¿Cómo educas a tu hijo?

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Bastante tiempo atrás realicé un curso orientado a saber tratar con niños denominados “difíciles”, entre ellos los llamados o diagnosticados como hiperactivos. Los docentes nos expusieron qué tipos de educación ponen en marcha los padres y cuáles son las consecuencias de cada uno de ellos, sabiendo que no hay tipos estrictamente puros y estancos. En su momento, me quedé con las características de cada uno de ellos pero, sinceramente, empezaron a preocuparme, en mayor medida, cuando nació mi hijo. Por ello, considero que es importante reflexionar cómo son las estrategias y qué hacemos con los niños, porque puede haber algo que corregir. Podemos tener unos valores educativos determinados de carácter adecuado o positivo, pero poner en marcha unos hábitos diferentes en la vida real, así que debemos tener cuidado con ello.

En primer lugar, hablemos de la EDUCACIÓN SOBREPROTECTORA, muy conocida por todos nosotros, ya que lo que nos sale naturalmente es proteger y cuidar, pero se convierte en problemático cuando se realiza en exceso; eres un padre o madre sobreprotector si tratas de EVITAR todo tipo MALESTAR y SUFRIMIENTO a tus hijos. Te sientes,  muy a menudo, culpable por ellos y responsable de todo lo que les suceda. Piensas “es muy pequeño para…”, “no sabe…”, “no puede…”, “si hace esto sufrirá algún daño…”. Impides, en la mayor parte de los casos, conductas arriesgadas o molestas por parte de los niños y no puedes evitar prestar atención frecuente a esos riesgos. Aunque te cueste reconocerlo, no sueles fomentar demasiado su autonomía ni su iniciativa, que incluso pueden ser castigadas, y tiendes a supervisarlos casi continuamente y a dárselo todo hecho. Como consecuencia, tus hijos podrían desarrollar un bajo concepto de sí mismos,  un proceso deficitario de habilidades, de autonomía e iniciativa. Podrán ser personas que funcionan bajo instrucciones y tener poco interés en resolver por sí mismas sus problemas.

Por otro lado, describiremos la EDUCACIÓN INHIBICIONISTA, que digamos que es un poco lo contrario de lo anterior. Eres un padre o madre que NO PRESTA ATENCIÓN NI GUÍA a los niños en su conducta, sobretodo en el caso de la conducta adecuada. Tampoco encuentran demasiado tu apoyo. Castigas, en ocasiones, los comportamientos inadecuados, en especial cuando son molestos para ti, y no sueles elogiar o animar. Los niños que han recibido este tipo de educación podrían tener un déficit de habilidades o carencia en el aprendizaje de las mismas (autonomía, sociales, etc.). Suelen buscar el apoyo en las figuras de autoridad y sentir ansiedad derivada de inseguridades personales.

Exponemos, a continuación, la EDUCACIÓN PUNITIVA, la cual ha sido siempre muy común en la cultura occidental, aunque considero que cada vez menos. Eres un padre o una madre muy EXIGENTE, con INTOLERANCIA e INCOMPRENSIÓN dirigidas a los niños. Igual no te gusta reconocerlo pero ofreces un estilo desagradecido a los hijos, ya que las conductas positivas “son su deber”, “es lo que tienen que hacer” y te fijas, e incluso castigas, los comportamientos inadecuados, ignorando, normalmente, los adecuados. Prefieres la educación basada en el “debe”, en la “obligación”, en la obediencia, por ello,  te sientes furioso si el niño no hace lo que le dictas, pero satisfecho si obedece. Hablas en términos de “ERES…”: atribuyes al niño las cualidades de su persona (por ejemplo, puedes decir a menudo “eres un desastre” cuando en realidad es desorganizado con las tareas del colegio. O describirle como “eres torpe” si se cae en la calle). Consecuentemente, tus hijos podrán tener unos niveles bajos de autoestima, autoconcepto e iniciativa y buscar, a toda costa, poder evitar el castigo, en vez de orientarse hacia el éxito, justificarán frecuentemente sus acciones, sintiendo rencor hacia vosotros, pudiendo llegar a mentir.

Por último, señalaremos en qué consiste la EDUCACIÓN que yo prefiero llamar EQUILIBRADA, pero que en otros textos se denomina ASERTIVA, aunque más o menos viene a ser muy similar. Eres un padre que NO EVITA a toda costa las EXPERIENCIAS dolorosas del niño, sino sólo aquellas que les pueden causar un daño grave o excesivo, permitiéndoles ensayar clases de comportamientos diferentes. Eres más COMPRENSIVO con el niño y más TOLERANTE, ya que crees que tu hijo puede realizar una conducta u otra (no siempre la que se le dicta) y puede tener sus propias preferencias o apetencias sobre ellas. Sueles fijarte en los aspectos positivos de la conducta de tus hijos, elogiando esfuerzo y logros, pero puedes castigar los comportamientos inaceptables, que pueden causar un daño. Ignoras las imperfecciones y errores y no sueles atribuirle las cualidades de su conducta (recordad el “eres un desastre”). Confías en que tu niño progresará hacia objetivos deseables y deseados y te muestras comprensivo mientras los logran. Es probable que tu hijo, a largo plazo, establezca hábitos apropiados, tenga una buena capacidad de aprendizaje, seguridad en sí mismo, autonomía, iniciativa, orientación al éxito y una autoestima y autoconcepto positivo.

Os invito a realizar unas reflexiones finales:

-Sinceramente, ¿en qué tipo de educación creéis que os situáis vosotros?

-¿Qué educación habéis recibido de vuestros padres?

-¿Cuál pensabais que era la más apropiada, en el pasado o durante otras etapas de vuestra vida?

Seguramente, pensando sobre estos temas podréis mejorar en gran medida como educadores. Probad.

 

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