Criticones

la casa de bernarda alba

La asertividad es un tema, como todos sabemos, muy trabajado en Psicología e incluso no demasiado aceptado por algunas de las corrientes de la misma. En mi caso, me parece un tema en exceso pautado en diversidad de problemáticas pero que sí tiene su utilidad en algunas de ellas, como en el ámbito que vamos a tratar hoy: cómo responder de una manera asertiva a las críticas, cómo las manejamos sin alterarnos excesivamente y sin que sufra nuestra autoestima. Para ello, es necesario, primeramente, mostrar unas cuantas verdades.

En primer lugar y por si no lo sabíamos, debemos  conocer una dura verdad: siempre vamos a ser criticados, siempre habrá ocasiones en que otras personas nos critiquen, con razón o sin ella, hagamos lo que hagamos, de forma constructiva o destructiva…

Segundo, por naturaleza, solemos reaccionar negativamente a las críticas, tendemos a interpretarlas como destructivas, las percibimos como un ataque y pueden dañar nuestra autoestima. Cuando se perciben de esta manera, quien la recibe puede responder contraatacando lo que, a su vez, aumenta la ira de la persona que criticó.

Otras formas de reaccionar ante una crítica, que seguro que también nos sonarán son: no analizarla o negar su contenido (“yo paso”), evitarla (“ni idea de lo que me dijo”), reaccionar de forma pasiva (“seguro que tiene razón, soy un torpe”), de forma agresiva (“no lo soporto, es un imbécil”), empezar mostrando interés pero negarlo enseguida (defenderse), escuchar al crítico pero no actuar en consecuencia (saber que tiene razón pero no cambiar ninguna conducta), etc.  Indicar que es necesario saber que es posible reaccionar positivamente ante una crítica aprendiendo técnicas para afrontarlas de otra manera y eso es lo que vamos a ver en esta entrada.

Como ya hemos adelantado, además de la forma asertiva, que es la que vamos a tratar de mostrar, es posible reaccionar de una forma pasiva, como hemos visto en el párrafo anterior, es decir, ante una crítica externa reaccionar con pensamientos del tipo “seguro que tiene razón, soy un torpe”. Lo realmente negativo de este pensamiento es la emoción de tristeza y ansiedad que nos provoca, junto con conductas como llanto, aislamiento, bloqueo, etc. La consecuencia más importante es que la autoestima se resiente. También es posible pensar de forma agresiva: “no lo soporto, es un imbécil”; las emociones que nos provocan son de ira y de odio, la conducta puede ser contestar mal, dar portazos, huir de la situación, etc. y la consecuencia posterior es el rencor, por ejemplo. En cualquiera de los dos casos, no se soluciona el problema.

La respuesta asertiva es un punto medio entre estas dos. Ante la crítica, puede surgir un pensamiento del tipo “puedo aprender de mis errores, tengo derecho a equivocarme” y unos sentimientos de seguridad y de interés. La conducta posterior podría ser la de preguntar al crítico en qué se ha fallado y podría llegar a aclararse el problema y buscar una solución; los dos implicados se sienten bien.

¿Pero cómo podemos llegar a esta respuesta o reacción más positiva ante las críticas? Para ello vamos a basarnos en Burns, Cawood, Garner y Carnegie, resumiéndolo en cuatro pasos o etapas:

Primero, pensar de forma asertiva: esto es muy importante, ya que lo que realmente nos altera no es la crítica sino lo que nos decimos a nosotros mismos o pensamos al recibirla. ¿Y cómo lo contrarrestamos? Del siguiente modo:

-Cambiar exigencias por preferencias, es decir, tener claro que preferimos hacer las cosas bien y obtener la aprobación de los demás pero que, en realidad, no lo necesitamos, no es una necesidad.

-Aceptar que tenemos derecho a equivocarnos y los demás también. Es un hecho natural que todos, ocasionalmente, cometemos fallos.

-Liberarnos de la necesidad de aprobación ya que es imposible agradar a todo el mundo.

-Esto es complicado pero tratar de considerar las críticas como un regalo, ya que puede proporcionarnos información valiosa para conocernos mejor cuando son realistas. Cuando no lo son pueden darnos información de cómo nos ve el crítico.

Segundo, solicitar detalles para poder entender el punto de vista del otro;  por ejemplo, ante una crítica podemos decir: “¿a qué te refieres?”,” ponme un ejemplo sobre eso que dices”, “¿qué te hace pensar que…?”,” ¿te molesta que…?”, etc. De esta forma, no sólo solicitamos más datos sobre el problema, sino que el propio crítico puede llegar a cuestionar sus propias afirmaciones, pero para ello es importante preguntar o requerir información, actuar con empatía y pedir que sea más concreto.

Tercero, mostrarnos de acuerdo en la medida de lo posible. Se trata de buscar alguna forma de coincidir con el crítico para poder “desarmarlo”. Se pueden dar varias posibilidades:

-Si estamos de acuerdo con la crítica, mostrar ese acuerdo. Si nos equivocamos, tratar de aceptarlo rápidamente y sin reservas. Esto crea un efecto muy agradable en los demás. Es conveniente tener presente la creencia que señalábamos anteriormente, de que tenemos derecho a equivocarnos, sin necesidad de que el hecho de aceptar la crítica dañe nuestra autoestima o nos haga sentir culpables.

-A veces, estamos conformes con una parte de la crítica o con la posibilidad de que ésta sea cierta. En otras ocasiones, las críticas contienen una parte de verdad pero exageran o distorsionan otra parte. Lo conveniente, en estos casos, es mostrar el acuerdo con la parte de verdad que creemos que contienen. Por ejemplo, ante la crítica “siempre llegas tarde”, podemos responder “sí, he llegado tarde estos dos últimos días”. Otra forma es contestar que es posible que el otro tenga razón; esta respuesta es deseable cuando no estemos seguros de que la crítica sea cierta. Otras veces, podemos estar de acuerdo con la idea general que señala la crítica, etc. Por último, existen casos en los que nos situamos ante una crítica manipuladora que lo que procura es hacernos sentir culpable y conseguir que hagamos lo que el otro quiere, normalmente enunciándola en un tono negativo. En estos casos, lo conveniente es mostrar acuerdo con lo que el otro manifiesta explícitamente: crítica: “¡siempre quieres irte los domingos!”-respuesta: “tienes razón, siempre quiero salir los domingos”.

-Cuando consideramos que la crítica no se ajusta a la realidad, debemos tratar de mostrar acuerdo en lo posible, es decir, en estos casos, lo conveniente es mostrar acuerdo con el derecho del crítico a tener su propia visión u opinión y a sentirse así, sin negarlo ni contraatacar, ya que hacer esto último hace que el otro nos critique aún más. Imaginamos que somos como un banco de niebla que no ofrece resistencia cuando le tiran una piedra pero tampoco le perjudica ni le afecta.

Cuarto, explicar tu posición. Utilizando la empatía (pidiendo detalles) y mostrándote de acuerdo con él (desarme), su enfado se habrá reducido considerablemente y su actitud será más positiva y receptiva, por tanto, este es el momento de exponer tu punto de vista. Si estás de acuerdo con la crítica, reconócelo y si se quiere, haz el propósito de corregir el error; si estás de acuerdo en parte, también reconócelo; si no estás de acuerdo, mostrar tu punto de vista, reconociendo esta vez que puedes estar equivocado. En definitiva, de lo que se trata es de dar la razón en lo posible, mostrar comprensión y si no estamos de acuerdo, explicar lo que pensamos educadamente y con tacto.

A estos pasos anteriores, podemos añadir o sugerir otras técnicas o herramientas que se utilizan mucho en terapia psicológica y que pueden ayudarnos a poner en marcha cada una de estas etapas que hemos expuesto:

-Buscar datos objetivos que permitan comprobar los hechos criticados (es una buena idea anotarlos en una libreta y leerlos después).

-Aunque sea incómoda, podemos agradecerle la información que nos aporta la crítica, ya que nos puede ayudar a crecer como persona.

-Disculparnos si es necesario.

-Solicitar al crítico, si lo creemos conveniente, sugerencias acerca de cómo cree él que podríamos mejorar. Si consideramos esta información cierta, ponerla en práctica.

-Técnica del “Disco Rayado”: se trata de repetir el mismo argumento, con amabilidad pero también con firmeza, hasta que el crítico se canse; se utiliza cuando nos insisten en la misma crítica.

-Banco de niebla o ignorar la crítica cuando la crítica es muy irracional o provocadora.

-Utilizar autorregistros de pensamientos, aunque esta técnica es mejor llevarla a cabo con la ayuda de un psicólogo o en consulta, ya que es más compleja que las anteriores. Se trata de cumplimentar un registro cuando nos sintamos mal ante una crítica o ante la posibilidad de que nos la hagan y también cuando respondamos de forma inadecuada ante la misma. Debe contener: Situación-Pensamientos irracionales (que impiden la respuesta asertiva)-Consecuencias emocionales y conductuales de estos pensamientos-Pensamientos racionales (que favorecen la respuesta asertiva)- Consecuencias emocionales y conductuales de estos pensamientos.

 

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