Miedos Infantiles

intef

El miedo es una emoción normal ante un potencial peligro (también en los niños); es una respuesta positiva, en el sentido que les ayuda a enfrentarse de forma adaptativa a diferentes situaciones, protegiéndolos de un posible daño. El miedo en el niño (también en los adultos) no es importante ni dañino a no ser que altere significativamente su vida habitual o su desarrollo.

Fisiológica y psicológicamente hablando, la respuesta de miedo y de ansiedad hace que, ante la aparición de un posible estímulo dañino, podamos estar en alerta, más concentrados, preparados para enfrentarnos a la amenaza; estas respuestas son muy útiles para nuestra supervivencia, pero no por ello agradables. Por todos nosotros es sabido que las sensaciones de miedo, inseguridad, angustia y ansiedad no son nada agradables pero sí muy eficaces en las ocasiones en las que nos enfrentamos a un peligro o situación amenazante.

Muchas veces nos llegan a consulta padres y madres muy preocupados porque notan en sus hijos una serie de miedos a los que no encuentran explicación. En muchas ocasiones, se trata de miedos totalmente normales para la etapa del desarrollo en la que se encuentran los niños y a los que llamaremos miedos evolutivos. Como indicamos, estos temores se suelen agrupar en una franja de edad y suelen ser bastante comunes, al menos en nuestra cultura occidental. De ahí surge la importancia de tranquilizar a los padres y de incidir en la normalidad de lo que le acontece a su hijo. A modo de resumen, vamos a exponer estos temores frecuentes para cada rango de edad, notando que cada vez son más elaborados a medida que el niño es más mayor:

0-1 año: pérdida de apoyo, estímulos violentos, estímulos extraños, desconocidos, separación de los padres.

2-4 años: animales, caídas, ruidos fuertes, extraños, separación de los padres, oscuridad, coches, máscaras, cambios en entorno.

4-6 años: se pueden mantener los anteriores. Extraños, ruidos fuertes o extraños (pueden ser producto de su imaginación), gente “mala”, truenos, relámpagos, cambios en entorno, alturas, máscaras, catástrofes, seres imaginarios, quedarse solos, dormir solos, lesiones corporales.

6-9 años: daño físico, oscuridad, heridas, crítica o hacer el ridículo, ausencia de habilidades escolares o deportivas,  fracaso escolar, colegio,  ser observado, animales, los transmitidos por los medios de comunicación.

9-12 años: puede existir un leve repunte de miedos que parecían superados. Incendios, truenos, relámpagos, rendimiento académico, exámenes, fracaso escolar, lesiones, accidentes, contraer enfermedades graves, muerte, hacer el ridículo, conflictos graves entre los padres, compañeros agresivos del colegio.

12-18 años: tener baja capacidad intelectual, fracaso personal o académico, aspecto físico, rechazo por parte de los iguales, no tener reconocimiento por parte de los mismos, críticas. Temores más relacionados con la autoestima y las relaciones sociales.

Como apunte importante para los padres y como acabamos de ver, hemos de señalar que a lo largo de la infancia-adolescencia los miedos y temores van evolucionando debido al aprendizaje y a la mayor experiencia vital que acumula el niño. Los miedos que indicamos con anterioridad son totalmente normales, adaptativos y sirven para enfrentarse a las situaciones personales con las que va lidiando. Habitualmente, estos miedos se superan a través del desarrollo  sin dejar secuela alguna pero, en ocasiones, pueden derivar en una fobia y hacerse crónicos en el tiempo; esto quiere decir que ya no estamos hablando de un temor normal, sino patológico, irracional y que interfiere significativamente en su vida cotidiana. Por ello, es importante nuestra actitud como padres a la hora de manejar los miedos de nuestros hijos y evitar y prevenir que se conviertan en algo más serio:

– En primer lugar, es conveniente tener en cuenta el esquema anterior, sabiendo que estamos ante miedos propios de su desarrollo evolutivo. Darles la importancia que tienen.

-Es relevante el ejemplo que damos a nuestros hijos, ante sus temores debemos mantener la calma y la serenidad, no alarmamos seriamente o mostrar fuertes signos de preocupación. Normalizar la situación y ser un modelo positivo de afrontamiento de un miedo.

-Ante el temor, mostrar afecto y apoyo.

-No utilizar el miedo o situaciones de temor como forma de castigo.

-No reírse de su miedo, criticarle, burlarse, permitir que los demás se rían de él, hacerlo público innecesariamente, castigarle o forzarle a enfrentar el estímulo, no asustarle. Controlar lo que ve en la televisión y lo que lee.

-Dar la libertad al niño, en la medida de lo posible, progresivamente y a su nivel, de comprobar qué ocurre ante los estímulos temidos (p.e. qué pasa si  tocas a un perro, qué pasa si me quedo a oscuras un rato en la habitación, qué pasa si me pongo en el borde la piscina, qué pasa si me habla el vecino). Reforzar, felicitar ante cualquier signo de afrontamiento, por pequeño que sea.

-Y por último y muy importante, porque tiene que ver, en el fondo, con cómo gestionamos nuestras vidas, tratar de enseñar a nuestros hijos a solucionar las dificultades diarias, no darle todo hecho, dejarle que se enfrente a sus frustraciones, ya que todo esto forma parte de una protección mal entendida.

Anuncios

Un comentario en “Miedos Infantiles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s