Diez pasos para una imagen positiva de tu cuerpo

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Esta lista no puede automáticamente convertir tus pensamientos negativos acerca de tu cuerpo en pensamientos más realistas o positivos, pero practicándolos a menudo pueden ayudarte a ver tu figura y cuerpo de una manera más satisfactoria, practicar con alternativas al modo de pensar tan negativo que tenemos a veces.

  1. Aprecia todo lo que tu cuerpo puede hacer por ti, felicítate por todo lo que tu cuerpo hace: correr, bailar, respirar, soñar…
  2. Elabora una lista con 10 cualidades que aprecias de ti misma/o (que no estén relacionadas con cuánto pesas o cómo te ves). Lee esa lista con frecuencia y añádele a la lista, a medida que te das cuenta, otras cualidades.
  3. La belleza no está simplemente relacionada con el cuerpo, es un estado mental, no una condición única de tu cuerpo: estar feliz contigo misma/o, desenvolverte de manera segura, aceptarte a ti misma/o, estar más receptivo a nuevas ideas, etc. te hacen sentirte bello/a sin importar si te ves como un súper modelo.
  4. Mírate de una manera total. Cuanto te ves en el espejo o mentalmente no enfoques en partes específicas de tu cuerpo. Mírate a ti mismo/a como quisieras que los otros te vieran, como una persona en su totalidad, tanto física como psicológicamente.
  5. Rodéate de personas positivas, que te apoyen, que den importancia y reconozcan cómo eres, cómo piensas, cómo te comportas…
  6. Manda callar a esa voz interna que te dice que tu cuerpo no es el “correcto”, o que eres una “mala” persona. Intenta pensar de una forma un poco más realista o positiva: “me siento bien”, “estoy satisfecha/o”, “las cosas me van bien”, “intento disfrutar de la vida”…
  7. Utiliza ropa que sea cómoda y que te haga sentir bien en relación a tu cuerpo, que te permita disfrutar de él. Trabaja con tu cuerpo, no en su contra. Hazte amigo/a de tu cuerpo, no su enemigo/a.
  8. Piensa en algo agradable que puedes hacer con tu cuerpo y llévalo a cabo: un baño de espuma, una siesta, acariciarlo y recrearte en las sensaciones, buscar un lugar donde relajarte, hacer una técnica de relajación…
  9. Conviértete en un crítico de los mensajes de la sociedad y de los medios de comunicación. Presta atención a las imágenes, anuncios, eslóganes o actitudes que te hacen sentir mal contigo mismo/a y con tu cuerpo. Protesta en contra de esos mensajes.
  10. Intenta ser menos perfeccionista y meticuloso. Busca la relajación. No te obsesiones con las cosas que rodean tu vida. Es más fácil disfrutar de la imperfección y vivir que obsesionarse con la perfección y no vivir.
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Tu cuerpo en verano

Es de sobra conocido que, con la llegada del verano, aumenta la atención que prestamos a nuestro cuerpo y a nuestro físico, en general. En la época estival, por el clima de nuestro país, solemos mostrar, en mayor medida, nuestro cuerpo, por lo que los complejos existentes durante el resto del año se acentúan aún más. A esto se le une que tendemos a compararnos socialmente con los demás, tanto en la playa, como en la calle o en la piscina y, asimismo, con modelos que aparecen en spots publicitarios, los cuales nos transmiten un modelo cultural de cómo realmente debe ser nuestro físico.

Como decimos, empiezan a acrecentarse nuestros complejos y lo que, el resto del año pasa más o menos desapercibido o lo toleramos, en verano se convierte en un drama. Nuestros muslos habitualmente nos resultan más o menos tolerables, pero con un bañador o bikini se vuelven gordos y anchos, y así puede suceder con otras partes del cuerpo. Ni que decir tiene que esto da lugar a la llamada operación bikini, que consiste en llevar a cabo dietas exprés, moderar lo que comemos y realizar ejercicio repentinamente. El problema es que estas actuaciones de moderar la comida y realizar ejercicio, que son positivas durante todo el año, pueden realizarse de manera no controlada sólo justo antes del verano. Las dietas sin control, la alteración de nuestra imagen corporal, la comparación con los otros, etc., puede dar lugar a un posible trastorno de alimentación, por lo que siempre es mejor tomar medidas controladas y pautadas por un experto, médico, psicólogo y entrenador personal (si es necesario).

En relación a lo anterior, un obstáculo importante que nos encontramos en esta época del año, es que suele ser, precisamente, cuando más y peor comemos. El hecho de beber más bebidas alcohólicas en las terrazas de los bares o comer en chiringuitos de playa, no nos ayuda demasiado a mantener una imagen adecuada de nosotros mismos. Otro factor de riesgo para sufrir en verano por la imagen de nuestro cuerpo es ser mujer o ser adolescente, aunque cada vez se da más esta problemática en los hombres, que se hallan más preocupados por gustar físicamente.

Como ya hemos adelantado, en el control del peso nos puede ayudar un médico, y en la realización de ejercicio físico puede echarnos una mano un entrenador o una persona que pueda guiarnos en ese sentido pero, por el bien de nuestra salud, no únicamente antes del periodo estival, sino durante todo el año. No obstante, en nuestro aspecto físico existen unos grandes determinantes genéticos, de constitución corporal, influye nuestro metabolismo, fisionomía y fisiología, los cual son difícilmente modificables, nos vienen dados por nuestra naturaleza. Por ello, si nuestros complejos se apoderan de nosotros, observamos obsesivamente nuestro físico y sus cambios, la comparación con otros nos supone un problema, sospechamos de un problema alimentario o, en definitiva, sufrimos un malestar significativo, debemos acudir a un profesional y permitirle que nos ayude. Como decimos, ya que hay partes de nuestro físico que son muy difíciles de cambiar, la intervención del experto podrá incluir el trabajo de la autoestima, de la auto-aceptación y el control de la ansiedad y del estado emocional, muy relacionados con el físico y con la comida.

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La Docena Sucia

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Esta entrada guarda relación con una anterior de este blog (Una manera diferente de pensar: https://rosaliamv.wordpress.com/2014/04/07/una-manera-diferente-de-pensar/). Se refiere también a la existencia de pensamientos negativos, que no nos ayudan a funcionar adecuadamente sino que, más bien, nos limitan.

¿Qué pensamientos vamos a tratar en esta entrada? Aquellos pensamientos negativos que dan lugar a conductas, emociones y sentimientos limitantes y disfuncionales, pero referidos a la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos. La imagen corporal es una idea personal que, de estar distorsionada, produce sufrimiento y sentimiento de baja valía. Especial importancia tienen estos pensamientos en adolescentes, mujeres y, en los casos más extremos, en personas con un trastorno de la alimentación. En este sentido, hay un autor (Cash) que habla de la “docena sucia”, listando una serie de ERRORES DE PENSAMIENTO relacionados con nuestra imagen.

-La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.

-El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.

-La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.

-La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.

-La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.

-La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.

-El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.

-La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.

-Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.

-La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.

-Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.

-El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

¿¿Os sentís identificados con alguno?? ¿Habéis pensado alguna vez en estos términos?

Estos pensamientos y creencias están sacados de un fantástico libro diseñado para psicólogos (Raich, Rosa María -Ed. Pirámide– Imagen corporal, conocer y valorar el propio cuerpo) pero este tema concreto es lo suficientemente práctico como para exponerlo al público en general y a potenciales pacientes. En ocasiones estos pensamientos pueden suponer un verdadero problema y hay que consultar a un profesional, pero ¿CUÁNDO? Cuando la persona percibe que son preocupaciones obsesivas y excesivas, ocupan gran cantidad del tiempo diario, cuando le provocan malestar (sufrimiento, emociones y sentimientos negativos) e interfieren de forma significativa en sus actividades cotidianas. En estos caso, conviene pedir ayuda.