No pienses en un oso polar

…(Sobre el TOC)

Esta entrada se dirige a aclarar la confusión existente cuando hablamos de Trastorno obsesivo-compulsivo (en adelante TOC), ya que en ocasiones se emplea erróneamente cuando, en realidad, se trata de personas ordenadas o “maniáticas”, perfeccionistas o muy responsables, comprobadoras o controladoras, etc., pero que no padecen TOC, ya que sus hábitos no les provocan un malestar significativo, ni a ellas ni a los que les rodean. El TOC, en ese sentido, es mucho más dramático que todo eso y debemos ponernos en manos de un profesional cuando sospechamos su existencia.

El TOC, como su propio nombre indica, tiene dos componentes:

-Las obsesiones, que se refieren a ideas, pensamientos, impulsos o imágenes que aparecen de forma persistente, de manera intrusiva e inapropiada y que crean un malestar significativo en la persona, que tiene la sensación de que la obsesión es ajena a ella, que está fuera de su control, pero reconoce que es producto de su mente. El contenido de las obsesiones en nuestra cultura se refiere principalmente a los siguientes temas (que nos sonarán bastante al oír hablar de TOC): suciedad, contaminación, contenidos agresivos, blasfematorios o sexuales. En ese sentido, el contenido de las obsesiones tiene que ver con la importancia que el tema tiene en la vida de la persona.

-Las compulsiones son comportamientos motores o mentales también recurrentes que se dirigen a paliar o aliviar el malestar que produce la obsesión, o bien a prevenir algún acontecimiento o situación negativa. Las compulsiones más frecuentes son: comprobar, lavarse, limpiar, ordenar, repetir acciones, amontonar, coleccionar y contar.

¿Cómo se relacionan obsesión y compulsión?

Las obsesiones en un individuo aparecen de forma intrusiva y, además, la persona posee la creencia de que ese pensamiento es peligroso y debe controlarse por lo que, consecuentemente, pone en marcha conductas destinadas a neutralizar ese supuesto peligro. Esas conductas pueden ser de seguridad, rituales compulsivos, evitación (alivian momentáneamente la ansiedad de la persona pero transcurrido un tiempo volverá a aparecer) y respuesta de supresión de la obsesión (que hace que la aparición de la obsesión aumente en frecuencia, ya que se produce un efecto paradójico). En relación a esto último, seguro que os acordáis del ejemplo del procesamiento paradójico de Dostoyevski: “Trata de proponerte a ti mismo esta tarea: no pienses en un oso polar, y verás que el pensamiento te vendrá a la mente cada minuto.” http://es.wikipedia.org/wiki/The_Game_(juego)

¿Qué creencias tienen estos pacientes?

Según Gavino (2005), en su libro para el tratamiento del TOC, tienen lugar varias creencias primordiales:

-Responsabilidad excesiva: la persona puede creer que la ocurrencia de la situación peligrosa depende de él exclusivamente, por lo que debe neutralizarla obligatoriamente.

-Perfeccionismo: la conducta debe seguir unos pasos concretos y determinados, sin salirse nunca de ellos.

-Sobrevaloran la importancia de los pensamientos y sus implicaciones; no aseguran la diferencia entre pensamiento y acción y comprueban si lo que han pensado lo han realizado o no.

-Otorgar excesiva importancia a la probabilidad y a las supuestas consecuencias catastróficas. La obsesión tiene una consecuencia inmediata, que es la ansiedad, y otra a corto plazo, que es la ocurrencia de algo terrible.

-El obsesivo cree que la ansiedad es peligrosa, que supone pérdida de control. Si no la controla, duda de la adecuada realización de las conductas neutralizadoras.

Según diferentes estudios, parece que el componente que juega un papel más importante en el TOC, es la RESPONSABILIDAD EXCESIVA, que hemos explicado en primer lugar, con la que la persona se cree totalmente responsable de un hecho y en la obligación de ponerle remedio.

¿Cómo se origina esta responsabilidad excesiva?

Según Salkovskis y cols. (1999) puede originarse en diferentes etapas, como por ejemplo:

-En la niñez, desarrollando un sentimiento de responsabilidad dirigido a estar alerta sobre las posibles amenazas que puedan producirse.

-Educación con reglas y deberes muy rígidos.

-También durante la niñez, estar expuesto a experiencias de extrema responsabilidad, como resultado de haber estado sobreprotegido.

-Un incidente o incidentes en la vida de la persona en la que una acción o una omisión contribuyó a un suceso desafortunado.

-Una vivencia personal en la que una acción, omisión o pensamiento propio coinciden con una desgracia.

Ni que decir tiene, el papel que pueden jugar aquí unos padres excesivamente protectores, que están continuamente pendientes de los peligros que pueden acechar a sus hijos, o de evitarles experiencias supuestamente peligrosas. Como ya mencioné en otras entradas, es una protección mal entendida y, en la actualidad, muchos padres lo hacen evitando todo tipo de conductas frustrantes o dolorosas a sus hijos, o no permitiendo al niño tomar responsabilidades por sí mismo.

POLAR BEAR

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