¿Cómo ayudo a mi hijo con el hábito de estudiar?

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Ni que decir tiene la gran importancia de la familia y los padres tanto en la adquisición de hábitos en los hijos, como ejerciendo de modelo, y el estudio no es una excepción.

En primer lugar una duda frecuente: ¿por qué no funcionan los regalos y las recompensas que muchos  padres prometen a sus hijos si aprueban o si estudian? Porque no incentivan el estudio, las recompensas diferidas no mantienen el estudio del día a día (un gran futuro profesional, una bicicleta, un viaje, unas vacaciones sin estudiar, un regalo). Para poder estudiar y aprobar es preciso saber CÓMO  hacerlo. Basándonos en el libro Aprender a estudiar de Fernández y Amigo (2008), realizaremos algunas recomendaciones que, como padres, podemos poner en marcha para facilitar la tarea a nuestros hijos.

Como bien sabemos, para poder aprobar es necesario crear un hábito de estudio. Los adultos sabemos que el aprendizaje es acumulativo, por eso hay que estudiar frecuentemente, los niños no.

Para fomentar ese hábito, los padres deben asegurar la existencia de un lugar de estudio apropiado:

-Lugar silencioso.

-Sin objetos o ruidos que le distraigan.

-Con buena iluminación.

-Mesa sólo con el material necesario.

-Lugar que pueda utilizarse más o menos a las mismas horas.

Es relevante la supervisión de los padres para controlar que no haya demasiado ruido en la casa, controlar determinados hábitos que puedan distraer al hijo (estudiar tumbado o con la televisión puesta, conectado a internet, etc.).

Por otro lado, debemos establecer un horario de estudio que responda a las necesidades escolares y personales de cada alumno, siempre contando con su propia planificación, es decir, es importante que el niño aprenda a diseñar su propio plan de estudio. Además, los padres deben estar continuamente informados del rendimiento escolar de sus hijos y colaborar en la planificación del tiempo de estudio. Es interesante que los padres puedan conocer las tareas del estudio y poder resolver posibles dificultades que encuentren los niños en las mismas.

Como es habitual en la educación de nuestros hijos, debemos transmitir un modelo de conducta apropiado, ya que los niños observan e imitan y, si su conducta consigue aprobación, ésta es repetida en el futuro. Hay que felicitarle, aunque el niño pase torpemente las páginas de un periódico, dar ejemplo con la lectura, realizar actividades familiares relacionadas con el hecho de estudiar, etc. Los niños suelen hacer lo que ven, más que lo que se les dice, y tienen que saber que el estudio les reportará satisfacción (en las primeras etapas, seguramente, será a través de felicitaciones del entorno familiar -refuerzo externo-, para ser después algo satisfactorio en sí mismo –autorefuerzo, satisfacción personal-).

Como ya mencionamos, para poder influir positivamente en el estudio de los hijos, los padres deben mantenerse informados del ritmo y de posibles dificultades de sus hijos en el tema del estudio, ya que niño debe dominar correctamente los instrumentos de estudio, la lectura y la escritura para poder tener un buen rendimiento escolar y que el estudio sea gratificante. También resulta importante tratar de fomentar el interés y la curiosidad, mostrar la utilidad de los conocimientos y del aprendizaje y prestarles atención. Algunas ideas serían:

-Pedir que hagan algún cálculo al hacer la compra.

-Buscar el nombre de unos árboles que vieron en un parque.

-Buscar algo en una enciclopedia o en internet sobre un viaje que hicimos.

-Recordar algún dato de lo que están estudiando.

-Etc.

Entonces, ¿premiamos  a nuestros hijos? La respuesta es afirmativa, realizando elogios inmediatos y prestando atención cuando la tarea se lleva a cabo, no sólo cuando se trata de estudio efectivo si no desde que el niño comienza a aprender a estar sentado, trabajando con lápiz y papel. Progresivamente, se atenderá a comportamientos más complejos, siempre adecuados al alumno en concreto y a su evolución. La recompensa no puede ser gratuita (sin hacer nada) o desproporcionada (para la tarea de la que se trata) y siempre hay que informarle antes de qué hay que hacer para conseguirla. Lo más efectivo para que funcione es que sea inmediata a la tarea. El castigo o la amenaza de castigo no funcionan, ya que están basados en el miedo y frenan la comunicación entre padres e hijos. Es mejor informar al niño de las consecuencias de su conducta.

Concluyendo, el poder ayudar a nuestros hijos con el hábito del estudio exige nuestra dedicación ya que, por un lado, debemos estar pendientes de su rendimiento escolar, madurez y evolución y, por otro,  nuestra atención para poder reforzar su comportamiento, elogiar y supervisar. Lo primordial es primero intentar establecer un buen hábito de estudio y ser un ejemplo positivo, para después corregir posibles problemas y recompensar conductas, si fuera necesario.

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