Controlar impulsos dañinos en 7 pasos

 

A veces actuamos de un modo muy impulsivo y destructivo, deseamos castigar a otros cuando estamos encolerizados, o castigarnos a nosotros mismos cuando nos sentimos furiosos, tomamos decisiones muy precipitadas y negativas, en algunos casos, contestamos mal sin pensar, discutimos y, en casos graves, como los de los pacientes con Trastorno Límite de la Personalidad, la impulsividad puede dar lugar a un intento de suicidio o una autolesión.

Este es el esquema que propongo para el control de impulsos:

  1. Primera consideración: no debemos tomar el controlar respuestas impulsivas como una imposición, ni personal ni externa (que venga de otros). Si el control del impulso nos suena a imposición, no lo haremos, ni lo controlaremos, porque nos sonará a orden autoritaria y nos rebelaremos contra ella. Tenemos la libertad de controlar el impulso o no, y hemos tomado la decisión de actuar sobre esa respuesta que nos causa problemas.
  2. Identifica esa respuesta impulsiva antes de nada, antes de la aparición de cualquier acción o de la situación problemática. Por ejemplo: “contestar muy agresivamente a mi pareja cuando se inicia una discusión”. Observa tu cuerpo, tus emociones, ¿cómo te sientes?, ¿tu cuerpo se tensa?, ¿qué cosas suelo decir?, ¿cómo es mi respiración?, ¿qué pienso?, ¿soy capaz de razonar en esta situación?, etc.
  3. Observa si tu pensamiento es dicótomico (“todo me sale mal”, “siempre estamos igual”, “soy un desgraciado porque no sé hacer nada bien”, “siempre me está atacando”. ¿Es todo-nada, siempre-nunca, etc.? Si detectas este tipo de pensamiento y tratas de darte cuenta y evitarlo, también podrás mejorar y reducir tus alteraciones y cambios de humor. Asimismo, es conveniente ser crítico y cuestionar nuestros pensamientos, sin tomarlos como un dogma o como una verdad absoluta.
  4. Explora las ventajas y desventajas de controlar o no ese impulso: ¿quién se lleva el disgusto?, ¿yo o ella?, ¿los dos? ¿me compensa amargarme la tarde o el fin de semana?, ¿es terrible lo que me ha dicho?, si me controlo ¿obtendré mayores beneficios?, ¿gano algo con esta respuesta?, ¿puedo ganar algo si actúo más tranquilamente? ¿esto me pasa factura?
  5. Pensar qué alternativas tengo: Hablar con ella, tratar este tema en otro momento porque estoy nervioso, hablar sin contestar, tratar de hablar cuando no esté furioso, dárselo en una carta, pedir un consejo a un amigo, consultar con mi terapeuta, estar solo en una habitación durante un rato, etc.
  6. Seleccionar sin miedo la alternativa que sea más favorable para mí y para la situación, y también la que sea más viable: “me iré de la habitación porque estoy enfadado y lo hablaré más tarde” (avisando a la otra persona de nuestra decisión).
  7. Poner en práctica las respuestas elegidas. Es conveniente, primero, practicarlas en soledad, o en la consulta del psicólogo o con la ayuda de un amigo (prepararse y entrenarse). Una vez analizada en una situación de entrenamiento la llevaremos a la práctica. Un ejemplo de experimento conductual sería: “llevar a la práctica el hecho de irme a una habitación solo cuando noto que puedo empezar a ponerme furioso”. El psicólogo o un amigo puede hacer el papel de nuestra pareja y decirnos las cosas que ella suele decirnos y que incrementan nuestra emoción, de esta forma, salgo de la situación (me voy a otra habitación) y percibo cómo me siento. También puedo imaginarme que todo esto sucede y cómo actúo yo, notando cómo me siento, cómo se va incrementando la emoción, cómo me meto en la habitación, cómo noto que así se reduce el impulso. Finalmente, me agradezco y me felicito por haber sido capaz de controlarme. Una vez ensayado todo esto, lo pongo en práctica en una situación real.

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Mitos sobre el TDAH

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Desconocemos la causa concreta del Trastorno por Déficit de atención, con o sin Hiperactividad. Esto hace que, en muchas ocasiones, se diagnostique con demasiada frecuencia, no obstante,  hoy por hoy, no se ha demostrado que estas personas tengan una característica biológica diferente al resto. Parece no tratarse de una enfermedad, sino de un modo diferente de funcionar: los denominados hiperactivos, explicado de forma muy general y simple, necesitan moverse con frecuencia, tienen que cambiar el foco de su atención cada poco tiempo y pueden ser muy impulsivos debido a la dificultad para mantener la atención, tanto con tareas motrices largas, como con tareas cognitivas largas. Por otra parte, existen personas en las que predomina la parte inatenta, es decir, son activos pero no tanto como los anteriores, sin embargo, muestran constante inatención y distracción.

Existen muchas opiniones con respecto al TDAH, tanto de profesionales, como por parte de no expertos. En muchos casos, se cree que el destino de un niño hiperactivo es extremadamente desalentador. Por ejemplo:

-Fracasarán en sus estudios medios y nunca realizarán estudios superiores.

-Se convertirán en delincuentes habituales.

-Serán adictos a las drogas.

-Fracasarán en sus empleos y acumularán despidos.

-Carecerán de amistades.

-Fracasarán en sus relaciones.

-Padecerán depresiones crónicas.

-Tendrán mayor riesgo de suicidio.

Estas afirmaciones se derivan de algunos estudios en prisiones y en consultas de psiquiatría, donde se encontraron numerosos casos de personas hiperactivas, pero los resultados nunca se han podido trasladar a la población general. Por ello:

-El factor de pronóstico más importante de la delincuencia es la pobreza.

-El más importante del consumo de drogas es la inadaptación social y familiar, el rechazo e hiperexigencia por parte de los allegados.

-El mayor predictor del fracaso escolar es el retraso acumulado en habilidades básicas como lenguaje y matemáticas.

-El mayor predictor de la falta de amistades es la carencia de habilidades sociales: asertividad, comunicación, resolución de conflictos, etc.

-El más importante factor del fracaso afectivo es la falta de capacidad de amar y la ausencia de conductas amorosas hacia el otro.

-Uno de los mayores predictores de una depresión CRÓNICA es un desajuste del sistema emocional en situaciones de estrés.

-Y el mayor factor de pronóstico del suicidio es padecer una depresión aguda sin tratamiento.

La situación no es inamovible. Un niño hiperactivo necesita principalmente amor, comprensión y apoyo por parte de su familia, aceptando a ese hijo o hermano tal y como es, y suministrándole unas pautas educativas equilibradas (como vimos en un post anterior), siempre poniéndole en manos de expertos (médico, educador, pedagogo y psicólogo) que puedan plantear un tratamiento adecuado en todos los ámbitos de su vida.

**basado en publicaciones de AMADÁ, en colaboración con Fundación Calvida y Grupo Albor-Cohs.