Pócima secreta de amor

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Hace relativamente poco tiempo descubrí un libro relacionado con el diálogo en pareja llamado “Corrígeme si me equivoco” de G. Nardone (2005). Lo descubrí a nivel personal, ya que los que yo recomendaba en Terapia de Pareja a mis pacientes eran otros de corte cognitivo-conductual.

Es un libro muy sencillo y a la vez muy curioso, ya que compara, en cierto modo, a la pareja y su forma de dialogar con la alquimia, señalando los ingredientes secretos de una pócima que, con toda seguridad, harán fracasar nuestro diálogo y darán lugar a una relación desastrosa. Los ingredientes realmente malignos son los que señalo a continuación y darán al lector unas pautas generales de qué actuaciones evitar cuando hablamos o tratamos un problema en nuestra relación afectiva:

PUNTUALIZAR. Puede parecer positiva a priori porque es un acto que trata de sortear equívocos, pero puede transformarse en un conflicto en el sentido que percibimos a nuestra pareja como un auténtico pelmazo. La puntualización por parte de nuestra pareja también nos puede producir hastío y distanciamiento. Es muy fastidioso que nos expliquen cómo son las cosas y cómo deberían ser mediante la lógica, ya que esta supuesta racionalidad choca con nuestra parte intuitiva, emocional e irracional.

RECRIMINAR. Se trata de someter a nuestra pareja a un proceso en el que se le culpa de determinados hechos y suele provocar en ésta un acto o sentimiento de rebeldía, rechazo o rabia (volvemos al plano emocional) y, consecuentemente, el deseo de escapar o atacar (incluso aunque racionalmente pensemos que lleve razón).

ECHAR EN CARA. ¡Es incluso peor que los dos anteriores! Es un acto comunicativo que tiende a ensalzar en vez de reducir aquello que queremos corregir. El que echa en cara se sitúa en el papel de víctima y, con ello, insta al compañero a corregir el comportamiento que le hace sufrir. Normalmente, el resultado no es un cambio de comportamiento sino conseguir el enfado del otro o una conducta aún más inadecuada. ¿Por qué se produce esto? Por los roles que desempeñamos: uno se sitúa en el papel de víctima y sitúa, a su vez, al otro en el rol de verdugo. Si éste se enfada, hará sentir al otro todavía más víctima y este último se lo echará en cara de nuevo, tornando el otro a ser todavía más agresivo. Este es un ingrediente muy potente para lograr una relación desastrosa.

SERMONEAR. Desgraciadamente, es una forma educacional bastante común en nuestra cultura, por ello, tendemos a hacerlo en variadas ocasiones; podemos fijarnos en el sermón moral y religioso que hemos recibido a lo largo de nuestra vida para dar cuenta de ello. Sermonear es proponer aquello que es justo o injusto a nivel moral y, sobre esto, criticar la conducta de otros. Provoca en estos transgresión y rebeldía.

¡TE LO DIJE! Seguramente es una experiencia que muchos de nosotros hemos tenido, con lo cual considero que no necesita mayor explicación. Produce en la pareja irritación, alejamiento y, sobretodo, rabia.

LO HAGO SÓLO POR TI. También desencadena rabia en el que lo sufre. Se trata de un supuesto sacrificio que hace uno de los miembros de la pareja, haciendo sentir en deuda y en situación de inferioridad al otro, el cual, con mucha probabilidad, se irritará porque teóricamente tiene que agradecerlo pero, sin embargo, no ha deseado ni solicitado tal favor.

DEJA, YA LO HAGO YO. Aparentemente parece un acto de cortesía pero en realidad es una forma encubierta de menospreciar las capacidades de la otra persona, por esto, ella lo vive con rabia e irritabilidad.

REPROBAR. Según el autor, este no sólo es el peor ingrediente de nuestra pócima secreta, sino que puede considerarse una receta maléfica en sí misma. Para mi, el significado de “reprobar” cambió a partir de la lectura de este libro, así como su poder destructor. Pues bien, reprobar es una secuencia que cuenta con una primera fase de felicitación (me encanta el anillo que me has regalado y te felicito por tu elección) y una segunda en el que se afirma que la otra persona podría haberlo hecho mejor o que su acto no es suficiente  (pero ya sabes que a mi me gustan los diamantes, no una circonita). Seguramente, muchos hemos tenido una experiencia similar en la infancia cuando obteníamos una nota de 6 ó 7 y no nos costará imaginar cómo nos sentíamos entonces.

 

Una vez expuestos los ingredientes clave para obtener un diálogo desastroso con nuestra pareja y, por ende, una relación inadecuada con la misma, pasaremos a realizar de una forma muy breve una serie de aclaraciones referentes a ellos.

En primer lugar, en este diálogo aparentemente maligno tenemos, en el fondo, la intención de mejorar las cosas. El fondo es bueno pero las formas fallan, aquí las formas sí importan.

En segundo lugar, los miembros de una relación que utilizan los ingredientes comunicativos anteriores están seriamente convencidos de sus razones, cayendo en una estricta rigidez y falta de empatía hacia el otro, haciendo que el diálogo no fluya y contribuyendo poco o nada a solucionar el problema.

Por último y en relación con el anterior, muchas veces tratamos de proponer opiniones propias y sensaciones personales sin dar al otro la oportunidad de expresarse, con lo cual, volvemos a lo mismo, no hay ocasión de llegar a solucionar el conflicto.

 

¿Qué propone nuestro autor para llegar a tener una relación más positiva? Lo que él denomina Diálogo Estratégico, un diseño de bastante complejidad y que cuesta bastante dominar en su conjunto. Trataremos de ofrecer las claves, de una forma resumida, a continuación, para conseguir una mejor comunicación y, consecuentemente, una mejora en la relación de pareja. Consideramos que una buena decisión sería, tratar de evitar los ingredientes maléficos anteriores y potenciar, en la medida de lo posible, los ingredientes armónicos que señalamos ahora.

PRIMER PASO: PREGUNTAR ANTES QUE AFIRMAR. La idea está bastante clara pero no solemos hacerlo y, sobretodo, es importante preguntar proporcionando alternativas de respuesta (p.e. Me dedicas poca atención estos días, ¿es porque he cometido algún error o porque yo he estado ocupado?). Se trataría de continuar preguntando sucesivamente de forma similar y siempre ofreciendo esas alternativas.

SEGUNDO PASO: PEDIR CONFIRMACIÓN ANTES QUE SENTENCIAR. De ahí, el título de nuestro libro: “Corrígeme si me equivoco pero creo que quieres decir que…”. Se trata de parafrasear dos o tres respuestas obtenidas por las preguntas efectuadas en el anterior paso. La pareja responderá afirmativa o negativamente; si nos responde “sí”, vamos por buen camino.

TERCER PASO: EVOCAR ANTES QUE EXPLICAR. Evocar en nuestro interlocutor imágenes sensitivas y emocionales es mucho más eficaz que ofrecer una descripción lógica y racional para lograr que comprenda algo. Un ejemplo de racionalidad y descripción sería: “que te comportes de esta forma me hace sentir rabia y rechazo”. Mientras que un ejemplo evocativo sería: “cuando me hieres, siento mucho dolor, como si me estuvieran dando una puñalada por la espalda, y eso hace que yo también quiera herirte a ti”. Como vemos, este último  provoca un sentimiento, una sensación. Este tipo de “técnica” no sólo puede utilizarse para señalar una emoción adversa, sino también positiva (p.e. eres como un viento cálido y agradable cuando noto que estás a mi lado).

CUARTO PASO: RESUMIR PARAFRASEANDO. Es una buena idea parafrasear de nuevo y llegar a efectuar un resumen de los puntos tratados, para que no existan malos entendidos.

QUINTO PASO: ACTUAR ANTES QUE PENSAR. Por último, indicar que para poder obtener un cambio real hay que entender lo anteriormente tratado pero también ser capaz de actuar de una forma diferente. Si un acuerdo establecido no se sitúa en el plano de la acción, la posibilidad de llevarlo a cabo es casi nula. Por el contrario, si al acuerdo le siguen una serie de acciones consensuadas, el proyecto se convertirá en realidad con mucha probabilidad.

 

Como conclusión, podemos decir que el contribuir a una mejora en la relación de pareja pasa por  tratar de evitar esos ingredientes malévolos, que únicamente sirven para envenenar las interacciones y herir al otro, y por “añadir a la mezcla” los ingredientes armónicos, en la medida de lo posible, siempre intentando seguir los pasos indicados (insistimos en que dominar el diálogo estratégico es algo complejo y lleva tiempo su aprendizaje). Lo que aquí mostramos es una exposición breve de las pautas comunicativas a emplear que pueden dar al lector una idea del camino a seguir, pero que se trabaja de una forma más amplia en Terapia de Pareja con la supervisión de un experto, cuando existe una problemática concreta en la relación.

 

 

 

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