Trucos para hablar en público

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Existen varios elementos claves a la hora de hablar en público, el primero de ellos, la mirada hacia la audiencia. Transmite menor seguridad el mirar a unas transparencias, hacia el techo o hacia una pared que el mirar a la gente a la que nos estamos dirigiendo. Si no prestamos atención a la audiencia, ésta no prestará atención hacia nosotros. Puede ser conveniente aplicar alguna técnica de relajación, respiración o meditación un rato antes de la exposición, para llegar con un nivel adecuado de activación (aunque acudir con un nivel moderado de activación es normal e incluso deseable). Normalizar y relativizar si detectamos señales de nerviosismo: es del todo normal. Si ya estamos hablando y detectamos estos síntomas, puede ser incluso deseable admitirlos con sentido del humor, ya que la audiencia puede sentir simpatía hacia nosotros por demostrar elegantemente esa sinceridad.

Antes de empezar a hablar debemos mirar hacia el auditorio, estableciendo contacto visual, haciendo un barrido en M ó en W. Durante la charla podemos mirar a la cara de una determinada persona durante unos segundos e ir cambiando la mirada hacia otras personas, de manera que sientan que nos estamos dirigiendo a ellas. Si tu dificultad es máxima mirando a los ojos, puedes mirar a la nariz ya que apenas se notará la diferencia. Periódicamente puedes mirar en forma de M ó de W, dirigiendo al menos la mirada a la audiencia el 50-60% del tiempo. No mires siempre a la misma persona o grupo, esto puede excluir al resto o intimidar a esa persona. No mires tampoco constantemente al profesor, moderador, etc., que esté en la sala.

En definitiva, es necesario cuidar el patrón de mirada ya que nos permite obtener información del auditorio valiosa para nuestra charla y transmite seguridad y confianza. Por el contrario, la evitación de la mirada o el mirar fugazmente y ocasionalmente impide recibir retroalimentación del público y puede transmitir inseguridad, falta de espontaneidad, desinterés, etc.

En relación al volumen es necesario hablar lo suficientemente alto para que se nos pueda oír bien, teniendo en cuenta la distancia, el tamaño del auditorio y el ruido.  Piensa que estás hablando para las personas de la última fila.

No siempre hay que hablar con el mismo volumen, puedes cambiarlo en función de si estás transmitiendo emociones, enfatizar una idea o ganar la atención del público. Baja el volumen cuando tengas un punto importante que destacar y súbelo cuando quieres que la audiencia se movilice hacia la acción. Es importante no reducir demasiado el volumen al final de las frases.

Si no se oye bien, el público puede desinteresarse por lo que uno dice, se fatigará o se irritará, además de que un volumen bajo puede transmitir poca seguridad o credibilidad. Si el volumen es muy alto puede dar sensación de que el conferenciante está avasallando o puede provocar irritación.

En este sentido es importante hacer algún ejercicio de respiración o de educación de la voz para que salga desde la zona de los pulmones y desde el estómago. Existen ejercicios de respiración profunda especialmente diseñados para proyectar una voz adecuada.

Por último, aunque es obvio, es necesario una buena preparación de lo que se va a decir, aunque no tenemos que recitarlo literalmente. El conocer en profundidad el tema sobre el que vamos a hablar nos dará seguridad y nos permitirá ir más tranquilos.

 

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