Desamor y Ruptura

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La palabra desamor existe en castellano y en el mundo latino, pero no hay una equivalencia de significado en otras lenguas, como por ejemplo el inglés. Diríamos que es mucho más preocupante esta sensación para el mundo hispanohablante y que existen otras culturas que prefieren no hablar de ello, debido al dolor que conlleva. De hecho, hay pocas investigaciones, datos y estudios que hablen de este fenómeno.

El desamor es una ausencia de amor o de amistad y una falta de sentimientos hacia el otro. El amor está muriendo o ha muerto dentro de esa relación y puede desembocar en una ruptura. También puede darse el caso de que uno de los dos miembros pueda romper la relación y el otro no estar de acuerdo.

Esa etapa de desamor es sumamente desagradable para los miembros de la pareja. Esa persona a la que tanto has querido se torna aburrida, las situaciones no tienen incentivos, el distanciamiento entre los dos se hace patente, hasta que finalmente la relación y el amor se acaba. ¿No se os pone un nudo en la garganta?

Existen distintos modos de gestionar la situación anterior; uno puede querer poner fin a la relación, otro puede pensar que aún pueden arreglarla poniendo cada uno algo de su parte, pueden discutir y enfadarse recurrentemente, pueden resignarse a esa situación, pueden engañarse intentando conservar la relación, puede aparecer el miedo a la soledad, pero, frecuentemente, uno de los dos, o los dos, pueden tomar la decisión de abandonar.

Cuando eso sucede se inicia un proceso de duelo, proceso que con sus características comunes, es muy personal, sobrellevándolo cada individuo de una manera concreta. Asimismo,  puede no ser igual el procesamiento de la situación para la persona que deja la relación, para la que es dejada o cuando la ruptura es de mutuo acuerdo.

Aspectos muy generales a tener en cuenta ante una ruptura:

Como en cualquier duelo es necesario llorar todo lo que sea necesario y permitirnos sentir nuestro dolor y nuestra tristeza ante la pérdida. Para que esto se acelere es necesario cerrar la puerta a esa relación y suprimir el contacto, en la medida de lo posible, con esa persona, hecho que les cuesta sumamente a las personas que pasan por consulta y a las que no (“no me hago a la idea de no volverle a ver”, “no puedo pensar que ya no volveré a abrazarle y besarle”, “no pude evitar volver a llamarle por teléfono”…). Este tipo de duelo, muchas veces, puede ser incluso más complejo que uno por fallecimiento, ya que, en este caso, sí existe la posibilidad de reencuentro o de reconciliación o de verle con otra persona.

En relación a lo anterior, es conveniente refugiarse en amigos, familiares e intereses personales, así como, no recrearnos acudiendo a lugares donde íbamos con la persona, preguntando a sus amigos y conocidos, persiguiéndolo, etc. Cambiar de intereses y costumbres es lo adecuado, acudir a otros sitios, cambiar de aspecto, buscar aumentar tu grupo de amigos, etc. (Al respecto, os dejo una canción de uno de mis grupos favoritos, Los Planetas, que habla de una mala superación del desamor por parte del protagonista, que seguía acudiendo a sitios donde siempre iba con ella: www.youtube.com/watch?v=2yJj-FAEx88).

A pesar de la música, la literatura y el cine que consumimos, nadie muere por amor. La situación es desagradable, molesta, triste, melancólica, rabiosa, pero también superable. El sentir profundamente el desamor, es señal de que también vivimos intensamente ese amor y tenemos capacidad para amar y volver a amar.

Aceptar que al principio nos cerraremos, seguramente, al amor, no desearemos enamorarnos, ni lo veremos posible porque, en ese momento, asociamos amor con malestar. Lo sano es que, con el tiempo, esa sensación se atenúe. Tampoco es idóneo lo contrario: apresurarnos por encontrar pareja. Debemos primero dedicarnos a nosotros mismos y a nuestros nuevos intereses. Podemos probar a realizar actividades en soledad, conversar con los allegados e invertir en uno mismo, tiempo, caprichos o en bienestar.

 

“Besos que vienen riendo, luego llorando se van,

y en ellos se va la vida, que nunca más volverá”.

 Miguel de Unamuno, acerca del desamor.

 

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