Prejuicios y estereotipos

La Teoría de la Atribución de Heider (1958), entre otras cosas, trata de conocer cómo las personas interpretamos la conducta de los demás y los hechos que ocurren a lo largo de la vida. Según esta teoría, interpretamos el comportamiento de los demás bien a causas externas (situación en la que se encuentran, contexto, conducta de terceros, la suerte o el azar, etc.), bien a causas internas (características personales, psicología de la persona, motivación, inteligencia, rasgos de la personalidad, etc.).

¿Qué tiene esto de interesante?

Esta teoría explica el mecanismo de algo tan común e indeseable como son los prejuicios hacia un tipo de persona o población, los pensamientos racistas, sexistas, etc.

Lee Ross (1977) acuñó el término Error Fundamental de Atribución (también denominado Sesgo de Correspondencia), basándose en la anterior teoría. Lo que viene a decir con este término es que los humanos tendemos a resaltar las características personales y psicológicas de los demás, cuando tratamos de explicar cómo se comportan, y damos escasa importancia a causas de tipo externo (por ejemplo, situación donde se produce la acción).

Cuando estos errores “interpretativos” se dan dentro de grupos diferentes se llama Error Último de Atribución, esto es, dentro de nuestro grupo de referencia atribuimos los éxitos del mismo a causas internas (por ejemplo, somos más listos, más persistentes) y los éxitos del otro grupo a causas externas (han tenido suerte, la situación les favorecía). Por el contrario, los fracasos de nuestro grupo se deben a causas externas (qué mala suerte hemos tenido) y los fracasos del otro a causas internas (se lo merecían, se lo han buscado por no hacer bien las cosas). (Basado en Pettigrow, 1979).

Como podemos ver fácilmente, este error cognitivo está en la base de muchos de nuestros prejuicios, ya que las acciones positivas del otro grupo nunca serán tomadas en cuenta y sus fracasos se explican por sus propias características personales, como algo que es parte de ellos.

También está relacionado con lo anterior las atribuciones sobre el Mundo Justo (un tema similar se trató en una entrada anterior), es decir, si asumimos que las personas tienen o reciben lo que merecen (Lerner, 1980), probablemente culparemos más a los grupos desfavorecidos, inmigrantes, mujeres de la situación en la que se encuentran o de sus desgracias (se lo han buscado, se lo merecen). Seguro que reconocemos esta experiencia. Una vez más, podemos comprobar cómo se desarrollan y se mantienen los prejuicios ya que no estamos teniendo en cuenta el contexto o situación en el que se desenvuelven, el lugar o momento de nacimiento, sus circunstancias personales o familiares, etc. A esto se le une, sin ánimo de ser exhaustivos, otro sesgo similar que hace que percibamos a los grupos diferentes al nuestro como más homogéneos (todos son iguales), acentuando sus semejanzas, y al propio como más heterogéneo, resaltando las diferencias individuales en mayor medida.

He desarrollado este tema, a modo de reflexión, para que tengamos en cuenta cuándo estamos cayendo en alguno estos errores que no tienen una explicación científica, sino que simplemente están basados en ideas intuitivas y son modos habituales de cognición y de economizar nuestro pensamiento. Quizás, dándonos cuenta de cuándo caemos en alguna de estas trampas, podremos evitar, en la medida de los posible, juicios rápidos y gratuitos acerca de los demás.

rivalidad

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s