratan de imponernos sus argumentos simplemente para convencerse a sí mismos o personas que descargan sobre nosotros su papel de víctima de forma muy frecuente. En el caso de los miedos patológicos, fobias u obsesiones es incluso hasta contraproducente intentar compartir todo ese contenido. Asimismo, un ejemplo también claro es el de estas personas a toda costa sinceras o que cuentan relaciones anteriores a su pareja con todo lujo de detalles y la duda que siembran en el otro miembro.

¿Y tú? ¿Has caído en alguna de estas psicotrampas?