Trampas mentales

spiderweb-440465_640

Este artículo nos va a mostrar lo sutil que es a veces nuestra mente, las trampas que nosotros mismos nos creamos relacionadas con el lenguaje que empleamos en nuestro pensamiento.

Todo ello lo vi claramente reflejado en un curso que hice sobre Terapia de Aceptación y Compromiso, un tipo de terapia cognitiva y conductual de Tercera Generación.

Imaginaos una persona con fobia social, que tiene ansiedad, miedo y temor a las relaciones sociales y a los espacios públicos y que piensa: “quiero ir con amigos pero lo voy a pasar muy mal”. Ese pero significa que no va a ir y que tiene razones para no hacerlo, es una negación, en ningún caso va a ir.

¿Qué pasa si le planteamos a esta persona o a nosotros mismos otro uso del lenguaje? Le decimos o nos decimos, pues: “tú quieres ir con los amigos y lo vas a pasar muy mal”; “yo quiero ir con los amigos y lo voy a pasar muy mal”. Ese Y implica que lo va a pasar mal pero que va a ir con los amigos. El pasarlo mal no es óbice para no ir. Esa actitud es la que pretende fomentar la Terapia de Aceptación y Compromiso: puedo hacer algo a pesar de pasarlo mal o estar molesto, quizás desempeñaré peor la tarea pero lo haré. ¿Por qué quiero hacerlo? Porque existen cosas más importantes que pasarlo mal, como son divertirme, estar en compañía de mis amigos, compartir experiencias o charlar. ¿Qué pasa si acepto mi malestar y me arriesgo y dejo de evitar la situación?

Otras trampas mentales son preguntarse (a veces) “porqué”. Nota la diferencia entre “¿por qué has llegado tarde?” frente a “¿qué ha ocurrido para que hayas llegado tarde?”. Nota la diferencia en cuanto a cómo te afecta o lo sientes. ¿Es lo mismo? ¿Es lo mismo “por qué me pasa esto a mi” que “qué ha pasado para que esto me haya ocurrido”? ¿Te afecta igual?

Una trampa muy frecuente es pensar que tengo o debo hacer algo frente a pensar “quiero hacerlo”. Siempre tengo la libertad de hacer algo, no hay obligación; esas obligaciones nos las autoimponemos nosotros solos. Seguro que tenemos muchos ejemplos cotidianos de este tipo.

También podemos ver los pensamientos en relación a su contenido y en relación a su función, por ejemplo:

  • Contenido del pensamiento: “eres tonto”. Función: lo que provoca en nosotros ese comentario. Puede ser que me lo tome a broma, que sea un comentario cariñoso o que nos estén insultando, incluso aunque nos estén insultando puede no ofendernos en absoluto, o sí.

Por otro lado, el intentar el control de un pensamiento a veces puede generar un problema psicológico, no es la solución. ¿Os acordáis del articulo “no pienses en un oso polar”? ¿Y del TOC que explicaba ese artículo? Realmente el intentar controlar un pensamiento doloroso o desagradable da lugar a un problema. La solución, sin embargo, pasaría por seguir con nuestra vida, guiándonos por nuestros valores y principios, a pesar de estos pensamientos desagradables o dolorosos (aceptación, como propone la Terapia ACT). En definitiva pensamientos dolorosos tememos todos.

Otra de las trampas mentales existe cuando tomamos un pensamiento como una realidad absoluta, generándonos la misma reacción que si fuera un hecho real. Ese pensamiento es capaz de hacernos sentir miedo, pánico, tristeza, como si fuera un acontecimiento real. Os propongo el ejercicio del limón: entra en Internet y busca una imagen de un limón jugoso partido por la mitad e imagínate que lo exprimes con la mano. Piensa en ese limón y en su jugo, e imagina que lames una de las mitades. ¿Estás salivando? ¿Estás reaccionando como si el limón fuera real (recordemos que es una imagen)? ¿Estás tomando una imagen o pensamiento como algo real y reaccionas como si existiera de verdad?

Otra de las trampas que se sitúa en la base de algunos trastornos psicológicos es intentar controlar funciones que son automáticas y que no son controlables: la respiración, la tartamudez, nuestras sensaciones físicas, nuestras emociones, el habla, el caminar… Véase lo que sucede en el TOC, con las obsesiones, con los trastornos obsesivos, los de ansiedad, etc.

A veces utilizamos el pensamiento como modo de evitación: para buscar alivio, evitar la preocupación, rumiar (darle vueltas a la cabeza), disociar (separarnos del pensamiento, crear un mundo paralelo), distraerse, etc., lo que nos lleva a no abordar el problema o la vida de forma directa: estamos evitando, distrayéndonos de lo realmente importante, o creándonos un mundo paralelo sin abordar nuestro problema ni solucionarlo en realidad. Nos quedamos con el alivio de la evitación a corto plazo sin tener en cuenta que el buscar una solución será una “molestia” a corto plazo pero una sensación de bienestar a largo plazo: “coger el toro por los cuernos”.

Los pensamientos a veces nos crean miedo y ese miedo hace que dejemos de lado otros aspectos importantes de la vida ya que focalizamos en los estímulos que nos resultan temibles y también hace que distorsionemos la realidad. El miedo a veces nos induce a la evitación de situaciones, a pensar en “¿y si sucede X?” y al autoengaño. Por ejemplo, cuando algo me da miedo tiendo a estar alerta en todas las situaciones distorsionando en cierto sentido la realidad sin centrarme en el presente ni atender a otras cosas importantes.

Finalmente, en ocasiones, no sabemos diferenciar entre emoción imaginada (la emoción que nos imaginamos que vamos a sentir en una determinada situación) frente emoción vivida (la emoción que vivimos en realidad). A veces el simple hecho de imaginarnos que lo vamos a pasar mal nos impide vivir el presente y arriesgarnos.

Anuncios

Un comentario en “Trampas mentales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s