Miedo al miedo

En entradas anteriores hemos hablado de depresión y esbozamos, de modo muy sencillo, parte de las áreas que se trabajan en psicoterapia para este trastorno. En este caso, vamos a tratar brevemente los trastornos de ansiedad, que son los problemas más frecuentes por lo que se acude a la consulta de un psicólogo, de ahí la importancia de hablar en algún momento sobre ellos.

En primer lugar, indicar que la respuesta de ansiedad es una reacción natural y que no siempre tiene porqué ser negativa. Tiene un componente fisiológico (aceleración del pulso, sudoración, sensaciones en aparato digestivo, respiración rápida, tensión muscular), otro cognitivo (estado de alerta, de atención, pensamientos en torno al potencial peligro) y otro motor (huida, escape, ataque, afrontamiento), dependiendo de la persona o situación. Ante una situación potencialmente peligrosa, esta respuesta puede ayudarnos a reaccionar afrontando, atacando o huyendo, ya que nos prepara para un esfuerzo que debe realizar nuestro organismo, por ello, a pesar de su mala fama, existen ocasiones en las que la respuesta de ansiedad es necesaria y útil para nosotros.

¿Cuándo supone un problema entonces la ansiedad? En primer lugar, cuando interfiere en nuestra vida y/o la de la que nos rodean. En segundo lugar, cuando la respuesta de ansiedad aparece ante situaciones sin un peligro real pero la persona sí lo percibe así (por ejemplo, en una fobia a los perros, en principio, no tiene porqué darse ninguna situación peligrosa, sin embargo, el animal le provoca una reacción de intensa ansiedad). En tercer lugar, cuando se produce una huida o escape o, directamente, una evitación recurrente del estímulo (persona que huye del perro o ni siquiera acude a sitios donde puede haberlos). Y por último, cuando se produce anticipación o “miedo al miedo”, es decir, la persona anticipa lugares donde puede estar el estímulo, piensa constantemente en que algo de lo que teme suceda o aparezca o tiene miedo a que la ansiedad aparezca.

En el campo de lo clínico, la ansiedad no es un solo trastorno, sino un conjunto de trastornos no demasiado clarificados en su totalidad y que tampoco está delimitados correctamente en el lenguaje cotidiano. Una posible forma muy rudimentaria de agruparlos para poder ayudar a un paciente a detectar lo que está sintiendo y lo que le está ocurriendo sería la siguiente:

Agorafobia: en líneas generales, miedo o ansiedad que aparece en espacios abiertos o ante la posibilidad de acudir a ellos. Multitudes, miedo a que algo le ocurra en lugares públicos. Puede venir acompañado de ataques de pánico o miedo a ellos, trastorno que explicaremos más adelante.

Trastorno de ansiedad generalizada: preocupación ansiosa frecuente hacia variados aspectos de la vida cotidiana. Su rango de acción es más amplio pero el pico de ansiedad es menos intenso.

Fobias específicas: terror irracional hacia un objeto o clase de objetos, animales, lugares. Va a acompañada de la evitación, la huida y la anticipación señalada anteriormente.

Fobia social: en un lenguaje fácil, es una ansiedad intensa que aparece en las interacciones con otras personas o grupos, de las que se suele huir o evitar.

Trastorno obsesivo compulsivo: presencia de determinadas obsesiones (intrusivas, repetitivas) que provocan ansiedad, y la existencia de un ritual o compulsión asociado (temas de todo tipo: limpieza, orden, peligros, olvidos, contaminación, daño a otras personas, números).

Trastorno de estrés postraumático: ansiedad derivada de una vivencia negativa, en la que se recuerda recurrentemente lo sucedido o se revive mentalmente.

Trastorno de pánico: frecuentes ataques de pánico caracterizados por un periodo concreto de ansiedad o miedo muy intenso, con diferentes síntomas según la persona (mareo, sensación de ahogo, palpitaciones, inestabilidad, desrealización, despersonalización, miedo a morir, miedo a volverse loco, a perder el control, etc.). También se dan pensamientos catastrofistas y un profundo temor a que el ataque vuelva a producirse (anticipación).

De un modo muy sencillo, explicaremos en qué consisten los tratamientos de ansiedad desde el punto de vista de mi corriente, sabiendo que a estos se le pueden añadir otras técnicas que también pueden resultar muy útiles. El tratamiento debe llevarse a cabo siempre con la ayuda de un psicólogo y bajo su supervisión y se basa en los siguientes pilares:

Terapia de exposición: se trata de diseñar un tratamiento que incluya técnicas para que se afronte la situación o estímulo temido (las hay de muchos tipos, incluso en imaginación). De todo es conocido, que el miedo se supera afrontándolo o la famosa frase “afronta tus propios miedos”. La ansiedad sube hasta un nivel máximo que, una vez alcanzado, siempre tiende a bajar (habituación); sabiendo esto, existen herramientas que hacen que la exposición sea progresiva para que la persona se vaya habituando poco a poco y darse el permiso de comprobar que no pasa nada, que la consecuencia temida no tiene lugar. De esta forma, se da la oportunidad de romper con la huida o la evitación que le impedía afrontar la situación.

Terapia cognitiva: está basada en el análisis o cambio de los pensamientos asociados con la ansiedad. No está indicado en todos los casos, por ejemplo, considero que no es útil con las obsesiones del TOC o con las fobias específicas, ya que son pensamientos que no atienden demasiado a una racionalización o análisis.

Técnicas de relajación: pueden ser mediante visualización, musculares, mediante respiración, en imaginación, tratando de reducir el nivel de ansiedad, tanto a la hora de afrontar un estímulo temido (por ejemplo, al exponerse al objeto fóbico), como para rebajar el nivel de ansiedad general (por ejemplo, en el caso del trastorno de ansiedad generalizada).

Con este artículo queremos exponer que lo conveniente, ante este tipo de problemáticas, es acudir a un profesional que pueda ayudarnos a afrontar la situación poco o poco,y hemos querido ofrecer pautas muy generales para detectar qué nos pasa y cuál podría ser el problema, teniendo ciertas nociones sobre cuál sería el tratamiento a emplear.

intef_la tempestad

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