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Un sencillo ejercicio para expresar nuestra ira

En ocasiones, nos sentimos furiosos por algo o con alguien, o bien la ira es nuestra manera habitual de reaccionar ante determinadas situaciones. Ya que todos sentimos el poder de la ira, en menor o mayor medida y frecuencia, es conveniente saber expresar y exteriorizarla de una forma organizada y no reprimirla o controlarla a toda costa, ya que ello puede acarrearnos problemas psicológicos o físicos, además de explosiones intensas de enfado por el hecho de no haber expresado éste correctamente con anterioridad. Existen muchísimos ejercicios que nos permiten liberarnos de la ira y exponer cómo hacerlo nos daría para escribir ríos de tinta, por lo que he escogido uno del libro “¡Estoy furioso!” de Anita Timpe (2009), que considero que puede servirnos cuando nuestro enfado se dirige a una persona concreta, sobre todo cuando sabemos a ciencia cierta que no podemos expresarle directamente nuestra ira, ya que eso podría terminar con la relación o probablemente dañarla.

Escoja a una persona con la que esté usted especialmente disgustado. Escríbale una carta y exprese en ella todos los sentimientos que abriga usted hacia ella. Esta carta no debería remitirse nunca a su destinatario.

Exagere sin miedo. Muestre su enfado por la falta de respeto y la crueldad de su interlocutor, condene al malhechor y aplíquele castigos imaginarios. También puede expresar su temor a volver a ser herido por esa persona. La carta sólo estará terminada cuando usted haya dicho todo lo que tenía que decir. Lo mejor es que la escriba rápidamente y sin reflexionar en exceso. No tiene que tener ninguna consideración: al contrario, aproveche la oportunidad para conferir expresión a sus emociones y vulnerabilidad.

Después de haberla escrito, haga que la carta cobre vida: léala en voz alta. Imagínese que está leyéndosela a la persona que le ha hecho daño. Repita determinadas palabras y frases, las que usted crea más oportunas y expresivas. Juegue con la entonación leyendo en voz alta algunas frases y volviendo a bajar la voz en otras. Si se echa usted a llorar, no pasa absolutamente nada. Permítase ponerse furioso. No ponga fin al ejercicio hasta tener la sensación de que éste ha cumplido su cometido. Puede volver a repetirlo todas las veces que quiera.”

Este ejercicio puede aplicarse con naturalidad cuando el enfado tiene lugar con una persona a la que creemos que podremos llegar a perdonar o que, por un motivo u otro, forma parte de nuestra vida. Existen otros muchos ejercicios y técnicas que pueden aplicarse con la colaboración de un profesional, y así poder llegar a liberarnos de tensiones físicas y mentales relacionadas con la inhabilidad para expresar la ira.

huracan

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